Poesía

Roma, peligro para caminantes

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Se esperaba el libro como agua de mayo; corría el año 1968 en el que ya estaba instalado Rafael Alberti en Roma. La capital italiana le sirvió al poeta para adentrarse en otro mundo con esos paseos romanos y lanzar «urbi et orbi» un panorama sobrecogedor, insólito; pero también una «Roma en la noche, oscura voz de fuente, / Roma en la luz, clara canción del día».

Poco antes de la primera edición en México, 1968, conocimos varios poemas del libro en el tercer número de la revista Litoral en un homenaje al poeta gaditano. El libro está fechado por el poeta: 1964-1967; salió por vez primera en julio de 1968. En 1972, el editor Mondadori lo publicó en Milán en edición bilingüe; eso sí, está incompleta porque el traductor murió poco antes de la traducción total del libro. La primera edición en España la publicó Litoral , Málaga-marzo MCMLXXIV. El poeta mandó un escrito para tal fin en el que había hecho la Roma «antioficial y antimonumental, la más antigoetiana que pueda imaginarse». Pero también quiso dejar nítida su posición; la de «un poeta lejano de su patria, que afronta su vida en medio de un pueblo sencillo y sorprendente». Después se publicó en Seix Barral, 1976; reimpresión, 1977. La cuarta-Aguilar, al cuidado de Luis García Montero,1988- y quinta edición-Seix Barral,2004- se incluyó en Obras completas que cuidó José María Balcells. Y ahora en Cátedra, con la novedad de que detrás de cada poema viene un comentario nítido para poder entender mejor los versos; así como un apéndice en el que comprende: » A Marco, perro de Santa María in Tratevere». «El poeta pide por las calles». «Abel Vallmmitjana, escultor». Abel Vallmitjana». «Para esta edición». Además todos con un comentario que nos aportan más luz. Este último constituye el prólogo de la edición de la revista Litoral en el que se incluye el autógrafo de Alberti y su transcripción. Y termina esta edición de 2021 con «apéndice textuales», págs. 231-258.

La creación del poeta va transformándose según el lugar en que habita. En esta ciudad de acogida se observa una actitud enorme en la que el vitalismo cobra una singularidad nueva, un dominio verbal tan característico que fluye según se van ensartando los versos. Es el nuevo Alberti en medio de una Roma imperial, pero copartícipe de una barrio de monumentos sí, pero también basuras, gatos, grietas, dejadez, gente del común, el bullicio de la vida popular. Trata de elevar a la categoría poética sus vivencias en la ciudad.

Como nos atestigua el editor, Roma , peligro para caminantes presenta una articulación compuesta por «un poema introductorio, y cuatro secciones relativamente homogéneas por temática y pautas métricas», pág.20. Más allá de la estructura, «posee una fuerte cohesión interna debido a su perspectiva espaciotemporal y a la urdimbre temática que construye el discurso albertiano sobre Roma», pág.22 . En el poema «Monserrato,20» que sirve de introducción se entrega completamente («¡Oh Roma deseada, en ti me tienes, / ya estoy dentro de ti, ya en mí te encuentras!») y lo termina con su yo claro: « un hijo de los mares gaditanos, / nieto de Lope, Góngora y Quevedo».

