Personales

A ti, que te sientes desplazada

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Notas encontradas, hoy, en aquel curso (cuarto de Filología Hispánica) en la Universidad Complutense 1

Lope de Vega. Caso único, La voz del alma de las gentes. Un símbolo viviente. Bebió de la personas para luego convertirlo en obra de arte; devolvió lo que vio y sintió. Época y sociedad aunados. Cervantes y Lope sintetizan la dualidad Renacimiento/Barroco. Lo creativo de su obra, además de vital, va más allá de un lugar hasta llegar a toda la historia humana. El clamor «esto es de Lope» se hizo popular, que hoy prosigue.

Los versos de su Epístola a Amarilis son todo un símbolo de su fuerza sentimental:

En fin, por celos soy: ¡qué nacimiento!

Imaginadle vos, que haber nacido

De tan inquieta causa fue portento

En su mente reverdecía, siempre, el «despecho» de Elena que respondió con composiciones hacia la familia, tal vez, exageradas y ofensivas. El destierro a Valencia no le importó. Prosiguió lo que le dictaba el corazón y raptó a Isabel-que se casaría por poderes-, no podía de otra forma por su exilio. Al alistarse en la «Invencible», recordaría a su mujer con el nombre de Belisa («las aguas crecen Belisa / llorando lágrimas tiernas/ diciendo con voces tristes / al que se aparta y la deja»).

A su vuelta de la expedición, recoge a su esposa y se instalan en Valencia. Cumplida la sentencia marchan a Toledo y Alba de Tormes, lugares en los que disfrutó de tranquilidad y felicidad. Solo amargada por la muerte de su mujer al nacer su segunda hija, que moriría tempranamente. Vuelta a Madrid del que no debió salir. Pero el corazón pudo más y se le procesó, otra vez por amancebamiento con la sin par y bellísima viuda Antonia. Otro matrimonio con Juana. Con esta nueva forma de vida, es cuando Góngora, -«qué sabrá lo que es amor»- lo avasalla con sátiras más que dolorosas («Por tu vida, Lopillo, que me borres/ las diez y nueve torres de el escudo/ porque aunque todos son de viento, dudo / que tengas viento para tantas torres«. Por el contrario, Lope lo admiraba: «Canta, cisne andaluz, que el verde coro / del Tajo escucha tu divino acento».

Llega un momento en que su corazón estalla cuando se acerca a Micaela de Luján; poco importa si fue antes o después de casarse. Su corazón pudo más para inmortalizarla bajo el nombre de Lucinda-«y si tienes Lucinda mi deseo/ hálleme la vejez entren tus brazos/ y pasaremos juntos el Leteo»-. Azules son sin duda sus dos cielos. Vida me da su luz / su color celos. Casada y con dos hijos; su marido se marchó a Perú. Con Lope tuvo cinco-tres hijas y dos hijos-. Y mientras, Juana en Toledo con la que tuvo un hijo y dos hijas. Grande en todo. No abandonó a nadie y menos a sus hijos. Su pasión la desbordó y querencia. Ninguna mujer lo dejó, salvo Elena. La naturaleza pudo más. Casi al final de su vida se aposentó en una espaciosa casa con huerto que hoy podemos visitar. Al morir Juana, vinieron a vivir con él Lope Félix y Marcela-su hija predilecta-, del fruto con Micaela. Por si faltaba poco, su alma y pensamiento se unieron y decidió ordenarse sacerdote. El profundo sentimiento religioso se aunó a la portentosa pasión que cifró la naturaleza. Lo insólito se apoderó de él y la envidia de tantos; corría mayo de 1614 cuando dijo su primera misa en el convento de las carmelitas descalzas, en el mismo lugar en que se había enterrado su esposa. Si nos enseñaron en el Catecismo a los cristianos-católicos que el sacerdocio imprime carácter, poco le importó que el amor le visitara de nuevo en 1616; lo aceptó. Fue tal el arrobamiento, la fuerza amorosa que lo acogió con un viento que se lo llevaba en volandas, aun sabiendo que para el resto era «amor sacrílego» hacia Marta, «sus ojos verdes» penetraron en su alma; ya no podía volver atrás.

Sí, claro, sacerdote; pero la naturaleza lo eligió para una cumplida certeza de amor que nombrará como «Amarilis». Alma y cuerpo de mujer juntos. Se le exigía goza, goza. Es la vida. La alegría de Lope fue inmensa cuando murió el marido de Marta. Lo celebró y ya Marta pudo venirse a su casa para la convivencia deseada. Fruto de este amor apasionado nació la bellísima Antonia Clara. La naturaleza fue injusta con Marta; más o menos por 1628 perdió la razón, y antes se quedó ciega. Cuatro años de tormentos en los que Lope siempre estuvo a su lado. La esmaltó en unos versos para la posterioridad que hoy recordamos: «No quedó sin llorar pájaro en nido, / pez en el agua, ni en el monte fiera, / flor que a su pie debiese haber nacido / cuando fue de sus prados primavera; / lloró cuanto es amor; hasta el olvido / a amor volvió, porque llorar pudiera; / y es la locura de mi amor tan fuerte, / que pienso que también lloró la muerte».

