La evocación es necesaria aunque no llegue el mensaje y más a tanta distancia-supongo por los mares del Sur, allá donde el mar da la vuelta- o quién sabe. Todavía recuerdo la expresión: ¿te gusta que te traiga por un viaje que ibas hacer a India una camisa ?; te respondí que no me gustaban-casi sin conocer esa prenda-, que no hacía falta. Gracias. Fue mi torpeza al no entender el galardón. No capté el mensaje. Poco importa, ya. A pesar de esta globalización, a veces, no es tan fácil el encuentro; solo en la imaginación se asientan las remembranzas, por eso te escribo, aunque ya dejé en este «blog» un relato en el que eras el centro con más detenimiento pero dentro de la sombra que solo cobija y llegue a quien va dirigido.
Ya la palabra deseada no es el nombre «exacto de las cosas», nace de lo más profundo del alma, de la vida interior que asoma en nuestra forma de ser y pensar, la fuente de la que nos alimentamos, es cuando el alma y la carne se aúnan, se hacen palabra para enaltecer el sonido del silencio; es la luz que no se extingue aunque en lo inicial se asemejara al «cirio pascual». Cuando queda el rescoldo entre las cenizas puede que vibre en algún momento ante lo insólito distancial.
¡Qué dicha! Mi ser destila belleza, sentimiento a borbotones con el deseo de la otredad, qué importa el resto; lo primordial es tener «olio en la aceitera» y proveerla para que no se extinga, atizar la fragua. La soledad no es destino y menos si se produce acompañado/a. Es la peor, sin duda. Mirarse nos ahonda en ese mar en el que el aire suspira, se llena de estrella con olor a primavera, a tomillo, a zarzal florido, a hierbabuena, a golondrina, a la búsqueda del tú que no se pierda. Ahí está la estrella que electriza, el fuego candente, entero, reluciente, enredado en tu pozo ardiente y profundo, sagrado, para el goce entre el tú el yo. Es el infinito pletórico de belleza, de eternidad.. Qué más da que sea ensoñación ante la distancia, el olvido, sin nombrarte.
Nos distanciamos tanto en la barca ante la inmensidad del Mediterráneo que no oímos las voces que se agolpaban, pero al mirar hacia atrás observé imágenes difusas en la tarde mortecina pero veraniega que requerían la vuelta; era la hora de amarrar; con resistencia denodada nos propusimos regresar, no sin sobresalto, y quizá temerosos de la fuerza del agua que no nos permitía avanzar. Según veíamos la tierra sentimos la alegría de nuevo. ¡Qué tarde tan bonita! ¡Qué tarde tan plena!
Para que esta «página literaria» mejore, atrévete a colaborar con un «Bizum» al 637160890. A final de año daré cuenta de lo recaudado
Antologías necesarias en el siglo XXI para no perder la esencia de la poesía bien hispánica o bien universal. Eran necesarias ambas ya que se remontan la hispánica desde siglo XI hasta hoy, y la universal desde 2500-2000 a. C., cual Bíblia poética para tenerlas cerca. La editorial siempre atenta a lo imprescindible como fundamentales para el pensamiento y lucidez literaria.
La breve introducción, de apenas diecisiete páginas, contribuyen a una lectura sosegada de los poemas seleccionados. En las primeras líneas nos recuerda el editor Viaje del Parnaso (1614) cervantino para decirnos qué significa el infinitivo canonizar. «Los aguijones de la crítica» solo pueden venir de personas celosas, inanes ante la poesía, con estos hay que contar pero que aportan poco. De todas formas queden los versos cervantinos (…»pero con los demás, sin duda alguna, / pródigo de alabanzas anduviste», pág. 42). Lo sublime es lo que permanece y nos ayuda en este camino existencial. Lo que pretende el editor es nítido: «se trata de concebir y, por tanto, de recibir esos libros que llamamos antologías, de la relación que guarda sus génesis con los lectores». El editor nos advierte, también, de que «una antología de carácter panorámico, como lo es esta, tan solo puede ser recibida hoy mismo con una perspectiva crítica que anda todavía teñida de consignas, afiliaciones de carácter estético sobre todo cuando al siglo XX nos referimos», pág. 49. El problema radica en que, a veces, se critica sin haber leído totalmente una obra. No es de recibo, y más si hablamos de antologías. He aquí el mal.
