Blog

Personales

Notas encontradas, hoy, en aquel curso (cuarto de Filología Hispánica) en la Universidad Complutense 1

Lope de Vega. Caso único, La voz del alma de las gentes. Un símbolo viviente. Bebió de la personas para luego convertirlo en obra de arte; devolvió lo que vio y sintió. Época y sociedad aunados. Cervantes y Lope sintetizan la dualidad Renacimiento/Barroco. Lo creativo de su obra, además de vital, va más allá de un lugar hasta llegar a toda la historia humana. El clamor «esto es de Lope» se hizo popular, que hoy prosigue.

Los versos de su Epístola a Amarilis son todo un símbolo de su fuerza sentimental:

En fin, por celos soy: ¡qué nacimiento!

Imaginadle vos, que haber nacido

De tan inquieta causa fue portento

En su mente reverdecía, siempre, el «despecho» de Elena que respondió con composiciones hacia la familia, tal vez, exageradas y ofensivas. El destierro a Valencia no le importó. Prosiguió lo que le dictaba el corazón y raptó a Isabel-que se casaría por poderes-, no podía de otra forma por su exilio. Al alistarse en la «Invencible», recordaría a su mujer con el nombre de Belisa («las aguas crecen Belisa / llorando lágrimas tiernas/ diciendo con voces tristes / al que se aparta y la deja»).

A su vuelta de la expedición, recoge a su esposa y se instalan en Valencia. Cumplida la sentencia marchan a Toledo y Alba de Tormes, lugares en los que disfrutó de tranquilidad y felicidad. Solo amargada por la muerte de su mujer al nacer su segunda hija, que moriría tempranamente. Vuelta a Madrid del que no debió salir. Pero el corazón pudo más y se le procesó, otra vez por amancebamiento con la sin par y bellísima viuda Antonia. Otro matrimonio con Juana. Con esta nueva forma de vida, es cuando Góngora, -«qué sabrá lo que es amor»- lo avasalla con sátiras más que dolorosas («Por tu vida, Lopillo, que me borres/ las diez y nueve torres de el escudo/ porque aunque todos son de viento, dudo / que tengas viento para tantas torres«. Por el contrario, Lope lo admiraba: «Canta, cisne andaluz, que el verde coro / del Tajo escucha tu divino acento».

Llega un momento en que su corazón estalla cuando se acerca a Micaela de Luján; poco importa si fue antes o después de casarse. Su corazón pudo más para inmortalizarla bajo el nombre de Lucinda-«y si tienes Lucinda mi deseo/ hálleme la vejez entren tus brazos/ y pasaremos juntos el Leteo»-. Azules son sin duda sus dos cielos. Vida me da su luz / su color celos. Casada y con dos hijos; su marido se marchó a Perú. Con Lope tuvo cinco-tres hijas y dos hijos-. Y mientras, Juana en Toledo con la que tuvo un hijo y dos hijas. Grande en todo. No abandonó a nadie y menos a sus hijos. Su pasión la desbordó y querencia. Ninguna mujer lo dejó, salvo Elena. La naturaleza pudo más. Casi al final de su vida se aposentó en una espaciosa casa con huerto que hoy podemos visitar. Al morir Juana, vinieron a vivir con él Lope Félix y Marcela-su hija predilecta-, del fruto con Micaela. Por si faltaba poco, su alma y pensamiento se unieron y decidió ordenarse sacerdote. El profundo sentimiento religioso se aunó a la portentosa pasión que cifró la naturaleza. Lo insólito se apoderó de él y la envidia de tantos; corría mayo de 1614 cuando dijo su primera misa en el convento de las carmelitas descalzas, en el mismo lugar en que se había enterrado su esposa. Si nos enseñaron en el Catecismo a los cristianos-católicos que el sacerdocio imprime carácter, poco le importó que el amor le visitara de nuevo en 1616; lo aceptó. Fue tal el arrobamiento, la fuerza amorosa que lo acogió con un viento que se lo llevaba en volandas, aun sabiendo que para el resto era «amor sacrílego» hacia Marta, «sus ojos verdes» penetraron en su alma; ya no podía volver atrás.

