Teatro

La viuda valenciana

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Cuando pronunciamos Lope nos viene a la memoria la tríada expresión, ya famosa después de tanto tiempo, ¡Es Lope! ¡Es Lope! ¡Es Lope! Es como una bienvenida, como entrar en una casa llena de luz y saberes. En este caso es el amor hecho fuego; pero también libertad, igualdad y belleza.

Una de las pautas esenciales, después de su lectura, consiste en la práctica o acercamiento a lo que hemos leído; en este caso con el título «Después de la lectura«: Del Barroco a nuestros días: contrastes y huellas. Comprende dieciocho preguntas o aspectos que nos conduzcan al desarrollo de la obra literaria. La que más me ha encantado es la ultima; parte del poema de José Hierro: Lope. La noche . Marta. No entiendo por qué no viene el poema entero; tanto en la obra como en el poema es el amor el que triunfa. De hecho La viuda valenciana está dedicada a Marcia Leonarda (Marta de Nevares); es la mujer última que ocupó ese ansia de amar, y en un momento en que ya era sacerdote, pero «los ojos verdes, cabellos rizos y copiosos, boca que ponen en cuidado los que la miran cuando ser ríe...», pág.40, pudieron más ante una entrega amorosa total. La hermosura que desprendía juntó cielo y tierra, y si «escribe un papel, la lengua castellana compite con lo mejor». Fue un amor genuflexo ante una preciosa divinidad. Mereció para la posterioridad que colgara los hábitos para dejarnos lo sublime hecho carne.

En la estructura de la comedia, Lope se atiene a su Arte nuevo de hacer comedias. » en el acto primero ponga el caso, en el segundo enlace los sucesos, de suerte que hasta el medio del tercero juzgue nadie en lo que para». En el primer acto, Leonarda, hermosa, joven, viuda, al morir su marido, promete no casarse- «como he dado en no casarme» para mantener el título de viuda. Julia, su criada, discrepa y le muestra lo guapa y atractiva que desprende, y le invita al goce-«Acábate de ver». Su insistencia es clara: «Dejadme, aquí, pensamientos; / no hay más, no me he de casar» . Al entrar en escena su tío le espeta: «Tío, si es de casamiento, / ni se miente ni se hable«. En el diálogo, insiste: «La viudez casta y segura, / ¿no es de todos alabada?». Este diálogo termina con («¡Qué viejo tan importuno!) / (¡Qué mujer tan arrogante!). A continuación aparecen tres pretendientes que desean a la viuda, todos de forma ridícula; son rechazados con desaires. Con sorpresa el corazón de Leonarda empieza a latir fuertemente, un joven le ha llamado la atención. Ahora es ella la que requiere conocimientos. Una condición: debe ser en secreto («…y camina y dile en disfraz, Urbán, / que una dama se le inclina, / y que le ama tiernamente, / y que le podrá gozar…).Todos los pormenores están descritos y han de cumplirse, El acto termina con las palabras de Camilo: «Yo he de saber lo que es esto, / aunque me cueste la vida».

El acto segundo lo empieza Camilo «Entre el temor y el deseo«, se dispone a ir a casa de Leonarda. En su itinerario se va preguntando: «… si a oscuras la he de gozar, / ¿no es todo una misma cosa? Leonarda está impaciente con su criada por cuándo llegará el mancebo y si sabrá saltar los obstáculos que se le presenten. Por fin llega el momento, entra Camilo, se dan la mano, se sientan- ¡Ay, señor, con vos me asiento!– y conversan. Ante el temor de que no puede verla; la sala está oscura; el hecho cruel de no poder verla, dice: «Ya me enciende el corazón / amor sin luz, pues no veo; / que ha tocado en el deseo / como piedra el eslabón«. Leonarda sin tapujos le lanza lo enamorada que está desde que lo vio, pero deseó que fuera en secreto. Ante tanta espera y palabras amorosas sin que se puedan ver, Leonarda se entrega, otra vez-«Este pecho que me habéis enamorado-. Le pide tranquilidad, que no se apene-«Yo os vi y el alma os rendí». Se despiden cariñosamente, y, de nuevo, es Leonarda la que toma la palabra: «Noches quedan, mi Camilo; / esto por ahora baste». Ahora es cuando Camilo quiere el abrazo como despedida-¿No os he de abrazar primero? La respuesta no se deja esperar: «Si´, por cierto«.

