Ensayo

Nota del ensayo Regulación y control sobre contenidos audiovisuales en España

Entre mis manos un ensayo en el que se debate libertad de expresión y la ya manida expresión de poderes públicos como si estos fueran el maná que rompe con un derecho inherente de los humanos: la libertad como algo salvífico.¿Se puede ser persona sin ella? La regulación de lo audiovisual en el siglo XXI no es tan fácil; la globalización no ha traído lo que en un principio se esperaba como agua de mayo; las cortapisas y los muros ciegos, a veces, pueden con la transparencia como algo capital en la sociedad. Pero, todo hay que decirlo: en la sociedad democrática es difícil, aunque se intente un control. Tampoco las redes sociales trazan un camino certero en el que quepa todo.

El libro abarca e intenta clarificar lo audiovisual, hoy, en diecisiete capítulos divididos en tres partes rotuladas: «Democracia y control de contenidos audiovisuales en la era digital». «Principales ámbitos de protección y objetivos de la regulación sobre contenidos audiovisuales para una sociedad democrática». «Actores y protagonistas del control sobre contenidos audiovisuales en sociedades plurales y democráticas»,  mas una introducción en la que se visualizan los motivos por los que es necesario la regulación de lo audiovisual. Si se consigue que estos trabajos sean faro  se darán por satisfechos los hacedores de las diversas almenas que lo conforman.

El apartado primero, se desliza por la conexión entre «regulación y democracia» que con tino describe Elisenda Malaret apoyándose en noventa y tres notas a pie de página, necesarias en el trabajo de investigación y una amplia bibliografía. Todo lo investigado nos conduciría a «una mayor transparencia y responsabilidad tanto de las instituciones públicas de regulación como de las instancias privadas de autorregulación, pero sobre todo aumentar las capacidades y la formación de todos los ciudadanos» ( pág. 72). Es decir, a una sociedad perfecta, pero difícil de llevar a cabo, aunque haya que exigirlo.

Mabel López se detiene en los contenidos audiovisuales en internet. Problema arduo cuando nos adentramos en plasmarlos con el ordenamiento jurídico. La profesora concluye con cinco ideas que tienen como basamento «ni todo lo que se hace en internet supone el ejercicio de la libertad de expresión ni del derecho a la información» (pág. 93). Siempre se ha dicho que Gran Bretaña ha sido pionera en la regulación; en este hecho ha ahondado Manuel Pereiro; nos recuerda que este estudio se debió a una estancia de investigación en «London School of Economics Political Science». La primera parte termina con «El derecho al olvido digital» de Emilio Guichot. Al aparecer nuevas tecnologías de la información, los controles se han transformado. Lo más interesante son las reflexiones a que llega el autor al final del trabajo (págs.136-140). Entresaco, «la acuñada dogmática sobre la libertad de información y su ponderación con el derecho a la intimidad, a partir de los criterios de la relevancia y la veracidad, se ha convertido en la clave para el diseño del nuevo ´derecho al olvido´».

La segunda parte es la más extensa con ocho capítulos-189 páginas- en los que hallamos un conglomerado de expresiones y palabras que ya de por sí nos dejan pensativos: libertad religiosa, libertad de expresión. odio, discurso sexista, Código penal, regulación audiovisual, políticas de igualdad, educación, calificación por edades, redes sociales, facilidad para su transmisión, mundo globalizado, intransigencia, derechos humanos, publicidad, machismo, etc.

El carácter mercantil lo llena todo con un referente nítido: la publicidad; el conflicto es menor; los poderes públicos si intervienen hay una estampa mucho más nítida, el control se hace llevadero y la autoregulación funciona mejor, sobre cómo establecerlos es el estudio que realiza María del Rosario Fernando, y los contenidos admisibles en materia publicitaria y cuáles no son analizados por Belén Andrés.

Los discursos de odio y los conflictos que sobresalen han hecho que el Código penal haya sido reformado, no olvidemos la discriminación sexista tan en boga en el siglo XXI impropia entre humanos y más en una sociedad avanzada. Cómo aunar educación y contenidos audiovisuales, más políticas de igualdad, el discurso de odio y la libertad religiosa, la protección de los menores de edad-la actividad sancionadora- son hechos que con sabiduría los podemos leer en los capítulos cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez. En realidad es el corpus que abandera esta segunda parte.

