Novela

El nuevo lector: otra vez, Madame Bovary 9

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En esta página «web», en el apartado «blog», me he adentrado en mujeres que han sentido esa gran palabra con que Don Quijote contesta, en una ocasión, a Sancho: libertad; y, sin embargo, en un  principio, las mujeres han sido señaladas, apartadas, segregadas, precisamente por ser mujer. ¡Qué desatino para los que todavía distinguen, juzgan por el sexo! Todavía en su mente no han anidado la palabra «persona», que evoca más, que une, que nos conduce a lo que somos: humanos.

Los de siempre se escandalizaron de la novela Madame Bovary de G. Flaubert. No falta detallar, si me sigues leyendo, a lo que me refiero cuando escribo «los de siempre». Seguramente por ese rechazo, la novela adquirió más acrecentamiento en su día. He vuelto a leerla y he sentido un sabor distinto, placentero, saludable, envolvente, y dejando atrás el latiguillo que con fue bautizada en el siglo XX: como precursora de la liberación de la mujer. Esta idea en sí, hoy, me parece huera. Estoy más por la actitud que toma el personaje más allá de su condición. Evidentemente que fue valiente con su forma de proceder en una sociedad opresora en las relaciones humanas. Pero lo que está mal, está mal en todo tiempo y lugar. No vale decir es que eran otros tiempos. La sociedad la formamos los humanos, y la libertad de pensamiento ha sido cercenada desde tiempos remotos porque molesta a los de siempre, aquellos que quieren que la gran mayoría seamos genuflexos, que seamos rebaño.

Sinceramente, a mí no me importan las clasificaciones tanto del autor como de la novela; lo primordial es si hoy me sirve para mi formación, para mi manera de ser. Qué más da que a Flaubert se lo sitúe al lado de Zola o Maupassant, o que la novela se la encuadre dentro del movimiento realista del siglo XIX. Es más, creo que ni siquiera al autor le interesaba. Lo que quería es contar unos hechos.

 La mujer es entronizada en la novela del siglo XIX; es la protagonista. El adjetivo infiel es negativo por lo que deberíamos buscar otro más acorde con los sentimientos que germinan en las personas, porque el problema se plantea de distinta forma si el hombre es infiel, casi se oculta.

Desterremos, por tanto, ese adjetivo con que se ha bautizado a todas las “Emmas” de la literatura universal. Y menos, todavía, cuando algunos recurren a la expresión “mujer fatal”, que sirve de reclamo y, por tanto, de perdición para el hombre. Estas ideas deben ser abolidas de nuestro diccionario.

De nuevo, la literatura es el arroyo corporal, el que nos invita al goce; esto en sí sería más bien vitalidad, no una perdición. Quizá sea el miedo a ser nosotros, y, sobre todo, a que la mujer sea.

Novela

El nuevo lector: de la narrativa romántica al realismo en Europa 2

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Lo primordial en la novela del siglo XIX es dar una imagen de la vida en la que se descifrará tanto la realidad externa como la individual. Si lo que se pretende es reflejar la vida tal cual es, la suma técnica realista consistiría en llegar a la verosimilitud, a la reproducción exacta de la realidad. Para conseguir este objetivo, el escritor debía estudiar la realidad exterior con la misma imparcialidad que se estudian, por ejemplo, las ciencias físicas. Por eso los novelistas tenían en cuenta los métodos de observación de las ciencias experimentales, se documentaban de los aspectos más nimios para llegar a captar los ambientes, la psicología de las personas y, en general, el entorno de la estructura novelesca. Un ejemplo famoso es que Flaubert consultó tratados médicos para describir la muerte por envenenamiento de Madame Bovary (1856), y, al mismo tiempo, con su novela reflejó el triunfo del realismo como movimiento literario, que consistía en reflejar fiel y objetivamente la vida y su entorno.

            Los rasgos técnicos más importantes de la novela realista que  nos llevarían a la captación totalizadora de la realidad son: 1º Objetivismo. El novelista se convierte en notario de la actualidad, pero sin renunciar a tomar partido con sus ideas a través de algún personaje. Todo lo contrario del romanticismo en el que prevalecía el subjetivismo. 2º Narrador omnisciente. El narrador de la novela realista es el único que conoce y explica todo. 3º. Descripción. El novelista tiene buen cuidado en situar a sus personajes y de ahí que recurra a descripciones minuciosas del entorno y también de la apariencia de los mismos, sobre todo, físicamente. 4ª. Psicologismo. Lo interior también es abordado y al novelista del siglo XIX le va a preocupar. No podemos olvidar que una de la vertientes de la novela del siglo XIX es la novela psicológica. 5º. Contemporaneidad. La novela está concebida dentro de un marco concreto como es la sociedad contemporánea. De ahí que su carga ideológica sea uno de los rasgos definidores hasta conducirnos, en buena parte, a la novela de tesis. 6º. Idioma hablado. Los novelistas trataron de acercarse a la lengua de la gente en la calle, en el trabajo, en el hogar, etc. En definitiva,  trataron de recoger la lengua diaria.

