Teatro

Sí,soy Sor Marcela, hija del Fénix de los Ingenios

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El viernes, día 25 de octubre, se representó la obra Muerte del apetito basada en textos de Sor Marcela de san Félix ( poeta, actriz, dramaturga) en la iglesia-convento de las hermanas trinitarias descalzas en la calle Lope de Vega, 19 de Madrid. Desde las 17 horas se iba formando cola-la función comenzaba a las 19 horas-. Sinceramente, sentí una alegría enorme. La hija del más grande dramaturgo Lope de Vega, juntamente con Shakespeare, que vieron los cielos, tenía el mismo éxito que su padre. Fui, también, previsor y estuve en primera fila.

Como sabemos, Lope de Vega tuvo cinco hijos-o siete según otros, qué más da, por qué se insiste tanto en su capacidad para amar- con la actriz Micaela de Luján(1), entre ellos Marcela (la hija dilecta) que se consagraría a Dios como hermana trinitaria descalza a los 16 años; murió a los 82; recordemos que Lope fue a decir misa ante la hija monja que había profesado en el convento; al no poder asistir al entierro de su padre, el féretro y la comitiva pasó por la puerta del convento, a petición suya, para que lo contemplara: como testimonio quedó el cuadro de Juárez de Llanos ante el Convento de las Trinitarias Descalzas que reproduzco.

En cuanto a la obra del grupo «La Finea Teatro» me cabe hacer constar primero, la gran asistencia de público (la iglesia estaba abarrotada. sentada y de pie-no se permitió entrar a todos que guardaron cola: físicamente no era posible-). y en segundo lugar pude ver a cuatro grandes actrices que lo bordaron (no se puede pedir más perfección en este arte, tanto en la dicción como en el movimiento; cómo supieron hilvanar letra, música y acción). La dicha fue completa; así lo percibió un público entregado con atronadores aplausos en varios momentos de la representación y sobre todo, al final.

El comienzo de la obra me impresionó y emocionó: era la profesión de una novicia y sor Marcela como conductora del acto y aclararnos con voz celestial que es la hija del» Fénix de los Ingenios». Me conmovió con ese saber estar y decir con palabra justa, nítida y culta. El brillo actoral de las cuatro te impacta; físicamente se salen al aunar música y palabra, e incluso en las miradas gestuales; la rebosante vitalidad y cómo modulan te hace pensar ¡qué delicia! Es imposible que quepa más perfección.

El grupo nos recuerda que «dentro de los muros de un convento debía tener lugar toda una fiesta barroca y por ello se introducen en esta obra bailes, cánticos y música, tanto sacra como popular; incluso algunas de las canciones lleva letra de las composiciones conservadas de Sor Marcela». Sabíamos que existió teatro en los conventos pero es la primera vez que se representa fuera con esa crudeza, lucidez y valentía o, al menos para mí; tal vez por eso quedé maravillado en la tarde de un viernes en el barrio de las letras y a un tiro de piedra de la casa de Lope de Vega que visité, una vez más, antes de dirigirme a ver la obra.

Intenta ver esta representación sublime allá donde vaya. No te la pierdas y ventéala.

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(1). Según Lope debió ser hermosa; alabó sus ojos-azules como el cielo y los zafiros-. Recordemos el soneto que le dedica: «Belleza singular, ingenio raro, / fuera del natural curso del cielo, / Etna de amor, que de tu mismo hielo / despides llamas, entre mármol Paro. / / Sol de hermosura entendimiento claro, / alma dichosa en cristalino velo, / norte del mar, admiración del suelo, / émula al sol, como a la luna el faro: // milagro del autor de cielo y tierra, / bien de naturaleza el más perfecto, / Lucinda hermosa en quien en mi luz se encierra: // paz de los ojos y del alma guerra, / dame a escribir, como a penar, sujeto». O cómo la recuerda en el poema dedicado al hijo de ambos a la muerte de este: «¡Oh, niño que las niñas eclipsaste / de los piadosos ojos de Lucinda» .

