Poesía

Hélices. Poemas (1918-1922) de Guillermo de Torre

Cuando queremos analizar la literatura de principios de siglo una palabra que nos viene es “vanguardia” y la expresión que recoge su significado, que ha quedado en la memoria: “romper moldes”. Guillermo de Torre fue un abanderado en la ruptura con el pasado. No estuvo solo pero su nombre acapara lo esencial. Hélices ha pasado a la posteridad como ejemplo nítido de este periodo. El crítico Díez de Revenga en su estudio de la poesía de vanguardia matiza claramente sus poemas: “son un prodigio de ingenio, imaginación, capacidad creadora…”. Así como las acertadas palabras del editor en la contraportada: “la subversión de las vanguardias y la simultánea cancelación de la estética modernista que fueron necesarias para la posterior eclosión de la joven literatura de la generación del 27”.

El editor, ya en las primeras líneas, nos recuerda a F. T. Marinetti en el archiconocido pensamiento: “los nuevos poetas cantarían a las masas, a las ciudades, a los arsenales, astilleros, fábricas y puentes, a las locomotoras…”, pág. 15. Guillermo de Torre lanza en 1923 los poemas de Hélices. El progreso llamaba a la puerta y se cobijó en el movimiento ultraísta, como generador de otro mundo. Su éxito corroboró las ideas que había concebido como artífice primordial de un nuevo movimiento ante un lenguaje artístico; de esta forma celebró el canto del futurismo, de la misma manera que rechazó el realismo burgués como fuera de la realidad. Fue una protesta. Acertadamente, el editor nos advierte de que “hoy el libro es un documento histórico que testimonia un importante episodio en la poesía española del siglo pasado que durante mucho tiempo fue oscurecido o subestimado”, pág. 21.

Estos años fecundos y convulsos se entroncaban con las ideas que propalaban por el resto de Europa. Así, tanto Guillermo de Torre-creador del término ultraísmo; “yo fui el verdadero portaestandarte ultraico”- como R. Cansinos Asens, como el otro movimiento genuino español, el creacionismo-cuyo inventor-venteador fue V. Huidobro- y al que se unirían Gerardo Diego y Juan Larrea han pasado a la historia literaria como hacedores de esa contribución a las nuevas ideas de la concepción artística; ensancharon, al menos, una reflexión más, y todavía la crítica más exigente prosigue en su vocación investigadora.

La estructura del libro es nítida, y aunque para mí lo primordial de una obra es leerla antes de lo que se pueda decir, en este caso, quizá sea mejor la lectura de la introducción antes por lo atinada, lo equilibrada y la brillantez con que Domingo de Ródenas nos la presenta. También muy bien ensartado está el sumario de Hélices; parece como si te instara a la lectura con solo verlo. Diez apartados lo conforman, enumerados del 1 (versiculario ultraísta) al 10 ( Hai-Kais). Además vienen tres apéndices (en el primero: “poemas publicados antes de Hélices”, “poemas publicados después de Hélices”: en el segundo: “Bengalas”; en el tercero: ocho poemas (“Domingo alpino”, “Sobre el lago Leman”, “Balneario”, “Vuelo de ángeles”, “Poemas de engranajes”, “Etches-Ona, “Poema mural”, “Letanía del acercamiento”). Desde luego para este lector, estos ocho poemas te llegan, te acercan; muy distintos a los de Hélices, que yo desconocía. Todos posteriores a Hélices.

No podía faltar en esta magnífica edición y además necesaria las ideas de Guillermo de Torre tiempo después en el apartado “Posteridades”. Domingo de Ródenas parte de “Esquema de autobiografía intelectual” del que extrae el pensamiento del autor de Hélices y por qué sufrió el rechazo de la mayoría ante su posición con lo que las vanguardias suponían en un momento dado: “Exhibía aquel libro un carácter insolente y subversivo, delataba un radical disconformismo. Pretendían, en suma, aquellos poemas señalar una dirección divergente, dar un violento golpe de timón en la lírica posmodernista”, pág, 106. No tardó “el soldado vanguardia” en ir destejiendo lo que denominó “preconsciente”. En la conferencia que impartió en el Ateneo de Valladolid fue el primer aviso sobre lo que había construido, ” a reaccionar sobre sí mismo; a “esbozar un gesto de protesta frente a sus ideas más acendradas”. Después aclaró, aun más, sus ideas en Buenos Aires. Fue el mejor crítico de su obra que tanto revuelo supuso.

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Torre, Guillermo de, Hélices. Poemas (1918-1922. Madrid, Cátedra, 2021, 275 págs.


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Personales

Guillermo de Torre. De la aventura al orden

Ayer estuve en la presentación del libro  con que titulo estas líneas en el Instituto Cervantes de Madrid. El presentador inició el acto con unas palabras confusas, ante las que se disculpó por no haber manifestado, al principio, lo que oímos casi siempre: que el director del Centro no podía estar presente. Seguidamente pasó a citar a los que conformaban la mesa. Fue positivo que solo dijera “Buenas tardes”, y no repitiera el sonsonete de otras presentaciones, que con afán, políticos, periodistas, “and so on”, nos martirizan con el manido”Buenas tardes a todos y todas”. Lo negativo de la presentación fue que dijera que Guillermo de Torre “era un desconocido”. Será para él, ya que “Guillermito”, como escribió Juan Ramón Jiménez, es nuestra voz más representativa del ultraísmo, no solo en España sino allende los mares. Intervino después el representante del Banco de Santander, como siempre leyendo una cuartillas. El contenido, el lector se lo puede imaginar.

Lo excelso vino con el académico Darío Villanueva que con verbo florido-¡aleluya!, no leyó- trazó un esquema enriquecedor, y ya desde el principio manifestó que si tuviera que exiliarse lo haría “a los años veinte”. Nos trazó un esquema sobre Guillermo de Torre para figurar en las mejores páginas literarias. El polen de las ideas como trampolín para encharcar lo literario como vasos comunicantes; el aire del tiempo como eslabón para conocer más y mejor; ante un público absorto desgranó toda una sabiduria tejida de palabras exactas; hacía tiempo que no escuchaba una exposición tan brillante. El pórtico lo puso muy alto para los otros dos que faltaban por hablar (A, Trapiello y D. Ródenas). Una de las ideas que ya pululan o que vuelven es que la creación incluye también la crítica; no tuvo ningún reparo en denominar el prólogo del libro, escrito por Domingo Ródenas, de formidable. No sin antes lanzar o recordar que la literatura es un territorio abierto, que más allá del lugar en que se produce la obra literaria existe el contexto, el aire del tiempo, para seguidamente nombrar al Premio Nobel (eso sí, con acento tónico en la “e”, no esperaba menos de una persona culta) W. Faulkner.

Gracias a la Fundación Banco Santander que nos regaló el libro a los que estuvimos en el acto.

Ensayo

Novecentismo y vanguardias 2

Tanto el Novecentismo como las vanguardias contribuyeron de forma esplendorosa a difundir la literatura en unos años convulsos y revueltos como fueron los de la primera mitad del siglo XX.

La nueva literatura rompía unos moldes y preconizaba otros