Personales

Ante el fervor del recuerdo de nuevos libros/textos en el mes de septiembre

Enrevesado con lo poético te hace más humilde, más tú, y aun mejor cuando la poesía está en la prosa. Es el contento de ser feliz con transparencia, término que dimana del espíritu acogedor, sensible, entero y también soñador. El soñemos pervive, se hace luz cegadora para detenerla y expandirla en un centro existencial en el que no hieran las ideas que permanecen en la conciencia en absoluto resplandor.

El recuerdo del mes de septiembre con la alegría del comienzo de otro bachillerato-entonces eran seis- se hace memoria. Para mí constituía una nueva alborada con los manuales-textos de todas las asignaturas encima de la mesa, entre mis manos; había que empaparse de sabiduría, de sabor imprescindible ante un nuevo peldaño en ese viaje que se emprendía hacia la inmensa claridad del aprendizaje. Esta alegría sobrepasaba una festividad, un homenaje.

Luego la clase repleta de amigos, ansiosos de un nuevo curso, de que el profesor entrara en clase y nos descubriera aspectos distintos porque ya teníamos otra mirada, otro espíritu ante el que queríamos acercarnos y nos condujera a un conocimiento de hacia dónde vamos; entonces no pensábamos que el tiempo se nos acortaba. Ese tiempo pasado se hace realidad cada septiembre que se yergue en brillo de la conciencia; el recuerdo de un día resplendente y de ilusión. ¡Cuantos /as sentirán en estos días ese nuevo clarear existencial.


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Personales

Cartas a Benvenuta. Rainer María Rilke

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Si el verano es para descansar, me pregunté qué puedo leer. Me acordé de varios libros que ya he leído. Me fui a las estanterías de mi biblioteca y no sé por qué me dirigí a la de obras extranjeras. Saqué de inmediato Rilke, Cartas a Benvenuta. Esta lectura la tuve obligatoria allá por el año 1989 en la docencia que impartía. Mi recuerdo es nítido; la lectura cayó en tierra abonada si tenemos en cuenta el debate en la clase. Sin duda, me congratuló, no en vano estábamos con personas pletóricas de juventud y, por ende, de belleza con ansias de amar; es el sino a esas edades; es lo que colma nuestro ser del que debemos dar rienda suelta si queremos que la dicha llegue a la cúspide bien somáticamente o bien espiritual; ambas sería lo ideal pero no siempre sucede; la naturaleza es así. Peor sería si por los motivos que fuere ni una ni otra nos visita en esas edades fundamentales.

Estamos ante cartas más que amorosas, aunque al principio sean como necesidad. «Son impulsos de mi alma solitaria», escribe Rilke. Es un espacio de convivencia para alcanzar lo que deseamos y más cuando va a empezar la primavera y mostramos regocijo y hermosura, sinónimo de juventud, algo que penetra el corazón, es la ardiente gratitud que destella, que desea entrega sin límite, sin muro que reprima. Es la persona hecha no solo carne; es lo que vivifica, lo que aletea en la mente. A la búsqueda de ese espíritu que anhelamos para fundirnos.

Cuando una persona exige: «Pido a Dios que deje amarte del todo» es cuando lo sublime lo inunda todo. Es la entrega, es el sabor, el fulgor luminoso; no es solo un barrunto sentimental, es un corazón rebosante, que se siente conmovido como los trovadores anhelantes de conseguir ese idealismo que aletea en la mente y corazón. No en vano el poeta matiza, «¡qué claridades, qué ímpetu hacia ti en mi alma»! Ante una juventud decepcionada, Benvenuta abre su corazón; «He sentido tu presencia al tocar el piano». «Me has hecho muy feliz«. Cuando se llega a esta situación es más que necesidad, aun sabiendo que el amor también es dureza. La dualidad nos hace más libres para cuidar el jardín existencial.

He aquí una correspondencia ante dos fracasos sentimentales; y cómo la poesía de Rilke insta a una mujer a escribirle para agradecérselo; se ha sentido como nueva con su lectura y soporte. El poeta que también se hallaba entristecido por otra separación se anima a contestar y establecen una profunda amistad amorosa. Las cartas terminan cuando llegan a conocerse físicamente y las manos se aúnan. La poesía como vital en las relaciones humanas.
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A vueltas con el silencio

Es normal, cuando la primavera estalla, que el corazón se derrame, salte, pida claridad, añore, sea luz centelleante; exija abrazos. Somos así; la naturaleza es sabia, nos invita a ser nosotros, antes que el calor se vaya perdiendo, que el tiempo se deslice en la finitud, antes que nos arrebate el sentimiento y la belleza decaiga sin viento airado, pero atenta. La búsqueda de fulgor declina sin mañana. El cantarino arroyo sin maleza se va inclinando con una hoz que deleita al oído y vista entre verdes hayas que se cimbrean y acompañan en el atardecer, en la hora violeta que enternece.

