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Literatura

Gockel, Hinkel y Gackeleia de Clemens Brentano

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No sé cuánto se ha leído de Clemens Brentano ( 1778-1842). Ahora tenemos la oportunidad de detenernos en un escritor del romanticismo alemán-en el que sobresale la libertad de crear con esa técnica «pictórica literaria»- en una edición accesible.

Conviene antes del comienzo de la lectura de la obra, leerse el contexto social en que se produjo; así se entenderá mejor y aun nos quedará la duda de algunos aspectos. Sorprende que el autor se decantara por este escrito: «Esta predilección se hace evidente porque fue la única narración que el escritor permitió que se publicara en vida», pág, 117. Todo bien cimentado por la editora Rosa María Gil «con el fin de acercar al lector la obra en todo su valor y dimensión», pág.119.

El que se denominara «cuento de hadas» me llega a pensar que iba dirigido a todos los públicos, de ahí la fantasía que subyace, a parte de su amenidad, sencillez y adobado por el elemento poético en ese ámbito. en el que el lector se siente dueño para asimilarlo en libertad. Pero el hecho de que se inspirara en las ruinas de un monasterio contribuyen a ubicarlo en el romanticismo como uno de los temas o lugares fundamentales del mismo. El castillo, por tanto, de la familia Gozkel se asemeja a la idea que el autor quiso plasmar. El pasado con el presente-aunque en ruinas- debe fructificar y dar una nueva vida en varios planos. Es decir, la naturaleza unida a lo humano como hecho primordial del romanticismo.

Ese pasado, al mostrar ese castillo derruido y el gallinero que sirve para ver a Gockel, Hinkel y Gackeleia, nos muestra desde dónde se parte para atisbar el futuro. Solo la naturaleza no puede servir para cimentar una nueva sociedad en la que hubiera sosiego y esperanza ( «La hierba y las plantas crecían por todos los rincones, y los pájaros desde el diminuto chochín hasta la cigüeña, anidaban en el abandonado castillo»). A partir de aquí, el humanismo se adueña de lo terrenal o sirve como dicotomía necesaria para un nuevo mirador por lo que la felicidad debe ser fundamental. El humanismo se hace sensible cuando se nos describe ya en las primeras páginas la tranquilidad, la musicalidad hecha poesía: «En los ríos transparentes / todos buscan calma y paz / y no juegan más los peces / porque quieren descansar / y se duermen escuchando / ondas de agua murmurando / en las piedras del lugar. / ¡Arrorró y buenas noche! / Hinkel, Gazkeleia y Gozkel!», La naturaleza evoca canto, libertad, ensueño, utopía para encarnarse en lo humano.

También Cl. Brentano aprovecha la relación entre los animales y el ser humano tan característico en muchos momentos de la historia de la literatura para hacernos ver la diferencia entre el bien y el mal. El paralelismo entre las dos modalidades se percibe al sentir las dos especies. Los animales que hablan parece como si fueran más allá de lo que las personas somos. El relato propuesto por Brentano nos hace comprender que los animales que intervienen-los ratones, la golondrina, el gallo, etc.- hablan en verso con los humanos. Da igual que las personas se adapten a los animales, como sean estas las que se humanicen. Lo capital es la convivencia que surge para vivir; el aprendizaje es sobrecogedor.