Unos años después también le llamó la muerte, después de recibir los sacramentos, firmara su testamento y nos dejara para la posteridad ( «La verdadera fama es ser bueno. Trocara cuantos aplausos había tenido por haber hecho un acto de virtud más en esta vida»), un 27 de agosto de 1635. El entierro pasó por delante del convento de las Trinitarias, a petición de su hija Marcela, que quería verlo por última vez. Nueve días de honras fúnebres para el «Fénix de los ingenios». Fue enterrado en la iglesia San Sebastián de la calle Atocha de Madrid, En el siglo XIX lo trasladaron a una fosa común (un verdadero crimen para una gloria nacional).

Coda: a modo de constancia recordemos también sus Rimas sacrasCuántas veces, Señor, me habéis llamado, / y cuántas con vergüenza he respondido, / desnudo como Adán, aunque vestido / de las hojas del árbol del pecado!) . (Cuando en mis manos, Rey eterno os miro»…). Y los más famosos que aprendimos de memoria en el bachillerato: «Qué tengo yo que mi amistad procuras? / ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío / que a mi puerta cubierto de rocío / pasas las noches de del invierno oscuras ?

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

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Hoz del Huécar. Inmortal

Es placentero volver a la hoz inmortal-este año el día 3 de mayo– hay momentos en que quieres saltar a los cielos por derecho. Es un grito que te sale del corazón cuando vas conquistando las alturas y las hoces, sobre todo las más difíciles como son las de los kilómetros ocho y nueve. Mi agradecimiento muy sincero por ese nutrido de personas que me dedicaron un largo aplauso, con la algarabía propia de la juventud con rostros primaverales; y en la siguiente ·»curva de ballesta«- del grupo surgió con voz melodiosa y cantarina: «animo, eres el mejor». En ambos lugares, abrí los brazos y los cerré en señal de gratitud. Es una de las alegrías que no olvidas, juntamente con la Behobia de Donosti, aunque son distintas. Cuenca y San Sebastián enamoran.

No podía faltar, como siempre, mi cumplimiento a las gentes de las terrazas que están al derredor de la Catedral, que un año tras otro-y son ya doce años seguidos-, me aplauden con entusiasmo e incluso algunos/as se levantan de las mesas. Siento ese fervor y ese gozo porque el último kilómetro es de bajada; es como el galardón conseguido, la euforia es enorme, y más cuando cruzas la meta antes del tiempo concedido por la organización con ánimo de estar presente en 2026. Parece como si el interior te hablase de que debes proseguir.

Tampoco puedo olvidar esas rocas que te acompañan, que meditan en continuo sueño con el ruido de las aguas del río Huécar que de vez en cuando se forman espumas blancas según el lugar más alto para luego caer suavemente. Según subes se oye también a los pájaros en continua armonía como si te saludaran y animaran; es una delicia ir disfrutando con esa naturaleza viva, convertida en paraíso. A la vuelta en el A.V.E. te sientes como purificado, hecho naturaleza, ante la dicha de haber vuelto, otra vez, y recuperar una catarsis emblemática del lugar.

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Vendaval de ensueños

Cuando queda el rescoldo de las cenizas siempre hay una esperanza, aunque sea en vano, puede vibrar en algún momento ante lo insólito distancial. Qué más da. La presencia no siempre es necesaria, la memoria sí como el aire que se respira. Es mejor estar en suspenso que caído. El corazón generoso debe estar preparado para la dicha, y olvidar el contratiempo, ese viento airado que no se sabe cómo y por qué se desata. Lo inicuo desaparece y queda lo bueno, lo que resplandece aunque esté oculto. El sosiego dulce y caro en este verano abrasador nos hace más cercanos por la necesidad que nos empuja al abrazo antes que la naturaleza lance ¡basta!


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Una carrera inolvidable: «Vitality» en Londres. Ten thousand reasons why today was a good day

Es la segunda vez que participo en la carrera «Vitality» de Londres; la primera fue allá por 2 de mayo de 2022. Con qué alegría esperaba el vuelo Madrid – London para participar en la carrera este 22 de septiembre de 2024. Hasta en IBERIA, tanto a la ida como a la vuelta, se esforzaron para que todo fuera placentero, como así fue. No recuerdo unos despegues y aterrizajes de suma maestría perfectiva, y la amabilidad del comandante de vuelo con que nos saludó.

No me sorprendieron tantas personas y razas. Tuvieron que cerrar las peticiones un mes antes; es que Londres es Londres y su atracción no es única, pero sí llamativa; esta es su grandeza a parte de sus emblemáticas calles por las que sentíamos ese sosiego en una mañana nubosa y a veces chispeando; durante la carrera, sin embargo, salvo a principio y final en las que se aglomeraban mucho público para aplaudirnos con música atronadora que te animaban, faltó por las calles ese gentío viviente que agradecen el esfuerzo, salvo, a veces, cuando ya faltaba poco, sí correspondieron; en mi caso, mil gracias a esas personas que bien con la boca o las manos e incluso una que dijo, o eso entendí «come on Rebollo». No sé quién sería, pero sentí ese espíritu de agradecimiento. Y sin duda a mi hija que estuvo a darme más que ánimos y me grabó ya en la recta final del recorrido con estentóreo grito «vamos papá, vamos, vamos, vamos, vamos a tope» que mandé al X y a Instagram.