Sí, claro, sacerdote; pero la naturaleza lo eligió para una cumplida certeza de amor que nombrará como «Amarilis». Alma y cuerpo de mujer juntos. Se le exigía goza, goza. Es la vida. La alegría de Lope fue inmensa cuando murió el marido de Marta. Lo celebró y ya Marta pudo venirse a su casa para la convivencia deseada. Fruto de este amor apasionado nació la bellísima Antonia Clara. La naturaleza fue injusta con Marta; más o menos por 1628 perdió la razón, y antes se quedó ciega. Cuatro años de tormentos en los que Lope siempre estuvo a su lado. La esmaltó en unos versos para la posterioridad que hoy recordamos: «No quedó sin llorar pájaro en nido, / pez en el agua, ni en el monte fiera, / flor que a su pie debiese haber nacido / cuando fue de sus prados primavera; / lloró cuanto es amor; hasta el olvido / a amor volvió, porque llorar pudiera; / y es la locura de mi amor tan fuerte, / que pienso que también lloró la muerte».

Unos años después también le llamó la muerte, después de recibir los sacramentos, firmara su testamento y nos dejara para la posteridad ( «La verdadera fama es ser bueno. Trocara cuantos aplausos había tenido por haber hecho un acto de virtud más en esta vida»), un 27 de agosto de 1635. El entierro pasó por delante del convento de las Trinitarias, a petición de su hija Marcela, que quería verlo por última vez. Nueve días de honras fúnebres para el «Fénix de los ingenios». Fue enterrado en la iglesia San Sebastián de la calle Atocha de Madrid, En el siglo XIX lo trasladaron a una fosa común (un verdadero crimen para una gloria nacional).

Coda: a modo de constancia recordemos también sus Rimas sacrasCuántas veces, Señor, me habéis llamado, / y cuántas con vergüenza he respondido, / desnudo como Adán, aunque vestido / de las hojas del árbol del pecado!) . (Cuando en mis manos, Rey eterno os miro»…). Y los más famosos que aprendimos de memoria en el bachillerato: «Qué tengo yo que mi amistad procuras? / ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío / que a mi puerta cubierto de rocío / pasas las noches de del invierno oscuras ?

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Coda, 2 no olvides, si te ha servido, colaborar con un «bizum», aunque sea módico, al 637160890. Llevo pagando la página abierta quince años, y más de 300.000 personas se han acercado ; es la primera que pido tu donativo. Al final de año, informaré de lo recaudado. Gracias.

Teatro

Fuenteovejuna

¡Es Lope! ¡Es Lope! ¡Es Lope! Es el grito de la dramaturgia. La representación se puede ver en el Teatro la Comedia de Madrid, lugar sagrado de las obras imperecederas.

En realidad, con Fuenteovejuna a Lope se le puede considerar como un genio universal con esos caracteres de la obra con que llega a las gentes que la pueblan; no se detiene en una persona sino que penetra en todas al unísono con una intensidad que eleva el espíritu. Su creación dramática va a lo innato, a lo profundo, al sentimiento que anida en los seres humanos para elevarlos, para exaltar la dignidad como asidero; no importa que rompa con lo que está escrito, con lo consuetudinario, si va en contra de lo humano. Lo que parece revolucionario en sí, se troca en verosímil, para derribar a la vieja concepción de leyes para superarlas. Lo despótico no cabe en la sociedad, por eso hay que derribarlo. La tiranía no puede vencer («Juntad el pueblo a una voz, / que todos están conformes / en que los tiranos mueran»). Es Lope quien habla, sin duda. Su grandeza lo eleva a lo más alto del teatro nacional. Es el pueblo, la base común de la sociedad y a ella Lope se entrega, consciente de su organización, de ahí su disidencia. Su «Fuenteovejuna lo hizo» resuena y se apodera de los pensamientos. El alarido es notorio hasta anidar en las conciencias de las mujeres («Caminad que el cielo oye. / -¡Ah, mujeres de la Villa! / ¡Acudid por que se cobre / vuestro honor, acudid todas!).