La primera sección consta de «X Sonetos». En el primero, con el título «Lo que tejé por ti» subyace un recuerdo a Argentina («Dejé por ti mis bosques, mi perdida / arboleda, mis perros desvelados») y en el último terceto aparece la añoranza, el sentimiento («Dame tú Roma, a cambio de mis penas / tanto como dejé para tenerte«). La segunda sección: «Versos sueltos, escenas y canciones» comienza con una exaltación y el recuerdo de Cervantes, «Cervantes entró en Roma por la puerta del Popolo. / «¡Oh grande, oh poderosa, oh sacrosanta / alma ciudad de Roma!» / le dijo, arrodillándose, / devota, humildemente». Para inmediatamente recordarnos al patrón de la ciudad juntamente con san Pedro: – «Soy San Pablo». Tampoco podía faltar el recuerdo de La Lozana andaluza de Francisco Delicado en el poema titulado «La Puttana andaluza» con una exaltación a la belleza corporal «que viene dando / amor y gracia y júbilo y desplante / a estas calles y vicoli de Roma» con un final nítido: «Te llamas como siempre y para siempre / te seguirás llamando: / La Lozana andaluza». No podía faltar el otro patrón de la ciudad eterna en el poema «Basílica de San Pedro» con esa petición final por la inmovilización en la que se halla sentado el santo con tantos besos en los pies: «Haz un milagro, Señor. /Déjame bajar al río, / volver a ser pescador, / que es lo mío». En esta amplia sección el poeta se detiene en el otoño de Roma en el que «empieza a coincidir el oro de la hojas de los árboles con el dorado de la arquitectura» en el que subyace, otra vez, su recuerdo argentino en su visita al Cementerio Acatólico de Roma. Y eso sí el Vaticano como centro: «Llega el otoño. El Papa / se marcha con las hojas a Nueva York. San Pedro vaga / cantando/

_ Al fin, ¡solo en el Vaticano!«.

En este otoño en su visita al Cementerio Acatólico se detiene en lápida del gran poeta inglés con su impresionante Ode to a Nightingale y su epitafio, «Here lies a man whose name was write», «Pienso en Keats muerto en Roma / y siempre amortajado entre violetas». Destaquemos, también, otros que nos conmueven: «Misericordia, Señor». «Nocturno». Predicción». «El agua de las fuentes innumerables». Y cómo no, al monstruo de la poesía y el teatro : «Gatomaquia romana. ¡Qué poema / hubiera escrito aquí Lope de Vega! Y el último: «Cuando me vaya de Roma» en el que al final sobrevuela Keats: «Y al agua corriente / que escribe mi nombre / debajo del puente».

La tercera sección comprende XI sonetos. Todos son admirables, sin duda. Destaquemos «Entro, Señor, en tus iglesias » con el último terceto que refleja su sentir: «Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados…/ y no te encuentran por ninguna parte». Vietnam , como una alarido, exigiendo paz » Lo grito desde Roma: ¡afuera! / Afuera esos fusiles y cañones, / esos cohetes, esos aviones, /esa bandera extraña, esa bandera». Esta protesta se extendió desde los Estados Unidos hasta los fines de la tierra en la que destacó Italia y España, un hervidero de paz. El último terceto es clarividente: «Pido la única paz, la verdadera, / la paz de un solo rostro, antes que muera/ . / Pido la paz. ¡ Lo grito desde Roma! Detrás, resuenan lo que ya describió Blas de Otero en Pido la paz y la palabra que tanto eco tuvo en su momento. En la cuarta parte titulada «Escritos con nombre (escritos en Roma«) podemos leer los poemas «Ugo Attardi, pintor». «Bruno Caruso, grabador». «Alisi Sassu, pintor». «Guido Strazza, Pintor». «Carlo Custtrucci pinta el botánico». Giuseppe Mazullo, escultor». «Corrado Gagli, pintor». «Umberto Mastroianni, escultor». Son ocho poemas de artistas que fue conociendo el poeta y posiblemente aprendiera técnicas artísticas de cada uno.

Sin duda, necesitábamos esta edición por lo que aporta en cada poema con su comentario. Si queremos saber las fuentes y la edición completa tenemos que recurrir, sin pensártelo, a esta de Cátedra.

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Alberti, R., Roma, peligro para caminantes. Madrid, Cátedra, 2021

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Teatro

Lope de Vega en el candelero. Barlaán y Josafat entre manos

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Solo los alicortos no admiten que «cielo y tierra» supo como nadie esmaltarlo en las letras universales Lope de Vega, que tanto pululó en el siglo XVII. La poesía y el teatro se aúnan y todo quedó genuflexo ante el poderío del «Fénix».

