Personales

Ante la ventana

Ya he aludido, en varias ocasiones a la ventana, que comencé cuando nos visitó lo inesperado por su sorpresa, sin que nadie lo advirtiera. Fue lo que se llamó «Filomena». Ahora es otra ventana, como mirador, mucho más amplio en su largor, profundidad y anchura. La luz penetra en toda la casa como centinela, como ojo abierto, que destella alegría, entusiasmo, felicidad. Es un incendio de plenitud que penetra en la mente, que te dice vete contento; aquí me quedo vigilante con toda claridad . Llévate la fascinación de los libros que parecen que hablan a la espera que vuelvas. Tan esclarecedor como te vas, se quedan.

Al regreso no hace falta que te agarres al alféizar de la ventana para asomarte. Todo forma una habitación espléndida con paredes blanquísimas. Ni candelabros son necesarios. Es un espacio narcotizado de belleza y de luz que te saludan. El alma se sincera y te anima a que contribuyas con el espacio. La nostalgia no cabe. Ahora solo la contemplo como guardián/a. La fantasía, por tanto, se yergue, huye de la soledad y se encrespa ante lo imposible, como elogio de lo que no se puede lograr. Es el recuerdo de lo vivido, que no se añora, ni se desea. Pasó y ya está. Llamea como necesidad existencial, pero se aporta; vamos todos hacia la finalidad y abandonamos el fruto del deseo.

No es el ancla, sí el centro de la casa, pero no va conmigo la quietud en los espacios, prefiero la huida y acogerme en bibliotecas; la mejor universidad, es el júbilo del pensamiento.

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Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

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