Pérez Galdós

Actividad cultural

Puerta de la Casa-Museo Lope de Vega
Puerta de la Casa-Museo Lope de Vega

Al igual que el Londres de Dickens y el París de Balzac, también se puede denominar el Madrid de Galdós, el más grande escritor despues de Cervantes. Ficción, realidad y mito se enhebran en la obra galdosiana. Las huellas están ahí y parece mentira que después de más de un siglo de la  publicación de Misericordia  siga vigente.

El Madrid que veremos es testimonial y creador. Galdós en sus narraciones configura, con su extraordinaria imaginación, todo un  mundo en el que los personajes que lo pueblan permiten conocer con maestría los espacios de ayer que hoy en el siglo XXI perviven.  Con este espíritu nos adentraremos en los lugares mitificados por los personajes y por los lectoras/es. No podremos recorrerlos todos por el tiempo que tenemos, pero sí iremos por el latir y el sentir del hoy “barrio de las letras” como una ventana abierta al mundo.

Desde la Puerta de Sol (que juntamente con la calle Toledo y la Plaza Mayor conforman un espacio vital para Galdós) nos dirigiremos a “La Fontana de Oro” (“es el centro de reunión de la juventud ardiente, bulliciosa, inquieta por la impaciencia y la inspiración, ansiosa de estimular las pasiones del pueblo y oír su aplauso irreflexivo. Allí se había constituido un club, el más célebre e influyente de aquella época”). Es parada obligada para un galdosiano. La novela La Fontana de Oro es el basamento de la obra de Pérez Galdós.

Sin más, en un respiro, pasaremos por el inmortalizado callejón de Álvarez Gato  de Luces de bohemia para detenernos en la iglesia de San Sebastián-eje central de Misericordia-, en donde se hacinaban los que pedían, símbolos del fracaso de la Restauración. Entre todos, se yergue “Nina” que pide para su señora, pero cuando la fortuna viene, solo recibe desdén. De ahí esa tríada con que Nina define a su señora como un aldabonazo: “ingrata, ingrata, ingrata”( “Bajó de prisa los gastados escalones, ansiosa de verse pronto en la calle. Cuando llegó junto al ciego que en lugar próximo estaba, la pena inmensa que oprimía el corazón de la pobre anciana reventó en llorar, ardiente, angustioso, y, golpeándose la frente con el puño cerrado exclamó: ingrata, ingrata, ingrata”.

Leeremos en el pavimento de la calle de las Huertas el inicio de la novela: “Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián- mejor decir la iglesia-…

Como no es posible recorrer todo el espacio, seguidamente, visitaremos el convento de las Trinitarias, solo la entrada y fachada porque es de clausura en la que conviven 13 monjas, y en el que está enterrado una de las glorias universales: Miguel de Cervantes. Después, a nuestra espalda visitaremos la casa del “Monstruo de la naturaleza”, “Fénix de los ingenios”: Lope de Vega. En su fachada leeremos el lema: “PARVA PROPIA MAGNA / MAGNA ALIENA PARVA”. Muy cerca, está el “Ateneo(“quién no ansía apellidarse socio”) se preguntó el ateneísta Espronceda; desgraciadamente, cada vez menos. Visitaremos los lugares emblemáticos en los que se dieron cita lo más granado de la cultura nacional, y una de las bibliotecas mejores para el investigador y, sobre todo, aposento para preparar oposiciones.

Lápida de Lope de Vega
Lápida de Lope de Vega
Pérez Galdós

Desagravio al más grande escritor después de Cervantes: Pérez Galdós

De vez en cuando, los lectores/as tenemos que rebelarnos ante opiniones que parten de los que deberían ser luz por sus comentarios que no se sostienen. El domingo pasado fue Javier Marías en su «La zona fantasma» en El País Semanal (1-12-2013) del diario El País. Vaya por delante que es lo primero que se lee en casa porque se le admira como escritor.

La expresión «que a menudo me resulta acartonado, sobre todo en tantos diálogos impasables y en tantas estampas apegadas en exceso a la literalidad de su tiempo, es decir, al reportaje». Hace mucho tiempo en un debate sobre la novela anglosajona le dije si había leído a Galdós; en aquel momento dijo que no. Espero que ahora lo haya leído, pero desde luego está muy lejos de ese adjetivo fuera de tono: «acartonado». En el Diccionario podemos leer dos acepciones:- «que tiene el aspecto o la consistencia de cartón» y -que carece de vitalidad o espontaneidad». Por mucho que doy vueltas a sus cuentos, novelas, teatro, episodios nacionales, artículos en prensa, no me viene al pensamiento ese adjetivo; todo lo contrario, muy lejos de él. ¿Por qué lo ha escrito? El sabrá. No vale apoyarse para encumbrar a otro: » Yo veo mejor el Londres del siglo XIX en las obras de Dickens llenas…» Le recuerdo que Dickens fue un espejo para Galdós, recordemos la expresión con que lo definió: «mi maestro más amado».

La excelencia de Pérez Galdós ya la he descrito en este «blog» por lo que no voy a insistir en lo mismo. Pero como coda: si hay un Premio Nobel (con acento tónico en la /e/) merecido, aunque no llegó a recibirlo, en lengua castellana ese es el escritor canario-madrileño-santanderino.

Literatura

Exposición en el Centro Cultural Blanquerna de Madrid de J. Verdaguer

En el Blanquerna de Madrid con motivo de la exposición de J. Verdaguer
En el Blanquerna de Madrid con motivo de la exposición de J. Verdaguer

Esta tarde, 3 de diciembre, se ha inaugurado la exposición que se puede visitar en Madrid de J. Verdaguer. No puede, en modo alguno, pasar desapercibida por la fuerza de la palabra y lo que supuso en lo cultural y social en un momento en el que la caridad era un grito a las concienicas de los adinerados. Pero, a igual que Galdós, Verdaguer exigió justicia en un artículo de prensa memorable: «¿Dónde está la justicia?»

En 1885 publicó el libro Caridad de 100 páginas a 4 reales. El dístico «Oh Caridad, cadena que el amor hizo de flores / en la tierra, tú, hermanas a los hombres» lo encierra todo.Estábamos en plena época del fracaso de la Restauración; por eso, la poesía  baja a la calle. Acerquémonos a sus libros LÁtlántida, Cantichs, Canigó. Así seremos más libres, más solidarios y más personas.