Poesía

POEMAS DE LAS LETRAS HISPÁNICAS

POEMAS DE LAS LETRAS UNIVRESALES

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Antologías necesarias en el siglo XXI para no perder la esencia de la poesía bien hispánica o bien universal. Eran necesarias ambas ya que se remontan la hispánica desde siglo XI hasta hoy, y la universal desde 2500-2000 a. C., cual Bíblia poética para tenerlas cerca. La editorial siempre atenta a lo imprescindible como fundamentales para el pensamiento y lucidez literaria.

La breve introducción, de apenas diecisiete páginas, contribuyen a una lectura sosegada de los poemas seleccionados. En las primeras líneas nos recuerda el editor Viaje del Parnaso (1614) cervantino para decirnos qué significa el infinitivo canonizar. «Los aguijones de la crítica» solo pueden venir de personas celosas, inanes ante la poesía, con estos hay que contar pero que aportan poco. De todas formas queden los versos cervantinos (…»pero con los demás, sin duda alguna, / pródigo de alabanzas anduviste», pág. 42). Lo sublime es lo que permanece y nos ayuda en este camino existencial. Lo que pretende el editor es nítido: «se trata de concebir y, por tanto, de recibir esos libros que llamamos antologías, de la relación que guarda sus génesis con los lectores». El editor nos advierte, también, de que «una antología de carácter panorámico, como lo es esta, tan solo puede ser recibida hoy mismo con una perspectiva crítica que anda todavía teñida de consignas, afiliaciones de carácter estético sobre todo cuando al siglo XX nos referimos», pág. 49. El problema radica en que, a veces, se critica sin haber leído totalmente una obra. No es de recibo, y más si hablamos de antologías. He aquí el mal.

Para configurar la introducción, el editor se apoya en una septena: La antología como libro nuevo, como abreviación, como síntesis, como presentación, de urgencias, guía de lectura, libro de texto, de la historia literaria. En esta apostilla que una antología sale para «resistir», «de pervivir en el tiempo», «aunque dicho privilegio no esté en sus manos, ni tampoco en la de los lectores que le son contemporáneos», pág. 41.

Si los poemas hispánicos fueron un acierto en la selección no menos son los universales; son poemas escritos en otras lenguas que no son la castellana pero con traducciones en el ámbito de la perfección, como apunta el editor «son traducciones en la misma medida en la que es un antología de poesía universal», pág.36. Una muestra grandiosa, sin más. Para el que suscribe estas líneas al ver algunos me ha alegrado porque parece que estaban en el desván sin que se viera el resplandor; por ejemplo, los libros de Elizabett Barret: Son una delicia que ya dejé mi admiración en la reseña del libro Aurora Leigh del que el editor ha extraído algunos versos del quinto. Impresionante, otro libro para la eternidad. Es una obra que hay que leer de vez en cuando.

Los poemas universales seleccionados provienen por orden de presentación de la poesía acadia sumeria, griega, lírica griega arcaica, erótica griega, Casia de Constantinopla, Bizantina del siglo XI. Poesía latina. Poesía China, poesía china,a.C.. siglo XX. Poesía árabe, italiana, portuguesa, francesa, rumana, inglesa, alemana, poesía griega moderna, polaca, rusa. En la exigua introducción nos recuerda con firma de Yves Bonnefoy que «el punto de partida del traducir, no es la causa sino la consecuencia de las traducciones». Y da rienda suelta en las líneas finales de lo que ha pretendido con esta edición: «una antología de traducciones en la misma medida en la que es una antología de poesía universal traducida», pág.36. Un viaje al conocimiento de todos los tiempos en los que la literatura es una luz destellante en sus diversas lenguas con transmigración a la castellana.