No conocía esta obra; al tener noticias de su publicación, raudo me la leí para recordar, para saborear la poesía, el drama hechos carne, perfección, sabiduría como nadie ha sabido enaltecer. Cuando terminas la lectura quedas obnubilado, como en suspenso ante tanta belleza y verdad. Es el homenaje que podemos hacer a este «monstruo de la naturaleza» como lo denominó Miguel de Cervantes. Que se vayan publicando las obras de Lope es un acontecimiento que nos tiene que enorgullecer, más allá de las tonterías que hablan de él ,de oídas, sin que se perciba que hayan leído algo. En España es muy común, incluso entre los que se dedican a la docencia.

En Lope de Vega todas sus obras están encima del celemín; la crítica ha recibido a Barlaán y Josafat como «excepcional»; «de una calidad apreciable», «at de front ranks o his comedias de santos», pág. 13. Todas las obras alumbran, y esta no iba a ser menos, y así lo notamos según desgranamos la vida de Josafat hasta conseguir la fe cristiana, partiendo de la leyenda del príncipe que sale al mundo a contemplar el dolor, la enfermedad y la muerte. No se trataría sin más de una purificación sino al hecho de decidir en cada momento con todo lo que conlleve. El dramaturgo se vale de la historia proveniente de la India y su llegada a Europa. Según podemos leer en la contraportada del editor es «la versión más fidedigna posible a los deseos de su autor».

Por otra parte, esta obra se puede encasillar bajo el paraguas de «las comedias fundadas en leyendas o tradiciones devotas, que no tienen valor canónico, ni histórico, ni hagiográfico» con todos los matices que queramos, sobre todo con esta obra. Quizá está en lo cierto la versión que Menéndez Pelayo nos dejó: «es una traducción digna, a la verdad, de estimación por lo apacible y gallardo estilo, no desemejante del que mostró su autor en otras obras de entretenimiento». Con todo, el gran Menéndez Pelayo se queda corto una vez terminas de leerla.

En los versos iniciales del acto primero ya se percibe la capacidad de decisión, la libertad de las personas («En mayor engaño estás, /porque si toda mi vida /me tiene la vida encerrado / ¿por qué culpa hubiera dado / más castigo a un homicida?». La reflexión es nítida: se le ha enseñado que hay un Dios, autor de dos mundos. En estos primeros versos observamos una queja por su reclusión, e inmediatamente se van deslizando las razones por las que su padre mandó encarcelarlo hasta que se le dice («no digas que yo te he dicho / la causa de haberte puesto / la prisión en donde vives, / pues que por mejores medios / le persuadirás que mande / que salgas a ver el cielo»). Tras el diálogo entre el rey y el hijo obtiene la libertad añorada. No sin antes advertirle («¡Ay, hijo, y cuánto me cuestas / de cuidado y de temor. // Pero también era justo / que vieses lo que has sabido / por relación, aunque ha sido / para mí de tal disgusto»).

Las descripciones de las calles en las que ya se encuentra Josafat («¿Esto es tierra? ¿Esto es ciudad?», y el asombro de este, de todo lo que ve, como mercaderes, sastres, plateros, freneros, pintores, («¿Qué son estos que trabajan? / al fuego con tanta fuerza?», etc., y las referencias que realiza del cielo, la tierra; las plazas constituyen para el personaje lo idílico; algo que se le escapa, que no podía entender cuando choca con esa realidad imprevista. Llama la atención el diálogo entre Josefat y un librero («Este quién es?» // Un poeta / ¿Quién es? // Quien canta / de los dioses las grandezas, / de los hombres las batallas). Hasta pregunta por morir ( ¿»Qué es el morir?» // Es un cesar de vivir; esto, señor, no sabéis?». Y así se llega a la distinción entre alma y cuerpo ( » Y el alma tiene otro ser / donde eternamente vive»).

Es en el acto segundo en donde se desarrolla la instrucción de Josafat desde la creación del mundo, las pautas del antiguo y nuevo testamento, la vida de Jesús y sus apóstoles, cómo se fundó la iglesia- «sucediendo a Cristo Pedro»-, para al final convencer a Josefat de la necesidad de creer en Dios y como plataforma el cristianismo para llegar a poseer la fe y alcanzar el cielo («Dame el bautismo, señor, / pues que ya me has enseñado»). Tras un duro diálogo entre Josafat y el Rey-su padre-, toma la decisión de renunciar al reino y retirarse a un yermo, a una cueva, a ese monte mudo y solo como dirá en el acto tercero («Y yo ruego / al cielo te dé el castigo / de menospreciar mi ruego»).