La interrupción de la boda de Laurencia y Frondoso para apresarlos es clave. Laurencia escapa del Comendador; ante la pasividad del pueblo levanta la voz (» ¿Vosotros sois hombres nobles? (…). Ovejas sois, bien lo dice / de Fuenteovejuna el nombre«). Se enardece y los llama gallinas, cobardes, bárbaros (¿»Para qué os ceñís estoques?»). Todo tiene respuesta airosa. Todos a una voz claman «los tiranos deben morir«. Que caigan las normas que obstaculizan el derecho humano; lo ideal sin violencia, pero sí con el diálogo.

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Novela

La casa de las orquídeas

El conocimiento de una pequeña isla de las Antillas británicas, Dominica, nos retrotrae a un cierto colonialismo europeo, pero también qué subyace de los encuentros en ese mar tan lejano, y si hubo fusión entre las personas que estaban con las que llegaron. El protagonismo estriba en tres hermanas que regresan a la isla tras casi toda una vida en el exterior. Su antigua niñera es clave, les recordará las vicisitudes de lo que fue y lo que permanece. Poco importa si detrás hallamos a la autora de la novela, Phyllis Shand Allfrey (1908-1986),o, al menos, su universo familiar y social. Es evidente que realidad y ficción se dan la mano para llegar a describir un paisaje embriagador, exuberante y una sociedad heterogénea.

«BELLEZA y decadencia, belleza y enfermedad, belleza y horror: eso era la isla«. Con estas dicotomías comienza la edición de Lourdes López para acercarnos a La casa de las orquídeas (1953) durante el Impero británico en la primera mitad del siglo XX. Un dato esclarecedor para entender en toda su dimensión la novela es que las orquídeas «eran las flores más preciadas por su peculiar belleza y elegancia» y, por ende, asociadas a las gentes privilegiadas económicamente-«cuando invitaba a los amigos ingleses y americanos que se dejaban caer desde yates o cruceros para ver su orquídeas y sus jardines»-, pág. 95.

Estructuralmente, la novela consta de catorce capítulos, divididos en cuatro partes tituladas «Los días anteriores»-tres capítulos- «La señorita Stella vuelve a casa-cuatro capítulos-. «Regresa la señorita Joan-cuatro capítulos-. «Llega la señorita Natalie-tres capítulos. «Sentía añoranza. Quería escribir un libro sobre una isla«. Así de nítida se presenta la autora. Un sentimiento revolotea su mente y quiere escribirlo; lanzar al mundo su pensamiento de su isla con toda crudeza. Al lector /a no se le escapa que estamos ante el retorno a la isla en que creció la autora y sus hermanas. La relatora es Lally, la niñera que las cuidó (Stella, Joan, Natalie). Cuenta la historia de la casa, el pasado colonial, sus raíces, el recuerdo del padre, un opiómano, que vuelve de la primera guerra mundial. La remembranza se deja traslucir; el anuncio de que llegan las niñas, después de tanto tiempo. Es la historia de la familia encabezada por «los días anteriores». Ya en las primera líneas se nos narra en qué iba a trabajar la criada; la señora «volvió con una cesta en la que había un bebé». Era la señorita Stella-«la niña más bonita que había visto jamás«-. El recuerdo de las tres niñas se hace presente, que ya se habían casado. Stella con granjero alemán y vive en Nueva York. Joan, con un voluntario de las brigadas internacionales en la guerra civil española y vive en Inglaterra, y Natalie con un caballero inglés. mayor, pero rico. De alguna forma es la encargada de ayudar a sus hermanas.

