Poesía

París. Un poema. Paris a poem. (Hope Mirrlees)

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Ya era hora de que se publicara a una de las autoras más sobresalientes de lo que se puede considerar como el modernismo anglosajón. Así de nítido; cuando se publicó allá por el año 1919 contribuyó a ensalzar el movimiento vanguardista. Tal vez se exagere, o no, cuando se la sube a la peana del Ulysses y de The Waste Land.

La lectura de la poesía siempre entraña dificultades por el contexto en que se produce y cómo no por la fecha de composición. Por eso, quizá, sea mejor la lectura de los comentarios con que María Isabel Porcel se adentra en más de las cincuenta abigarradas páginas porque ayudan a despejar dudas y desconocimientos. Para mí han sido necesarias.

Al leer el libro tenemos que transportarnos, aunque solo sea mentalmente, a París como lugar de encuentros de culturas diferentes, debido a los pueblos que arribaron desde hace siglos a la capital francesa-no olvidemos que la capital francesa fue punto de coincidencias de intelectuales ingleses, sin echar en saco roto a nuestro Picasso- hasta los primeros años de la primera mitad del siglo XX en el que las vanguardias se aposentaron y fueron eslabón para su desarrollo en el resto del mundo.

El poema nos insta a que nos adentremos en la totalidad y diferentes conceptos, de ahí el primer verso («I want a holophrase»). Es toda un idea en una palabra clave. Como explica la editora, el primer verso trata de confundirnos al analizar la raíz «holo / hollow» con la palabra «holofrase». No sé, si como mantiene, es una contradicción, o tal vez nos lleve a pensar más en el choque que puede suponer la oscuridad con la totalidad de la sociedad que observa; de todas formas, lo primordial es que refleja mucho más que una ciudad en la que no se detiene solo en lo artístico. No creo que nos podamos quedar con el lenguaje enrevesado y publicitario; a buen seguro que en la mente de la poeta anidaba algo más, pero, sin duda, hay que aplaudir el arduo trabajo de la editora que ha realizado con las «notas críticas» y que nos sirven para poder entender mejor la poesía de un momento tan irradiador en las artes con otra mirada que tanto se ha estudiado como referente.

Hope se acercó al modernismo literario e intentó ventearlo con esta exaltación poética-tal vez con la misma técnica de fragmentación- para, al menos, llamar la atención y verse inmersa en un espacio artístico. Los versos finales del poema-tal vez sean simbólicos- van más allá del espacio o del significado; denotan esa luz y el paso del tiempo de las dos torres que se yerguen de Notre-Dame con la salida del sol; pero, también, la alusión del mercado «Halles» que empezaba su actividad al rayar el día y la coda en la que se alza en francés un saludo mayestático con la expresión: «Je vous salue Paris Plein de Grace». La advertencia que hace María Isabel Porcel con The sun is rising al evocar una intertextualidad referida al día más grande de los cristianos: la Pascua de Resurrección, desde luego es atrevida, aunque lo explica; y por otra parte, el paganismo como misterio: «la apoteosis era contemplar la salida del sol a medianoche», según el misterio «eleusino».

Da igual si es ironía o no: la poeta juega con la salutación a la ciudad como a la Virgen María; o, al menos, le viene la jaculatoria mariana del «Ave María» para exaltar a París ( The sun es rising / Soon les Halles will open, / The sky is saffron behind the two towers of Notre-Dam /Je vous salue Paris Plein de Grace). La editora deja caer que detrás del verso: «El cielo se ha puesto de color azafrán detrás de las dos torre de Notre-Dam tenga una referencia a «Hope Mirrlees y a Harrison como pareja». En este amanecer de los versos finales también nos recuerda «La hora de la cama de Verlaine…», no sé si para advertirnos de la relación amorosa que tuvo con el poeta Rimbaud al que hirió al dispararle con dos tiros.