Si bien es cierto que ninguna antología puede quedarse quieta, esta es de lo mejor que se ha publicado por lo menos para el que suscribe estas líneas. Casi al final de esta introducción con severidad por si todavía no se ha entendido lo que se pretende lo vuelve a recalcar: «No se trata tanto de vaticinar el futuro como de hacer una proyección, desde el presente de la antología, acerca de las lecturas que pervivirán o que serán fundamentales para entender una época literaria», pág. 49. En la nota treinta y cuatro de los Poemas de las letras Hispánicas resume la cantidad de poemas: «Se trata de una selección de cuatrocientos poemas: cincuenta de la Edad Media, cien de los Siglos de Oro, cien más de los siglos XVIII y XIX, y ciento cincuenta del siglo XX, alguno publicado ya en nuestro presente siglo XXI».

Toda una transparencia, digna de admirar, para los/as posibles lectores para que conozcan la verdadera realidad de esta antología única con el afán de perdurar con treinta y cinco notas a pie de página, más catorce de los poemas universales, extensas y aclaratorias en clave docente como punto final con trescientos poemas seleccionados.

Ruiz Casanova, Joé F., (ed.). Poemas de las letras hispánicas. Madrid, Cátedra, 2023, págs. 701

Ruiz Casanova, José F., (ed.). Poemas de las letras universales. Madrid, Cátedra, 2023, págs. 542

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Poesía

Poesías de Leandro Fernández de Moratín

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Cuando se lee o se escribe de la Ilustración española uno de los literatos que nos viene a la memoria en poesía y teatro-«obsesiones irrenunciables»- es Leandro Fernández de Moratín por su esfuerzo en renovar la estética neoclásica. En esa estampa literaria lo contemplamos.

En una edición cuidada de la editorial Cátedra podemos leer sus Poesías. Y antes una excelente introducción de 195 páginas para situarnos en lo que supuso el contexto de la obra. Cuatro apartados lo conforman con los títulos: Vivir, tal vez soñar, morir. Clasicismo contra nuevo culteranismo: acalófilos y galo-salmantinos. Una manera clásica de entender la poesía. Variaciones sobre el tema clasicista: un modelo neoclásico. El editor nos aporta al final 1698 notas que nos sirven para aprender, aclarar todo un trabajo de investigación bien hecho.

Es plausible las observaciones e importancia, que hace el editor (pág. 53), del poeta extremeño Juan Menéndez Valdés en la poesía de Fernández de Moratín. Esa fuerza filosófica y amatoria con la búsqueda de la palabra exacta, la siente en su poesía. Fue su poeta preferido. Fue «un ejemplo de la perfección a que pueden alcanzar los talentos unidos al buen gusto y los estudios», pág.83. Lo encumbra para que se le recuerde dentro de la mejor lírica castellana. Moratín no entendió su exilio, su postergación por los de siempre, que no entienden, no saben, ni quieren magnificar a una gloria cultural. Se hizo todo lo contrario al homenaje que mereció Meléndez Valdés en vida. Tampoco se puede olvidar la importancia de Homero en todos sus aspectos en los que cabe lo sublime. Moratín sintió lo homérico y de hecho se refleja en algunos poemas, no solo en el esmero de la forma. El lenguaje poético debe conducir a la esencialidad del tema propuesto y si hay que recurrir con mirada crítica a los que han precedido se hace, y siempre en donde predomine la llaneza, la claridad.

El bagaje de estas poesías abarca lo que se podía denominar lo más cercano a lo humanístico bien sea el canto a la amistad, al amor, a la muerte, a lo consuetudinario, al recuerdo, la fugacidad de la vida, al costumbrismo personal, las preocupaciones por la transformación cultural, lo histórico, el anhelo de la ilustración, con la impronta literaria en sus diversos géneros poesía, crítica, teatro, las epístolas. El lector/a se dará cuenta de las formas empleadas una vez se acerque. No podemos olvidar que también se adentró en lo espiritual, en la poesía religiosa, en concreto en las tradiciones de la religión cristiana-la fuerza poética a la Virgen en diversas manifestaciones-, la misericordia de Dios, el juicio final.