Al final, el Rey pronuncia: «Sin duda, amigos, que Cristo / es el verdadero Dios»). Josafat lo resume: la muerte del rey, su conversión al cristianismo y el bautizo de todo el pueblo: «conoció al Dios verdadero / y admitió la ley de Cristo. / A mi ejemplo habéis tomado / todos el santo bautismo, / y de la fe y Evangelio /estáis todos instruidos». Es el momento de dejar el cetro a Baraquías, que a su vez contesta: «El cielo / oiga / los tiempos suspiros / de tu pueblo».

Es en el acto tercero cuando se encuentran en el monte Josafat y Barlaán ( » ¡Mi padre, gracias a Dios / que en este monte nos vemos!»). Ambos se bendicen y le cuenta que su padre, el Rey murió, heredó el reino y lo dejó a quien sabrá reinar. La respuesta fue inmediata: «Grande ha sido tu valor; / no me acabo de admirar». En realidad estamos ante una exaltación del cristianismo y la vida retirada, lejos del mundo y sus placeres; es exactamente lo que se colige en el apéndice-acto tercero. Son las obras y la fe las que lucen. Josafat que abrazó el cristianismo lo aclara: «Pues, padre, en eso me fundo, / de lo he de hacer me advierte; / que viendo cerca la muerte / ¿qué valen reinos del mundo?». Y después solazarse con la naturaleza: «Aquí sin libros quiero / entretener los días, / que libros son las hojas de las flores / adonde hallar espero / altas filosofías / en la diversidad de sus colores».

El saber y la ciencia juntos sin que se nos aclare el fundamento existencial que potencie una forma de vivir con alegría y el más allá nos acoja sea cual sea la transformación necesaria. Esos dos mundos entrevistos en la obra el infierno y el paraíso no son nuevos pero están como aleteando siempre: «Esta es la bella ciudad / que a los justos se apercibe, / donde la justicia vive / y reina la castidad». Después el infierno que tanto se teme: «¡Ay en cuanto mal me veo / preso por tiempo infinito / por contentar mi apetito / y dar rienda a mi deseo¡», pág. 266. También lo sobrenatural, como apunta el editor, se contempla o nos hace llegar esa forma de levitación-pág.23-, en varios momentos de la obra. La grandeza de Lope estriba en haber sabido hilvanar tierra y cielo, lo natural y sobrenatural con un lenguaje preciso, impregnado de hermosura.

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Lope de Vega, F., Barlaán y Josafat. Madrid, Cátedra, 2021

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Teatro

Casa con dos puertas, mala es de guardar (Calderón de la Barca)

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La poética teatral de un gran dramaturgo que supo acoger las inquietudes de las personas y elevarlas al escenario para que fueran vistas y celebrarlas es de agradecer en todo tiempo y lugar. Por eso, hoy, todavía leemos a Calderón por la enseñanza que destila. Si a esto añadimos las formas con que se reviste en las que el gongorismo y conceptismo se aúnan no ha lugar para que el teatro calderoniano no sea apreciado y representado en el siglo XXI y los que vengan. Los grandes autores no tienen época.

La tríada Lope, Calderón, Tirso, enriquecen el teatro no solo español, también el universal. Y de hecho la crítica más exigente ya lo ha enaltecido, está esmaltado en las mejores de Historias de la literatura. Son tres dramaturgos con vida diferente. Calderón más concentrado, más riguroso, más hondo; su ferviente cristianismo-se consagró a Dios recibiendo la orden sacerdotal- suma, no resta. Si a Lope se le atribuye la creación moderna del teatro nacional, Calderón lo culmina con más profundización, con más ideología. Quizá la diferencia estribe en cómo lo observa Ruiz Ramón: «el arte teatral de Lope se hace ciencia teatral en Calderón». Hoy, sin temer a equivocarnos, podemos circunscribirlo dentro de la expresión Arte Total.