Hope Mirrlees resalta la gran labor en París y después en el resto del mundo de las Hijas de la Caridad-la más numerosa en el siglo XX- («Sociedad apostólica femenina fundada en 1633 por san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac»). Vicente de Paúl también fundó la Congregación de la Misión con el lema «Evangelizare pauperibus misit me». Los pobres, los necesitados, los huérfanos eran a los que asistían y tenían en mente como algo propio («The Virgin sits in her garden; she wears the blue habit and the vingent linen head-dress of nuns of Saint Vincent de Paul»). En este ámbito religioso-espiritual no podía faltar la Cuaresma ( In the Cherchess during Lent Christ and the Saints / are shrouded in mauve veils»); e inmediatamente el lirio del Valle (» obra maestra del orfebre»). esta flor se regala en el primero de mayo para la buena suerte; el detalle de la poeta asombra.

No podía faltar el mes de mayo, mes de las flores: otra vez la Virgen como portadora de limpidez, de pureza: la referencia a las niñas que van hacer la primera comunión ya expuestas en maniquíes en los escaparates, galerías («All this time the Virgen has not been idle….») es clarividente.

La poeta se detiene a observar y a descifrar los significados, los símbolos con el paso del tiempo de los Campos Elíseos, la torre Eiffel, Place du Carrousel, Sena-con su afluente el Marne-, Louvre, el primero de mayo, Concorde, Gambetta, Pasteur, Arco del Triunfo, etc. que choca cómo define la capital en las primeras seis páginas: «is a huge homr-sick peasant, /he carries a thounsand villages in his heart».

Hope Mirrlees ha fotografiado su París viviente, visual, como arroyo que emana de su conciencia, teniendo en cuenta su pasado, de ahí que los espacios descritos tengan una simbología después de tantos siglos transcurridos; ella también quería adentrarse en ese París histórico que tantas veces ha sido descrito y profundizado-con esa estela multirracial-, escarbando en la antigüedad y en la actualidad. Bienvenido sea; era una necesidad y más cuando aflora como poesía.

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Hope, Mirrlees, París. Un poema. Paris a poem. Madrid, Cátedra, 2022


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Poesía

No quería contarlo…

He leído al declinar la tarde, hoy viernes, ya casi oscurecido, Un año y tres meses.

Las 69 páginas las he leído de golpe, sin parar, como si algo me empujara a ser partícipe de los acontecimientos. Una vez terminado, el recuerdo que viví se hace presente cuando allá por quizá a finales del invierno de 2021-no recuerdo exactamente- cuando yo subía por la calle Cea Bermúdez de Madrid a la altura de La Caixa, por el número 61, bajaban Almudena y Luis, bien abrigados, juntos los hombros, pero no cogidos de las manos, de rostros serios. Anda, me dije, qué sorpresa; pensé: les tengo que decir algo; primero, me vino «Completamente viernes», después «completamente tú», como saludo; al final, ante tanta seriedad, me salió solo «poeta…», y no me atreví a detenerme, proseguí calle arriba. Probablemente, ya el dolor anidara.

Sí me ha sorprendido lo de la silla de ruedas, pero no el hecho de que se colara como disfrazado médico hasta la habitación donde estaba porque una persona enamorada hace lo imposible por estar allí, a su lado, aunque la pandemia estuviera vigilante.

Todavía, de vez en cuando, me viene a la memoria su libro amoroso que puse como lectura obligatoria en la Facultad Completamente viernes. Y, cómo no, los debates en dos clases; verdaderamente fue un libro hermoso que cayó en tierra abonada en una juventud prendida de belleza como el libro, seguro a la espera de «completamente tú». Es algo que nos pertenece.

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Poesía

Pureza (Juan Ramón Jiménez)

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Cuarenta y seis poemas en este libro inédito ven luz para que nos sirva de faro en momentos en los que queramos hacer una introspección en este caminar incierto; aunque fue escrito en 1912, Juan Ramón siempre con esa obsesión que tanto le preocupó: el alma («Alma, ¿hasta dónde / llegarás, muerto yo? Todo un alarde de esas galerías que nos recuerdan la existencia, el aire que respiramos.