A pesar del rigor con que se muestran las Poesías sueltas (págs. 219-368)…y otros poemas ( 371-461), y de la coherencia del autor al mostrarlas, me he permitido comenzar a leer el último poema titulado «Elegía. A las musas». El primer verso «Esta corona adorno de mi frente» ya nos anuncia el carácter literario con que emprende la elegía de lo que leyó como recuerdo, manantial con que se viste el poeta que en el segundo verso, por si había alguna duda, se aclara aun más: «esta sonante lira, y flautas de oro«; todo un referente nítido. El último verso corona toda una trayectoria para que no quede en olvido: «ocultad entre flores mis cenizas», pág.368. Con las notas descubiertas por unos y otros que van de la 1124 a la 1142, págs. 562-563, son capitales para entender el magistral poema.

El primer poema-soneto viene a mostrarnos la fijeza de su mente en la poesía por encima de todo, exigiendo ayuda a un amigo («Pero si tú, mi amigo generoso, / la cumbre me señalas eminente), para hallar la sabiduría poética en el último terceto («veré de lauros coronar mi frente / suspenso al canto el coro de las musas»). Apremia la totalidad, la entrega poética, que ya sintió «desde la tierna infancia mía». No me cansaré de repetir que muchas de las notas propuestas por el editor nos dilucidan las dudas que podamos tener por lo que representan algunas de las palabras en su contexto referente al clasicismo y, sobremanera, a Homero-incluye nueve odas del poeta-.

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Fernández de Moratín,L., Poesías. Madrid, Cátedra,2023

Poesía

La poesía experimental de E.E. Cummings

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Leído o no, Cummings ha contribuido a ensalzar la poesía en lengua inglesa, y los lectores de los Estados Unidos han destacado para que el candelabro poético estuviera enhiesto durante un tiempo, (…»uno de los poetas más desconcertantes, controvertidos y complejos de la literatura norteamericana de la primera mitad del siglo XX»). Ahora, en esta edición bilingüe, tenemos la oportunidad de leer a este poeta tan distinto por sus formas y temas; lo heterodoxo literario iba con él.

En esta poesía no cabe lo superficial, y si te adentras de esa manera caerás en lo desapacible, en lo etéreo y no te aprovechará. Si el poeta ha sabido llegar a muchos lectores será por algo. Recuerda que hallarás dificultades, que quizá no entiendas a la primera; la poesía experimental va por otro camino poético, de ahí su dificultad. La vanguardia en todo tiempo y lugar entraña aspectos que nos conmueven y, a veces, nos desconciertan como, tal vez, sea el caso.

Conviene leerse y detenerse en los pormenores del poeta que traza la editora con el título ( Vida de un artista, La poesía experimental de Cummings, Poemas-imágenes: lo visual en la poesía…, El uso del verso libre y otras formas poéticas, etc.), para comprender mejor la poesía experimental que se nos ofrece. Aunque algunos poemas son más difíciles de entender, el leguaje es sencillo, pero al aunar unas palabras con otras nos chocan y debemos pararnos para así intentar comprenderlos. Con acierto, Eva M. Gómez nos apunta «las largas conversaciones sobre literatura que a menudo mantiene con Dos Passos y la oportunidad de conocer en persona a Ezra Pound...», pág.17, son capitales en la formación del poeta, en ese aprendizaje para enlazarlo con las cualidades innatas. De manera que su reconocimiento por la crítica no se hizo esperar, incluso su libro ¡No Thanks!, en un principio rechazado por editores, se convirtió en la base de su poesía posterior. Con el tiempo, Cummings se aupó «en el segundo escritor más leído en Estados Unidos, solo por detrás de Robert Frost«, pág.28.

Sirvan, como ejemplo dos, poemas del final del libro; uno de 1918 de la estatua de la Libertad. en Nueva York; y el otro de Poemas tardíos del período, 1930-62

Da igual que la crítica haya establecido varios estilos en su producción poética. Los/as lectores perciben si estamos ante lo puramente lírico, dramático, cubista o satírico. Ya con el término experimental es más que suficiente. Sí es nítido que rompe con las convenciones literarias del siglo XX, y sin duda en unos poemas más que en otros. Lo primordial es la lectura; sin embargo, marcado eso, no es óbice para que tengamos en cuenta algunos hitos propuestos por la editora, por ejemplo, «el uso relativamente frecuente de un registro coloquial o vulgar para algunas voces poéticas», pág. 33, y otras licencias poéticas lógicas en la poesía., aparte de la vanguardia, deteniéndose en el futurism y el cubismo.