Hechos concretos a lo largo de la literatura, bien sea oral o escrita, se atribuyen al gallo con atributos personales como en este cuento; es el espejo de Gockel en el que permanecerá (…»pero cuando los enemigos del castillo arrasaron todo, el gallo, que siempre había sido alimentado por la familia, se tragó la valiosa piedra para que no pudieran apoderarse de ella«). El hecho de que el gallo manifestara de que un antepasado de Gozkel «había sido el poseedor de la piedra del anillo de Salomón»… De ahí que Gozkel no quería sacrificar al gallo, «porque era una ley sagrada de la familia no matando nunca hasta que él mismo deseara la muerte«. Al final, Gozke consintió ante la petición de Alectrión-el gallo- «que le cortara la cabeza con su espada de conde, que cogiera la piedra mágica de su buche…». Una vez cortada, apareció la piedra preciosa. Después, Gozke dedica un verdadero y sentido planto: -¿Quién deposita la sabiduría en lo profundo del corazón humano? ¿Quién da entendimiento al gallo? Lo mismo que el gallo anuncia el día y despierta al hombre de su sueño, así anuncian los piadosos maestros la luz de la verdad en la noche del mundo y dicen: La noche ha pasado, el día ha llegado, abandonemos las tareas de las tinieblas y aprovechemos las armas de la luz! ¡Oh, qué encantador y útil es el canto del gallo!«. Ante el extenso y fúnebre discurso hubo sonoros aplausos y lágrimas. La familia durmió; antes, por ese día triste, rezó «una fervorosa plegaria». Al despertar Gozkel sacó de su bolsillo la piedra mágica y pronunció: «¡Salomón, tú, rey prudente / que todos obedecen, / haznos rejuvenecer / para llevarnos después / a Gelnhausen nuestra casa (…) / ¡Te doy la vuelta, anillito! / Haz todo hermoso, te pido».

Este anillo de Salomón manifestó todos los deseos de Gozkel. La alegría fue inmensa en la familia, de ahí ese canto a Salomón, rey poderoso. Todo concluyó con una gran fiesta popular. La felicidad terrenal de los Gozkel solo duró un año. Gazkeleia se enamoró de la muñeca y los vestidos que el viejo mostraba. Las tretas del anciano-incluso con lloros- conmovieron a la niña, y manifiesta en qué puede consolarle. La respuesta no se deja esperar: «Tiene un anillo tu padre / que es una esmeralda verde/ de un fulgor tan admirable»… El anciano con astucia consiguió el anillo y se lo mostró a los otros dos compañeros que eran los «filósofos grabadores que habían querido engañar a Goskel, y él los había engañado a ellos«. Con el anillo en las manos pidieron que Gozkel se volviera «viejo, pobre, miserable y feo». La familia que antes eran guapos, hermosos, jóvenes e iban muy bien vestidos se transformaron en pordioseros y andrajosos. Cuando Gozkel observó que el anillo era falso, que alguien se lo había cambiado. La familia se pusieron, de nuevo, para caminar hacia el castillo, ya pobres porque les habían robado el anillo. La niña cuenta todo lo que había sucedido al enterarse que su hija tenía la muñeca. Ante la fiereza del padre, pide que la perdone. La niña se pierde por el bosque y sus padres llegan al viejo castillo y se sentaron en «el umbral del viejo gallinero y lloraron amargamente durante toda la noche, y todos los pájaros con ellos».

Separadamente, los padres comenzaron a buscar a su hija. Fue totalmente imposible y volvieron al gallinero. Con el tiempo volvió Gazkeleia totalmente desconocida, era hermosa, esbelta y traía el famoso anillo de Salomón. Después cuenta cómo lo consiguió. Sus padres quedaron maravillados ante tanta destreza y sabiduría ( «¡ Gracias, mil gracias! Querida niña, tú llevarás siempre el anillo en el dedo como premio a tu bondad y puedes desear todo lo que quieras»).

No podía terminar sin el casamiento de Gazkeleia, y el anillo de bodas sirvió para que todos «seamos niños, que toda la historia sea un cuento, que Alectrión nos lo narre y que seamos felices por ello y aplaudamos de alegría». La evocación sin límite, en una época paradisíaca como es la infancia, nos conduce a que lo más grande es contribuir a la eterna felicidad.

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Brentano, Clemens, Gockel,Hinkel y Gackeleia. Madrid, Cátedra, 2023

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Novela

Veinticuatro horas en la vida de una mujer y otros relatos

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La narrativa de S. Zweig ha sido bien aceptada tanto por la crítica como por los lectores/as. De las cuatro narrativas publicadas por la editorial Cátedra en este mes de junio de 2023, hay una que está batiendo los récords de lectura: Carta de una desconocida. En su momento la puse como lectura obligatoria; en los debates-como siempre hice de todas las lecturas- esta fue una de las que hubo más participación y posiciones enconadas. En la universidad tiene que haber posiciones encontradas; la discusión engrandece.