La tercera parte está conformada por reflexiones de la regulación-contenidos, limitaciones, riesgos- en España en las que se percibe el buen hacer y disposición de los que nos concierne. Así, no solo los contenidos audiovisuales sino también sus riesgos, y, a veces, sus limitaciones. Las herramientas jurídicas son esenciales para el desarrollo de los audiovisual, de ahí que la Administración pública debe estar atenta para superar cualquier anomalía.

Me ha llamado la atención de esta parte el capítulo catorce en el que Isabel Fernández Alonso desde la Universidad Autónoma de Barcelona analiza con nitidez e inteligencia «las actualizaciones más controvertidas en el contexto del debate secesionista (2012-2015)». El trabajo en sí rezuma sabiduría no solo porque nos acerca a un tema tan convulso y de actualidad sino también por el organigrama del mismo. Son nueve páginas que parten de la «Comunicación de la Comisión Europea al Consejo, al Parlamento Europeo, al Consejo Económico y Social y al Comité de las regiones» e, inmediatamente, aborda el «Consell de l´audiovisual de Catalunya», el primero en regulación audiovisual y «el que aúna más competencias, al ser, por ejemplo, el único que otorga licencias de emisión» (pág. 368). Para el que suscribe esta reseña ha sido una sorpresa que la autora haya tenido la valentía de descifrar y puntualizar lo que acontece en la Cataluña actual con claridad. Su capacidad intelectiva va más allá de un entusiasmo pasajero.

 

Ensayo

Luis Goytisolo recapitula en El sueño de San Luis

En su momento con la lectura de su Antagonía quedé prendado del arte de escribir; pensé que el autor no podría superarlo, y en ello estoy. En realidad, como ya he manifestado en varias ocasiones, con «los Goytisolos» el castellano se viste de hermosura, como la primavera esmaltada de flores; frase que ya he acuñado cuando he tenido que impartir docencia en las clases; siempre ha estado presente. Los tres configuran un estilo literario que te absorbe; ha pasado a la posteridad.

Con ocasión de la reedición de la primera novela Las afueras-cuando la editó era menor de edad-, Luis Goytisolo se enclaustra y nos ofrece una radiografía de todo su quehacer novelesco; recuerda y nos da unas serie de ideas que parten del subconsciente («se manifiesta con especial relieve en el ámbito de la creación artística y literaria», p. 9) incluidos aspectos íntimos y familiares. Estamos, por tanto, ante un ensayo en el que se aúnan lo autobiográfico y lo literario; experiencias para que comprendamos toda una trayectoria desde su tierna infancia, que parte de Las afueras, pero que prosiguió con la totalidad de su obra en lo estilístio, argumnetal y estructural.

Es reiterativo, pero la madre siempre sale a colación en los hermanos Goytisolo; y de hecho nos viene a la memoria si hemos asistido a conferencias y hemos leído la obra de los tres( José Agustín en El retorno, su poema famoso Palabras para Julia-aunque es para su hija, su madre se llamaba igual-; en Juan, en Don Julián y Juan sin tierra); en este ensayo, también la tiene presente al principio («La primera de estas cuestiones con la que me tropecé se refiere a mi madre, una persona de la que no guardo el más mínimo recuerdo; ni siquiera existe una foto en la que aparezcamos juntos», p. 12). La falta de ese cariño, el subconsciente, la huella de su madre o quién sabe, lo trae a colación en el capítulo cuarto de Las afueras, ya que el hijo del protagonista del capítulo cuarto se llama Julio-su madre se llamaba Julia-. De la misma forma-nos atestigua el novelista- hay referencias en Las mismas palabras, Antagonía, Oído atento a los pájaros. Queriendo o no, Luis Goytisolo mantiene como tema capital en su trayectoria novelesca el tema de la muerte, como algo que le revolotea con constancia.

El porqué de este ensayo está en el sueño que tuvo después de una conversación con Herralde «respecto a la publicación de esta obra» (se refiere a Las afueras). En definitiva, estamos ante una construcción literaria de las relecturas de su obra; aspecto que congratula al lector para una mayor clarificación.

Ensayo

Novela española del siglo XXI

El ensayo Novela española del siglo XXI nos ha traído una ráfaga de luz en tiempos en los que la novela parecía como desperdigada. La editorial Cátedra siempre atenta  a lo que ocurre nos ha proporcionado una ventana para esa mirada necesaria, no solo para docentes, aunque con buen criterio, el autor nos adelante que ya apareció «inicialmente en Ediciones  de la Universidad de Murcia en 2014» (pág.14). José María Pozuelo nos recuerda, humildemente, que no es «un canon», pero un estudio de tal cantidad de vericuetos de la novela actual sí lo parece; por tanto loores. No se trata como él advierte de la pura reseña periodística que con tanto ahínco realiza, sino algo más profundo; de ahí que nos pueda servir este ensayo de cabecera para observar por dónde discurre la novela actual.