«La señorita Stella fu la primera en volver a casa«, así comienza el capítulo cuarto. Su llegada fue satisfactoria. La relatora se detiene para describirla una tarde en que la placidez se adueñaba del entorno: «Estaba tumbada (…), respirando hondo y estirando las piernas desnudas sobre la hierba espesa.«. Su hijo, llamado Hel, estaba a su lado, entretenido («Estaba callado, el gracioso niño rubito, pero cunado hablaba su voz era un leve quejido dulce«), pág. 145.. Su vuelta era necesaria, quería saber, recordar y dar las gracias por tanto. Al final de estos años anteriores, hay un párrafo ensoñador, sentimental, que ahonda en el espíritu de la relatora que jamás olvidará de la señora, el señor y sus niñas por encima también de sus dificultades, vuelven » a aflorar ahora que soy vieja y estoy ociosa (,,). Mis días no eran míos y vivía mi vida a través de otras personas». La expresión gritada por Joan- con su hijo en brazos-: «¿ Lally, Lally, te acuerdas»?, llenó todo su corazón y casi estuvo de derramar alguna lágrima de emoción. Pero, también, tuvo que soportar con sorpresa lo que le espetó muy al final Natalie: «Lally. pareces una solterona blanca de principios de la época victoriana«, pág. 300. Lo peor en esta vida es la ingratitud. El dinero obnubila las mentes.

El regreso de la señorita Joan estaba al llegar; era necesaria. El barco en el que vino «era uno de esos barcos caprichosos que llegaban cuando les parecía». Trajo a su hijo Ned, y como equipaje «tres cajas llenas de libros, una maleta grande y otra pequeña, y una bolsa de red llena de de juguetes y de artículos de aseo», pág.225. En los viejos tiempos fueron descritas como «Stella la conmovedora, Joan la temeraria, y Natalie la tenaz», pág. 311.

Faltaba la más joven y a la que en parte la vida le sonreía: la señorita Natalie. Son los tres últimos capítulos; en el primero, comienza: «La lluvia que no cesó en lo que quedaba de semana, cayó como un velo casi opaco; lo cubría todo y nos mantuvo en un limbo pacífico y aguado», pág. 271. Ned, dormía. Su madre Joan charlaba en la despensa. «En las laderas de las montañas caían los arroyos con un rugido suave». La sorpresa salta cuando se le recuerda a Joan que fue « un miembro importante del Partido Laborista, allá en Inglaterra», aunque se matice que no pintaba nada en la política, que era una trabajadora de poca monta, pero sí se recuerda que su marido Edward estuvo en la guerra española de 1936 como voluntario brigadista («cuando atravesó el río Ebro a nado con esas preciadas balas en los bolsillos») . El «tu tía Natalie viene mañana» cobra todo su vigor, se la esperaba como agua de mayo. Nadaba en la abundancia. El ahí viene el hidroavión de la tía Natalie era como una esperanza pero también de zozobra el aterrizaje, que fue en el mar «y Natalie ha sabido recoger los amarres con gran destreza». Natalie fue descrita como guapa. divertida, vividora, ensoñadora, huidora de los andrajosos, débiles, de la política, bebedora de lo mejor, bailadora, embriagada de dinero eso es lo que admiraba, lo demás no iba con ella.

La huida es descrita por Lally como la intercesora que pone paz, tranquilidad, después de tantos sobresaltos. El hidroavión surcó los cielos-simbolizaba la vuelta a la vida-. La resistencia del padre fue enorme; solo mirar al aparado le horrorizaba. Para él eran «máquinas diabólicas. El «tienes que venir» de su hija» y el imperativo de la voz del hijo de Joan, Ned, con «Abuelo, ven» que iré contigo calmó la situación. Se agarraron las manos todo el camino.