Con su obra Casa con dos puertas, mala es de guardar, dentro de la denominación de «capa y espada»-lúdico, sí, puro enredo, pero también destreza y profundidad en las relaciones humanas-, Calderón afina más en su estilo, llega, si cabe, a su plenitud. Además ya se encuentra con que la escena española está fijada en tres actos o jornadas y no en cinco como podemos observar en esta obra y esto facilita el equilibrio entre forma y contenido. Sin olvidarnos de una cierta flexibilidad con las unidades de acción, lugar y tiempo; esta, en concreto, de unas cuarenta horas; la primera jornada empieza al amanecer hasta la tarde; la segunda jornada después de comer; la tercera jornada otra vez al amanecer para terminar de noche («Dices bien, / mas considero también/que ya ha comenzado a cerrar/ la noche y que lo que, andando/ en tal parte, se mejora, …). La unidad de lugar trascurre sobre todo en Ocaña, pero también se alude a Aranjuez, y la gran mayoría en espacios cerrados. Muy lejos, por tanto, de los que han pretendido atribuirle oscuridad y menos los excesos culteranos como otros han querido enfocarlo.

El enredo, el suspense que tanto abunda en las obras de «capa y espada», permite esos encuentros furtivos; herramientas que Calderón manejó a su gusto. Al final de la primera jornada ya nos advierte (¡ Ay, Laura, cuánto te engañas!

¡Ay, cuánto me agravias, Félix!

¡Ay, cuánto nos sirve una

casa que con dos puertas tiene!

En el final de la jornada segunda el desencuentro y el acercamiento se columpian con un lenguaje preciso, conceptual, sencillo, nítido, entre Laura y Félix, clave para el posterior desarrollo («Yo bien disculpado estoy. -Si a aquesto va, yo también. -Pues vi en tu aposento un hombre. -Yo en el tuyo una mujer. -Si esto, cielos, es amar… – Si esto, fortuna, es querer… -Fuego de Dios en el querer bien. – Amén, amén.

Es en la tercera jornada cuando Félix, consumido por los celos (Que donde hay celos se acaba / todo, porque no hay honor / ni amistad que tanto valga) empieza a golpear la puerta. Laura también queda confundida por celos. El enredo es clamoroso hasta que se descubre las entidades de las dos parejas. Fue la llegada de Fabio para desenredar todo, que antes ya se había atrevido a dar la visión de las dos puertas («Oh mal haya /casa con dos puertas, pues /tan mal el honor se guarda!). Y Laura se muestra atrevida («Si una casa con dos puertas / mala es de guardar, repara / que peor de guardar será / con dos puertas una sala;). Finalmente acuerdan los matrimonios de las dos parejas; es Fabio el que sirve de enlace (» No tengo con qué responderos, /si Laura con vos se casa. – Pues para que veáis si es cierto, / aquesta es mi mano, Laura. / Y pues el haber tenido / dos puertas esta y tu casa/ causa fue de los engaños / que a mí y a Lisardo nos pasan, de la Casa con dos puertas, / aquí la comedia acaba».

Nada nuevo, pero es el sino de estas comedias de «capa y espada». La delicia con que se deslizan pensamiento y palabra te mantiene en vilo; esto solo se consigue con ese lenguaje poético con que Calderón se muestra.

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Calderón de la Barca, Pedro, Casa con dos puertas, mala es de guardar. Madrid, Cátedra, 2021

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Novela

El gran Gatsby

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Al nombrar la novela nos vendrá una época llena de esplendor ; son los míticos años veinte no solo económicamente en EE,UU., también culturalmente. Por otra parte, esta novela ha pasado como la cima, como lo mejor de Scott Fitzgerald; además es considerada como la segunda en lengua inglesa tras Ulises de James Joice. Poco importa lo que se diga si no las leemos tanto una como la otra. Sin duda, más difícil la irlandesa. La eclosión cultural también se dio en Europa, pero añadamos, al mismo tiempo, la represión política, aspecto que se deja entrever en la novela; aun así es «un retrato magistral de las paradojas y contradicciones de los años veinte, una de las décadas más completas y fascinantes del siglo XX en los Estados Unidos», pág,13. La frase acuñada del sueño americano reverdece. Sueño o mentira ha quedado para la posteridad.

