Ensayo

Desafío al maratón. ¡Enhorabuena!

Desafío al maratón. La realidad  del maratón popular en boca de los propios atletas. Es el título del libro de  Alfredo Varona. A ciencia cierta me he entregado a su lectura como el pan que nos alimenta, con un afán no tanto por la forma sino por conocer los entresijos de quien participa en el atletismo no en demasía, así de nítido.

Una pregunta que subyace en el libro es ¿»A qué hora puedo entrenar»? Aquí no vale decir es que tengo mucho trabajo, apenas tengo tiempo. Si dices eso, te falta voluntad para el atletismo y para todo. El corredor entrena cuando puede, no cuando quiere.

Coda. En estos momentos aún no ha terminado el Maratón de Madrid. Vaya mi felicitacioón más entusiasta a todos los que ya han finalizado y a los que áun con esfuerzo les faltan unos pocos kilómetros. Aunque yo no me inscribí, sin embargo, en un lugar indeterminado me uní para que me sirviera de entrenamiento para la gran cita que tengo el 17 de mayo en Göteborg. Cuando pasaba por el Paseo Moret (Parque del Oeste, en el distrito de Moncloa), íbamos como un río que nos lleva-me acordé del famosísimo poema de Gerardo Diego, en concreto del verso «nadie a acompañarte baja / sino…». Pero, eso sí, una vez que enfilábamos la Avenida de Valladolid, de vez en cuando, había pequeños grupos de gentes que daban ánimos. El fervor de los aplausos y el entusiasmo hubo que esperar al puente entre la estación del Norte-Madrid Río para adentrarnos en la Casa de Campo; en esta en un lugar indeterminado torcí a la derecha y abandoné la carrera para dirigirme corriendo a los campos de la la Universidad Complutene ubicados en la Ciudad Universitaria.Total una hora y media de entrenamiento en una mañana primaveral.

Ensayo

Octavio Paz, una voz crítica

Mañana se cumplen, 31 de marzo, cien años de su nacimiento. En otro tiempo era obligatoria su lectura; incluso en la selectividad madrileña ha desaparecido la poesía hispanoamericana en el siglo XX en la que brillaron, entre otros, Pablo Neruda, César Vallejo y Octavio Paz. En este se aunaron la poesía, ensayo y el pensador al que se recurría por su forma de entender el mundo. Su excepcionalidad nos perfumó, siempre estuvo presente. Los artículos periodísticos, los libros Los hijos del limo (la búsqueda de un nueva belleza, una actitud, una nueva forma de vida), El laberinto de la soledad, Árbol adentro, Tiempo nuublado, Libertad bajo palabra («La oposición entre sueño y vigilia es otra manera de expresar la dualidad que, a mi entender, anima secretamente a todo quehacer poético: la libertad condicional de la obra»), y Sor Juana Inés de la Cruz –para parte de la crítica su obra maestra, y eso que era agnóstico- constituyen un aldabonazo significativo en la literatura universal, como si todos los tiempos se dieran cita, más allá del momento en que se escribieron. Octavio Paz permanece como guardián de la forma hecha carne; incluso cuando nos cinceló para la posteridad que el amor «es un destino, una vocación, una pasión».

En su momento, el crítico Rafael Conte lo definió como «su mayor grandeza es ser un intelectual en el mejor sentido de la palabra, y su servidumbre que lo acusen de intelectualista».

Ensayo

Calas en la creación literaria

Las palabras «crear, crear, crear como la naturaleza hace un árbol»-expresión de V. Huidobro- en el bachillerato siempre me llamó la atención por la dificultad que encerraba, pero el profesor estaba tan convencido que nos lo hacía creer, para luego pasar a la práctica. Calas en la creación

Ensayo

Naturaleza de la novela, algo más que un ensayo

De nuevo, Luis Goytisolo se acerca a la literatura-esta vez como ensayista- desde la almena del buen trato de la palabra con su brillante estilo; parece como si la lengua se purificara. No me cansaré de repetir que con los «Goytisolos» el castellano/español se viste de hermosura; es una delicia leer este ensayo. Es como si un corredor en el Maratón no se cansase; quiere llevarlo en volandas, valga el símil en este mes de mayo que tantas carreras se realizan.

Con Naturaleza de la novela vierte lo que está siempre en el alambre a pesar de tantos siglos transcurridos desde que los relatos pasaron al papel. Sinceramente, me ha llamado la atención que nos recuerde el Antiguo y Nuevo Testamento. Ya conocíamos la prosa sublime que encierran; sin embargo, que enhebre tantos hechos capitales para que el lector mire desde ópticas distintas, hacía tiempo que no lo leía. Incluso, Goytisolo va más allá: lo que hoy se entiende por novela se asemeja a esos relatos que primero pasaron de boca en boca y después se plasmaron en papel.

Al recordarnos que en el siglo XX el narrador omnisciente, tan primordial en la novela áurea del siglo XIX, haya desaparecido para dar más nitidez a lo narrado, queda ahí. No sé si ese aserto contribuye o no al decaimiento de la novela en la segunda mitad del siglo XX o ya en los inicios del siglo XXI. Las variantes que se introducen como el objetivismo, el punto de vista expresado en tercera persona o el monólogo interior, quizá hayan complicado más el eje dinamizador de lo contado. Lo que sí parece cierto es que en muchas novelas se ha perdido «alma», o aquellas que más parecen son las que tienen algo más que un puro estilo, tan importante en la escritura. Ambos se necesitan para configuar un relato y, sobre todo, para los lectores. La emoción para implicarnos es capital.

Es difícil encontrar a un crítico que no ponga como ejemplo el Ulysses de James Joyce. Goytisolo lo ensalza como «máximo exponente» (pág. 129) de formas de expresión, más allá del retrato de Dublín durante dieciséis horas. Al igual que otros trae a colación la llamada «Generación perdida» como de «importancia crucial» (pág. 136), de paradigma de lo que se debía de entender como novela.

El epílogo es una reflexión que va más allá del género literario, que aborda y se pregunta por el futuro del libro, tabletas o «futuras variantes». ¿Lo que nos espera? Goytisolo piensa que sí («el libro impreso se convertirá en objeto del coleccionismo», pág. 169). Pero la máxima preocupación del autor es el futuro de la novela o lo que entendemos por literatura («en el fondo, que la cultura, y más concretamente la literatura, se convierta para las mayorías en algo prescindible, accesorio», pág.170). Probablemte estribe en que la novela la cultiven los propios autores, al igual que la poesía. El palo para las editoriales que tienen como común denominador que los lectores consuman novelas para que el negocio no se arruine va a ser descomunal. Goytisolo no deja ni siquiera la duda, y pone el ejemplo de «esos libros de caballerías que ya solo leía don Quijote» (pág. 176). Tal vez exagere, pero el recuerdo de Miguel de Cervantes permanece.

Ensayo

Las vanguardias literarias europeas y españolas del siglo XX

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Los primeros años del siglo XX se ven todavía oreados de las tendencias que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo del realismo y naturalismo, aunque al lado brota y crece otra literatura. Esta literatura copó inmediatamente los primeros lugares, y los movimientos vanguardistas se fueron sucediendo. La nueva literatura rompía unos moldes y preconizaba otros; pero, al mismo tiempo, buscaba unas formas de expresión ante la realidad. Las vanguardias europeas