Me viene a la memoria aquella expresión que aprendí en el bachillerato y que gustaba tanto al profesor: «Y si tienes Lucinda mi deseo, hálleme la vejez entre tus brazos y pasaremos juntos el Leteo». Detrás de Lucinda se escondía Micaela de Luján. Así la denominó en sus versos.

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Teatro

Creación del teatro nacional: Lope de Vega, portento del orbe

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…, de las cosas que salen en público se puede hablar (Lope de Vega, carta a Luis de Góngora)

En fin, por celos soy: qué ¡nacimiento! / Imaginadle vos, que haber nacido / de tan inquieta causa fue portento.

De generación en generación aplaudirán al que supo aunar cielo y tierra, un monumento humano imperecedero como poeta y dramaturgo. Cómo supo armonizar lo natural y lo artístico. Dos días antes de su muerte publicó el poema «Al siglo de Oro» el 25 de agosto de 1635.

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Cuadro de Suárez Llanos en el que reproduce el paso de la comitiva con el féretro de Lope ante el Convento de las Trinitarias Descalzas en el que estaba su hija Sor Marcela que pidió ver el entierro de su padre.

Teatro

La vuelta de Nora en el Bellas Artes de Madrid

Anoche estuve en el teatro Bellas Artes de Madrid para ver la obra a las 19 horas. Fui con la idea de que había sido, según la crítica más exigente, «The best play of the Broadway Season». Y el recuerdo, sin duda, de los debates y lectura que propuse como obligatoria en la Facultad de Casa de Muñecas (1879) de H. Ibsen durante varios años dentro de la Historia del Teatro y de la Representación escénica. Los debates fueron apasionantes que aún permanecen en mi memoria; si bien,  la salida de Nora por abrumadora mayoría lo contemplaron como acertada, no lo fue tanto en el abandono de los hijos. Las discrepancias se palparon en el ambiente. La pregunta más general fue ¿por qué Ibsen no dio otra salida en la que los hijos no quedaran solos sin el cariño maternal?; aunque bien es cierto que otros lo vieron como correcto el planteamiento del escritor noruego. El hecho de que fuera a finales del siglo XIX no vale. Una persona lo es desde que nace más allá del sexo; esa igualdad que pregonamos debe existir desde el mismo momento de la concepción; no podemos columpiarnos y mantener que fue otra época y sociedad distinta. Lo que está mal es en todo tiempo y lugar, por eso  tuvo tanto éxito la obra teatral. Nora rompió con los prejuicios porque no entendía los entresijos del mundo cerrado en que se encontraba; fue valiente y por eso, hoy día aún se la recuerda. Ya no podía creer «en los prodigios». Cuando su marido pide la transformación de los dos…., «hasta el extremo de….». La respuesta de Nora es cristalina: «hasta el extremo de que nuestra unión fuera un verdadero matrimonio.¡Adiós!».

Ahora nos hallamos ante otra cuestión, como es la vuelta de Nora . Solo me valgo de la representación ya que la obra no la he podido encontrar y por tanto leer. Ante un público en su gran mayoría entrado en años y con mayoría de mujeres, llena la sala teatral. Con un escenario casi desnudo, no muy acogedor, pero suficiente-eso ya es muy positivo- comenzó casi puntual; lo cual me sorprendió ya que por los motivos que sean la puntualidad en las salas madrileñas no lo son, al menos en las obras literarias que son las que visito de vez en cuando para ver representaciones teatrales.

Nada que objetar en cuanto a la dicción, movimientos-aunque, dos en concreto al dar la vuelta me llamaron la atención al ser dos actrices consagradas; tal vez una nimiedad para algunos y para otros pasara desapercibido, pero en el bachillerato yo participaba como actor en las obras que se representaban en el centro en Navidad y al final de curso, y el director teatral nos decía que en el escenario al darse la vuelta para un movimiento nunca se debe dar la espalda al público, por cierto lo hacen muy bien tanto la mujer como el hombre cuando explican el tiempo en TVE1 de las 22 horas-, sonido, voz, luces, etc., se rayó la perfección; son aspectos capitales cuando hablamos del teatro basado en la palabra.

