Literatura

Los cambios del mundo y la nueva visión en el renacimiento

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Una nueva visión surge en Europa entre los siglos XIV y XVI que recibe el nombre de renacimiento. Lo histórico y cultural como vector de irradiación que se apoya en el Humanismo para lanzar un nuevo pensamiento que perdurará hasta finales del XVIII; teniendo en cuenta que durante el siglo XVII en Inglaterra y España se reacciona en contra de la sobriedad, el equilibrio y el espíritu pagano renacentistas. Es cuando surge el Barroco, sinónimo de retorcimiento de la expresión, pesimismo, resurgimiento de la religión. Pensemos en Shakespeare, Calderón, Góngora, Quevedo. Por el contrario, en Francia predomina el clasicismo durante el siglo XVII en el que sobresale la utilidad, el carácter moralizador, lo didáctico; el culto a la razón y al buen gusto; el carácter refinado, aristocrático. Los salones de la corte y de la nobleza como depositarios del arte, que después irradiará al pueblo.

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Personales

Monseñor Bargalló: con la esperanza de que estas líneas lleguen a esa Argentina en la que vive

Ahora que ya el ruido pasó, después de haber saboreado «ese cáliz de amargura», no por su proceder, sino por parte de los  de siempre, que no desean que los demás sean felices, le dirijo estas líneas de ánimo, con la esperanza de que lleguen y sirvan de sosiego, de paz, de tranquilidad, de camino en su vida espiritual.

No se achante, Monseñor, y enorgúllase de que es un hombre enamorado. ¿Desde cuándo el amor es delito? En esta sociedad hipócrita y  santurrona, en vez de «tocar a gloria» porque dos personas se han enamorado, sacamos la daga para flagelar. Me ha molestado que el periódico más leído de España, y entre los cuatro o cinco más importantes del mundo-según se dice- no haya sabido tratar la información y haya caído en decirnos algo más de su vida privada; no solo el periódico, también en varios programas estelares de la cadena más escuchada, que también pertenece al mismo grupo editorial, ha dejado su huella  con un «deje negativo». Me rebelo porque hay que ensalzar a los que predican el bien, a los que dan testimonio de Jesús de Nazaret, y sin embargo, son perseguidos. Me quedo con lo que usted dijo: que proseguiría anunciando la buena nueva, el mensaje de Jesús. Eso es valentía, porque por estos lares, se dice tan poco por los que debían ser alfareros del mensaje…¡Qué oportunidad ha perdido la Prensa para enaltecer sus virtudes y de todos aquellos que dan su vida, la sacrifican para extender el bien!

Si el Vaticano-«Ave María Purísima»-, con perdón Monseñor, lo suspende «a divinis», no se preocupe; lo primordial es que prosiga con su fe, que señale a los tiranuelos de turno, que levante la voz y exija justicia, no caridad, ante el que sufre, pasa hambre o tiene sed; o contra los que se enriquecen a costa de los demás; he ahí el verdadero evangelio.

Finalmente, un aplauso, también, al periodista que solo le hizo una pregunta como le había prometido; pero eso, sí, no me gustó que usted dijera que había sido una «imprudencia»; todo lo contrario; estaba pregonando el amor entre dos personas; la luz, el amor hay que ponerlos encima del celemín para que alumbren. Debería estar contento por disfrutar con la persona que ama. De todas formas, si ha dejado de ejercer el ministerio, en contra de su voluntad, espero que no sea un «rebotado» y prosiga, ahora más que nunca, venteando esa justicia y ese amor entre hernanos; sea luz, sal de la tierra.

Poesía

¡Qué gran víspera el mundo!

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¡Qué gran víspera el mundo! Es el primer verso de uno de los poemas más henchidos de amor. La exaltación amorosa como necesidad humana. Necesitamos que nos quieran para hacer  nuestra vida más inteligente, más cercana, más viva, más espiritual, que esté en eterna presencia en nuestros actos, de ahí que la anhelemos constantemente. En el poema de Pedro Salinas, con el que encabezo estas ideas, observamos la búsqueda de ese venero, la fuente salvífica que nos llene de alegría; si bien es cierto que nos traza el mundo anterior a la dicha, espera la voz de la amada, el destino, el amor, en definitiva, que dé sentido a la vida y al universo. Es una experiencia individual, su testamento vital, su melodía, pero que  ya nos pertenece. No tendría sentido, de otra manera, la poesía. De ahí que no sea un formalismo esteticista, sino la entrega, el arte humano, el desbarajuste sentimental por el que discurre la existencia. Las palabras sin contexto de poco valen, por eso el poeta desea crear una sociedad en la que las palabras sean pronunciadas por la amada, como la encargada de poner en marcha el nuevo mundo. La tríada gramatical─tú, yo, ya─ se hace imprescindible en el amor, si deseamos despojarnos de todo lo que nos dificulte su comprensión.

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