Pérez Galdós

Otra nueva edición de Doña Perfecta

La editorial Cátedra, siempre atenta, ha hecho una edición de una de las obras del más grande escritor-después de Cervantes-, que vieron los siglos. Ahí está contra viento y marea, y eso que los gobernantes de entonces se opusieron a que le concedieran el Premio Nobel de Literatura, pero a sus lectores siempre nos vendrá a la memoria el que más lo ha merecido en lengua castellana, se diga lo que se diga. ¿Por qué molestará tanto que la literatura “debe ser enseñanza, ejemplo” como apostilló siempre Galdós? Ahora acaban de conceder el Premio Nobel de literatura; simplemente elija una obra de este escritor japonés y otra de Galdós; al final de ambas lecturas, observarás la diferencia entre los dos; claro, la balanza a favor del canario-madrileño-santanderino. Hágalo, no hable de oídas.Yo ya lo he hecho.

Estoy ya cansado de tantas tonterías-incluso de afamados- que se dicen de Galdós, no solo en las conferencias sino en los libros. Cuando preguntas si ha leído algo, se quedan en suspenso; si te contestan-no siempre-, manifiestan que es lo que se dice. Estoy esperando coincidir con un escritor que ahora tiene un cargo institucional para rebatirle lo que le escuché en un  acto cultural- que no tenía nada que ver con Galdós- y soltó el latiguillo  que aparece en Luces de Bohemia; impropio de una persona culta y además con un cargo en el que debe ser luz; le recuerdo, aunque sé que no lo leerá, que Valle-Inclán admiraba a Pérez Galdós. Ya habrá otra ocasión de reprochárselo en otro peregrinaje literario, pero parece que reviste decir cosas negativas de los grandes, supongo que será para llamar la atención o como mecanismo de defensa cuando no se tiene nada que decir.

Doña Perfecta, desgraciadamente, sigue viva. El final de la novela es bien elocuente: “Esto se acabó. Es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son”. En este país han hecho mucho mal y hacen las “Perfectas”, “Bernardas”, “Lantiguas”, “los P. Claret”, etc. Aplíquese tanto el masculino como el femenino. Abundan en los dos géneros. La sombra cainita que con tanto tino dibujó Galdós en sus novelas, todavía prosigue, paradójicamente, en el devenir humano. La dicotomía novela – sociedad enraizada en la liberación humana para hacernos ver la tolerancia y el dogmatismo, la religión y la ciencia, el progreso y lo tradicional. Galdós supo plasmar el carácter de doña Perfecta: “No abemos cómo hubiera sido doña Perfecta amando. Aborreciendo tenía la inflamada vehemencia de un ángel tutelar de la discordia sobre los hombres”. Perfecto símbolo de la intolerancia, la soberbia y la hipocresía. Lea la novela y observarás cómo necesitamos, hoy, un Galdós que nos libere de tantos incompetentes e intolerantes.

Novela

Grandes esperanzas (Great Expectations), penúltima novela de Charles Dickens

No sé si se vuelve a leer a Dickens o siempre estuvo en el candelero; en mi caso, cuando la oportuinidad se  presta-como ahora la novena edición que lanza la editorial Cátedra- me viene  a la memoria la expresión galdosiana: “mi maestro más amado”. Fue un espejo para el más grande novelista después de Cervantes del que también bebió. Tal vez no le faltaba razón a Pérez Galdós.

Que para muchos Great Expectations sea la mejor novela no es suficiente si no prende en los/as lectores y  la traducción no es lo suficiente atractiva o no recoge el verdadero espíritu del autor. Por lo que a mí respecta, estamos ante un hecho esclarecedor por no decir radiante cuando acometemos su lectura; ya el hecho de que María Engracia Pujals haya realizado la traducción es más que suficiente para acercarnos a su lectura.

Del novelista inglés se han dicho tantas cosas positivas que solo nos resta leerlo aunque solo fuera por su innovación en el arte narrativo y cómo no por los ataques a la sociedad victoriana, y más clarificador fue que participara del gran momento de la novela, como género descollante en la segunda mitad del siglo XIX. Pero, más allá de estructura, de estilos, de detalles asombrosos de la sociedad del siglo XIX, disfrutemos de su lectura por su bien saber contar; en este sentido Dickens es un grande y de ahí el recuerdo perenne.

Dickens, CH., Grandes esperanzas. Madrid, Cátedra, 2016