Todo el diálogo que escuché de la obra de L. Hnacth tiene un común denominador: Casa de Muñecas de H. Ibsen. Me hizo recordar la obra del dramaturgo noruego. Ahora, sin embargo, vuelve Nora no para hablar qué ha sido de sus hijos sino para pedir la firma de su marido para divorciarse. Ella después de muchas penalidades se ha convertido en una escritora con nombre propio, con habitación propia, después de quince años. Los diálogos de los cuatro personajes están muy bien conseguidos y representados hasta tal punto que llegas a emocionarte con lo que ocurre en la escena en varias ocasiones. A mí me pasó. Esas vivencias no todos los actores y actrices son capaces de hacerlas florecer.

Aunque Nora no venía a dar más explicaciones de su portazo, sin embargo, al enterarse su hija más pequeña-ahora ya mujer- es testigo de los diálogos entre la criada y su madre y su padre-madre sin que esta se entere. A la mitad de la representación es la hija la que se presenta a la madre y le cuenta con crudeza, desparpajo, clarividencia y arrojo todo lo que se ha dicho y ella ha sentido. Es una de las escenas mejor conseguidas. La emoción llega a la máxima cota.

Al final un público entregado-diez o doce de pie- aplaudieron con emoción la excelente representación que el actor y las tres actrices agradecieron saliendo tres veces.

A mi parecer, el tema quedó inconcluso. Necesitamos que la libertad sea capital en las relaciones humanas, así como la igualdad más allá del género; hecho que ya se ha pregonado en la literatura; esa tolerancia, respeto debe primar. La educación como factor para inculcar que nadie es más que nadie. Somos personas en el mismo plano de igualdad. Es posible una tercera obra en la que se superen muchas de las trabas que todavía permanecen en el umbral del siglo XXI. No hemos avanzado tanto.

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Teatro

Els Joglars en el teatro María Guerrero

Ya es un aire purificado constante en la dramaturgia cuando el grupo Els Joglars visita Madrid con esas representaciones vivientes con un público entregado sea cual sea el tema. Raudo cuando me enteré de que de nuevo el grupo venía a representar Señor Ruiseñor compré entrada con anticipación, para el día 23. Fui con la alegría que siente una persona cuando sabe de antemano que no me iba a defraudar; sería algo impropio del grupo que tanto bien ha hecho a la escena desde los años sesenta. Gloria, pues, a quienes supieron acercarse al público y este siempre les correspondió. Ahora no iba a ser menos.

El espíritu catalán que anida en el grupo, de nuevo, se dejó sentir en el recuerdo de Santiago Rusiñol, una persona abierta al mundo que huía de la política, impregnado de cultura, de respeto, de tolerancia; en definitiva, la concepción de lo artístico como arraigo universal; esto es lo que realmente le importaba. Ese recuerdo se contradice con la Cataluña que observan hoy, y la mordaz crítica-por otra parte, un signo de identidad de la dramaturgia del grupo- con que parece que quieren comparar. La imagen de Rusiñol como «destructor de fanáticos» según Pla revolotea por la obra con tesón artístico.

La contraposición de la figura del artista catalán Santiago Ruiseñol es más que evidente, que fue ejemplo de una persona cívica, cosmopolita que nada tiene que ver con un nacionalismo dogmático, muy lejos de esa solidaridad en identidades poliédricas, propio de las personas; quizá por eso, el grupo se entretenga más en tiempos revueltos y confusos. No sé si la sátira con que se envuelve todo es exagerada, pero en esa grandielocuencia es cuando el público selecciona y se queda con lo primordial, como es que la simiente desde hace tiempo germinaría demasiado torcida, probablemente lejos del primer sembrador al recordarse en las escenas finales en las que se evocó al Honorable Pujol de manera prístina: la caracterización fue perfecta. La reflexión está al final. Eso sí con un alarde identitario de los personajes en su labor rayando la perfección como nos tienen acostumbrados. Es una necesidad ver la obra, ahí se percibe la Cataluña que fue y la que han querido imponer.

