Teatro

La consagración de un dramaturgo: Beckett

A S. Beckett (1906-1989) su consagración le vino por el teatro. De nacimiento irlandés pero de formación dramática francesa. Escribe su teatro en francés (“porque el inglés era muy fácil. Quería disciplina”, en Conversations with (and) about Beckett), y él mismo se encarga de traducirlo para la representación. La consagración de un dramaturgo

Teatro

Skylight (A cielo abierto). ¡Admirable, Hare! ¡Admirable interpretación!Clase práctica

Ya es una constante en mi docencia que una de las prácticas sea fuera de la universidad. Esta vez con un grupo de la universidad Rey Juan Carlos. Estuvimos en el Teatro Español de Madrid, hoy,  4 de marzo-acabo de regresar del teatro-, a ver la obra de David Hare (1947), uno de los dramaturgos que más éxito tiene fuera de Gran Bretaña. El autor se siente cual Balzac, como si estuviera llamado a ejercer ese papel; es decir, ser notario de la actualidad. Si le hacemos caso, mantiene que hoy la gente joven en Inglaterra va más al teatro porque los autores contemporáneos se acercan a la realidad que ellos viven. Ha escenificado un tema controvertido en Inglaterra como es el anglicanismo en la obra Racing demon, 1990; o el tema de la justicia en Murmuring judges, 1991. La visión de un no creyente, con motivo de su visita a Jerusalem, lo aborda Vía Dolorosa (1998).Un tema candente, de actualidad, es lo que se ha denominado crisis; pues, él intenta llevar a la escena esa crisis financiera con la obra The power of yes (2009), lo que no hace el periodismo, por eso dice que su planteamiento es mucho más profundo que lo que se escribe en la prensa.

 Con puntualidad comenzó la representación Skylight ante un público atento y con el recinto lleno y en el que por la vestimenta olía a primavera y a aire amoroso. Es propio de los que se aferran a la vida con todo su significado; ¿qué otra cosa si no puede darse después de la celebración del Exultet del domingo pasado con que los cristianos celebramos el triunfo de la luz sobre las tinieblas? Si todavía alguien no piensa que  la vida es alegría, felicidad, no solo consigo sino con los demás es que está fuera de la realidad, del concepto en si de la propia existencia.

No se trata de una segunda oportunidad sino de desarrollar unos sentimientos que nos visitan y tenemos que ventearlos por medio de la palabra en todo su largor para después dar rienda suelta a una necesidad que nos oprime. La soledad  no es el camino; la felicidad está en el otro/a. Ambos se necesitan. Es una ayuda mutua. Pero, también, esa entrega la debemos hallar en nuestro trabajo; por eso en un momento de la obra, Kyra manifiesta: “Les ayudo porqure creo que necesitan ayuda”. Pero, en el fondo, ella también se siente feliz, se está realizando. Pero, lo más grandioso es el amor que se profesan a pesar de las dificultades dos personas. He ahí lo capital. ¿Pero, por qué no a “cielo abierto”?. ¿Por qué no lo ponemos encima del celemín para que alumbre? ¿Por qué no tocamos a gloria? ¿Es el sino de la condición humana? Desterremos la mentira, la hipocresía y enarbolemos nuestro enamoramiento; se tú, y deja las apariencias. Es el amor el que nos hace libres y más felices.

Al final de la obra, un público entregado aplaudió con fervor como hacía tiempo no veía. Mi más sincera enhorabuema a los tres actores. Rayaron la perfección. La próxima semana habrá tiempo con los alumnos/as de debatir la obra de un dramaturgo que lleva a la escena los problemas que nos acucian, cosa rara hoy. No me extraña que desde 1995 cuando se estrenó en el Teatro Nacional de Londres haya tenido tanto éxito.