Como bien nos advierte la editora solo diecinueve son inéditos. La división que hizo el poeta en tres partes: Amaneceres («¿Amanece en la tierra / , o amanece en mi vida? / ¿De dónde es la pureza / primera de este día?»? DesveloFría es la noche y pura. / La luna, limpia, albea / oblicuamente la pared») y TardesLa hermosura de la tarde / me ha herido en el corazón. ¡No puedo más. aquí estoy, / caído, muerto de amor») nos invita a pensar en el paso del tiempo, obsesión constante en su poesía. A esto debemos añadir pureza, perfección suma, jalonada por la verdad y belleza. Y algo esencial que incorporó para siempre: primavera, como compañera inseparable del alma. Fue la fuerza de su espléndida poesía que tanto se ha encumbrado en todo tiempo y lugar (¡»poesía / desnuda, mía para siempre!», como grito excelso). Es un canto a la vida, la única que vence a la muerte.

El proceso creador de Juan Ramón Jiménez ha servido para generaciones de poetas, sobre todo para la llamada Generación del 27. Desde que la crítica considera la primera época como esencial para el resto de su obra, el poeta ha sabido fundir naturaleza con vida; forma parte de un estímulo para su poesía. Recordemos en su época de madurez los versos de Piedra y cielo : «El viento agudo roza / las ascuas de mis ojos / y los aviva, una y otra vez, / como soles de sangre» . En este caso solo un elemento de la naturaleza: «viento».

Amaneceres consta de dieciocho poemas; en el primero, una evocación al otoño (…»¡Oh, dulce escalofrío! / Cómo del corazón y la arboleda / cae, mudo, el rocío, / cual un líquido sueño de oro y seda!»). El último, termina con («Luego, en agrestes / blanduras invernales que salen a un poniente idealizado»). Ahora, son los rosales con mutación incluida que contrasta con el final, con el ocaso del tiempo. La imagen no se nos escapa y más cuando el poeta recurre el adjetivo idealizado.

Desvelo comienza con el poema Preludio («¿Es que aquí mueren / las músicas del mundo de esta noche / de primavera?». Esta parte va del 19 al 35. Se nos advierte de que el poeta está como desvelado para describirnos los elementos que le distraen o forman parte de su compañía. Todo gira ante ese desvelo en el que encuentra paz, sosiego; hasta se percata del visillo: «El visillo, / en la quietud augusta y el silencio / de la tranquila madrugada, / se mueve, dulce, al aire vago…». O la precisión de la madrugada: «Fría es la noche y pura». Termina con el poema Primer amor divino como entrega, como algo inherente en su alma: «Y ya él estaba tras el mar. / ¡Primer amor divino! Es la desnudez eterna, algo que el poeta resalta en todo momento en su poesía.

Tardes comprende siete poemas. Siente algo como propio. Y en el primero, Víspera, resalta: ¡Hora morada y profunda / áurea y roja de cálidos luceros! Ahora es cuando al final el poeta se halla en todo: en el canto, luz, sombra, vuelo, agua, fronda, que va a cantar eternamente. Me siento, vivo, eterno. Huelo, celestemente, a rosa.

Los poemas finales afloran un poeta enamorado, enardecido por ese sentimiento amoroso que anida en su corazón («Me tendiste la mano-tú que tantas / veces habías sido mía- / y tus ojos nadaban / en lágrimas ardientes e infinitas»). («Mi sangre se une a la sangre / de un ocaso de pasión, No puedo más. Aquí estoy / -no estoy- muerto de amor»). («Dentro, en un vago escalofrío, / mi corazón, sombrío, / espera). Todo entresacado de los tres últimos poemas con ese hálito amoroso que siente con la naturaleza y el cuerpo de mujer la entrega total, el ansia de fundirse, de ser uno para siempre.

Como coda, la editora, con buen criterio, añade con el título de Anexos cuatro poemas hasta completar los cuarenta y seis («Lirismo», «Paisaje», «Nochebuena», «Nido del pobre»), además de un Apéndice: Notas al corpus de textos de Pureza. A buen seguro que a los/as lectores les servirá como apoyatura para una mayor comprensión del libro.

