Personales

Ante mi ventana, 10. Esperanza sin límite, solo basta

A la espera de un libro

nos abrimos a comentar,

de rostro salinero y mirada fija,

de nombre celestial, a temprana hora,

en un día caluroso.

Sin llamada, prometiste.

No entiendo de cuitas,

ni ensoñaciones canceriles,

sí fervor, sin soledad atenuante,

enhiesto el pesamiento, firme.

La vida fluye sin tu presencia,

con hondo quehacer, viajero,

peregrino hasta la cima,

sin estorbos, llave de ensueños

esperanza sin límite,

solo eso basta.

Volveré al lugar.

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

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Personales

Lo que faltaba por oír

Asombro y tristeza si se lleva a cabo. Sinceramente pensé que esto ya estaba superado. Alguien ha sugerido que se retiren, se apilen, se donen o se metan en cajas libros antiguos de una biblioteca para poner los libros actuales porque no hay sitio; inmediatamente me vino a la mente el famoso artículo de Muñoz Molina donde nos contaba que una concejala de cultura quiso hacer lo mismo en su tierra y el pasaje de Don Quijote de a Mancha.

Ante este disparate, no se pueden aceptar ideas trasnochadas cuando hablamos de biblioteca; esta, claro, como templo espiritual, como arroyo que nos conduzca hacia el pensamiento, y este como fulgor, como llama eterna, que sea salvífica, luz ante tanto despropósito. Ese relámpago cultural lo hallamos en los libros clásicos; no los encerremos, no los destruyamos, que aquí yace la savia, la riqueza humana.