Personales

Vendaval de ensueños

Cuando queda el rescoldo de las cenizas siempre hay una esperanza, aunque sea en vano, puede vibrar en algún momento ante lo insólito distancial. Qué más da. La presencia no siempre es necesaria, la memoria sí como el aire que se respira. Es mejor estar en suspenso que caído. El corazón generoso debe estar preparado para la dicha, y olvidar el contratiempo, ese viento airado que no se sabe cómo y por qué se desata. Lo inicuo desaparece y queda lo bueno, lo que resplandece aunque esté oculto. El sosiego dulce y caro en este verano abrasador nos hace más cercanos por la necesidad que nos empuja al abrazo antes que la naturaleza lance ¡basta!


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Personales

Una carrera inolvidable: «Vitality» en Londres. Ten thousand reasons why today was a good day

Es la segunda vez que participo en la carrera «Vitality» de Londres; la primera fue allá por 2 de mayo de 2022. Con qué alegría esperaba el vuelo Madrid – London para participar en la carrera este 22 de septiembre de 2024. Hasta en IBERIA, tanto a la ida como a la vuelta, se esforzaron para que todo fuera placentero, como así fue. No recuerdo unos despegues y aterrizajes de suma maestría perfectiva, y la amabilidad del comandante de vuelo con que nos saludó.

No me sorprendieron tantas personas y razas. Tuvieron que cerrar las peticiones un mes antes; es que Londres es Londres y su atracción no es única, pero sí llamativa; esta es su grandeza a parte de sus emblemáticas calles por las que sentíamos ese sosiego en una mañana nubosa y a veces chispeando; durante la carrera, sin embargo, salvo a principio y final en las que se aglomeraban mucho público para aplaudirnos con música atronadora que te animaban, faltó por las calles ese gentío viviente que agradecen el esfuerzo, salvo, a veces, cuando ya faltaba poco, sí correspondieron; en mi caso, mil gracias a esas personas que bien con la boca o las manos e incluso una que dijo, o eso entendí «come on Rebollo». No sé quién sería, pero sentí ese espíritu de agradecimiento. Y sin duda a mi hija que estuvo a darme más que ánimos y me grabó ya en la recta final del recorrido con estentóreo grito «vamos papá, vamos, vamos, vamos, vamos a tope» que mandé al X y a Instagram.

La belleza de las calles la sientes cuando vas pasando por  lo histórico, desde St. .James Park, por el Big Ben, las casas del Parlamento, Trafalgar Square, la catedral de St. Paul y cuando terminas a los pies del palacio de Buckingham. No lo olvidarás.

Una hora antes de comenzar la carrera.

El lunes y martes lo dediqué a adentrarme, aun más, en lugares que son imprescindibles cuando se visita Londres como «The British Museum», completado en 1828. Esas galerías te hacen que vivas lo que ha sido la humanidad; el conocimiento, no solo de las clásicas civilizaciones de Europa; es un museo del mundo para el mundo «of the world, for the world» cuando las galerías te ayudan a pensar cómo fueron nuestros antepasados; incluso te invitan a detenerte en sitios característicos según el tiempo que quieres estar. No es lo mismo una hora, dos o tres; ni siquiera en cinco horas puedes ver todo; claro, si te detienes a contemplar fijamente. Como estuve en otras ocasiones, sobre todo de estudiante, elegí algunas galerías en las dos horas que permanecí. Y cómo no, mi agradecimiento a esa persona que me acercó a la puerta ante miles de personas como había esperando en un espacio más o menos de medio kilómetro, y me dijo «This way» y me abrió; no tuve que esperar. Siempre estaré agradecido; a buen seguro que si no hubiera sido así, yo no hubiera entrado. Si lo hizo, supongo que fue porque podía.

Siempre que he estado en Londres no me pierdo la grandeza de la «National Gallery» en la imponente «Trafalgar Square» con la columna del almirante Nelson, altivo, enhiesto, como vigilante no solo de la capital. Como muestra de mi presencia en la pinacoteca londinense hice unas fotografías: una de mi pintor preferido: Velázquez y otra de Rubens, a petición de una persona que tanto le gusta.

