Personales

Ante la ventana, 7. Lejanía, para la eternidad

La lejanía es para la eternidad.

No oigo tu voz; donde estés

la música celestial será tuya.

La primavera sin vestidura hermosa

pero con el sonido del silencio tan importante

en ocasiones. Alrededor de pinos florecidos

aletean ese aire que se posa en labios llenos de rosas,

de olor a brezo, en el que solo las mariposas y abejas

mostraban su contento

en el esplendente día como canto.

Es la lejanía la que cobra todo su largor

sin la ansiedad del abrazo.

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Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Personales

Ante la ventana, 6. ¡Qué bien sabe tu nombre! En la sombra…

En la sombra y en la dicha,

¡qué luminosidad sabe tu nombre!

Con la alegría del encuentro sin búsqueda,

sin ansia, en la placidez de días hermosos,

sin remeros que reverdecen, que anudan, enlazan,

anidan y se disuelven,

¡Qué bien! Es hora de vivir,

de solazarse sin finitud.

El pensamiento nos lo demanda y no podemos huir.

No seré más que yo ante la nombradía que aletea

y no se detiene.

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Personales

Ante la ventana, 3. Yo no sabía…

Yo no sabía que

tus ojos en mis ojos

fueran cantos de transparencia,

y tu cuerpo un jardín de primavera y

los brezos que atienden a llamada,

a fuego sin fin.

Al clarear nos entrelazamos

con manos juntas sobre el cuerpo desnudo,

solo el aire entre los dos

y la fuerza temblorosa

ante el encuentro furtivo

que supo a gloria, a cincel corpóreo,

en la comba del panal.

Rastros de luz, abandonamos

ante el silencio de paredes risueñas,

llamean al deletrear tu nombre de miel-brezal.

No es de despedida; el tiempo no se detiene,

los claveles quedan. Es tiempo de espera,

arracimados en la albada.


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Personales

Ante la ventana, 2. La primavera estalla

El corazón estalla ante la alegría de vivir; si no das rienda al sentimiento que yergue junto a la esperanza, y unes lo corporal entre el tú y yo, sumido en el alma, esencial entre personas, posiblemente la felicidad se acorte y no vuelva; de ahí que disfrutemos de esta primavera que se nos presenta a raudales para que sea única y verdadera.

La primavera se presenta con claridad; nos da la bienvenida; abril y mayo esperan el regocijo, el incendio de la fuerza corporal, con la alborada tan presta para arder, a la espera del regadío viviente. Venga, anímate.



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Personales

Ante la ventana, 1. Ya he aludido

Ya he aludido, en varias ocasiones a la ventana, que comencé cuando nos visitó lo inesperado por su sorpresa, sin que nadie lo advirtiera. Fue lo que se llamó «Filomena». Ahora es otra ventana, como mirador, mucho más amplio en su largor, profundidad y anchura. La luz penetra en toda la casa como centinela, como ojo abierto, que destella alegría, entusiasmo, felicidad. Es un incendio de plenitud que penetra en la mente, que te dice vete contento; aquí me quedo vigilante con toda claridad . Llévate la fascinación de los libros que parecen que hablan a la espera que vuelvas. Tan esclarecedor como te vas, se quedan.

Al regreso no hace falta que te agarres al alféizar de la ventana para asomarte. Todo forma una habitación espléndida con paredes blanquísimas. Ni candelabros son necesarios. Es un espacio narcotizado de belleza y de luz que te saludan. El alma se sincera y te anima a que contribuyas con el espacio. La nostalgia no cabe. Ahora solo la contemplo como guardián/a. La fantasía, por tanto, se yergue, huye de la soledad y se encrespa ante lo imposible, como elogio de lo que no se puede lograr. Es el recuerdo de lo vivido, que no se añora, ni se desea. Pasó y ya está. Llamea como necesidad existencial, pero se aporta; vamos todos hacia la finalidad y abandonamos el fruto del deseo.

No es el ancla, sí el centro de la casa, pero no va conmigo la quietud en los espacios, prefiero la huida y acogerme en bibliotecas; la mejor universidad, es el júbilo del pensamiento.

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