Me alegra que la editorial Cátedra-universales- se haya decidido a publicar, en un solo volumen, las cuatro narraciones ( Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Carta de una desconocida, La colección invisible, El refugiado). El éxito será coronado por los que aun-por los motivos que fuere- las desconocieran o no las hayan leído. Simplemente quiero aportar con esta reseña lo que supuso en mí las lecturas de este escritor «testigo de su época» en un mundo tan convulso.

La carta anónima que recibe el escritor vienés nos hace pensar en esa esfera profunda, cómo es el alma humana; dos personas y algo más, como es el amor sin correspondencia y sin que uno se percate. La penetración en lo más recóndito del ser, a veces, surge por necesidad; ahí es donde el autor se sumerge; se adentra para llegar a esos pensamientos que no queremos oír. Lo psicológico se adueña de su pluma. El mundo interior revolotea como ascua inquieta. No es más que el afán de poseer- en este caso amoroso-porque la naturaleza a esta mujer le ha impregnado de lo más grande que tenemos junto con la libertad: amor; la capacidad de sentir en el otro lo que le ensalza; lo que hace ser ella totalmente-en este caso-, sin exigencias de que sea correspondida, por lo que no es narcisismo; una persona puede ser narcisista sin valerse de otra. Zweig, en este relato, se columpia para llegar al interior de la persona, e intenta valerse de lo que le rodea para conseguirlo. La fuerza biológica se adueña del escritor y lo plasma.

La frase «A ti que nunca me has conocido» en sí nos prepara para calibrar el chorro de sinceridad:

Se sincera. ¿O no es entrega total, sin limite, cuando escribe:

pero, créeme, ninguna te ha querido tan devotamente como yo, ninguna te ha sido tan fiel ni se ha olvidado tanto de sí misma como lo he hecho yo por ti».

¿A quién no le gusta que digan esto de ti, aunque nunca llegues a saber de quién se trate? No se trata de decir «dime que me quieres aunque sea mentira».

Cuando la soledad te embarga no está de más acercarse a la poesía, a la búsqueda del sentimiento. Esta mujer desconocida  abre su corazón, y pronuncia:

Cada palabra tuya era para mí como el evangelio y el padrenuestro».

Ahí es donde quiero adentrarme partiendo de esa mirada casual, pero penetrante, que aparece en la novela Carta de una desconocida, y que se convierte en el inicio de una pasión, aunque solo fuera por una persona. ¡Es tan difícil aunar cuerpo y alma en dos personas!  Por eso, ya no nos extraña el fracaso, y menos la traición. Tertuliano nos dejó para la historia: «Donde la carne es una, también es uno el espíritu».

Pero es evidente que esta mujer desconocida, deseaba mostrar unos sentimientos que le ardían. Su sinceridad es tan nítida que llega a escribir: «Te quiero como eres, ardiente y distraído, olvidadizo, entregado e infiel». ¿Seríamos capaces nosotros/as de escribir de una forma tan cruda? ¿Qué le mueve, sentimiento, amor, vacío, soledad, capacidad humana como necesidad?

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No podemos echar en saco roto la ludopatía en Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Nos tiene que hacer comprender hasta dónde podemos llegar en el desenfreno del juego. Este relato se escribió cinco años después de Carta de una desconocida. Es más difícil, no solo por la alternancia de la narración entre «la protagonista y el yo autoral», sin desmerecer ese estilo prístino, aunque, a veces, aparezca como abrupto y denso. Aquí está otra mujer que se lanza a revivir ese pasado inesperado y los/as lectores quedamos petrificados al no esperarlo tan brutal en el que lo psicológico triunfa, otra vez, en la pluma de Stefan. La comedia humana en el escritor es inherente a su estilo, así como el canto a la libertad.

Sobresalto emocional en un el hotel en el que se aloja el protagonista; este se convierte en confidente de una mujer de 67 años. La mujer recuerda un día de su vida, cuando tenía 42 años. En las primeras páginas, el sentimiento y la sorpresa se apoderan de la lectura ágil y sosegada con la frase: «Mi mujer me ha abandonado«. A partir de este momento el relato nos conmueve, nos hace estar atentos a los sucesos que acaecen. La pregunta se hace necesaria : – «¿ No cree que es despreciable y feo que una mujer deje a su marido y a sus dos hijas para seguir a alguien de quien todavía no puede saber si es digno de su amor?» ¿Tan despropósito es que una mujer se deje llevar por el instinto y la pasión amorosa en un único día y marque el resto de su existencia? ¿Por qué somos tan exigentes con los demás y no nos miramos y nos preguntamos qué hubiéramos hecho si la ocasión se nos hubiera presentado? ¿Por qué no cabe la respuesta que es el corazón el que nos dicta: hazlo?

