Novela

Galíndez. Manuel Vázquez Montalbán

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No está olvidado el personaje, ya mítico, Galíndez. La editorial Cátedra con buen criterio nos lo recuerda para que primero lo leamos y después cada uno/a es libre para pensar de este profesor exiliado, representante del Gobierno vasco en Nueva York. Missing since 10.30 p. m., march 12 th, 1956. City of New York.

Hago una relectura de la que hice allá por 1990. Ahora con más conocimiento y, sobre todo, con las ideas de la edición de Colmeiro que yo desconocía, tal vez, he pasado de una lectura superficial de aquel entonces a una entrega más profunda del caso ante la repercusión, en su momento, con el adjetivo desaparecido. No sabemos si algún día se recurrirá a otro adjetivo. Su desaparición nos conmueve; detrás, una vez terminada la lectura, nos revolotea tres palabras: secuestro, tortura y asesinato. ¡Quién sabe! Para adentrarse en la novela tenemos que partir de: don Jesús de Galíndez «acaba de presentar su tesis doctoral en la universidad de Columbia sobre el régimen del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo». Estamos, por tanto, ante una novela de investigación.

La novela nos hace ir muy lejos para saber qué pudo ocurrir a este profesor que defendió su tesis doctoral «La Era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana» un 27 de febrero de 1956. Su análisis conmovió los cimientos en los que se basaba el dictador Trujillo. Al acabar sus clases el 12 de marzo de 1956 desapareció en las calles de Nueva York («¿Qué ocurrió el 12 de marzo de 1956 después de que la estudiante Evelyn Lang condujera a Galíndez desde Columbia hasta la parada del metro de la calle 57 con la Octava Avenida, de camino hacia su apartamento en la Quinta Avenida»?, pág. 38). El 5 de junio la Universidad de Columbia le concedió el título de Doctor in absentia-«Recibe in absentia doctorado de Columbia»- . Su estudio crítico de la dictadura de Trujillo («poco a poco fue quedando claro que Trujillo había orquestado un plan para eliminar a Galíndez a través de sus agentes en Nueva York», pág.40), sin lugar para la duda, es lo que está detrás de su desaparición.

Vázquez Montalbán se vale de una universitaria norteamericana-doctoranda- de la universidad de Yale- para descifrar todo lo que pudo ocurrir. Su nombre Muriel Colbert. El título de la tesis «La ética de la resistencia: el caso Galíndez» va más allá de una simple ocurrencia; encierra otros pormenores que la doctoranda irá descifrando a la hora de investigar sobre este personaje desaparecido. Cuando la rebeldía es virtud nos adentramos en lo que pudo ser verdad o, al menos, se va más allá de todo convencionalismo («Estoy solo, solo con mis angustias. Pero seguiré adelante, aunque nadie me comprenda en esta Babilonia«). El hecho de que se le nombre por parte del Gobierno Vasco como cabeza capital ante Naciones Unidas es algo que no puede ser desapercibido. Nueva York no es Santo Domingo de donde vino y en el que estuvo siete años.

Es evidente que la estructura de la novela nos conduce por caminos diferentes; ese multiperspectivismo con idas y venidas al pasado y al presente la hacen más enriquecedora para acercarse al caso de lo que pudo ocurrir ante tantos asesinatos, incluido el del dictador Trujillo unos años después. Tiempos convulsos, de espías, de malhechores, de la violencia del poderoso inmune. Se parte de cómo pudo ocurrir: la imaginación nos sitúa «en el episodio del secuestro, tortura y agonía de Galíndez, en la cárcel privada de Trujillo en la República Dominicana», pág.46. Muriel-la investigadora- indaga desde varias vertientes ya que recoge las diversas manifestaciones de testigos, entrevistas, archivos. Eso sí nos deja claro que no investiga toda la verdad sino qué le motivó («Tal vez por qué se la jugó). Es decir, sabiendo que le podía costar la vida-«sintió a veces que Nueva York era su Getsemaní». Es la clave del título de la tesis. Un hecho que preocupó, entre muchos, fueron las diferentes formas con que se describía al personaje que se acercaban a lo contradictorio; por otra parte, propio de los agentes en los que predominan las traiciones, las verdades a medias o dobles verdades. Galíndez también fue agente del FBI, «Rojas ND507». El hecho de la separación supuso un doble juego para distraer, para que nunca hubiera pruebas fehacientes («Mientras una pate de los servicios secretos luchaba por investigar la vedad de los sucedido, otra parte trabajaba para borrar las pocas pruebas que quedaban»),pág. 621.