 

 

Novela

El nuevo lector: de la narrativa romántica al realismo en Europa 1

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El término romántico abarca tanto a un movimiento literario y artístico como a un determinado estado de espíritu, así como una singular visión del mundo ante una desigual crisis de la cultura occidental europea. La importancia del Romanticismo en la historia de la cultura es trascendente ya que su repercusión se extendió a la moral, a las costumbres, a las ciencias, al pensamiento, a las artes y a la religión; se convirtió, por ende, en la llave de la cultura contemporánea.

            En el período romántico bastantes escritores realizan una profunda renovación de la novela. Esto nos conducirá durante largo tiempo a situarnos en la primera fila de la producción literaria. Así el siglo XIX será considerado como el período áureo de la novela y no sólo por la cantidad que aparecieron. Por ejemplo, el realismo sicológico, aspecto clave en la novela posromántica, fue un hecho importante para el desarrollo de las dos tendencias con que es definida la novela del siglo XIX: el realismo y el naturalismo.

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Novela

W. Faulkner en su novela

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Miss Zilphia Gant. No recuerdo quién fue el que me dio a conocer al novelista norteamercano, si el profesor en la clase o la lectura de Juan Benet. Poco importa, ambos me abrieron otra realidad apasionante; uno, en la literatura como vida, el otro la fuerza estructural y estilística de la escritura. En aquellos años tuve una cierta curiosidad por la novela con que encabezo estas breves líneas, pero no tuve la oportunidad de leerla, pero sí sus novelas más famosas El ruido y la furia, Absalón, Absalón. Sea lo que fuere  hablar del novelista norteamericano es referirnos a él como un mito en su tantas veces repetido estilo único.

Ahora, acaba de publicarse  en castellano, aunque es de 1932. Las dos ideas descritas en las líneas de arriba las he hallado una vez terminada la lectura. Lo estilístico, sobremanaera, se apodera del breve relato; pero, también, la represión, la violencia y las difíciles relaciones humanas. No me importa si esto puede ocurrir en una sociedad narcotizada por el poseer, ni tampoco que es propio de la llamada «vida en el Sur», que con tanto acierto nos ha descrito W. Faulkner en su novelas como inspiración literaria. El hecho está ahí, y del mismo tenemos que sacar nuestras conclusiones.

Y una, es el rechazo a la violencia siempre, y más cuando nos aprovechamos de la debilidad de un niño: «El chico, bramidos roncos. Por último, ella lo agarró y lo hizo volar al suelo desde la altura del porche». Para lo humano no importa el lugar ni las circunstancias. Ya no podemos seguir; nos convertimos en verdaderos irracionales. ¿Qué importa el género aquí? ¡Y que todavía en el siglo XXI distingamos!

Novela

Algo más que una metáfora

Que sirva como ejemplo la frase que debe llegarnos al alma: “que aún lanzaron dos o tres quejidos de socorro antes de callarse para siempre”.

La frase entrecomillada la resalté en la presentación de la novela La golondrina, sin adelantar a qué se refería para que los lectores /as sintieran el dolor, la imagen llena de palabras, con que el escritor plasmó unos hechos que acontecieron; que hoy, ya sin miedo, reverdecen.

Después de unas vacaciones cortas en una isla hecha de trozos de cielo, como es Menorca para el que suscribe estas líneas, me encuentro con un correo en el que se me invita a proseguir la presentación de la novela, comenzando en el pueblo del escritor, situado en las estribaciones de los Montes de Toledo, puerta, también, para adentrarse en la Siberia extremeña.

El género humano no está preparado para la muerte de los inocentes; en este caso me refiero a los que todavía no han adquirido nombradía o no tienen uso de razón; más en concreto: lo que denominamos los cristianos, en el mundo occidental, «los santos inocentes».

En esta misma página «web» dediqué una poesía titulada «Aleluya» a una hermana que murió a los seis meses, que ya antes le había dedicado un libro. Su recuerdo es constante; no he podido entender su muerte, la llaman súbita. Las imágenes del sacerdote en la puerta de mi casa revestido con roquete blanco, bendiciendo el ataúd blanco lleno de rosas blancas y rojas, y cómo era transportado por verdaderos ángeles (niñas que no llegarían a los cinco años) es difícil olvidar.

Cuando leí en la novela el párrafo con que comienzo este escrito se me nublaron los ojos. Es la muerte de dos niños/as inocentes, acribillados en el seno materno sin que supiéramos el sexo, además de la madre. Que nadie se asuste del verbo; los hechos, al parecer fueron así. Es para que pensemos hasta dónde nos puede conducir, la barbarie, la sinrazón. Y eso sí, enterrados en lo que se denominaba fuera del «camposanto», al lado. Esto tiene un nombre, señores alfareros de la religión cristiana, : «anticristianismo». ¡Cuándo se va a rendir un homenaje a aquellos cristianos que fueron enterrados fuera del «camposanto» simplemente porque eran republicanos, o tenían otras ideas! No seamos hipócritas, esta idea que lanzo es más cristiana que muchos actos inanes que vemos en la jerarquía eclesiástica.

Para que no ocurran más recordamos esos actos criminales; la red es una palanca no solo para la información, sino también para el conocimiento. ¡Quién le iba a decir a esa madre que sus hijos en su vientre serían homenajeados como paradigmas de la sinrazón, de la violencia!

Si me decido a ventear la novela por esos pueblos limítrofes de mi tierra, ya lo tengo decidido, comenzaré con la frase entrecomillada y en rojo del encabezamiento.