«Pues bien, ya le he dicho que solo quería contarle un día de mi vida». Es otra narración hecha acontecimiento viviente; la señora que ha escuchado las opiniones que discurren en el hotel sobre -«una impecable mujer de unos treinta y tres años», Madame Henriette- que ha abandonado a su marido por «un elegante y joven guaperas», se decide a contar la suya; cómo el amor pasional se hizo realidad ( «le había atormentado y preocupado durante veinte años»). Ahora, después de tanto tiempo, lo cuenta. Su nombre: Mrs. C., «la elegante anciana inglesa de cabello blanco». Una vez muerto su marido, se dedicó a viajar; llegó a pensar que su vida era «completamente inútil y sin sentido». Se decidió ir al casino: y «ahí comenzaron esas veinticuatro horas que fueron más emocionantes que cualquier juego y me perturbaron mi destino durante los años venideros». El punto capital, además de lo que acarrea el juego, fue cuando siguió a un jugador abatido a la calle. Observó la destrucción de un ser humano en un banco («empapado de lluvia»). Su expresión «Venga usted» y el diálogo que establecen rompen todos los cánones de misericordia. Su voluntad exagerada de ayudar- y «ningún otro sentimiento personal», confiesa-, cambió su vida («caí en esa desgraciada aventura»). Sea lo que fuere esa noche en el hotel no la olvidará y pervivirá para siempre. Esa necesidad que le aplasta le lleva a contarlo. Es primordial las pausas que hace la señora inglesa, canosa, para proseguir su historia para que lleguemos a la enjundia de su relato. El sentido de vivir, otra vez, revoloteaba por su mente. Sin duda, quería salvar al joven de la pasión del juego, ese placer tentador. Incluso deseó, si se lo hubiera pedido, irse con él al fin del mundo como hizo Madame Henriette con ese joven apuesto, más allá de las habladurías. Desgraciadamente no llegó la luminosidad que ansió, que se pueda esperar, de una mujer enamorada completamente. La naturaleza fue esquiva y lo narra por necesidad para que estemos precavidos para amar pero también para sufrir. El ¡váyase! fue el desprecio sumo. La ingratitud es una constante en el ser humano, y todo a causa «de una loca y descabellada pasión». «De esto hace ya veinticuatro años y, sin embargo, cuando recuerdo ese momento en que me quedé allí…».

Finalmente, manifiesta por qué habló de su destino («Cuando usted defendió a Madame Henriette, y con gran apasionamiento dijo que veinticuatro horas podían determinar por completo el destino de una mujer, me sentí aludida por ello…»). El gracias por escucharme, la despedida con una inclinación y un beso en la mano marchita «que temblaba levemente como hoja otoñal» coronan la obra.


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Zweig, S., Veinticuatro horas en la vida de una mujer y otros relatos. Madrid, Cátedra, 2023


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Poesía

La poesía experimental de E.E. Cummings

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Leído o no, Cummings ha contribuido a ensalzar la poesía en lengua inglesa, y los lectores de los Estados Unidos han destacado para que el candelabro poético estuviera enhiesto durante un tiempo, (…»uno de los poetas más desconcertantes, controvertidos y complejos de la literatura norteamericana de la primera mitad del siglo XX»). Ahora, en esta edición bilingüe, tenemos la oportunidad de leer a este poeta tan distinto por sus formas y temas; lo heterodoxo literario iba con él.

En esta poesía no cabe lo superficial, y si te adentras de esa manera caerás en lo desapacible, en lo etéreo y no te aprovechará. Si el poeta ha sabido llegar a muchos lectores será por algo. Recuerda que hallarás dificultades, que quizá no entiendas a la primera; la poesía experimental va por otro camino poético, de ahí su dificultad. La vanguardia en todo tiempo y lugar entraña aspectos que nos conmueven y, a veces, nos desconciertan como, tal vez, sea el caso.