Para configurar la introducción, el editor se apoya en una septena: La antología como libro nuevo, como abreviación, como síntesis, como presentación, de urgencias, guía de lectura, libro de texto, de la historia literaria. En esta apostilla que una antología sale para «resistir», «de pervivir en el tiempo», «aunque dicho privilegio no esté en sus manos, ni tampoco en la de los lectores que le son contemporáneos», pág. 41.
Si los poemas hispánicos fueron un acierto en la selección no menos son los universales; son poemas escritos en otras lenguas que no son la castellana pero con traducciones en el ámbito de la perfección, como apunta el editor «son traducciones en la misma medida en la que es un antología de poesía universal», pág.36. Una muestra grandiosa, sin más. Para el que suscribe estas líneas al ver algunos me ha alegrado porque parece que estaban en el desván sin que se viera el resplandor; por ejemplo, los libros de Elizabett Barret: Son una delicia que ya dejé mi admiración en la reseña del libro Aurora Leigh del que el editor ha extraído algunos versos del quinto. Impresionante, otro libro para la eternidad. Es una obra que hay que leer de vez en cuando.
Los poemas universales seleccionados provienen por orden de presentación de la poesía acadia sumeria, griega, lírica griega arcaica, erótica griega, Casia de Constantinopla, Bizantina del siglo XI. Poesía latina. Poesía China, poesía china,a.C.. siglo XX. Poesía árabe, italiana, portuguesa, francesa, rumana, inglesa, alemana, poesía griega moderna, polaca, rusa. En la exigua introducción nos recuerda con firma de Yves Bonnefoy que «el punto de partida del traducir, no es la causa sino la consecuencia de las traducciones». Y da rienda suelta en las líneas finales de lo que ha pretendido con esta edición: «una antología de traducciones en la misma medida en la que es una antología de poesía universal traducida», pág.36. Un viaje al conocimiento de todos los tiempos en los que la literatura es una luz destellante en sus diversas lenguas con transmigración a la castellana.
Si bien es cierto que ninguna antología puede quedarse quieta, esta es de lo mejor que se ha publicado por lo menos para el que suscribe estas líneas. Casi al final de esta introducción con severidad por si todavía no se ha entendido lo que se pretende lo vuelve a recalcar: «No se trata tanto de vaticinar el futuro como de hacer una proyección, desde el presente de la antología, acerca de las lecturas que pervivirán o que serán fundamentales para entender una época literaria», pág. 49. En la nota treinta y cuatro de los Poemas de las letras Hispánicas resume la cantidad de poemas: «Se trata de una selección de cuatrocientos poemas: cincuenta de la Edad Media, cien de los Siglos de Oro, cien más de los siglos XVIII y XIX, y ciento cincuenta del siglo XX, alguno publicado ya en nuestro presente siglo XXI».
Toda una transparencia, digna de admirar, para los/as posibles lectores para que conozcan la verdadera realidad de esta antología única con el afán de perdurar con treinta y cinco notas a pie de página, más catorce de los poemas universales, extensas y aclaratorias en clave docente como punto final con trescientos poemas seleccionados.
Ruiz Casanova, Joé F., (ed.). Poemas de las letras hispánicas. Madrid, Cátedra, 2023, págs. 701
Ruiz Casanova, José F., (ed.). Poemas de las letras universales. Madrid, Cátedra, 2023, págs. 542
Para que esta página literaria mejore, colabora con un «Bizum». aunque sea módico, al 637160890. Al final de año daré cuenta de lo recaudado
Cuando se lee o se escribe de la Ilustración española uno de los literatos que nos viene a la memoria en poesía y teatro-«obsesiones irrenunciables»- es Leandro Fernández de Moratín por su esfuerzo en renovar la estética neoclásica. En esa estampa literaria lo contemplamos.
En una edición cuidada de la editorial Cátedra podemos leer sus Poesías. Y antes una excelente introducción de 195 páginas para situarnos en lo que supuso el contexto de la obra. Cuatro apartados lo conforman con los títulos: Vivir, tal vez soñar, morir. Clasicismo contra nuevo culteranismo: acalófilos y galo-salmantinos. Una manera clásica de entender la poesía. Variaciones sobre el tema clasicista: un modelo neoclásico. El editor nos aporta al final 1698 notas que nos sirven para aprender, aclarar todo un trabajo de investigación bien hecho.