Sirvan, como ejemplo dos, poemas del final del libro; uno de 1918 de la estatua de la Libertad. en Nueva York; y el otro de Poemas tardíos del período, 1930-62.

Cummings, E.E., Poesía experimental. Madrid, Cátedra, 2023, 380 págs.


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Poesía

La tierra baldía de T.S.Eliot

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No sé si se ha tenido en cuenta la lectura en 2022 de La tierra baldía al cumplirse los cien años; al menos, se le ha recordado; la dificultad de esta poesía es una de las claves que debemos tener presente más allá de la transcendencia, ya de por sí ardua e ignota cuando nos detenemos en el alma que va más allá de lo que podamos pensar.

Aun así, la excelsa introducción puede servir para disipar alguna duda, por lo que es necesaria su lectura antes o después de adentrarse en la complejidad de La tierra baldía, en edición bilingüe. Uno de los datos que nos aporta Viorica Patea es la importancia de Dante en el pensamiento de Eliot («Dante era el ideal a través del cual medía el presente», pág.25). El poeta italiano supo asimilar la teología con la mitología; eran tiempos en que lo transcendente, lo espiritual, iban mucho más allá de lo terrícola. Tampoco se puede dejar en saco roto la formación del poeta en París, símbolo de vanguardias artísticas en aquel entonces. Filosofía, literatura, cristianismo se adornan para conseguir un vitalismo que haga surgir, unido a un pensamiento crítico, así como a puntales místicos que se agolpaban en su mente. Tampoco podemos desgajar el sufrimiento interior y las penurias que el poeta tuvo que pasar para poder sobrevivir un tiempo; sin duda su poesía recoge esa interiorización, ese ahondamiento que solo se puede traslucir con la palabra poética. El imperativo pronunciado por E. Pound «leedle» es necesario más que nunca (Asistió a los funerales en la abadía Westminster, 1965, y eso que tuvo que desplazarse de Venecia a edad muy avanzada). A la historia han pasado sus tres libros capitales que hay que releer, incluso en tiempos convulsos: La tierra baldía (1922), Miércoles de Ceniza (1930), Cuatro cuartetos (1943). Es el mejor homenaje que se le pueda tributar después de tanto tiempo.

El libro está estructurado con partes clarificadoras para poder entenderlo mejor. Estamos ante una introducción muy extensa (págs. 7-219), pero necesaria y brillante. Después, los poemas de La tierra baldía (págs. 241-293). En tercer lugar, las «Notas a La tierra baldía» (págs, 274-293). En cuarto lugar, las esclarecedoras «Notas a esta edición crítica» (págs. 295-335). En quinto lugar, un ampuloso «Apéndice» (págs. 337-409). Todo un hecho que nos puede da una mejor visión del libro.

El primer poema «El entierro de los muertos» denota ya, no solo cultura, también ahondamiento intelectual ante hechos que intenta descifrar. Tanto las notas que aparecen al final de poema como las que nos recuerda y amplía la editora nos conducen a hechos pasados en los que ha bebido el poeta (Ezequiel, Eclesiastés, Tristán e Isolda, Inferno, Baudelaire. La editora en una extensa nota con el título «El entierro de los muertos» nos da a conocer «el origen de las leyendas del grial con los antiguos ritos de fertilidad», así como las referencias «al motivo de la tierra baldía»).

