La primera mitad del siglo XIX está marcada por tensiones sociales; la agitación como forma para la transformación de la sociedad. Es el momento del cambio y el triunfo del Romanticismo, este como literario y artístico, como una nueva visión de contemplar el mundo. La primeras manisfestaciones surgieron a finales del siglo XVIII y a principios del siglo XIX, y uno de los precedentes es el movimiento alemán «Sturm und Drang» (tempestad e ímpetu). Fue una corriente política y literaria de la segunda mitad del siglo XVIII, como respuesta al racionalismo; se prefiere la pasión a la razón; además tenía como base la dignidad humana enarbolada con la libertad por lo que rechazaba la sociedad burguesa. El movimiento romántico
Categoría: Ensayo
El siglo de las luces
El siglo de las luces: el desarrollo del espíritu crítico
El llamado siglo de las luces, o siglo XVIII, fue un aldabonazo intelectual para superar el fin de la Edad Moderna y adentrarse en la Edad Contemporánea. Supuso una renovación de las ideas, valores, en los que se basaba la sociedad. Hay un hecho que marca este período, y es la Revolución francesa (1789), fue la luz para romper con muchos aspectos para crear otra visión del mundo más crítica y el empleo de la razón como único camino. Se extiende desde Francia por toda Europa (especialmente Inglaterra y Alemania) a lo largo del siglo XVIII.
Hacia una programación de la lengua y la literatura
A continuación podrás leer la relación entre lengua y literatura, y sobretodo, qué debe tener en cuenta el docente cuando presenta una programación a los alumnos/as.
La columna literaria
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En su gran mayoría, este artículo forma parte de un capitulo del libro El artículo literario: Manuel Alcántara. Madrid, Fundación Alcántara, 2008, págs. 68-82
Me busco por el tiempo que he perdido
y en las hojas de ayer del calendario
pero no encuentro al alma por mi almario
ni rastro de aquel viejo conocido[1]
El clasicismo es algo que se observa en la columna literaria; la forma de escribir, hoy, es algo primordial en lo que podíamos denominar género literario cuando hablamos, escribimos o discutimos sobre la columna periodística. La forma, como elemento primordial de la obra artística, se hace realidad en la columna. Lógicamente, no todas las columnas periodísticas tienen el aroma, la perfección de lo literario; de las que sí mantienen ese germen literario son las de Manuel Alcántara desde hace ya mucho tiempo. En ellas se da lo poético, que es lo más grande en opinión cervantina. Añadamos, los dos mejores premios que se pueden otorgar a un periodista: “Mariano de Cavia” y “González Ruano”. Más de 18.000 artículos-se ha escrito- son la tarjeta de presentación; en ellos hallamos trozos de vida que nos hacen pensar porque los mismos son retazos de conocimiento. Los poetas que consiguen a base de esfuerzo y sabiduría subir a la columna son dignos de ese paraíso literario. Son los que desconciertan por la adjetivación quebrada, los que se aposentan en la expresión de la belleza por medio de la palabra, los creadores.
Presentación de un libro
Acabo de llegar de la presesentación del libro El poder de nuestra presencia del Centro Cultural Blanquerna de Madrid. Desde hace tiempo ya la sala de conferencias no se llena; sin embargo, en esta ocasión faltó poco. En realidad, fui porque lo presentaba F. Mayor Zaragoza, un hombre culto; no me defraudó, fue lo mejor. Me alegró que nos recordara la dicotomía conocimiento-libertad. Cómo la crisis la han generado la avaricia de unos, y la ignorancia de tantos. Que no debemos huir, sino plantar cara. Que el huir de nosotros nos conduce a dejar de ser personas. Que estamos «confinados» territorialmente y espiritualmente.
Nuestro logtipo es «saber que se sabe», que ya es hora de levantarnos, que la norma ha sido «que hemos puesto demasiados muertos en la historia». Tenemos que reivindicar lo humano, lo más grande que tenemos juntamente con la libertad. Evocar presencia del ser humano, «que se nos ha negado continuamenente». Hay que desarrollar un nuevo sistema de relaciones sociales, económicas, culturales en que la «capacidad de crear» sea nuestra bandera. Hemos estado demasiado tiempo timoratos, «sometidos, en silencio». Hay que ser protagonistas, «ponernos en presencia» para poder crear. Y eso sí: sin que haya distingos entre mujeres y hombres; que la mujer se sienta copartícipe en todo.
Terminó con esas palabras que tantas veces he repetido en la docencia, en la investigación, en esta página «web», como son conocimiento, solidaridad. El sigo XXI debe constituir un alborear que nos inunde con esa «presencia transformadora» en la que la generosidad cierre el triángulo para una nueva sociedad.
La autora del libro con su monotonía engolada, me pareció que desentonaba al lado del que fue Ministro de Eucación. Sobraron esos 35 minutos desalentadores, pusilánimes, de una monotonía exasperante.