Conviene leerse y detenerse en los pormenores del poeta que traza la editora con el título ( Vida de un artista, La poesía experimental de Cummings, Poemas-imágenes: lo visual en la poesía…, El uso del verso libre y otras formas poéticas, etc.), para comprender mejor la poesía experimental que se nos ofrece. Aunque algunos poemas son más difíciles de entender, el leguaje es sencillo, pero al aunar unas palabras con otras nos chocan y debemos pararnos para así intentar comprenderlos. Con acierto, Eva M. Gómez nos apunta «las largas conversaciones sobre literatura que a menudo mantiene con Dos Passos y la oportunidad de conocer en persona a Ezra Pound...», pág.17, son capitales en la formación del poeta, en ese aprendizaje para enlazarlo con las cualidades innatas. De manera que su reconocimiento por la crítica no se hizo esperar, incluso su libro ¡No Thanks!, en un principio rechazado por editores, se convirtió en la base de su poesía posterior. Con el tiempo, Cummings se aupó «en el segundo escritor más leído en Estados Unidos, solo por detrás de Robert Frost«, pág.28.

Sirvan, como ejemplo dos, poemas del final del libro; uno de 1918 de la estatua de la Libertad. en Nueva York; y el otro de Poemas tardíos del período, 1930-62

Da igual que la crítica haya establecido varios estilos en su producción poética. Los/as lectores perciben si estamos ante lo puramente lírico, dramático, cubista o satírico. Ya con el término experimental es más que suficiente. Sí es nítido que rompe con las convenciones literarias del siglo XX, y sin duda en unos poemas más que en otros. Lo primordial es la lectura; sin embargo, marcado eso, no es óbice para que tengamos en cuenta algunos hitos propuestos por la editora, por ejemplo, «el uso relativamente frecuente de un registro coloquial o vulgar para algunas voces poéticas», pág. 33, y otras licencias poéticas lógicas en la poesía., aparte de la vanguardia, deteniéndose en el futurism y el cubismo.

Sirvan, como ejemplo dos, poemas del final del libro; uno de 1918 de la estatua de la Libertad. en Nueva York; y el otro de Poemas tardíos del período, 1930-62.

Cummings, E.E., Poesía experimental. Madrid, Cátedra, 2023, 380 págs.


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Novela

La sombra de Pérez Galdós

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Alegría enorme ante esta publicación en Letras Hispánicas- Cátedra-. Da igual que se denomine novela corta, ensayo anovelado o cuento novelado-cuento largo- como el autor lo encajó en su momento (en el prólogo apunta: «veinte años próximamente después de La sombra escribí ´Celín´, que pertenece al mismo género», pág. 92). Es el primer Galdós ( «…mis primeros pinitos…, en el pícaro arte de novelar»), que con el paso del tiempo se convertirá en una de las figuras universales; el dicho, «después de Cervantes: Galdós«; esto ya lo aprendí en la escuela primaria; posteriormente, en la universidad: «el más grande escritor que vieron los siglos después de Cervantes». O Ortega y Gasset: «El pueblo sabe que se le ha muerto el más alto y peregrino de sus príncipes nuestro. Habrá un dolor íntimo y sincero que unirá a todos los hombres españoles ante la tumba del maestro inolvidable«. Pero no hay que quedarse con frases hechas, hay que leerlo; tampoco discutas con las personas que despotrican sin leerlo que estos abundan. Es más, quieren hacerse famosos con esa coletilla a costa de Pérez Galdós.

La contraportada te anima a su lectura cuando lees: «…perfectamente parangonable a otras figuras literarias de la talla de James, Turguniev o Flaubert». O el pensamiento cernudiano que ha quedado para la posteridad, entre tantos,: «Hay una trascendencia en Galdós de la realidad física a la metafísica, que comparte con otro novelista, con Dostoiesvski». Buñuel lo definió como el «Dostoievski español». María Zambrano fue más lejos al escribir: «ofreció transustanciada en poesía la realidad misma de España«. Se escribirían miles de páginas de los que se han postrado ante el escritor canario-madrileño-santanderino. Supo amasar, como nadie, ficción y realidad.

