Personales

Todo ese fuego

El miércoles, día 17 de abril, estuve en una conferencia de Ángeles Caso. En realidad, fui por si podía hablar con ella, pero no pude porque se alargó y tuve que salir, inmediatamente, una vez terminada. Vi que no era el momento. El salón de actos-las dos plantas- estaban atiborradas de personas-. El motivo fundamental: cuando apareció su rostro en el telediario de la 1, hace ya mucho tiempo, me dije: anda, si esta mujer se parece a una joven allá por 1979 o1980 que me pidió si podía echarle una foto-iba acompañada de otra joven- en la explanada del Buckingham en Londres. Así lo hice; todavía pervive en mi memoria la imagen: dos jovencitas abrazadas con pantalones y delgaditas. Tal vez, no fuera ella o sí; a mí me lo pareció, si no es así, perdones mil.

Otro hecho primordial que quería decirle: cuando se publicó el libro Todo es fuego, allá por 2015, me alegró, sobre todo por Emily. Y aunque en la conferencia aludió a las tres hermanas, hubo algún aspecto que tal vez se excedió con respecto a la educación, o yo no lo veía de esa forma, más allá de que fueran autodidactas. Recordó los parajes espléndidos, la casa parroquial de Haworth que había visitado; yo también lo hice en un día lluvioso-hace tiempo-, pero el paisaje me encantó; me quedé con una planta que abunda: el brezo-es la miel que más me gusta-, como en la Extremadura en que nací.

En la visita que hice, el «Brontë Country», así se denomina el entorno, ya me he referido en este «blog» al pueblecito en donde nacieron y crecieron las tres hermanas. Un poema que me encantó-me refiero a la poesía de Emily- fue «Remenbrance», El comienzo «Could in the earth» me llegó al alma. Su amor a la naturaleza y esa libertad que anidaba en su mente ha quedado para siempre. Entendí por qué una persona enamorada de la vida, no encontró esa savia amorosa que le hiciera crecer, probablemente se quedó en anhelo. La muerte fue injusta por tan pronto. Pero, sí nos ha dejado su querencia por el brezo como sinónimo de libertad, de fundirse con la naturaleza, de romper con las convenciones sociales. En mi mente todavía pervive esa rectoría de Haworth enclavada en una naturaleza salvaje, que le sirvió para escribir, para sacar su mejor yo, su vida interior y elevarla a lo poético. Parece como si su poema, «Come, walk with me» nos instara a que visitemos esos paisajes llenos de trozos de cielo. Haworth y Yorkshire estarán presentes cuando oigas o leas a las tres hermanas después de que pises esos lugares agrestes.

Finalmente, señora Caso, mi más sincera felicitación-aplaudí- por su resplandor con la palabra exacta con que atendimos su disertación, con un silencio que cortaba el aire.


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Personales

Remembranza, a donde el mar da la vuelta

La evocación es necesaria aunque no llegue el mensaje y más a tanta distancia-supongo por los mares del Sur, allá donde el mar da la vuelta- o quién sabe. Todavía recuerdo la expresión: ¿te gusta que te traiga por un viaje que ibas hacer a India una camisa ?; te respondí que no me gustaban-casi sin conocer esa prenda-, que no hacía falta. Gracias. Fue mi torpeza al no entender el galardón. No capté el mensaje. Poco importa, ya. A pesar de esta globalización, a veces, no es tan fácil el encuentro; solo en la imaginación se asientan las remembranzas, por eso te escribo, aunque ya dejé en este «blog» un relato en el que eras el centro con más detenimiento pero dentro de la sombra que solo cobija y llegue a quien va dirigido.

Ya la palabra deseada no es el nombre «exacto de las cosas», nace de lo más profundo del alma, de la vida interior que asoma en nuestra forma de ser y pensar, la fuente de la que nos alimentamos, es cuando el alma y la carne se aúnan, se hacen palabra para enaltecer el sonido del silencio; es la luz que no se extingue aunque en lo inicial se asemejara al «cirio pascual». Cuando queda el rescoldo entre las cenizas puede que vibre en algún momento ante lo insólito distancial.

