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Reflexiones sobre la dicotomía Literatura-Periodismo

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Artículo dedicado a mis ex alumnos/as que supieron entender las ideas que plasmo, casi en una trayectoria que toca a su fin, después de tanto tiempo haciendo lo posible para que fructificaran.

¡Cuántas cosas se han dicho, a veces, sin una raíz que lo sostenga, del supuesto estilo periodístico! Ahora, cuando recordamos ese pasado “de manual”, pensamos que fuera de clase no se puede sostener. En general, no creíamos en tal estilo; el consabido dogma que el estilo periodístico es único, sólo puede conducirnos a la superficialidad, que ya nuestro Juan de Mairena tachaba de pedantesca por el hecho de negar las cosas cuando no son como nosotros pensamos. De este modo, los llamados periodistas-escritores o escritores que escriben en periódicos se han encargado de desmitificar “el estilo periodístico” como maná caído del cielo.

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«Cantad, cantad, una copla del Arcipreste»

Así terminaba la representación en el Ateneo de Madrid el domingo día 15 de abril a las 21.20 minutos en el salón de actos abarrotado. Cantemos, pues, a una de las más grandes lumbreras de la literratura universal, que con verbo florido el dramaturgo Martín Recuerda nos recreó, en el año 1965, en una España mortecina, agazapada, pero brillante literariamente en la que se dieron a conocer una de las generaciones dramáticas difíciles de superar.

Pero, este canto, también, va dirigido a esos/as cientos de alumnos, de teatro y de literatura, que los días 14 y 15 de abril se acercaron al Ateneo de Madrid para después mandar al campus virtual la crónica teatral, que en estos momentos estoy corrigiendo. He ahí una práctica en la que solo el alumno delante del ordenador intenta, en un folio, con un estilo brillante, umbraliano, azoriniano, certero- que ya quisieran algunos periodistas que escriben en los «medios» y, cómo no, también algunos docentes universitarios tener- dar cuenta de lo que se representó en un salón de actos lleno de tanta historia literaria. Mi más sincera enhorabuena.

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Camino de Santander

Al alba salgo hacia Chamartín para coger el tren que me lleva a Santander al medio maratón internacional (21 km., 97, 05 metros) que se celebrará, al día siguiente, 4 de marzo. En el vagón, el contínuo parloteo inane de tres personas no me permite concentrarme en el libro que me han regalado, Nacidos para correr, hace un par de días; lo que he leído me permite augurar que está bien construido, pero demasiado expansivo. A mi mente acude la expresión «Educación para la ciudadanía» tan rechazada por algunos; tal vez hubieran aprendido lo que es el respeto a los que leen, piensan o dormitan.

Están a mi izquierda; por el atuendo y el aspecto físico seguramente que también van a Santander. En frente de mí, una mujer con sobrepeso, desaliñada, cincuenteña, lee el periódico con gafas diminutas que le dan un aire intelectual.

El sol atraviesa los cristales que da vida al compartimento; se refleja en la mesa. El grupo de los tres no se callan ni un instante, pero todo sea por esa mujer de mirada penetrante, atractiva, con el pelo limpio, espacioso, desordenado, juvenil, aunque treintaiñera, con un lenguaje directo, arrebatador, quizá sincero, en el que su habla es una contínua pregunta a un interlocutor; el otro, parece mudo, escaso de pelo; entre sus manos retiene la última novela de Pérez Reverte. En un par de ocasiones, cruzo la vista con la mujer; se siente mirada, y su rostro acicalado desprende alegría, hermosura, primavera.

Por un momento, se oye el silencio; la mujer, de repente, rendida por el cansancio, cae en un profundo sueño; son cuarenta minutos en los que avanzo en la lectura; de vez en vez, levanto la vista y contemplo su rostro cubierto por su cabellera negra, arrebatadora. Es la estampa viva, sobrecogedora de la tranquilidad, del sosiego.

La llegada a Santander, ciudad hecha de trozos de cielo,  me produce alegría al recordar otros momentos de mi estancia, primero como alumno, como profesor, como confereciante en la Biblioteca Menéndez y Pelayo, y como turista con la familia. Me dirijo por calles llenas de luz hacia el hotel Bahía a ocho o nueve minutos de la Estación de ferrocarril. Inscripción en el hotel, ducha y salgo al paseo Pereda que tantas veces he recorrido. Recuerdos vivientes que llevo a cuestas en este caminar siempre hacia la luz, hacia la solidaridad. Ahora, otra vez, aquí en este Medio Maratón Internacional.

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Monseñor Blázquez

Enhorabuena Monseñor Blázquez por el arrojo que tuvo en denunciar aquellos hechos que deben sonrojar a los cristianos, como es el que una persona no cristiana lea el pregón santo en la ciudad de Valladolid, y encima en la catedral.

¡Cuantas veces nos enseñaron: «dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», o aquella otra que viene como anillo al dedo, «mi reino no es de este mundo«! Hasta aquí ha estado en su lugar. Ahora bien, le queda lo más difícil: no ir o cerrar el templo. Sea valiente, Jesús lo haría; estoy completamente seguro. Tal vez muchas personas vuelvan al carril si su señoría lleva a la práctica su pensamiento; es una forma de evangelizar.

 Por cierto, los oyentes de la S.E.R. estamos esperando que el Presidente de la Conferencia Episcopal se digne alguna vez visitarla; me consta que la invitación siempre la tiene abierta para cuando quiera. Hace algún tiempo estuve esperando con la radio puesta, ya que se anunció que Monseñor Rouco había prometido ir; después, la frustración fue total. Fíjese qué oportunidad para «evangelizar» a más de cuatro millones de personas que conectan con esta radio. Pues, nada; estamos a la espera.

También mis felicitaciones, Monseñor, por su paso por la diócesis de Bilbao, por su ejemplo, sabiduría y humildad con que ejerció su ministerio, a pesar de ese político vasco, por cierto, ex sacerdote, que se refirió a usted con la expresión desdeñosa «un tal Bázquez», en vez de estar agradecido.

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Mi sincera felicitación

Mi más sincera felicitación, de 2012, a los que entraron en mi página «web» de Europa, América del Norte, América del Centro, América del Sur y de Asia. En total en el año fueron 7.347 entradas. Espero que en el año entrante se multipliquen. El texto más leído fue «Salutación». Gracias, y muéstrate como eres.