He comenzado la lectura por el último capítulo titulado «La nueva narrativa española frente a la crisis». Es como el colofón, como el final y el principio de todo de la novela en un tiempo concreto en el que sobresalen estilos » que evidencian una notable creatividad»(pág. 373). Para el ensayista, la novela actual tiene su aposento en el realismo, existencialismo, esperpento, crítica  a la realidad cotidiana y «la construcción de fábulas distópicas». Todo un mosaico de elección de lecturas que, tal vez, desconozcamos o hayan pasado desapercibidas. Desde luego, para mí sí. Para un docente, no puede caer en saco roto.

El que haga mención en el frontispicio del capítulo a Pardo Bazán, Galdós y Clarín, además de Zola, Flaubert, Turgueniev es de agradecer porque parte de la crítica y un amplio espectro de la docencia no se enteran. Me refiero, claro, a los tres novelistas españoles porque de los otros tres se dan por hecho y se les cita a menudo cuando abordamos el positivismo, realismo y naturalismo. Con nitidez, José María Pozuelo despacha a los movimientos anteriores a la crisis-kronen y nocilla- como efímeros: «tras mucho ruido fuesen y no hubo nada (o hay poco)». En el marbete de la «novela de la crisis» contempla dos direcciones; la pura realista-de crítica social- en la que sobresale Rafael Chirbes con Crematorio y En la orilla.  Marta Sanz con Farándula. La edad media de  Leopoldo Cano. Y la otra dirección sería la conformada por lo que el autor denomina formas de la distopía-«de manera dialéctica la relación entre los personajes y el entorno»-, «con una valor crítico no menor». Destaca entre otros a Sara Mesa con Un incendio invisible; Isaac Rosa con La habitación oscura.

El resto de capítulos lo conforman Luis Mateo, Javier Marías, Enrique Vilas-Matas, Pérez   Reverte, Javier Cercas, Amudena Grandes, Manuel Longares, Soledad Puértolas, Martínez de Pisón, Menéndez Salmón, Clara Usón. Cada uno/a tiene su capítulo. Hay que añadir el  quinto dedicado a «La guerra Civil en la novela española del siglo XXI». En este reflexiona sobre distintas formas de abordar esas dos Españas que nos persiguen aunque no queramos teniendo como base algunas novelas » por la vía de la ficción» o por lo «memorialístico», que tiene su abrigo en los testmonios. Y a continuación desbroza cuatro razones concordantes por las que la novela refleja estos hechos. Resalto el segundo  por su importancia: el empuje de la novela histórica, su verdadero tipo, «enraizada por demás en la gran tradición española». Se refiere a Galdós, Valle-Inclán y Baroja, «los tres más grandes narradores de nuestra tradición del XIX-XX, seguidos luego por Arturo Barea, Max Aub, Sender, Benet y tantos otros» (pág. 252). La conexión con el pasado es nítida.

El ensayista ahonda, aún más, en las variantes estructurales «en cuanto a la modalidad de la inserción narrativa de los hechos de la Guerra Civil». Destaca como la más llamativa-analiza cuatro- la de la «proyección hacia el presente». Ejemplo: El hijo del acordeonista  de Bernardo Atzaga, El corazón helado de Almudena Grandes, Los libros arden mal de Manuel Rivas entre otros. Este capítulo lo termina con una evocación de Tu rostro mañana de Javier Marías con «responsabilidad que la literatura arrostra de ir más allá de la simple narración de unos hechos para preguntarse por el sentido moral». Es decir, la literatura como reflexión, como hecho existencial para abordar lo que nos acontece, bien basados en el pasado como en el presente para estar prevenidos y sirvan como formación.