No podía faltar la visita a la catedral de San Pablo; como ya en otras ocasiones la había visto, solo pasé a la capilla que está a mano izquierda por lo que no tuve que pagar; eso, sí, antes tienes que identificarte. Me dijeron: se nota que usted es cristiano y no turista; le respondí a la amabilidad con que me trató: me enseñaron en el catecismo y primera comunión en mi pueblo enclavado en un cerro extremeño que visitáramos el templo siempre que fuéramos a otro lugar. Se quedó sorprendido. Aprovecho-aunque ya lo he escrito en este «blog»- a ver si se enteran algunas personas que en las catedrales debe existir un espacio, un recinto, un oratorio donde esté el sagrario- para las personas que solo quieren pensar, orar o lo que sea, que no van a esa fiesta turística de las visitas de las catedrales. Un aplauso para los que rigen la catedral de Cuenca que lo hacen; donde está el oratorio a la entrada, a la derecha. Y claro, un varapalo para las catedrales de Segovia, Ávila y Jerez de la Frontera, que por mucho que le expliqué mi pensamiento quedó en tierra pedregosa. Las anécdotas y diálogo de estas últimas ciudades las plasmé en este «blog». Lo que me respondieron fue asombroso.

En Londres estuve hospedado en un hotel en el área de Bayswater-Paddington. Me llamó la atención una iglesia católica por su arquitectura y sus horarios; leí que había misa a las 18 horas; como soy muy observador entré unos diez minutos antes; solo había dos personas, luego fue llegando el sacerdote y cinco personas más; en total, nueve con el sacerdote; tres hombres y seis mujeres. Por lo demás, más o menos, el ofertorio fue semejante al de España. Pero sí me quedé perplejo al ver que al recibir la «hostia consagrada» se arrodillaban; unos haciendo una genuflexión con una pierna y otros arrodillados con las dos. Para ser sincero, sí lo he visto en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial hace poco donde comulgaron unas doscientas personas; pues de estas siete, una se arrodilló y seis solo la genuflexión. Me extrañó por lo que otro día, de nuevo, mucha gente comulgando y cuatro o cinco también hicieron lo mismo; de estas al menos tres eran las mismas de otro día. Como me sorprendió, al final de la misa de la segunda vez, saliendo me dirigí a una joven de ese grupito, y le dije «perdona, ¿me puedes decir por qué os arrodilláis al recibir la «hostia consagrada»?, es que he estado en Londres en una carrera y también lo hicieron y nunca lo he visto. Me dio la razón y otras cuestiones; eso sí, con una amabilidad y sonrisa que agradecí; ante esa confianza antes de despedirme me atreví a decirle: tal y como vais vestidos percibo que sois de la «Obra», me respondió que sí; me preguntó por la pulsera que llevaba, le dije que era «año santo jubilar» de la Virgen Milagrosa- centenario de la dedicación de la Basílica-. Añadió: sí estuve el otro día; por cierto, ahí recibió «El Padre de la Obra» «la semilla divina» de nuestra creación. Tenía prisa, iban a celebrar algo.
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Personales

Ante el fervor del recuerdo de nuevos libros/textos en el mes de septiembre

Enrevesado con lo poético te hace más humilde, más tú, y aun mejor cuando la poesía está en la prosa. Es el contento de ser feliz con transparencia, término que dimana del espíritu acogedor, sensible, entero y también soñador. El soñemos pervive, se hace luz cegadora para detenerla y expandirla en un centro existencial en el que no hieran las ideas que permanecen en la conciencia en absoluto resplandor.

El recuerdo del mes de septiembre con la alegría del comienzo de otro bachillerato-entonces eran seis- se hace memoria. Para mí constituía una nueva alborada con los manuales-textos de todas las asignaturas encima de la mesa, entre mis manos; había que empaparse de sabiduría, de sabor imprescindible ante un nuevo peldaño en ese viaje que se emprendía hacia la inmensa claridad del aprendizaje. Esta alegría sobrepasaba una festividad, un homenaje.