Ya casi finalizando Camilo confiesa a su criado que está enamorado, y además la gozó aunque a ciegas. Se contenta con «Imitar a Amor, y ser / sin ojos enamorado». Poco después, aparecen Leonarda y su criada. Reconoce a Camilo-«Julia, Camilo es aquel. ¡Ay señora ya lo vi)– tiene un diálogo con Leonarda sin saber que es ella, narra que se ve por las noches y la describe como hermosa, única, que no la ve y la siente.

El acto tercero es deleitable y dolorido. Comienza con la discusión entre Celia y Camilo. Este dio por terminada la relación que mantenía con Celia, pero esta no lo acepta-«que se entienda tu traición»-. Las divergencias entre ambos es oída por Julia y Leonarda, que están escondidas. Después de algunos sobresaltos se va descubriendo la certeza del amor. En la escena 22, Leonarda, cauta, manifiesta: (» ¡Que no me aprovechan hoy / con este viejo cautelas! / Cuando a Camilo he de ver, / tengo aquesta sombra en casa! / Pero bien lejos del pasa / y yo le sabré esconder). Camilo desea ya luz, no tanta oscuridad («Ya no se puede sufrir. / Heme aquí que me descubro. / ¿Qué importa, si ciego estoy / para el desengaño de hoy? Leonarda, tranquila, arde en deseos de decirle la verdad («Por quien soy, de vos me encubro. / Pero no saldréis de aquí / sin que vais desengañado / y habéisme mucho agraviado / con pensar eso de mí»). Y aunque en lo hablado y escrito no anduvo discreto, lo perdona. Camilo disculpa, pero ansía luz, sin ella cabe desconfianza. «Luz traigo, y veros quiero«. Ante tanta luminosidad y belleza no hay duda («¿ No sois la viuda / que yo tantas veces vi?) . Las palabras sinceras de Leonarda no se dejaron esperar: «Si fuere voluntad suya, / yo quiero ser su mujer«. Es el triunfo de la independencia de las personas, el camino de la libertad, del deseo sin cortapisas; callarse y encerrarse como en otro tiempo fue para la mujer no cabe; es la transformación de Leonarda, ser ella. Es el triunfo del amor ¡Es Lope!, ¿quién si no?

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Lope de Vega, F., La viuda valenciana. Madrid, Cátedra-Base, 2024, 172 págs.
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La Gatomaquia. Lope de Vega

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«No hay libro de más atrevida invención verbal en nuestra lengua«. Así se expresaba Azorín al leer al más grande entre los grandes, para apostillar que sentía placer con las lecturas del todopoderoso Lope; recordemos la expresión ya eternal: ¡Es Lope!

Hay una tríada en lengua castellana que tenemos que tener siempre presente para partir de algo que nos pertenece: Cervantes, Lope y Galdós.