Si en los EE. UU sobresalen en el año 1925 El gran Gatsby, Manhattan Trasnsfer, Una tragedia americana, en el año 1922 se alzan en Gran Bretaña The waste Land y Ulisses. Años en los que se tendrán en cuenta para configurar desde otra vertiente el Modernismo. Por otra parte, el autor llegó a escribir que El gran Gatsby «bien podría ser la mejor novela escrita en EE. UU.», pág.73). Sin duda, fue consciente de este pensamiento aunque tardara en obtener esa montaña en la que soñó. Y todo con ese nuevo alborear de la novela de principios de siglo; una estética impregnada de poesía, de verdad.

El poder del dinero, la frustración que conlleva si ves a unos que se sientan sobre los demás y son amos incluso de las relaciones humanas, es algo que se percibe y aplastan las ideas más novedosas porque sin dinero te ves hundido y la soledad te embarga. Y como guardián el tiempo tan importante para el personaje que abarca todo y quiere asirlo. La opulencia y la miseria humana se dan la mano en esa dualidad entre el Este y el Oeste de los EE.UU. («Hay algo cierto y nada más cierto hay, / el rico se carga de oro y el pobre de…criaturas /mientras tanto, /entretanto…», pág.268). La mitificación nos conduce también al fracaso, a la imposibilidad, al contraste. Es el retrato de una sociedad en un momento dado pero que proseguimos revistiéndola con todo esplendor, por eso decimos que el personaje Gatsby trasciende, precisamente porque detrás el autor ha sabido ocultar datos tal vez para que los/as lectores seamos copartícipes de hechos que nos vengan a la memoria. Choca, asimismo, que mientras las personas se entregan a las diversiones(» La mantengo siempre interesante , día y noche. Gente que hace cosas interesantes. Celebridades», referida a su casa.) en el personaje primordial está como ausente, como si la soledad le pudiera más; en esa dualidad pervive y contempla. Tal vez sea el no saber a dónde nos conduce la condición humana y al apremiar el tiempo damos suelta, al instante, a la diversión, aunque al final caigamos en la cuenta de la pérdida de la ilusión como si hubiera sido un sueño. El polvo eres y en polvo te convertirás resuena en el espacio. Los símbolos perviven («Cuando el tren pasó por los montículos de cenizas aquella mañana…»). El contraste con la fastuosidad, el frenesí, el encanto son nítidos.

La primera vez que leí la novela, hace mucho tiempo, me sobrecogieron las primeras líneas que siempre he tenido en cuenta, pero no siempre con acierto, y fue el consejo que le dio su padre: – «Cuando te apetezca criticar a alguien-me dijo-, recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú», pág. 163. Ese es un defecto mío: ser exigente con los demás aunque no lo manifieste por respeto y dignidad; la persona está por encima de todo, más allá de sus cualidades o torpezas. La tolerancia es una virtud del género humano. Debemos intentarlo. En cuanto a si es una novela magistral o el paradigma de novela americana («una obra maestra por su perfección formal como por los temas en que profundiza» pág.135), como tantos la han bautizado, no debemos quedarnos con visiones alicortas eres tú quien al desbrozar la lectura el que debes corroborarlo o no. Nos podemos preguntar si la novela se queda solo en ese ambiente americano o va más lejos. Si se prosigue leyendo fuera de ese entorno es porque en la condición humana subyacen las mismas frustraciones, las mismas alegrías, los anhelos sacrificados, el ansia por la supervivencia y la alegría de vivir. Pero, también, al final, quedas en suspenso como si todo ha sido vano, cáscara sin más, o esa palabra que lo abarca todo: el desencanto. El «sé tú», tantas veces repetido, tiene que prevalecer. Recuerda siempre que todo texto y más si es clásico tal vez tenga varias lecturas. Elige la que llegue a tu pensamiento. y si tienes tiempo relee. Las últimas hojas te quedan como absorto; enaltecen las palabras.