El primer poema consta de 75 versos, y el 76 es un verso extraído de Las flores del mal, por si había alguna duda de la idea que quiere transmitirnos; ya el primero te retrotrae («Abril es el más cruel de los meses, hace brotar….), hasta el cuarto quedas como en suspenso en el que surgen atisbos de esperanza «con lluvia primaveral». Esta expresión como evocadora de un nuevo renacer de la naturaleza que ha permanecido casi dormida en la época invernal. Evidentemente, choca con al adjetivo «cruel». El final te destroza, otra vez, y te hace ser copartícipe del hastío, de la soledad, del mal existencial. No podía faltar, tampoco, el recuerdo de Dante («A veces suspiraban con presteza / cada uno con la vista fija a sus pies»,,,). Tal vez la simetría entre lo que observa en la actualidad y la época medieval. De todas formas, en todo el poema subyace la negrura y la luz; la muerte y la germinación; o la muerte como la resurrección. En definitiva, postrados ante la muerte-vida («muerte en vida y la vida en la muerte», pág. 108). Y la pregunta, ante la simiente (qué árbol, qué planta, qué trigo nacerá); o también la persona destinada a la tierra, a ese invierno,¿ resucitará, como lo hace la naturaleza o permanecerá en tierra baldía? Si lo pensamos, fuera de la fe, no está resuelto. Simplemente nos hace reflexionar y recurre a con el último verso a Baudelaire en Las flores del mal: «hipócrita lector, mi semejante, mi hermano».

El último y extenso poema con el título «Lo que dijo el trueno», los fragmentos desprenden dinamicidad, rapidez, a la búsqueda de lo que cuece, a través del tiempo, en lo intelectual del poeta. En las notas a La tierra baldía en la parte V se nos dice que aparecen tres temas: el peregrinaje a Emaús, la aproximación a la Capilla Peligrosa y el presente declive de la Europa del este. El primer fragmento nos evoca a la figura del Cristo que se nos ha transmitido como agónico, como final («Tras la antorcha roja en sudorosos rostros / tras el silencio escarchado en los jardines / tras la agonía en los pedregales…». A los cristianos nos recuerda al prendimiento de Cristo en donde oraba según el evangelio, a su sufrimiento, su conducción al palacio del sumo sacerdote, después ante Pilato que le debe juzgar, su muerte y resurrección. Pervive en este fragmento la vida como muerte y esta como vida.

El segundo fragmento es más extenso que el primero («No hay agua aquí, solo roca / roca pero no agua, y el camino de arena / que serpentea hacia las montañas / montañas de rocas sin agua….»). No hay vida, todo es sequedad, soledad, baldío, inerte, despojado de lo que da vida, de lo que nos hace seres vivos. Incluso se alude al «trueno estéril sin lluvia»; termina con el verso «Si hubiera agua«, con esa necesidad imperante del agua como vida; idea que va a proseguir en el tercer fragmento («Y no roca / si hubiera roca / y también agua / y agua / un manantial / una poza ente las rocas«). El poeta trae a colación el pájaro que probablemente le hizo feliz al evocarlo en medio de la naturaleza ( » Donde el zorzal ermitaño canta entre los pinos». El agua como más que necesaria. El último verso de este fragmento lo dice todo: «Pero no hay agua». Es la oscuridad total.

En el siguiente fragmento se quiere recordar lo que da movimiento y esperanza con un interrogativo: «Quién es el tercero que camina siempre a tu lado ?/ Cuando cuento, solo estamos tú y yo / pero cuando levanto la vista hacia el camino blanco / siempre hay otro caminando a tu lado«. Es la trascendencia que nos insta a huir a otra realidad. Pero, inmediatamente, otra vez el poeta se sumerge en el caos, en las revueltas, en una Europa a la deriva ( «Qué es lo que suena por el aire?)Y enseguida su educación cristiana («Murmulla de lamentación materna«) al recordar a Cristo:»….no lloréis por mí…».