Es plausible las observaciones e importancia, que hace el editor (pág. 53), del poeta extremeño Juan Menéndez Valdés en la poesía de Fernández de Moratín. Esa fuerza filosófica y amatoria con la búsqueda de la palabra exacta, la siente en su poesía. Fue su poeta preferido. Fue «un ejemplo de la perfección a que pueden alcanzar los talentos unidos al buen gusto y los estudios», pág.83. Lo encumbra para que se le recuerde dentro de la mejor lírica castellana. Moratín no entendió su exilio, su postergación por los de siempre, que no entienden, no saben, ni quieren magnificar a una gloria cultural. Se hizo todo lo contrario al homenaje que mereció Meléndez Valdés en vida. Tampoco se puede olvidar la importancia de Homero en todos sus aspectos en los que cabe lo sublime. Moratín sintió lo homérico y de hecho se refleja en algunos poemas, no solo en el esmero de la forma. El lenguaje poético debe conducir a la esencialidad del tema propuesto y si hay que recurrir con mirada crítica a los que han precedido se hace, y siempre en donde predomine la llaneza, la claridad.
El bagaje de estas poesías abarca lo que se podía denominar lo más cercano a lo humanístico bien sea el canto a la amistad, al amor, a la muerte, a lo consuetudinario, al recuerdo, la fugacidad de la vida, al costumbrismo personal, las preocupaciones por la transformación cultural, lo histórico, el anhelo de la ilustración, con la impronta literaria en sus diversos géneros poesía, crítica, teatro, las epístolas. El lector/a se dará cuenta de las formas empleadas una vez se acerque. No podemos olvidar que también se adentró en lo espiritual, en la poesía religiosa, en concreto en las tradiciones de la religión cristiana-la fuerza poética a la Virgen en diversas manifestaciones-, la misericordia de Dios, el juicio final.
A pesar del rigor con que se muestran las Poesías sueltas (págs. 219-368)…y otros poemas ( 371-461), y de la coherencia del autor al mostrarlas, me he permitido comenzar a leer el último poema titulado «Elegía. A las musas». El primer verso «Esta corona adorno de mi frente» ya nos anuncia el carácter literario con que emprende la elegía de lo que leyó como recuerdo, manantial con que se viste el poeta que en el segundo verso, por si había alguna duda, se aclara aun más: «esta sonante lira, y flautas de oro«; todo un referente nítido. El último verso corona toda una trayectoria para que no quede en olvido: «ocultad entre flores mis cenizas», pág.368. Con las notas descubiertas por unos y otros que van de la 1124 a la 1142, págs. 562-563, son capitales para entender el magistral poema.
El primer poema-soneto viene a mostrarnos la fijeza de su mente en la poesía por encima de todo, exigiendo ayuda a un amigo («Pero si tú, mi amigo generoso, / la cumbre meseñalas eminente), para hallar la sabiduría poética en el último terceto («veré de lauros coronar mi frente / suspenso al canto el coro de las musas»). Apremia la totalidad, la entrega poética, que ya sintió «desde la tierna infancia mía». No me cansaré de repetir que muchas de las notas propuestas por el editor nos dilucidan las dudas que podamos tener por lo que representan algunas de las palabras en su contexto referente al clasicismo y, sobremanera, a Homero-incluye nueve odas del poeta-.
_
Fernández de Moratín,L., Poesías. Madrid, Cátedra,2023
Para que esta «página literaria» mejore, atrévete a colaborar con un «Bizum» al 637160890. A final de año daré cuenta de lo recaudado.
A veces conviene releer ante tanta paja prosaica como nos invade, y más si nos ayuda a proseguir el camino existencial. A los que nos gusta enhebrar el pasado con el presente, a los que sentimos el diálogo como único vehículo para esclarecer acontecimientos-qué lejos están aquellos que se arrogan un falso y único saber literario enquistados en sus propias ideas- nos alegra que Martín Recuerda nos refresque la mente, después de tanto tiempo, nos muestre otro enfoque de las cosas.
Con El engañao nos descifra la otra cara del «Imperio». La de los que no quieren o no pueden soñar con la grandeza que apabulla. En la obra subyace un grito de rebeldía ante la pasividad en hechos primordiales en un momento determinado como fue el «imperio» de Carlos V. Es el sabor amargo de la injusticia, la nota discordante de lo que conformó un período de nuestra historia. La defensa de la verdad, la libertad o la justicia no cupieron en la sociedad.