Casi al final de su vida, por si cupiera alguna duda, vuelve a su pasado para enhebrar un asunto tan tormentoso como es la capacidad de amar que poseía. No es una defensa, es poner su conciencia al día. Convendría leerse antes Novelas a María Leonarda y La Dorotea por si puedan contribuir a comprender mejor el éxito de la obra. La diferencia estriba en que ahora los personajes lo ocupan gatos sobre los tejados de Madrid con nombres: Marramaquiz-el protagonista-, que se enamora de Zapalquilda-loada de los dioses por su belleza- y la aparición de Micifut-que se interpone- y consigue compromiso con Zapalquilda, pero Marramaquiz rapta a Zapalquilda y a continuación empieza la lucha de los gatos. El protagonista muere («Cayó para las guerras y consejos / cayó súbitamente / el gato más discreto y más valiente, / quedando aquel feroz aspecto y bulto / entre las duras rejas insepulto»); y cómo no, faltaba la celebración de las bodas («…y Micifuf, con todos amoroso/ porque le prometieron vasallaje, / hizo luego traer de su bagaje / con mano liberal peces y queso. / Alegre Zapaquilda del suceso, / mudó el pálido luto en rico traje», pág. 264). El casamiento tuvo lugar para lo cual «llamaron un autor de los famosos…»

Hay que reseñar que La Gatomaquia forma parte de las Rimas de Tomé de Burquillos. Una meditación clave de Lope y sus circunstancias; el verso «¿pues qué tengo que hacer, si todo ofende»?, es más que todo lo que le ha sucedido en vida; su recogimiento va unido a los sinsabores que le han hecho mella, la gran mayoría por los envidiosos que, a su vez, se aprovecharon de sus quehaceres. Su maestría verbal-como escribió Azorín- y la introspección que realiza del alma humana lo coronan con los laureles más que merecidos.

Más claridad no se halla en estas siete silvas sobre amores gatunos de lo que ya ha recibido el nombre de epopeya burlesca, como es La Gatomaquia de 2802 versos. No contento Lope, viendo que el protagonista no podía quedar entre tejas lanza un alarido en un soneto desde otra atalaya («no forma estrictamente parte de la Gatomaquia«): «A la sepultura de Marramaquiz, gato famoso. En lengua culta, que es en la que ellos se entienden (» Ploren tu muerte Henares, Tajo, Tormes,, / que el patrio Manzanares que eternizas / lágrimas mestas libará conformes,». ) .

«Críticos y lectores a una hacen por fin justicia al Lope no dramático y se rinden ante esta perla de nuestras letras. España no tiene la Ilíada, pero tiene Gatomaquia«, pág.13. Las conjeturas sobre su datación poco importan, aunque parece que se inclina, según la mayoría de la crítica y la del editor, casi al final de su vida; época con el marbete de «senectute» («los últimos años de vida de Lope, una etapa melancólica en la que las desdichas biográficas y profesionales parecían sucederse…», pág. 17); la inspiración viene recogida de la voz de Tomás de Burguillos: «Y si el divino Homero / cantó con plectro a nadie lisonjero / la Batracomiomaquia, / ¿ por qué no cantaré la Gatomaquia?»; lo primordial, como siempre mantengo, es leerlo.

Quizá convendría comenzar la lectura por la introducción de don Antonio Sánchez Jim-énez, tan perfectiva en los avatares del contexto de la obra como en la maestría con que expone sus argumentos. Y, sin duda, a esto habría que añadir las notas a pie de página de las silvas, llenas de acierto y sabiduría; sin ellas, quizá no entenderíamos del todo la magistral obra lopiana, o por lo menos quien suscribe. Y por si no fuera suficiente, el editor añade «notas complementarias» para clarificar aun más las silvas; una a una desgrana los versos con una quietud y certeza de lo que está escribiendo, así como los dos sonetos que las envuelven; el primero: «De doña Teresa Verecundia al licenciado Tomé de Burguillos», para terminar con «A la sepultura de Marramaquiz», el famoso gato de la Gatomaquia que fue acribillado ( «Un príncipe que andaba / tirando a los vencejos /-¡nunca hubieran nacido / ni el aire tales sustenido! – /le dio un arcabuzazo desde lejos», pág. 264)

Una vez leída la obra, en el fondo, piensas que la expresión ¡Es Lope! permanecerá para siempre; como reseñé, forma parte de esa trilogía española que si hubieran nacido en U. K. formarían parte de la Jerusalén literaria a la que acudirían desde todo el mundo a visitar sus tumbas genuflexos.

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