Pozuelo Yvancos, J. M., Novela española del siglo XXI. Madrid, Cátedra, 2017

Ensayo

María Teresa León, todo un símbolo literario

Me enfrasco en la lectura de Palabras contra el olvido.Vida y obra de María Teresa León (1903-1988), ensayo de José Luis Ferris. Que vaya por delante, que de olvido nada, al menos por mi parte, puesto que en mi docencia siempre estuvo presente en el ensayo y en el periodismo-escribó mucho mejor que algunos/as que se creen, hoy, que lo hacen bien-y sobre todo, en el arte de enhebrar la palabra exacta, y menos la mujer de Alberti-eso lo suelen decir los que no leen, cuentan chascarrillos o se contentan con lo que dicen otros-. Evidentemente, que más de cincuenta años con el poeta gaditano están ahí, pero se beneficiaron ambos, por lo que eso de las mujeres del 27 y otras majaderías que a continuo oímos sobran. Incluso me atreveré a escribir, cuando al autor de este ensayo manifiesta que «aún siga siendo una gran desconocida» (pág. 16), que María Teresa León tiene nombre propio en la literatura y así hay que contemplarla y leerla; o mucho más joven, Monteserrat Roig, también ya muerta, y, sin duda, otras muchas. Hay que leerlas pero no por ser mujeres sino porque son extraordinarias y ocupan un lugar preferente en la literatura del siglo XX y en el periodismo. Los latiguillos sobran, ¿qué mas da que sea hombre o mujer? La humildad de María Teresa al definirse como «la cola del cometa» la hace más grande ( su hija fue nítida: «Ella y mi padre fueron dos cometas con luces paralelas…». Recordemos que María Teresa ya era escritora antes de conocer a Alberti y había publicado, también, en revistas y periódicos.

La biografía se lee con delectación; es un saber contar que se aprecia, y algunos hechos te alegran; por ejemplo me ha sorprendido que tan jovencita leyera a A. Dumas, V. Hugo y Galdós («A quien iba a echar de menos la pequeña era a don Benito Pérez Galdós. Había descubierto al gran novelista con apenas once años, en las lecturas secretas de la casona de Barbastro, al lado del tío viejo, solitario y loco, leyendo a Trafalgar. Tras el descubrimiento que le produjo aquella novela, escuchó de alguien que el escritor acostumbraba a tomar el sol en el Parque del Oeste madrileño. Y allá que fue María Teresa, de la mano de su madre, un día propicio para el encuentro: ´Nos acercamos a saludarle siempre. Sí estaba medio ciego. Nos acariciaba la cara. ¿Y esta niña? ¿Quién es? Es la hija del teniente coronel, ya te lo hemos dicho, le explicaba el sobrino que se llamaba Hurtado de Mendoza. ¡Ah, sí!, decía don Benito, volviendo a su silencio. El sobrino miraba a las chiquillas. Las chiquillas se dispersaban jugando y él tenía que quedarse junto a su tío ilustre, ya tallado como si fuera de piedra´, págs. 44-45).

Y cómo no, otro hecho que me ha alegrado es que cuando Alberti conoce a María Teresa, Ferris haga mención al Premio Nacional de Poesía de 1924 que fue otorgado a Alberti (el jurado: Antonio Machado, Gabriel Miró, José Moreno Villa, Carlos Arniches y Ramón Menéndez Pidal, pág.86). Y sin embargo, todavía, en libros de textos, en ensayos, en universidades, en colegios, en institutos, en oposiciones,  algunos/as docentes digan que fue «ex aequo». Me he cansado de propalarlo en las clases y en los escritos e incluso en este «blog»; pero todavía se mantiene no solo en lo escrito anteriormente sino, cómo no, en la radio y en la televisión como tantos errores.

Me viene a la memoria cómo el propio Alberti en el homenaje que se tributó a Antonio Machado en Baeza en 1983 aludíó al premio y al jurado, y evocó al poeta sevillano cuando se lo encontró en la calle General Arrando y se apresuró a saludarlo y darle las gracias; » no me tiene que agradecer nada, era el mejor»- le respondió Machado-;bien conocía Alberti este hecho porque Machado había olvidado su escrito en el libro: «Mar y Tierra. Rafael Alberti. Es a mi juicio, el mejor libro de poesía presentado al concurso». Ferris alude a que una vez juntos, «Alberti tuvo el detalle de regalar a María Teresa un objeto de gran valor personal. Se trataba de un ejemplar de su libro Marinero en tierra, ilustrado con sus manos, y que guardaba la sorpresa, entre la páginas de una nota olvidada de Antonio Machado en la que razonaba limpia y brevemente su voto para el Premio Nacional de Poesía de 1924. (…)». ´A veces, paso los dedos sobre la escritura de Machado desvaneciéndose, quisiera  detenerla. Rafael me hizo con este libro su primer regalo», pág.94). Cuando estuve en la Fundación Rafael Alberti en el Puerto de Santa María, hace tiempo, no me percaté de buscarlo por si estaba allí.