El final es un diálogo esclarecedor entre Joan-fascinada por la naturaleza en la que nació- y Lally. Joan promete no dedicarse a la actividad política en la isla y estar al lado de su marido e hijo. A la pregunta «¿qué decía en esos telegramas a Inglaterra? -«Se lo envié a Eduard, le pedía que viniera». El cómo conseguiría el dinero para llegar a la isla. La respuesta fue tajante: «Natalie me dio el dinero«. Las diferencias sociales no importaron tanto para la ayuda, pero sí se percibe que la «niñera» tenía una cierta predilección por Stella-sin duda, la más nostálgica de su tierra-, aunque de su boca saliera la expresión «las quiero a todas», era algo inherente que estaba en su corazón.

«Había abierto mi otra puerta, la que daba al patio, y dejó entrar el verde eterno, el azul de las montañas y el del cielo azul, el perfume de tantas flores, la altura de las palmeras y de todo un carnaval de pequeños insectos», pág. 330. El joven Ned está llamado a reparar los errores que se hayan podido cometer, «el que nos sobrevivirá a todos, vendrá a vivir aquí».

—–Shand Allfrey, PH., La casa de las orquídeas. Madrid, Cátedra, 2025, 330 págs.

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Coda: no olvides, si te ha servido, colaborar con un «bizum», aunque sea módico, al 637160890. Llevo pagando la página abierta quince años, y más de 300.000 personas se han acercado ; es la primera que pido tu donativo. Al final de año, informaré de lo recaudado. Gracias.

Ensayo

Diario del año de la peste. Daniel Defoe

Entre lo periodístico y lo histórico podemos enclavar este ensayo, sin que falte lo ficcional; es la única forma de llegar a lo que supuso la epidemia de peste en aquel Londres de 1665 cuando el genial escritor apenas tenía seis años. Lo excepcional siempre hay que tenerlo en cuenta y más si su estilo es «excelso».

Siempre que releo o me cuerdo de este Diario del año la peste, (1722) me viene a la memoria el también ensayo periodístico Una industria que vive de la muerte de Pérez Galdós. Con estilo también admirable en que la ficción se hace arte como ocurre en el texto literario. La diferencia estriba en que Galdós fue testigo de la peste que asoló Madrid en 1865, mientras Defoe tenía unos cinco años, y posiblemente fuera su tío Henry Foe quien le proporcionó datos y hechos ocurridos para poder hilvanar para la posterioridad la negrura de la peste bubónica que mató a tantas personas-97000- en ese año fatídico. espantoso-«era frecuente que la gente cayera muerta por las calles«, en Londres.

La creencia por parte de la gran mayoría de que era un castigo divino corría de boca en boca-«la vara del Todopoderoso para castigar los desacatos impíos de los hombres«-. Un refugio consistió en ponerse en manos, en la protección del Todopoderoso. Creyeras o no, era una defensa para no sucumbir ante la terrible desdicha. Defoe tuvo su propia opinión, lejos, claro, de la cólera divina y se basó en lo que se sabía de la medicina, o de los tratados publicados. El editor de la edición matiza: «Defoe subraya el el reconocimiento de la intervención divina en los asuntos divinos, pero dotándolas de tintes racionalistas y sustentándola en postulados científicos«, pág.48. Sea como fuere, Defoe ha quedado para la posteridad como el gran novelista inglés y el periodista que se acercó a los hechos como si fuera un reportero de los acontecimientos acaecidos de un instante histórico; poco importa que el origen de la epidemia de la peste fuera extranjera. Su obsesión se circunscribe a Londres con un mapa certero. No nos extraña que García Márquez lo tuviera como de cabecera en sus lecturas. James Joyce describió el estilo del Diario como «magistral». Entre periodismo y novela se puede colocar el relato que nos retrotrae a un hecho calamitoso, ominoso, a una ciudad perpleja sin saber las causas, el martirio de tantas muertes. La dualidad ignorancia y exaltación aumentaba sin más. Fue el terror y el miedo a la peste.