La belleza de las calles la sientes cuando vas pasando por  lo histórico, desde St. .James Park, por el Big Ben, las casas del Parlamento, Trafalgar Square, la catedral de St. Paul y cuando terminas a los pies del palacio de Buckingham. No lo olvidarás.

Una hora antes de comenzar la carrera.

El lunes y martes lo dediqué a adentrarme, aun más, en lugares que son imprescindibles cuando se visita Londres como «The British Museum», completado en 1828. Esas galerías te hacen que vivas lo que ha sido la humanidad; el conocimiento, no solo de las clásicas civilizaciones de Europa; es un museo del mundo para el mundo «of the world, for the world» cuando las galerías te ayudan a pensar cómo fueron nuestros antepasados; incluso te invitan a detenerte en sitios característicos según el tiempo que quieres estar. No es lo mismo una hora, dos o tres; ni siquiera en cinco horas puedes ver todo; claro, si te detienes a contemplar fijamente. Como estuve en otras ocasiones, sobre todo de estudiante, elegí algunas galerías en las dos horas que permanecí. Y cómo no, mi agradecimiento a esa persona que me acercó a la puerta ante miles de personas como había esperando en un espacio más o menos de medio kilómetro, y me dijo «This way» y me abrió; no tuve que esperar. Siempre estaré agradecido; a buen seguro que si no hubiera sido así, yo no hubiera entrado. Si lo hizo, supongo que fue porque podía.

Siempre que he estado en Londres no me pierdo la grandeza de la «National Gallery» en la imponente «Trafalgar Square» con la columna del almirante Nelson, altivo, enhiesto, como vigilante no solo de la capital. Como muestra de mi presencia en la pinacoteca londinense hice unas fotografías: una de mi pintor preferido: Velázquez y otra de Rubens, a petición de una persona que tanto le gusta.

No podía faltar la visita a la catedral de San Pablo; como ya en otras ocasiones la había visto, solo pasé a la capilla que está a mano izquierda por lo que no tuve que pagar; eso, sí, antes tienes que identificarte. Me dijeron: se nota que usted es cristiano y no turista; le respondí a la amabilidad con que me trató: me enseñaron en el catecismo y primera comunión en mi pueblo enclavado en un cerro extremeño que visitáramos el templo siempre que fuéramos a otro lugar. Se quedó sorprendido. Aprovecho-aunque ya lo he escrito en este «blog»- a ver si se enteran algunas personas que en las catedrales debe existir un espacio, un recinto, un oratorio donde esté el sagrario- para las personas que solo quieren pensar, orar o lo que sea, que no van a esa fiesta turística de las visitas de las catedrales. Un aplauso para los que rigen la catedral de Cuenca que lo hacen; donde está el oratorio a la entrada, a la derecha. Y claro, un varapalo para las catedrales de Segovia, Ávila y Jerez de la Frontera, que por mucho que le expliqué mi pensamiento quedó en tierra pedregosa. Las anécdotas y diálogo de estas últimas ciudades las plasmé en este «blog». Lo que me respondieron fue asombroso.

En Londres estuve hospedado en un hotel en el área de Bayswater-Paddington. Me llamó la atención una iglesia católica por su arquitectura y sus horarios; leí que había misa a las 18 horas; como soy muy observador entré unos diez minutos antes; solo había dos personas, luego fue llegando el sacerdote y cinco personas más; en total, nueve con el sacerdote; tres hombres y seis mujeres. Por lo demás, más o menos, el ofertorio fue semejante al de España. Pero sí me quedé perplejo al ver que al recibir la «hostia consagrada» se arrodillaban; unos haciendo una genuflexión con una pierna y otros arrodillados con las dos. Para ser sincero, sí lo he visto en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial hace poco donde comulgaron unas doscientas personas; pues de estas siete, una se arrodilló y seis solo la genuflexión. Me extrañó por lo que otro día, de nuevo, mucha gente comulgando y cuatro o cinco también hicieron lo mismo; de estas al menos tres eran las mismas de otro día. Como me sorprendió, al final de la misa de la segunda vez, saliendo me dirigí a una joven de ese grupito, y le dije «perdona, ¿me puedes decir por qué os arrodilláis al recibir la «hostia consagrada»?, es que he estado en Londres en una carrera y también lo hicieron y nunca lo he visto. Me dio la razón y otras cuestiones; eso sí, con una amabilidad y sonrisa que agradecí; ante esa confianza antes de despedirme me atreví a decirle: tal y como vais vestidos percibo que sois de la «Obra», me respondió que sí; me preguntó por la pulsera que llevaba, le dije que era «año santo jubilar» de la Virgen Milagrosa- centenario de la dedicación de la Basílica-. Añadió: sí estuve el otro día; por cierto, ahí recibió «El Padre de la Obra» «la semilla divina» de nuestra creación. Tenía prisa, iban a celebrar algo.
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