A veces no se ha dado o no se ha insistido en el carácter religioso de algunos poemas en que el poeta se desnuda, se adentra en ese espíritu que revolotea, pero que con acierto la editora lo trae a colación. En Amaneceres la religiosidad, la espiritualidad prende en el corazón del poeta ( «Noche celeste y clara / que has visto nacido el niño, / noche batida de alas / blancas, dame la fe que necesito, / fe ciega, que no vuelvas atrás un solo paso / por el sendero en flor de lo divino»). En Desvelo, el poema Adviento termina con los nítidos versos: ¡Señor del cielo, nace / esta vez en mi alma! En La una: ¡Mi alma, Señor, está despierta, / y hacia ti, blanca y limpia, se levanta! Otra vez con el mismo título de Adviento como en Amaneceres resuena esa espiritualidad: » Todos duermen. Yo velo. Duerme tú, / duerme mi Jesús, duerme niño mío (…) Mi alma es toda, tuya«. O en Alma pura: «¡Oh Dios resplandeciente! / Todo primaveral, muero y siento / menos el alma mía!

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Jiménez, Juan Ramón, Pureza, Madrid. Cátedra, 2022

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Poesía

Roma, peligro para caminantes

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Se esperaba el libro como agua de mayo; corría el año 1968 en el que ya estaba instalado Rafael Alberti en Roma. La capital italiana le sirvió al poeta para adentrarse en otro mundo con esos paseos romanos y lanzar «urbi et orbi» un panorama sobrecogedor, insólito; pero también una «Roma en la noche, oscura voz de fuente, / Roma en la luz, clara canción del día».

Poco antes de la primera edición en México, 1968, conocimos varios poemas del libro en el tercer número de la revista Litoral en un homenaje al poeta gaditano. El libro está fechado por el poeta: 1964-1967; salió por vez primera en julio de 1968. En 1972, el editor Mondadori lo publicó en Milán en edición bilingüe; eso sí, está incompleta porque el traductor murió poco antes de la traducción total del libro. La primera edición en España la publicó Litoral , Málaga-marzo MCMLXXIV. El poeta mandó un escrito para tal fin en el que había hecho la Roma «antioficial y antimonumental, la más antigoetiana que pueda imaginarse». Pero también quiso dejar nítida su posición; la de «un poeta lejano de su patria, que afronta su vida en medio de un pueblo sencillo y sorprendente». Después se publicó en Seix Barral, 1976; reimpresión, 1977. La cuarta-Aguilar, al cuidado de Luis García Montero,1988- y quinta edición-Seix Barral,2004- se incluyó en Obras completas que cuidó José María Balcells. Y ahora en Cátedra, con la novedad de que detrás de cada poema viene un comentario nítido para poder entender mejor los versos; así como un apéndice en el que comprende: » A Marco, perro de Santa María in Tratevere». «El poeta pide por las calles». «Abel Vallmmitjana, escultor». Abel Vallmitjana». «Para esta edición». Además todos con un comentario que nos aportan más luz. Este último constituye el prólogo de la edición de la revista Litoral en el que se incluye el autógrafo de Alberti y su transcripción. Y termina esta edición de 2021 con «apéndice textuales», págs. 231-258.

La creación del poeta va transformándose según el lugar en que habita. En esta ciudad de acogida se observa una actitud enorme en la que el vitalismo cobra una singularidad nueva, un dominio verbal tan característico que fluye según se van ensartando los versos. Es el nuevo Alberti en medio de una Roma imperial, pero copartícipe de una barrio de monumentos sí, pero también basuras, gatos, grietas, dejadez, gente del común, el bullicio de la vida popular. Trata de elevar a la categoría poética sus vivencias en la ciudad.

Como nos atestigua el editor, Roma , peligro para caminantes presenta una articulación compuesta por «un poema introductorio, y cuatro secciones relativamente homogéneas por temática y pautas métricas», pág.20. Más allá de la estructura, «posee una fuerte cohesión interna debido a su perspectiva espaciotemporal y a la urdimbre temática que construye el discurso albertiano sobre Roma», pág.22 . En el poema «Monserrato,20» que sirve de introducción se entrega completamente («¡Oh Roma deseada, en ti me tienes, / ya estoy dentro de ti, ya en mí te encuentras!») y lo termina con su yo claro: « un hijo de los mares gaditanos, / nieto de Lope, Góngora y Quevedo».