Y así va desgranando con las evocaciones a la literatura, lugares, Salmos, evangelio, San Juan de la Cruz, Dante-Infierno, Purgatorio-, Venus, Kyd- Spanish Tragedy-, historia, etc, y el espíritu cristiano que anida en toda la obra. El final del poema y de la obra se nos muestra como descanso, sobre todo intelectual que nos deja perplejo ante tanta sabiduría y trascendencia a la que quizá estemos abocados ( «Me sentaré en la orilla / a pescar, a espaldas de la árida llanura / ¿ he de poner al menos mis tierras en orden ? (…) / estos fragmentos he reunido sobre mis ruinas / entonces yo os serviré, no se hable más. Jerónimo está loco, otra vez). Ahora sí, todo lo nombrado. todo lo agavillado ha servido para la esperanza de la trascendencia, el umbral para marcharnos con la idea de que no todo morirá. El último verso- Shanti shanti shanti- nos trae el sosiego definitivo, la paz añorada después de tanto sufrimiento-aunque solo sea intelectual-; la editora corrobora esa tranquilidad con Eliot-y traduce el término por «la paz que supera nuestro entendimiento», en alusión a las palabras de san Pablo a los primeros cristianos: » Y la paz de Dios, que sobrepuja a todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». En sánscrito, shanti representa la finalidad de la verdad contemplativa, pág.335.

El Apéndice consta de 71 páginas. Conviene leerlo porque a veces pasan desapercibidos poemas, artículos, ideas que contribuyen desde otra atalaya a ver la importancia de la literatura en los siglos que nos han precedido por la cantidad de imágenes que aportan y por el estilo amasado con palabras cultas. Enriquecedor son las ideas que aporta T. S. Eliot del Ulises de James Joyce con el título «Ulises, el orden y el mito». Parte de que el libro «es la expresión más importante de nuestra era». La grandeza con que lo escribe debe crear lectores. La idea en las primeras líneas son suficientes: «… me ha proporcionado toda la sorpresa, el placer y el terror que podría necesitar, y ahí lo dejo», pág.339. Y añade, poco importa; no entra en el debate si el Ulises «debe ser concebido como novela; y si preferimos llamarlo épica, tampoco importa».

Completan este «Apéndice», G. Chaucer, Baudelaire, Shakespeare, Webster, Spenser, Marvell, Goldsmith, Froude. san Agustín, El sermón de Buda, En el camino de Emaús, Shackleton, Upanishad, Pervigilium Veneris, Gérard de Nerval, Thomas Kyd. Todo un compendio de sabiduría que es necesario leer con pausa, en inglés o castellano.

Eliot, T, S.,La tierra baldía. Madrid, Cátedra, 2022, 412 págs.


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Poesía

Poesía de José Agustín Goytisolo

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Ante la poesía de José Agustín Goytisolo siempre me vienen a la memoria los versos «Prefiero que recuerden algunos de mis versos / y que olviden mi nombre. Los poemas son mi orgullo«. Se los oí, por vez primera, en los Cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid en San Lorenzo de El Escorial, y después los leí con una lectura más sosegada en el libro Cuadernos de El Escorial (1994). En el fondo dejaba entrever, de viva voz, que es el poema el que debe permanecer. El recuerdo de Catulo se trasluce como también manifestó. De hecho lo son después de tanto tiempo; leemos o canturreamos lo que lanzan al viento los diversos cantautores. Hoy, en esta excelente novena edición, Carme Riera nos lo recuerda en 2022 con detalle minucioso. Estamos ante una edición que fue «preparada por José Agustín Goytisolo». Aquí está todo su haber y tal como él quiso desde El retorno (1955/ 1996) hasta Las horas quemadas (1996).

Ejemplar es el itinerario poético que realiza Carme Riera en esta edición memorable y llena de sabiduría no solo de los versos, también nos adelanta sus estudios, sus compañeros, sus ideas que evidentemente van a tener una influencia capital en su vida y en su poesía. El éxito que obtiene con el premio Boscán, publicado con el título Salmos al viento constituye la base de su poética de lo que vendrá después con su compromiso poético ante la realidad que observa. Hay un hecho que no puede pasar desapercibido como fue el homenaje a Antonio Machado en febrero de 1959-como compromiso social- donde está enterrado, así como «Conversaciones Poéticas de Formentor» en mayo de 1959, y cómo no, los «Jueves poéticos» del Ateneo de Madrid en el que tenía plaza por derecho propio José Hierro. Por cierto, todavía se mantiene en el siglo XXI.