¡Qué dicha! Mi ser destila belleza, sentimiento a borbotones con el deseo de la otredad, qué importa el resto; lo primordial es tener «olio en la aceitera» y proveerla para que no se extinga, atizar la fragua. La soledad no es destino y menos si se produce acompañado/a. Es la peor, sin duda. Mirarse nos ahonda en ese mar en el que el aire suspira, se llena de estrella con olor a primavera, a tomillo, a zarzal florido, a hierbabuena, a golondrina, a la búsqueda del tú que no se pierda. Ahí está la estrella que electriza, el fuego candente, entero, reluciente, enredado en tu pozo ardiente y profundo, sagrado, para el goce entre el tú el yo. Es el infinito pletórico de belleza, de eternidad.. Qué más da que sea ensoñación ante la distancia, el olvido, sin nombrarte.

Nos distanciamos tanto en la barca ante la inmensidad del Mediterráneo que no oímos las voces que se agolpaban, pero al mirar hacia atrás observé imágenes difusas en la tarde mortecina pero veraniega que requerían la vuelta; era la hora de amarrar; con resistencia denodada nos propusimos regresar, no sin sobresalto, y quizá temerosos de la fuerza del agua que no nos permitía avanzar. Según veíamos la tierra sentimos la alegría de nuevo. ¡Qué tarde tan bonita! ¡Qué tarde tan plena!

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Personales, Teatro

Otra relectura de El engañao

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A veces conviene releer ante tanta paja prosaica como nos invade, y más si nos ayuda a proseguir el camino existencial. A los que nos gusta enhebrar el pasado con el presente, a los que sentimos el diálogo como único vehículo para esclarecer acontecimientos-qué lejos están aquellos que se arrogan un falso y único saber literario enquistados en sus propias ideas- nos alegra que Martín Recuerda nos refresque la mente, después de tanto tiempo, nos muestre otro enfoque de las cosas.

Con El engañao nos descifra la otra cara del «Imperio». La de los que no quieren o no pueden soñar con la grandeza que apabulla. En la obra subyace un grito de rebeldía ante la pasividad en hechos primordiales en un momento determinado como fue el «imperio» de Carlos V. Es el sabor amargo de la injusticia, la nota discordante de lo que conformó un período de nuestra historia. La defensa de la verdad, la libertad o la justicia no cupieron en la sociedad.

El obispo lo tenía claro: » en este redactado por varios obispos príncipes de la iglesia Católica no se te reconoce tu asilo piadoso, se te declaran ilegales todas tus acciones y se te desahucia de entre estas ruinas». Fueron palabras dirigidas a quien creó la Orden Hospitalaria Juan de Dios. Lo único que se propuso era recoger todos los deshechos humanos de las guerras que sostenía el Emperador para cuidarlos, curarlos. Esto suponía alterar el orden establecido; era la otra cara que no se puede ver, de ahí que doña Juana-qué gran personaje, en línea con doña Juana de Pérez Galdós en lo que tiene de defensa de los humildes y oprimidos- rompa las ataduras y se decante por la labor de Juan de Dios. El obispo de Guadix exclamará: «su majestad nos conduce a que se dividan las ideas entre dos mundos de españoles». La contestación ha pervivido si vemos lo presente: «dos mundos siempre los que queremos la libertad y los que no la quieren» .Desde entonces, la sinrazón, el fanatismo, la descalificación porque sí, la mentira, se ha asomado en los momentos más importantes de nuestra historia. La literatura como recuerdo y refugio.

Personales

Con el silencio de por medio

Cual abanico que se abre y cierra en primavera-verano no supiste o quizá no pudiste abrir tu corazón-; ante tanta espera, decidí apartarme, o ¿fue de ambos? No hay certezas ante lo existencial; la vida transcurría y la felicidad es lo primordial y más en mí que siempre elegí el momento para ser feliz. Además nunca hallé en ti ese espíritu sentimental-esa gracia que dan los cielos- del que yo estaba hecho. La naturaleza es así y otorga dones diferentes a las personas, pero hay dos que son necesarias: sentimiento y libertad; sin estas, las personas están cual barquilla a la deriva.

Pensé que lo mejor sería recordar el dístico juanramoniano: «No le toques ya más, / así es la rosa». Con expresión anglosajona, dado tu excelente inglés: » whatever you do» or «wherever you go», sé feliz, sé tú.

Somos peregrinos hacia esa eternidad desconocida; nos afanamos por ser diferentes, por perpetuarnos de una vida que no nos pertenece porque cada día vamos muriendo sin que nos percatemos. Cuando el alma no se viste de fiesta, de hermosura, se pierde algo esencial de las personas, así estamos hechos, entonces es cuando se añora el camino para buscarse aunque quede un recuerdo, un pensamiento salvífico en el vesperal silencio. Esta palabra no entorpece, tampoco ensancha, pero sí permanece.