La primera sección consta de «X Sonetos». En el primero, con el título «Lo que tejé por ti» subyace un recuerdo a Argentina («Dejé por ti mis bosques, mi perdida / arboleda, mis perros desvelados») y en el último terceto aparece la añoranza, el sentimiento («Dame tú Roma, a cambio de mis penas / tanto como dejé para tenerte«). La segunda sección: «Versos sueltos, escenas y canciones» comienza con una exaltación y el recuerdo de Cervantes, «Cervantes entró en Roma por la puerta del Popolo. / «¡Oh grande, oh poderosa, oh sacrosanta / alma ciudad de Roma!» / le dijo, arrodillándose, / devota, humildemente». Para inmediatamente recordarnos al patrón de la ciudad juntamente con san Pedro: – «Soy San Pablo». Tampoco podía faltar el recuerdo de La Lozana andaluza de Francisco Delicado en el poema titulado «La Puttana andaluza» con una exaltación a la belleza corporal «que viene dando / amor y gracia y júbilo y desplante / a estas calles y vicoli de Roma» con un final nítido: «Te llamas como siempre y para siempre / te seguirás llamando: / La Lozana andaluza». No podía faltar el otro patrón de la ciudad eterna en el poema «Basílica de San Pedro» con esa petición final por la inmovilización en la que se halla sentado el santo con tantos besos en los pies: «Haz un milagro, Señor. /Déjame bajar al río, / volver a ser pescador, / que es lo mío». En esta amplia sección el poeta se detiene en el otoño de Roma en el que «empieza a coincidir el oro de la hojas de los árboles con el dorado de la arquitectura» en el que subyace, otra vez, su recuerdo argentino en su visita al Cementerio Acatólico de Roma. Y eso sí el Vaticano como centro: «Llega el otoño. El Papa / se marcha con las hojas a Nueva York. San Pedro vaga / cantando/

_ Al fin, ¡solo en el Vaticano!«.

En este otoño en su visita al Cementerio Acatólico se detiene en lápida del gran poeta inglés con su impresionante Ode to a Nightingale y su epitafio, «Here lies a man whose name was write», «Pienso en Keats muerto en Roma / y siempre amortajado entre violetas». Destaquemos, también, otros que nos conmueven: «Misericordia, Señor». «Nocturno». Predicción». «El agua de las fuentes innumerables». Y cómo no, al monstruo de la poesía y el teatro : «Gatomaquia romana. ¡Qué poema / hubiera escrito aquí Lope de Vega! Y el último: «Cuando me vaya de Roma» en el que al final sobrevuela Keats: «Y al agua corriente / que escribe mi nombre / debajo del puente».

La tercera sección comprende XI sonetos. Todos son admirables, sin duda. Destaquemos «Entro, Señor, en tus iglesias » con el último terceto que refleja su sentir: «Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados…/ y no te encuentran por ninguna parte». Vietnam , como una alarido, exigiendo paz » Lo grito desde Roma: ¡afuera! / Afuera esos fusiles y cañones, / esos cohetes, esos aviones, /esa bandera extraña, esa bandera». Esta protesta se extendió desde los Estados Unidos hasta los fines de la tierra en la que destacó Italia y España, un hervidero de paz. El último terceto es clarividente: «Pido la única paz, la verdadera, / la paz de un solo rostro, antes que muera/ . / Pido la paz. ¡ Lo grito desde Roma! Detrás, resuenan lo que ya describió Blas de Otero en Pido la paz y la palabra que tanto eco tuvo en su momento. En la cuarta parte titulada «Escritos con nombre (escritos en Roma«) podemos leer los poemas «Ugo Attardi, pintor». «Bruno Caruso, grabador». «Alisi Sassu, pintor». «Guido Strazza, Pintor». «Carlo Custtrucci pinta el botánico». Giuseppe Mazullo, escultor». «Corrado Gagli, pintor». «Umberto Mastroianni, escultor». Son ocho poemas de artistas que fue conociendo el poeta y posiblemente aprendiera técnicas artísticas de cada uno.