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Todo ese fuego

El miércoles, día 17 de abril, estuve en una conferencia de Ángeles Caso. En realidad, fui por si podía hablar con ella, pero no pude porque se alargó y tuve que salir, inmediatamente, una vez terminada. Vi que no era el momento. El salón de actos-las dos plantas- estaban atiborradas de personas-. El motivo fundamental: cuando apareció su rostro en el telediario de la 1, hace ya mucho tiempo, me dije: anda, si esta mujer se parece a una joven allá por 1979 o1980 que me pidió si podía echarle una foto-iba acompañada de otra joven- en la explanada del Buckingham en Londres. Así lo hice; todavía pervive en mi memoria la imagen: dos jovencitas abrazadas con pantalones y delgaditas. Tal vez, no fuera ella o sí; a mí me lo pareció, si no es así, perdones mil.

Otro hecho primordial que quería decirle: cuando se publicó el libro Todo es fuego, allá por 2015, me alegró, sobre todo por Emily. Y aunque en la conferencia aludió a las tres hermanas, hubo algún aspecto que tal vez se excedió con respecto a la educación, o yo no lo veía de esa forma, más allá de que fueran autodidactas. Recordó los parajes espléndidos, la casa parroquial de Haworth que había visitado; yo también lo hice en un día lluvioso-hace tiempo-, pero el paisaje me encantó; me quedé con una planta que abunda: el brezo-es la miel que más me gusta-, como en la Extremadura en que nací.

En la visita que hice, el «Brontë Country», así se denomina el entorno, ya me he referido en este «blog» al pueblecito en donde nacieron y crecieron las tres hermanas. Un poema que me encantó-me refiero a la poesía de Emily- fue «Remenbrance», El comienzo «Could in the earth» me llegó al alma. Su amor a la naturaleza y esa libertad que anidaba en su mente ha quedado para siempre. Entendí por qué una persona enamorada de la vida, no encontró esa savia amorosa que le hiciera crecer, probablemente se quedó en anhelo. La muerte fue injusta por tan pronto. Pero, sí nos ha dejado su querencia por el brezo como sinónimo de libertad, de fundirse con la naturaleza, de romper con las convenciones sociales. En mi mente todavía pervive esa rectoría de Haworth enclavada en una naturaleza salvaje, que le sirvió para escribir, para sacar su mejor yo, su vida interior y elevarla a lo poético. Parece como si su poema, «Come, walk with me» nos instara a que visitemos esos paisajes llenos de trozos de cielo. Haworth y Yorkshire estarán presentes cuando oigas o leas a las tres hermanas después de que pises esos lugares agrestes.

Finalmente, señora Caso, mi más sincera felicitación-aplaudí- por su resplandor con la palabra exacta con que atendimos su disertación, con un silencio que cortaba el aire.


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Personales

Remembranza, a donde el mar da la vuelta

La evocación es necesaria aunque no llegue el mensaje y más a tanta distancia-supongo por los mares del Sur, allá donde el mar da la vuelta- o quién sabe. Todavía recuerdo la expresión: ¿te gusta que te traiga por un viaje que ibas hacer a India una camisa ?; te respondí que no me gustaban-casi sin conocer esa prenda-, que no hacía falta. Gracias. Fue mi torpeza al no entender el galardón. No capté el mensaje. Poco importa, ya. A pesar de esta globalización, a veces, no es tan fácil el encuentro; solo en la imaginación se asientan las remembranzas, por eso te escribo, aunque ya dejé en este «blog» un relato en el que eras el centro con más detenimiento pero dentro de la sombra que solo cobija y llegue a quien va dirigido.

Ya la palabra deseada no es el nombre «exacto de las cosas», nace de lo más profundo del alma, de la vida interior que asoma en nuestra forma de ser y pensar, la fuente de la que nos alimentamos, es cuando el alma y la carne se aúnan, se hacen palabra para enaltecer el sonido del silencio; es la luz que no se extingue aunque en lo inicial se asemejara al «cirio pascual». Cuando queda el rescoldo entre las cenizas puede que vibre en algún momento ante lo insólito distancial.

¡Qué dicha! Mi ser destila belleza, sentimiento a borbotones con el deseo de la otredad, qué importa el resto; lo primordial es tener «olio en la aceitera» y proveerla para que no se extinga, atizar la fragua. La soledad no es destino y menos si se produce acompañado/a. Es la peor, sin duda. Mirarse nos ahonda en ese mar en el que el aire suspira, se llena de estrella con olor a primavera, a tomillo, a zarzal florido, a hierbabuena, a golondrina, a la búsqueda del tú que no se pierda. Ahí está la estrella que electriza, el fuego candente, entero, reluciente, enredado en tu pozo ardiente y profundo, sagrado, para el goce entre el tú el yo. Es el infinito pletórico de belleza, de eternidad.. Qué más da que sea ensoñación ante la distancia, el olvido, sin nombrarte.

Nos distanciamos tanto en la barca ante la inmensidad del Mediterráneo que no oímos las voces que se agolpaban, pero al mirar hacia atrás observé imágenes difusas en la tarde mortecina pero veraniega que requerían la vuelta; era la hora de amarrar; con resistencia denodada nos propusimos regresar, no sin sobresalto, y quizá temerosos de la fuerza del agua que no nos permitía avanzar. Según veíamos la tierra sentimos la alegría de nuevo. ¡Qué tarde tan bonita! ¡Qué tarde tan plena!

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