Todo, en una mezcla de belleza, verdad, sarcasmo, ironía, humor, arte, virtud, hicieron que al salir de la función nuestro pensamiento brotara, que la cultura nos lleva a la libertad, sin ella no es posible generar algo inherente entre  las personas. La representación fue ¡admirable!, ¡admirable!, ¡admirable!, así lo corroboró el público asistente con atronadores aplausos que exigió que salieran hasta siete veces al escenario a agradecerlos. El entusiasmo prendió en la sala-abarrotada, se colgó el cartel «no hay localidades para hoy»- en la que el arte se citó en el escenario del teatro María Guerrero de Madrid.

Si eres peregrino de la belleza, no dudes en ver la obra. Acércate al teatro y quedarás petrificado ante tanta magnificencia. En la conjunción de música, gestos, movimientos y palabra  no cabe más perfección.

Teatro

Lope de Vega en el teatro La Comedia de Madrid.El castigo sin venganza

«Yo nací entre dos extremos que son  amar y aborrecer; no he tenido medio jamás».

Otra obra maestra del dramaturgo más grande de la escena española: El castigo sin venganza. Verdadero espejo en el que no queremos vernos.

Cuando Lope está en los teatros existe como un halo, como una alborada de conocimiento, de poesía hecha carne. Vuelve en este final de año el mejor dramaturgo español que juntamente con Shakespeare supieron llevar a las tablas la existencia humana con los problemas acuciantes que queremos ver representados; es decir, la sociedad como modelo de arte; uno, con temas nacionales y el otro universales; pero forman un dúo quizá irrepetible en la escena de siempre.

Desde el día 21 de noviembre se está representado en el teatro La Comedia de Madrid El castigo sin venganza. Después, a mediados de febrero, proseguirá en Las Palmas de Gran Canaria, Valladolid, Zaragoza, Logroño, Coruña, Córdoba, Santander, Palma de Mallorca, para terminar en Almagro en julio 2019. El éxito está asegurado como todas las obras que se representan del «Fénix» como acertó con la nombradía Cervantes. Gloria, pues, a una de las voces que los lectores y espectadores han consagrado. Es el teatro verdadero, en el alto nivel poético en el que se funden poesía y realidad. Es el problema de las personas ante la realidad, en ese diálogo y acción que como nadie supo plasmar Lope de Vega; líneas certeras de la dramaturgia. Hay otros cojitrancos en que es difícil hallar la dualidad diálogo-acción; es el teatro imperfecto.

El viernes estuve en la representación-con entradas agotadas- en la que observé un torbellino de pasión, una tragedia de amor. Es el Lope que pone sobre las tablas el proceso de un amor prohibido-  ¿cuándo vamos  a dejar de prohibir lo que la naturaleza nos insta en nombre de nuestra libertad?-; es la antigua leyenda de Fedra, enamorada de su hijastro, que en la obra Lope traza las ideas del honor del siglo («Ay,honor fiero enemigo»). La diferencia estriba con la obra clásica en que en la de Lope hay correspondencia. Cómo amor y libertad se aúnan.

En cuanto a la representación rayó la perfección: ¡admirable!, grandiosa, verdadero portento. No era para menos porque ante Lope hay que arrodillarse. Da pena cuando se oyen chascarrillos sobre su persona; esos son los que denigran sin haberlo visto en escena y menos  que lo hayan leído. La luz hay que ponerla encima del celemín como fue, es y será la del «monstruo de la naturaleza». Así lo entendió el público asistente que, con aplausos atronadores, al final exigió que salieran hasta cinco veces, con siete ¡»bravo!, los que la representaron.

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