Al principio la gente mostró su preocupación por los hechos que se sucedían, fundamentalmente «en la última semana de diciembre de 1664«; pero, sobre todo, se tuvieron en cuenta los entierros que «aumentaban de manera considerable«, que proporcionaban las parroquias. La preocupación se agigantaba semana tras semana. No había otra forma que salir de la ciudad. No fue fácil, la petición para obtener salvoconductos o certificados de salud para la salida fue enorme. Lo mejor era la huida para que la peste no les infestara.

Destacaron «las disposiciones relativas a la epidemia de peste compuestas y publicadas por el alcalde y regidores de la ciudad de Londres, 1665«. El eje vertebrador fueron las parroquias en las que destacaron inspectores, vigilantes, guardianas, cirujanos, enfermeras. Así como los preceptos relativos a las casas infectadas, aislamientos de los enfermos, saneamiento de los enseres domésticos, entierro de los muertos, limpieza de las calles, coches de alquiler, basureros, etc. No quedó nada para que la epidemia no prosiguiera y se cortara. Todo estaba recogido en normas, incluso las enormes fosas que se construyeron.

Es sobrecogedor la estampa de la madre que muere en el parto y el niño nace muerto. Cuando la nodriza se presentó halló al hombre sentado con la mujer muerta «y tan abrumado por el dolor que murió unas pocas horas después sin ningún signo de contagio, tan solo hundido bajo el peso de su profunda pena», pág.259. Incluso algunos, «incapaces de soportar el tormento, se tiraban por las ventanas o se pegaban un tiro». La variedad de actitudes que la gente adoptaba se debió al sufrimiento al no poder calmarlo.

Cuando la peste comenzó a remitir, el pensamiento de las gentes se mantuvo en que: «Nada salvo la intervención divina, nada salvo su omnipotencia, podría haberlo logrado». La desolación ya huía y se apoderaba la idea de que el censo de muertes iba disminuyendo. El cambio de los rostros de las personas podía percibirse. Con sonrisa de gozo, en las calles, se apretaban las manos. Las ventanas de las casas comenzaron a abrirse para saludar al vecino. Era un resurgir a la dicha. Fue el lloro de alegría.

La última página descifra, nos aclara, la terrible peste; pero también la luz, el resurgir de una capital que deslumbra, de nuevo. La imagen del Fénix representa el poderío con que se reviste su Londres. Había que volver al cauce esplendoroso, de ahí que concluyera con unos versos «que yo mismo compuse«. Fue la alegría de estar vivo. Parecía como si fuera todo maravilloso. Es como un sueño. El ¡«Alabado sea Dios! fue la expresión más usada en las calles entre los que sobrevivieron. Fue el saludo fraternal como agradecimiento.

Defoe, D., Diario del año de la peste. Madrid, Cátedra, 2025, págs. 410. Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Coda: no olvides, si te ha servido, colaborar con un «bizum», aunque sea módico, al 637160890. Llevo pagando la página abierta quince años, y más de 300.000 personas se han acercado ; es la primera que pido tu donativo. Al final de año, informaré de lo recaudado. Gracias.

Poesía

Poesía clandestina y de protesta política del Siglo de Oro

Acabo de terminar un libro hermoso en que la lectura se adueña de sapiencia en un camino placentero según vas conquistando la narrativa suprema de El verano de Cervantes de Muñoz Molina, galdosiano y cervantino; dos adjetivos que pocos han conseguido. Cuando supe de la publicación de este libro excelso-Seix Barral, junio, 2025– dejé a un lado otras lecturas y me puse a disfrutar y a recordar Don Quijote a la vez que me nutría de los hechos capitales que Muñoz Molina enhebraba de tantos lugares y escritores que tuvieron a Cervantes como asidero para entender el arte de la novela. Muchos aspectos quedan en mi memoria de la lectura, peo solo voy en estas líneas a resaltar; «Solo la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo»; eso sí apostilla que «Francisco Rico, que sabía tanto, corrigió uno de los muchos errores de la primera edición (…), para él debería leerse ligera más que el viento«, págs. 437-8.