El obispo lo tenía claro: » en este redactado por varios obispos príncipes de la iglesia Católica no se te reconoce tu asilo piadoso, se te declaran ilegales todas tus acciones y se te desahucia de entre estas ruinas». Fueron palabras dirigidas a quien creó la Orden Hospitalaria Juan de Dios. Lo único que se propuso era recoger todos los deshechos humanos de las guerras que sostenía el Emperador para cuidarlos, curarlos. Esto suponía alterar el orden establecido; era la otra cara que no se puede ver, de ahí que doñaJuana-qué gran personaje, en línea con doña Juana de Pérez Galdós en lo que tiene de defensa de los humildes y oprimidos- rompa las ataduras y se decante por la labor de Juan de Dios. El obispo de Guadix exclamará: «su majestad nos conduce a que se dividan las ideas entre dos mundos de españoles». La contestación ha pervivido si vemos lo presente: «dos mundos siempre los que queremos la libertad y los que no la quieren» .Desde entonces, la sinrazón, el fanatismo, la descalificación porque sí, la mentira, se ha asomado en los momentos más importantes de nuestra historia. La literatura como recuerdo y refugio.
Cual abanico que se abre y cierra en primavera-verano no supiste o quizá no pudiste abrir tu corazón-; ante tanta espera, decidí apartarme, o ¿fue de ambos? No hay certezas ante lo existencial; la vida transcurría y la felicidad es lo primordial y más en mí que siempre elegí el momento para ser feliz. Además nunca hallé en ti ese espíritu sentimental-esa gracia que dan los cielos- del que yo estaba hecho. La naturaleza es así y otorga dones diferentes a las personas, pero hay dos que son necesarias: sentimiento y libertad; sin estas, las personas están cual barquilla a la deriva.
Pensé que lo mejor sería recordar el dístico juanramoniano: «No le toques ya más, / así es la rosa». Con expresión anglosajona, dado tu excelente inglés: » whatever you do» or «wherever you go», sé feliz, sé tú.
Somos peregrinos hacia esa eternidad desconocida; nos afanamos por ser diferentes, por perpetuarnos de una vida que no nos pertenece porque cada día vamos muriendo sin que nos percatemos. Cuando el alma no se viste de fiesta, de hermosura, se pierde algo esencial de las personas, así estamos hechos, entonces es cuando se añora el camino para buscarse aunque quede un recuerdo, un pensamiento salvífico en el vesperal silencio. Esta palabra no entorpece, tampoco ensancha, pero sí permanece.
El adjetivo con que me respondiste todavía revolotea perenne: «fenomenal». Todos pendientes con la mirada inquisidora, escrutadora, se palpaba algo nuevo. Fue el primer encuentro frente a frente, sentados, con nuestro mirar intenso. No importa que no lo recuerdes; pero mi mente se ensancha ante aquella imagen y el lugar pervive. Otra espiga más fuerte-esta seguro que la recuerdas- cuando desde la lejanía y supongo necesidad escribiste: «quiero verte». Fue el momento fructífero de la canción inglesa «Right here waiting for you»; la escuché tres o cuatro veces. Dos meses después, el encuentro. No supe, quizá, entender el mensaje, y solo quedó en una alegría enorme.
En la hora violeta no olvidaré tu nombre, bien en la alborada o crepúsculo; es un canto sin sombra; ya es tarde, la luz se desvaneció y tú dejaste de ser tú al escribir «no puedoestar en todo«. Fue un mazazo inesperado, sorpresivo. Distante presencia sin que naufrague la memoria; es el tiempo que asalta ante la desnudez verbal en medio de una niebla sin fin, a la búsqueda del faro soñoliento.
El viaje hay que comenzarlo, incluso surcarlo por si se halla una sonrisa pasajera, pero enhiesta con la palabra exacta. Es tu mirar el que abraza la existencia. Nos falta un mes de primaveral florido que acorrale las miradas del último encanto con el recuerdo bröntiano «friendship like the holy tree». Del tuyo no diré nunca palabra cual finisterrae. Yo seré para siempre, y tú, ¿ quién sabe? El tiempo dictará. La presencia es más que la ensoñación pero esta no claudicará. Lo mejor es seguir el camino del corazón antes que lo imaginado que no es otro que el espejo del alma.
Si el encuentro llegara sin aviso, el corazón dará un vuelco, el repique de un acontecimiento, la dicha sonora incluso en una noche lluviosa como preludio ilusionante aunque fuera con un furtivo mirar a la espera de una florida sonrisa cargada de primavera con aleteo de golondrinas en la rama de los árboles. Ese día será luminoso; poco importa tu ausencia, fría de emoción, con temblor de alma; cuando salga el sol será el mañana de gloria con rosas en tu pecho y un aroma de azahar. No importa que no lo leas. el recuerdo es más fuerte, a veces, que la dicha por eso queda prendido en la memoria en estas páginas que serán leídas en todo el mundo. Y con eso es bastante, más que la espera.