El encaje en lo que se ha llamado la generación de los años cincuenta cumple con lo que se proponía el poeta: elevar a categoría de la experiencia lo cotidiano, lo consuetudinario, sin perder de vista a Machado; como dato esclarecedor Veinte años de poesía española de Castellet estaba dedicado al poeta sevillano; la poesía social y compromiso se dan la mano con el realismo crítico, con un común denominador que llegue a todos.

Si queremos ser partícipe de esta poesía en toda su plenitud quizá sea necesario la lectura de cada uno de los libros que se nos traza en la edición para después adentrarse en el texto poético. Una vez leído el itinerario poético y El retorno, tal y como se nos muestra, es el momento de leer los versos que incluyen el libro del poeta, Y así con todos los libros; las ideas y comentarios son necesarios para poder entenderlos, de ahí la importancia y acierto de la edición; al menos para mí han sido capitales para llegar al jugo poético; por ejemplo, en El retorno se aclara que sin nombrarla está su madre; una evocación, pero también un vacío, una necesidad desde el primer verso al último. Comienza con el aleteo de muerte («lloré en silencio ante tanta muerte») y termina con la mirada profunda, verdadera («a través de mi cuerpo / tu mirada hacia el fondo se mantiene». Ya antes en otro poema había hecho alusión a los ojos (» Yo recuerdo tus ojos / cuando hablabas del aire»). La mitificación se trasluce en todos los versos, la memoria le emociona, la siente cercana. Sin duda me refiero a los poemas que aparecen en la edición.

Un vuelco nítido le absorbe; su poesía se enreda con lo satírico y publica Salmos al viento (1958-1980), uno de los libros más conocidos y bien tratado; lo quevedesco tiene su rincón. El recurso literario consigue adentrase más en la realidad a través de la parodia, la ironía, la sátira; esta impronta también la podemos observar en lo que se ha considerado la generación de la década de los cincuenta; admito con matices.

Me cabe hacer constar, por los motivos que sean, que este libro es de los más nombrados, tal vez leídos. Las doce composiciones está precedidas de citas bíblicas-unas del Antiguo Testamento y otras del Nuevo-, y a partir de ese contexto reviste su poesía. Esta inclusión es esencial, y así nace la intención paródica. La intertextualidad se alza para aludir momentos, personas, ideas. No sorprenden los varapalos que intuimos y siempre basados en el pensamiento cristiano que aprendió en sus estudios en los colegios religiosos en los que estuvo: jesuitas y «la salle». Así, en «Los celestiales» con la cita bíblica «No todo el que dice: Señor, Señor, / entrará en el reino…«, alude a los poetas de bajo nivel y aposentados en el régimen: («…y componer hermosos versos vacíos sí pero sonoros / melodiosos como el laúd / que adormezcan que transfiguren / que apacigüen los ánimos ¡qué barbaridad!»). Su pensamiento es nítido. También en el último «El profeta» con la cita bíblica «Yo saciaré mi furor contra la gran pared…» arremete contra las instituciones culturales como lo académico universitario o el Consejo Superior de Investigaciones Científicas («Entonces el profeta rasgó sus vestiduras /entró en ayuno y cubierto de ceniza y excremento / permaneció setenta días. Luego abandonó el llano / y caminó hacia la ciudad. Allí calle y paseo, plaza y plaza / arribó al sitio en donde los varones / sapientes se reúnen en donde son discutidos / los asuntos es decir al Consejo Supremo / de Disquisiciones Metafísicas»).

En esta edición, Carme Riera dedica treinta páginas a resaltar «Las entregas poéticas» con el título «Apéndice», para permitir «al lector conocer someramente la evolución del autor catalán, atendiendo especialmente a las primeras ediciones hoy inencontrables».

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Goytisolo, José Agustín, Poesía. Madrid, Cátedra, 2022


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