La circularidad de la novela nos hace pensar que proseguiremos con la memoria de un muerto sin sepultura. En la penúltima página, de nuevo, se nos recuerda el pueblo de Amurrio como un lugar emblemático para la historia (« El recuerdo más hermoso que ahora tengo de Muriel fue el del día en que fuimos a ver el pequeño monumento que le han construido a Galíndez en su pueblo, Amurrio, sobre una colina que se llama Larrabeode, en la que han puesto un sencillo pedrusco con su nombre y poca cosa más»). Retrocedamos: se abre la novela también con estos parajes: «En la colina me espera…en la colina me espera…»– versos de Jesús Galíndez-, la circularidad que desprende la novela desde los inicios con la idea de aunar presente, pasado y futuro con la doctoranda, Galíndez y Ricardo nos insta a pensar que la memoria permanecerá, y de alguna forma revoloteará esa «colina empinada, / bajo el roble de mis sueños», dístico, soñado por Galíndez. Sin duda, su alma pajareará por Amurrio ya que al ser desaparecido no pudo dormir en el pueblo como soñó-…»y algún día me tenderé a dormir junto al chopo que escogí en lo alto de la colina…».

Conviene, finalmente, dejar prístino el mensaje del autor que no es otro que la ¨la ética de la resistencia» en una persona que quería llevar a los demás con detenimiento en sus ideas-el nacionalismo vasco y la libertad-. Es el compromiso. Probablemente sabiendo del peligro que corría, tanto por los servicios de información estadounidenses como por los agentes de Trujillo. Así como mantenerse firme ante las injusticias y corrupción del poder, su impunidad, sea el que fuere. Muriel es clave para pregonar la solidaridad entre los pueblos. Una modalidad diferente al poder omnímodo. En estos casos la rebeldía es verdad. Es una actitud ante el poder. Su ejemplo es el que pervive. Es la memoria de Galíndez-«ilustre mártir de la patria vasca»- que defiende Muriel con su entrega, su otro yo revestido de enamoramiento («La señora viuda. La viuda de un muerto sin sepultura», pág.149) de Galíndez ante un hecho que la historia venteará y permanece en la conciencia de las personas libres.

Vázquez Montalbán, M., Galíndez. Madrid, Cátedra, 2023, 639 págs.


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Santiago, patrón de España

El martes una parte de los españoles festejaron el día. Hoy, recuerdo este artículo de Joan Maragall publicado en el Diario de Barcelona el 25 de junio de 1905 que comenté en clase universitaria y publiqué en mi libro Análisis de textos literarios y periodísticos.

¿No es verdad que estas palabras: “Santiago, Patrón de España”, despiertan en seguida en nosotros aquella visión de niños: un peregrino montando un brioso caballo (¡singular composición!), espada en alto,en actitud de acuchillar un tropel de moros que huyen despavoridos? Y, enseguida, la Reconquista, aquella Reconquista de los epítomes-compendios, Clavijo, las Navas, y los Alfonsos, y fechas aprendidas nemotécnicamente, imborrables, se alzan en bélico torbellino entre los rayos ardientes del sol de julio que cobija la fiesta esplendorosa. ¡España! ¡España! ¡Santiago! ¡España! ¡Guerra! ¡Moros y cristianos!

 España… Y enseguida nos aparece la piel de vaca extendida en el mapa, prendida de un lado de Europa por los Pirineos, con un gran zurcido al otro lado, Portugal, toda rodeada de unas letras muy negras muy espaciadas sobre el fondo gris de los mares: mar Cantábrico, Océano Atlántico, mar Mediterráneo; y, abajo, este fondo gris se estrecha tanto que la punta de España se uniría al gran continente africano; pero no, hay un poquito de mar en medio; y aún, en la punta de la misma hay una manchita, cosa de nada, Inglaterra.