El editor con una «Coda» nos muestra el por qué del escrito galdosiano: …»la encomiable flexibilidad sintáctica que facilita la acusada musicalidad de las frases, la generosa contención que impide que el humor se deslice hacia la caricatura, y sobre todo la magistral economía en la creación de ambientes así como la extraordinaria densidad y carga expresiva de la luminosa prosa, convierten a La sombra en una apreciable opera prima que anuncia de manera indiscutible a un escritor moderno». Es decir, la novela como arte.

Tampoco seré yo, el que escriba el nombre de ese Premio Nobel-como relata el editor- que nos insta a: «hay que votar bien», como insinúa Molina Moix en la página 53. Pero sí he manifestado y escrito que ese señor o no ha leído a Galdós o no lo ha comprendido como han descifrado la crítica más exigente del ensayo que no ha mucho se ha publicado en el que podemos constatar errores y horrores. En mi «blog» escribí: «me aburre lo repetitivo del narrador que es el primer personaje que inventa un novelista y, claro, Flaubert-como si fuera el dios de la tierra-.» El editor le manda el siguiente recado: …»que sí hace acto de presencia este tipo de narrador e incluso de manera profusa, en La sombra se manifiesta una duplicidad de narradores…». El Premio Nobel se refería a que Galdós no estaba en la vanguardia y ponía en duda la modernidad de su prosa porque no entró en la narración omnisciente cuando es capital a la ficción moderna. Solo los que han leído detenidamente la prosa galdosiana se percatarán que el Nobel erraba en ese punto y en tantos. Si la crítica profusamente se ha decantado por el carácter omnisciente con hechos concretos en la prosa galdosiana no se puede entender ese pensamiento y otras formas dichas y escritas en ese ensayo superficial con que nos ha dado su visión mortecina que no conduce a nada, quizá solo a su desprestigio.

Poco importa que esta novela o cuento sea de «suspense o fantástica» o novela romántica, pero sí recalcar que estamos ante casi el primer Galdós. que con el paso del tiempo se convertirá, valga la expresión, en un caballero andante de la palabra, eso sí, adentrándose en lo más profundo del alma y sentándose en la morfología psicológica, que le servirá para adueñarse de la imaginación para construir un mundo en el que los personajes exploran todo su ser para dar rienda suelta «a la loca de la casa» en expresión de santa Teresa. Muchos años después esta imaginación se desbordará en Marianela. La observación es esencial, pero más lo es la imaginación; es en lo que nos agarramos en tiempos convulsos. El «soñemos alma soñemos» ventea toda la obra galdosiana sin que la expresión saber mirar disminuya.

En La sombra lo fantástico y lo costumbrista se aúnan para llegar a un cuadro que entraña dificultades si el lector/a no está atento al laberinto con que nos envuelve. La obra consta de tres capítulos y en cada uno de ellos hay diversos apartados en el que sobresale el protagonista llamado Anselmo y cuenta los hechos en primera persona. El otro narrador es anónimo, aunque guardan una misma identidad a pesar del desdoble. Se complementan a la hora de narrar la historia. Al advertirse la polifonía hay que estar más atento porque el protagonista narra su historia, pero al lado cuenta los hechos que le suceden con una imaginación desbordante; la creación se adueña del relato. Lo real y lo ficticio se dan la mano. Es una lucha entre los dos narradores que te convence de la verosimilitud de los hechos.