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Scott Fitzeral, F El Gran Gatsby. Madrid, Cátedra, 2021

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Poesía

Teatro completo (Farsas y églogas) de Lucas Fernández

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El teatro y la poesía son dos vectores esenciales en la literatura; sin ellos está como cojitranca. Es más, el buen teatro está revestido de poesía; su carencia lo achanta. Estas piezas teatrales contribuyen a expandir los primeros balbuceos de lo que será la base del gran teatro que quería romper moldes.

Es difícil hablar o escribir de Lucas Fernández, cantor de la catedral y abad, sin que nos venga a la memoria el otro salmantino, llamado el patriarca o el maestro: Juan del Encina. Así se va construyendo la historia; no es el momento de decantarnos por lo que se ha escrito de ambos, más allá de que perviva la palabra imitación y que, tal vez, sin Juan del Encina no estaría en el grado superior con que todavía se tiene al todopoderoso en Salamanca si nos referimos a lo que concierne a la música religiosa y la catedral de Lucas Fernández; sin entrar en detalles, que nos llevaría lejos, son distintos en aspectos fundamentales.

En cuatro apartados configuran los editores la introducción; Vida y semblanza literaria de Lucas Fernández (1474-1532), El primer libro de teatro de la literatura española :Farsas y églogas (1514), El mundo simbólico y literario de Lucas Fernández y La puesta en escena del teatro de Lucas Fernández.

La puesta en escena del teatro de Lucas Fernández comprende cuatro apartados (Lengua y gramática sayaguesas, Salamanca y la tradición teatral, Puesta en escena de las Farsas y églogas, Historia escénica contemporánea del teatro de Lucas Fernández). Sobre la lengua ya expertos dialectólogos han dejado su impronta y, sobre todo, su saber, por lo que los editores nos la han recordado con acierto. Lo mismo realizan en el apartado «Salamanca y la tradición teatral» en el que el común denominador es la iglesia, su entorno y la música sirve como espejo de lo literario. Aunque breve pero esclarecedor la «Puesta en escena de las Farsas y églogas» nos conduce a lo que percibo se desenvuelven mejor: «Historia escénica contemporánea del teatro de Lucas Fernández». El retrato en los siglos XX y XXI es un alarde de llegar a los lugares más recónditos en los que fue representado junto con otras obras clásicas. Desde luego es abrumador y nos percatamos del buen hacer recopilador allá donde Lucas Fernández dejó huella; los datos te avasallan y decides terminar cuanto antes para leer el Teatro completo que es al fin lo primordial.

Me ha llamado la atención la puesta en escena que realiza Ana Zamora porque he sido testigo de varias de sus representaciones en las que da un matiz distinto, salvífico, viviente; va más allá de lo que espera el espectador y por eso sorprende, y sales convencido de ese espíritu que te hace decir, ¡qué bien!, y piensas: no me perderé otra representación sea cual fuere la obra. También los editores hacen hincapié en que la obra de Lucas Fernández «que tiene una mayor presencia escénica constante a lo largo del siglo XX es el Auto (o Representación de la Pasión«, incluso, se atreven a decirnos que «la primera puesta en escena de la que tenemos noticia tiene lugar el 23 de marzo de 1940 durante Semana Santa en el teatro Fontalba de Madrid», pág,72. Nada que objetar porque el estudio lo corrobora. Lo que me choca, en toda la edición, es la gran cantidad de paréntesis a los que recurren, la gran mayoría innecesarios.

Enriquecedor me ha parecido y necesario el «Glosario» así como las notas a pie de página, en concreto 699, muy bien documentadas. Son las que nos ayudan a conocer el entorno y al mejor conocimiento de las Farsas y églogas.

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Fernández, Lucas, Teatro completo (Farsas y églogas). Madrid, Cátedra, 2021

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