Tenemos que ser agradecidos con  José Luis Ferris por habernos recordado mucho, pero también por otros avatares que quizá desconocíamos-al menos, yo-. Las últimas líneas-la lucidez es tanta- que los ojos se vuelven acuosos. Su pluma eléctrica nos ha hecho ver con limpidez y altura la grandeza de María Teresa León- en la que inteligencia, talento, y estilo se aúnan-, que se necesitaba. Al final queda uno como en vilo, pensante, con la idea si alguna vez veremos publicado Amor en vilo, pero esto no mengua a María Teresa que tiene un cajón hermoso en la literatura.

Cuando escribo Amor en vilo me refiero al libro amoroso que escribió Alberti que no se ha publicado-aunque sí poemas sueltos-. No sé si esto sucederá alguna vez. ¿No sería lógico que a quien van dedicados estos poemas fuera la verdadera dueña del libro más allá de herencias, hechos judiciales o testamento si lo hubiere?

En realidad, el título Amor en vilo apareció por vez primera en las revista Los Cuatro Vientos para designar un puñado de poemas de Pedro Salinas. ¿Fue consciente el poeta gaditano de tal hecho? Esta pregunta no me la puedo contestar. Con el paso del tiempo, P. Gimferrer nos sorprendió con el mismo título Amor en vilo, en 2006. ¿Otra historia de amor? No olvidemos que después-o al uníseno- de la palabra libertad es lo más grande que tenemos los humanos.

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Ensayo

Encuentro con Eduardo Mendoza. Premio Cervantes 2016

El discurso de aceptación del Premio Cervantes 2016 terminó con la expresión «Seguiré siendo Eduardo Mendoza: de profesión, sus labores». Es decir, la escritura. El sábado, día 22 de abril en el Paraninfo de la Universidad Complutense, de nuevo el novelista se ha explayado sobre el arte de escribir, dentro de la VII Semana Complutense de las Letras. Ha sido como una ventana abierta a lo humanístico, a lo que nos ennoblece; nos hace más pletóricos, aunque no tengamos noticias de «Gurb» que tantas vueltas hemos dado los lectores/as; aún siendo  consciente de que a algunas personas les ha parecido más allá de lo irreconocible por usar un adjetivo lenitivo; pero como los lectores son los dueños a la hora de interpretar las obras e incluso,  a veces, se va más lejos de lo que en un principio quiso el hacedor, habrá que tenerlo en cuenta aunque raye alturas descollantes y difíciles de comprender; me refiero solo a este libro y no es mi opinión porque en el resto de su obra la claridad viene del cielo, así como el humorismo que desprenden desde ya su novela más famosa: La verdad sobre el caso Savolta que marcó una línea en el arte de novelar según la crítica más exigente y aquí no hay excepciones que se sepan, pero como nos recordó el novelista al principio fue rechazada por varias editoriales. Con el éxito, fue bautizado para entrar en la Jerusalem literaria.

Con puntualidad comenzó el acto en el Paraningo de la Universidad Complutense, sito en la calle San Bernardo de Madrid, antes fue noviciado de los padres jesuítas. Como aspecto chocante-al menos para mí- asistió un público que había cumplido años. Predominaba el género femenino, y en cuanto a la vestimenta sobresalían los colores claros, signo primaveral, salvo en los hombres que hemos evolucionado poco en el vestir con tonos grises en general. Digámoslo más nítido: el Paraninfo no se revistió de hermosura tal y como sucede en las investiduras de doctores donde los que acuden se ponen las mejores ropas, no solo el doctorando o los doctores que acompañan.

Me llamó la atención que a una pregunta de cómo se encuentra la novela, respondiera: «viva, muy viva». Es una nueva generación que busca «una nueva forma de contar la realidad»; y a renglón seguido «hay un público lector numeroso que permite que los escritores vivan de la literatura».

Resaltó a Juan Benet, que junto a otros «modernizaron y pusieron al día un castellano que se resentía del peso del XIX, a la sombra de Pérez Galdós». Se renovó el lenguaje de forma radical y fueron otras herramientas las que propusieron otra forma de narrar; por estos oteros surgió su obra, pero siempre como sustento a Tolstoy, Dickens, Balzac y La Biblia.