—————————-

Desde otra atalaya, me acerqué a otro libro en el que el adjetivo «clandestina» me llamó la atención y más cuando se trataba de poesía que a ser sincero desconocía. Faltaba una Antología que cubriera la poesía crítica escrita en la clandestinidad en un momento cumbre de la literatura castellana que hoy se necesita reverdecer. Congratulémonos de estos textos que nos brinda la editorial Cátedra para comprender mejor un período capital de nuestra literatura.

No sé si fue «descuido habitual». Lo primordial es que en el siglo XXI tenemos la oportunidad de acercarnos «a los más de un centenar de textos» que marcan un tiempo de asombro y agitado en tres reinados. El estudio de don Ignacio Arellano nos abre otra ventana de esta poesía para dar carpetazo con su seria investigación a que entre aire fresco para comprender mejor lo que se generó en una momento determinado que parecía que estaba amortecido.

La anonimia era lo más certero; no demos más vueltas; lo primordial es su lectura, más allá de esto o aquello; es como apunta el editor «un rasgo constitutivo del género, con la principal excepción quizá del conde de Villamediana» . Con la fuerza testimonial: » La mayor parte de estos poemas nacieron anónimos y anónimos han de quedarse; hay que tener en cuenta que estamos ante unas circunstancias históricas concretas e enriquecedoras en el plano literario para conocer la realidad».

En cuanto a la estructura está bien delimitada en tres partes; la primera, reinado de Felipe III y transición. Ciclos de Villamediana y del duque de Lerma. La segunda, otras varias poesías. Reinado de Felipe IV. Ciclo de Olivares. La tercera: reinado de Carlos II. Apéndice. Varia. Sin datación. A todo esto hay que añadir Anexos. Fuentes textuales. Índice de primeros versos. En la primera, se alza el soneto «A Inglaterra» con ese don humorístico referido al rey Felipe IV ( «Bautizamos al niño Dominico, / que nació para serlo en las Españas»). Aparte de la crítica por los gastos de hubo. El primer verso del segundo terceto no ofrece dudas («Quedamos pobres, fue Lutero rico»). La metonimia, como apunta el editor, es nítida. Detrás de Lutero, subyace la herejía; en este caso inglesa». La segunda comienza recordándonos una relación que tuvo el rey Felipe IV a sus veinte años con la marquesa de Charela; «Pasajero, esta que ves / casa no es lo que solía. / El rey la hizo putería / para convento después. / Lo que ha sido y lo que es / aunque con roja señal y título en el umbral, / ella nos dice y enseña / que casa en que el rey empreña / es la Concepción Real». En la tercera, es famoso el soneto del confesor de la reina Mariana de Austria: «Que los jesuitas oren, bueno y santo; / que conviertan las almas, santo y bueno; / pero que quiten a la reina el manto / no lo tengo por santo ni por bueno». Es el primer cuarteto, en contra de Nithard. Al final, sería desterrado.

Don Ignacio Arellano expresa nítidamente en la introducción que realiza lo que representó esta poesía: «una sátira aristocrática, impulsada por las élites cortesanas, pero que se proyecta sobre las masas para crear o manipular la opinión pública», pág. 49. Sin exceptuar a los monarcas, los insultos, las calumnias, los reproches fueron el común denominador de los que tenían algún poder. No me extraña que esta poesía fuera clandestina.

Coda: no olvides, si te ha servido, colaborar con un «bizum», aunque sea módico, al 637160890. Llevo pagando la página abierta quince años, y más de 300.000 personas se han acercado ; es la primera que pido tu donativo. Al final de año, informaré de lo recaudado. Gracias. Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Poesía clandestina y de protesta política del Siglo de Oro. Madrid, Cátedra, 2025, 420 págs.