El carácter dialogal, según vamos acercándonos al final, es clarividente, asombroso («Calla, por piedad, monstruo-exclamé angustiado-. ¿Qué gran delito he cometido para tan gran tormento? La respuesta es elocuente: «…tú tienes la culpa, tú que me has llamado, que me has traído, que me evocaste con la fuerza del entendimiento y de tu fantasía»). Percibimos todo al aunar dos palabras clave: «entendimiento y fantasía». Con la misma fuerza le exige a Paris que le deje en paz. Ante el atropello mental exige la muerte («es peor que morir»). Con sensibilidad, inteligencia, sentimientos no es posible librarse de todo lo que acecha nuestra mente, solo es posible si nos convertimos en una «máquina automática». ¿Sueño o realidad? He ahí el dilema del que no es posible salir, nos avasalla («Le veo en tus ojos, le oigo en tu voz, está aquí»). Y para colmo del sufrimiento («…la sombra de todos los objetos me parecía su sombra…»). Es el desbordamiento de la imaginación que oprime; lo fantástico se apodera de nuestro ser. Es el poder de la inteligencia humana. En esto, Galdós fue un maestro, hasta Menéndez Pelayo lo tuvo en cuenta a decirnos que Galdós supo explorar «los subterráneos del alma». Tal vez como nos muestra Sáinz de Robles » sin quererlo ni saberlo creó la novela freudiana en España», pág.58.

No sé si se puede llamar «trastorno mental» lo que nos presenta Galdós o es algo más en esa poderosa imaginación unida a la hondura psicológica que hallamos en los personajes de La sombra. La dicotomía del personaje en todo el trayecto se vence («nada puedo contra ti«). Es mejor la andura errante que en vencer lo que es consustancial a la persona. ¿Pero con la huida nos despegamos de todo? He ahí el problema porque no es posible. Lo llevamos inherente: el dolor y la felicidad; el bien y el mal aunque nos provenga del espíritu. Hay que estar preparado para todo si quieres vivir; lo contrario no es desolación, es muerte; y entonces no hay vida.

Los diálogos con los suegros son de tal magnitud que hieren la sensibilidad, unido casi al final de ese amigo que venía a saber de su mujer; las lucubraciones atormentan a la imaginación del doctor Anselmo, es un suplicio que no le deja vivir. El recorrido por Recoletos, Castellana, Prado le obsesiona y se encuentra de bruces con la soledad. Ni siquiera la muerte de su mujer Elena le hace descansar, y encima le tildan de que él tiene la culpa por esos celos «que me inspiró ese hombre….», que le martirizaban. Las fuerzas del espíritu pudieron más: «…conoció que ese joven galanteaba a su esposa; usted pensó mucho en aquello…». Ante la insistencia dialogal explota: ya sé lo que quiere preguntar «si fue infiel o no», La respuesta no puede ser otra que: «Nada sé ni he querido averiguarlo; prefiero la duda». El doctor se sumergió en el silencio absoluto. Paris, Anselmo y Alejandro son tres personajes sacados del hondón de una persona en el que se debate la existencia humana. El misterio nos acorrala con tantas alucinaciones. Es la sombra que nos persigue. Galdós ha sabido penetrar en lo recóndito del ser humano. Cada lectura que se haga de esta obra nos conducirá a más interioridades. Nos preocupamos de tantas cosas que no nos ayudan a vivir, a ser felices.

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Pérez Galdós, B., La sombra, Madrid, Cátedra, 2023, págs. 198


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Personales

Hoz del Huécar, carrera que te libera

Cuando llega el mes por excelencia de las flores me viene a la mente la inigualable «Hoz del Huécar». Es cuando asaltas los cielos de esa Cuenca que te libera, de extraes de todo y solo piensas en subir y subir; y luego esa bajada pronunciada pasando por la Catedral hasta llegar a la plaza España y los aplausos se agradecen por el esfuerzo realizado.

Doce años me contemplan asaltando esos cielos que huelen a gloria, y la vista se recrea ante la singular belleza de los cielos y la tierra; atrás quedó lo terráqueo, te inhibes para entrar en otro aire limpio, sagrado con el que te purificas. Otro año más con el recuerdo del famoso soneto del poeta Federico Muelas que tanto enalteció a su ciudad en ese primer cuarteto: « Alzada en bella sinrazón altiva /pedestal de crepúsculos soñados, /¿subes orgullos, bajas derrotados / sueños de un dios en celestial deriva?» para terminar con el último verso del segundo terceto: «Cuenca cierta y soñada, en cielo y río». Por esa Cuenca soñada y al lado del río Huécar nos extasiamos en silencio, con ese ruido del agua y las orillas vestidas de huertas. Fue un día espléndido para el atletismo a pesar de la dureza de la prueba. Al final nos leíamos en el rostro: hasta 2024.


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