Sin duda, necesitábamos esta edición por lo que aporta en cada poema con su comentario. Si queremos saber las fuentes y la edición completa tenemos que recurrir, sin pensártelo, a esta de Cátedra.

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Alberti, R., Roma, peligro para caminantes. Madrid, Cátedra, 2021

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Poesía

Teatro completo (Farsas y églogas) de Lucas Fernández

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El teatro y la poesía son dos vectores esenciales en la literatura; sin ellos está como cojitranca. Es más, el buen teatro está revestido de poesía; su carencia lo achanta. Estas piezas teatrales contribuyen a expandir los primeros balbuceos de lo que será la base del gran teatro que quería romper moldes.

Es difícil hablar o escribir de Lucas Fernández, cantor de la catedral y abad, sin que nos venga a la memoria el otro salmantino, llamado el patriarca o el maestro: Juan del Encina. Así se va construyendo la historia; no es el momento de decantarnos por lo que se ha escrito de ambos, más allá de que perviva la palabra imitación y que, tal vez, sin Juan del Encina no estaría en el grado superior con que todavía se tiene al todopoderoso en Salamanca si nos referimos a lo que concierne a la música religiosa y la catedral de Lucas Fernández; sin entrar en detalles, que nos llevaría lejos, son distintos en aspectos fundamentales.

En cuatro apartados configuran los editores la introducción; Vida y semblanza literaria de Lucas Fernández (1474-1532), El primer libro de teatro de la literatura española :Farsas y églogas (1514), El mundo simbólico y literario de Lucas Fernández y La puesta en escena del teatro de Lucas Fernández.

La puesta en escena del teatro de Lucas Fernández comprende cuatro apartados (Lengua y gramática sayaguesas, Salamanca y la tradición teatral, Puesta en escena de las Farsas y églogas, Historia escénica contemporánea del teatro de Lucas Fernández). Sobre la lengua ya expertos dialectólogos han dejado su impronta y, sobre todo, su saber, por lo que los editores nos la han recordado con acierto. Lo mismo realizan en el apartado «Salamanca y la tradición teatral» en el que el común denominador es la iglesia, su entorno y la música sirve como espejo de lo literario. Aunque breve pero esclarecedor la «Puesta en escena de las Farsas y églogas» nos conduce a lo que percibo se desenvuelven mejor: «Historia escénica contemporánea del teatro de Lucas Fernández». El retrato en los siglos XX y XXI es un alarde de llegar a los lugares más recónditos en los que fue representado junto con otras obras clásicas. Desde luego es abrumador y nos percatamos del buen hacer recopilador allá donde Lucas Fernández dejó huella; los datos te avasallan y decides terminar cuanto antes para leer el Teatro completo que es al fin lo primordial.

Me ha llamado la atención la puesta en escena que realiza Ana Zamora porque he sido testigo de varias de sus representaciones en las que da un matiz distinto, salvífico, viviente; va más allá de lo que espera el espectador y por eso sorprende, y sales convencido de ese espíritu que te hace decir, ¡qué bien!, y piensas: no me perderé otra representación sea cual fuere la obra. También los editores hacen hincapié en que la obra de Lucas Fernández «que tiene una mayor presencia escénica constante a lo largo del siglo XX es el Auto (o Representación de la Pasión«, incluso, se atreven a decirnos que «la primera puesta en escena de la que tenemos noticia tiene lugar el 23 de marzo de 1940 durante Semana Santa en el teatro Fontalba de Madrid», pág,72. Nada que objetar porque el estudio lo corrobora. Lo que me choca, en toda la edición, es la gran cantidad de paréntesis a los que recurren, la gran mayoría innecesarios.

Enriquecedor me ha parecido y necesario el «Glosario» así como las notas a pie de página, en concreto 699, muy bien documentadas. Son las que nos ayudan a conocer el entorno y al mejor conocimiento de las Farsas y églogas.

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Fernández, Lucas, Teatro completo (Farsas y églogas). Madrid, Cátedra, 2021

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