El adjetivo con que me respondiste todavía revolotea perenne: «fenomenal». Todos pendientes con la mirada inquisidora, escrutadora, se palpaba algo nuevo. Fue el primer encuentro frente a frente, sentados, con nuestro mirar intenso. No importa que no lo recuerdes; pero mi mente se ensancha ante aquella imagen y el lugar pervive. Otra espiga más fuerte-esta seguro que la recuerdas- cuando desde la lejanía y supongo necesidad escribiste: «quiero verte». Fue el momento fructífero de la canción inglesa «Right here waiting for you»; la escuché tres o cuatro veces. Dos meses después, el encuentro. No supe, quizá, entender el mensaje, y solo quedó en una alegría enorme.

En la hora violeta no olvidaré tu nombre, bien en la alborada o crepúsculo; es un canto sin sombra; ya es tarde, la luz se desvaneció y tú dejaste de ser tú al escribir «no puedo estar en todo«. Fue un mazazo inesperado, sorpresivo. Distante presencia sin que naufrague la memoria; es el tiempo que asalta ante la desnudez verbal en medio de una niebla sin fin, a la búsqueda del faro soñoliento.

El viaje hay que comenzarlo, incluso surcarlo por si se halla una sonrisa pasajera, pero enhiesta con la palabra exacta. Es tu mirar el que abraza la existencia. Nos falta un mes de primaveral florido que acorrale las miradas del último encanto con el recuerdo bröntiano «friendship like the holy tree». Del tuyo no diré nunca palabra cual finisterrae. Yo seré para siempre, y tú, ¿ quién sabe? El tiempo dictará. La presencia es más que la ensoñación pero esta no claudicará. Lo mejor es seguir el camino del corazón antes que lo imaginado que no es otro que el espejo del alma.

Si el encuentro llegara sin aviso, el corazón dará un vuelco, el repique de un acontecimiento, la dicha sonora incluso en una noche lluviosa como preludio ilusionante aunque fuera con un furtivo mirar a la espera de una florida sonrisa cargada de primavera con aleteo de golondrinas en la rama de los árboles. Ese día será luminoso; poco importa tu ausencia, fría de emoción, con temblor de alma; cuando salga el sol será el mañana de gloria con rosas en tu pecho y un aroma de azahar. No importa que no lo leas. el recuerdo es más fuerte, a veces, que la dicha por eso queda prendido en la memoria en estas páginas que serán leídas en todo el mundo. Y con eso es bastante, más que la espera.


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Es Navidad, Personales

¡Aleluya, aleluya, ha nacido el Redentor!

¡Aleluya, para los/as desheredados de la fortuna, para los que es esquiva la felicidad, para los que añoran la cultura, para los que no pueden ser libres; para ti, también, que sientes la soledad acompañado/a y no hallas la tranquilidad necesaria en estos días de entrega, de dicha, de fraternidad, de alegría en constante comunión con los demás!

Creyente o no, respeta, y a ser posible recuerda lo que aprendimos de niños, al menos, en los pueblos, -desde luego, en el mío sí, enclavado en un cerro que además se convirtió en una puerta a la cultura-, el canto: «A Belén venid pastores que que ha nacido Nuestro Rey, envuelto en pobres pañales sobre pajas lo veréis»… Desgraciadamente, según las noticias que llegan, la Navidad no podrá celebrarse como se acostumbra en Belén; para todos/as paz. Y si te es posible rememora lo que tradicionalmente se llama «la misa del gallo» en la iglesia más cercana; de niño me encantaba, era a las doce de la noche. Sinceramente, es cuando más se llenaba el templo, incluso muchos se tenían que quedar en la explanada. Se vivía la Navidad.

Esta celebración pascual- la Natividad-, también, quiero hacerla extensible a las 204. 565 vistas en mi «blog» Cantando sobre el atril. Estas personas se habrán enriquecido de lo que escribí en mi salutación fruto de mis lecturas.

Me gustaría también ya que estamos en el año azoriniano leyeras el excelente artículo de Azorín, publicado el 24 de noviembre de 1896 en el periódico El País «La nochevieja del obrero». Tengas fe o no ahí caben todos.¡ Es Navidad! Alégrate.