Luego la clase repleta de amigos, ansiosos de un nuevo curso, de que el profesor entrara en clase y nos descubriera aspectos distintos porque ya teníamos otra mirada, otro espíritu ante el que queríamos acercarnos y nos condujera a un conocimiento de hacia dónde vamos; entonces no pensábamos que el tiempo se nos acortaba. Ese tiempo pasado se hace realidad cada septiembre que se yergue en brillo de la conciencia; el recuerdo de un día resplendente y de ilusión. ¡Cuantos /as sentirán en estos días ese nuevo clarear existencial.


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Personales

Cartas a Benvenuta. Rainer María Rilke

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Si el verano es para descansar, me pregunté qué puedo leer. Me acordé de varios libros que ya he leído. Me fui a las estanterías de mi biblioteca y no sé por qué me dirigí a la de obras extranjeras. Saqué de inmediato Rilke, Cartas a Benvenuta. Esta lectura la tuve obligatoria allá por el año 1989 en la docencia que impartía. Mi recuerdo es nítido; la lectura cayó en tierra abonada si tenemos en cuenta el debate en la clase. Sin duda, me congratuló, no en vano estábamos con personas pletóricas de juventud y, por ende, de belleza con ansias de amar; es el sino a esas edades; es lo que colma nuestro ser del que debemos dar rienda suelta si queremos que la dicha llegue a la cúspide bien somáticamente o bien espiritual; ambas sería lo ideal pero no siempre sucede; la naturaleza es así. Peor sería si por los motivos que fuere ni una ni otra nos visita en esas edades fundamentales.

Estamos ante cartas más que amorosas, aunque al principio sean como necesidad. «Son impulsos de mi alma solitaria», escribe Rilke. Es un espacio de convivencia para alcanzar lo que deseamos y más cuando va a empezar la primavera y mostramos regocijo y hermosura, sinónimo de juventud, algo que penetra el corazón, es la ardiente gratitud que destella, que desea entrega sin límite, sin muro que reprima. Es la persona hecha no solo carne; es lo que vivifica, lo que aletea en la mente. A la búsqueda de ese espíritu que anhelamos para fundirnos.

Cuando una persona exige: «Pido a Dios que deje amarte del todo» es cuando lo sublime lo inunda todo. Es la entrega, es el sabor, el fulgor luminoso; no es solo un barrunto sentimental, es un corazón rebosante, que se siente conmovido como los trovadores anhelantes de conseguir ese idealismo que aletea en la mente y corazón. No en vano el poeta matiza, «¡qué claridades, qué ímpetu hacia ti en mi alma»! Ante una juventud decepcionada, Benvenuta abre su corazón; «He sentido tu presencia al tocar el piano». «Me has hecho muy feliz«. Cuando se llega a esta situación es más que necesidad, aun sabiendo que el amor también es dureza. La dualidad nos hace más libres para cuidar el jardín existencial.

He aquí una correspondencia ante dos fracasos sentimentales; y cómo la poesía de Rilke insta a una mujer a escribirle para agradecérselo; se ha sentido como nueva con su lectura y soporte. El poeta que también se hallaba entristecido por otra separación se anima a contestar y establecen una profunda amistad amorosa. Las cartas terminan cuando llegan a conocerse físicamente y las manos se aúnan. La poesía como vital en las relaciones humanas.
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A vueltas con el silencio

Es normal, cuando la primavera estalla, que el corazón se derrame, salte, pida claridad, añore, sea luz centelleante; exija abrazos. Somos así; la naturaleza es sabia, nos invita a ser nosotros, antes que el calor se vaya perdiendo, que el tiempo se deslice en la finitud, antes que nos arrebate el sentimiento y la belleza decaiga sin viento airado, pero atenta. La búsqueda de fulgor declina sin mañana. El cantarino arroyo sin maleza se va inclinando con una hoz que deleita al oído y vista entre verdes hayas que se cimbrean y acompañan en el atardecer, en la hora violeta que enternece.