 Y cuando estas visiones de nuestros años infantiles se desvanecen ahora súbitamente como un espejismo en la ardiente irradiación del Sol de julio, quedamos con una sensación de vacío, de desconcierto, y nos cogemos otra vez ávidamente a las palabras ¡España, España!… Ya pasó la Reconquista, pasaron aquellos moros y aquellos cristianos: las Navas, Clavijo…,¡ qué remoto es eso!, ya hemos perdido el sentido de aquella España. ¡Otra, otra España…la de ahora!, y nos excitamos a evocar la España de ahora; y otra vez surge el mapa, la piel de vaca, tirante, prendida a Francia por arriba, de la cabeza de alfiler de Gibraltar por abajo, junto a la gran expansión de África; y a un lado el remiendo de Portugal, y en torno los mares. Esta es España , y ¿qué más?…La Historia…¡ vuelta a lo pasado! No; ahora, ahora. ¿Qué es España ahora? Su anhelo ¿adónde va? Su espíritu, ¿dónde está? ¿Dónde está España? No pregunto donde está el mapa de España, ni dónde está la historia sino ¿dónde está España?

 Y su Patrón, Santiago, el de Clavijo y los moros, el de la Reconquista, el de las visiones, el de estos reinos, ahora en que ya no hay moros, ni reconquistas, ni visiones, ni reinos, porque hay uno solo en España, y otro de Portugal; ¿dónde está ahora Santiago?, ¿dónde está en  la tierra como en el cielo?

Me dicen que allá, en la misteriosa Galicia, la tierra más dulce de España hay una vetusta Catedral, donde entre lámparas de plata y grandes incensarios se guarda el sepulcro del Santo, objeto de la devoción antigua de aquellos sencillos labriegos que parecen vivir en un lejano ensueño, más lejano aún que las visiones del Santo en las batallas y las glorias de la Reconquista. No otras serían las gentes a las que predicó el Apóstol cuando, según la leyenda, de Judea vino a España, trayendo escondida bajo la esclavina del peregrino la primera luz del Evangelio. Él había sido también un hombre oscuro; uno de aquellos pobres pescadores a quienes Jesús, después de obrar un milagro ante sus ojos maravillados, decía simplemente: “Seguidme.” Y ellos, sin una pregunta, sin una duda, fascinados, dejando caer de sus manos las redes cargadas, dejando sus barcas en la playa, sus familias en el hogar, sus amigos, su tierra, todo, iban, iban tras Jesús, viviendo solo de su palabra y de su presencia. Y este era uno de los predilectos, de los que le vieron en el Huerto y en el Tabor, y después de la Resurrección. Era hermano de aquel san Juan a quien tanto amó Jesús, del Evangelista. Y dicen que, después de haber recibido la luz del Espíritu Santo, volviose gran predicador, y que tenía su palabra una virtud especial para conmover y convertir; y así vino a España a predicar, y tras haberla dejado sembrada de cristianos, y habérsele aparecido la Virgen en el Pilar -¡y entonces la Virgen vivía aún en la tierra!- volviose a Judea. Y allí siguió predicando hasta que fue preso y degollado, y enterrado su cuerpo en Jerusalén.

Pero de España le habían seguido unos discípulos unos españoles se habían ido con él y estos desenterraron su cuerpo y, como un tesoro para su patria, se lo llevaron a Iria Flavia, pueblo de Galicia, y al cabo de muchos siglos, esto es, que había tenido tiempo de consumirse toda la fuerza del Imperio romano, y que habían pasado los bárbaros invasores, y que se habían abierto tantos sepulcros sobre tantos sepulcros, y que habían reinado en España las dinastías godas, y habían caído, y habían dominado los árabes las mismas tierras, y no hacía más que empezar la reconquista cristiana, entonces un rey trasladó el cuerpo del Apóstol de Iria a Compostela, donde todavía se venera, al cabo de otros tantos siglos, con una devoción que más podemos imaginar semejante a la de aquellos discípulos que lo trajeron de Jerusalén a Galicia como un tesoro, que a la de aquellos que lo veían extrañamente transfigurado en guerrero volando por los aires en brioso corcel y acuchillando moros.

Porque el ideal del cuerpo milagroso del Apóstol allí está en la oscura devoción  de las buenas gentes de ahora; pero la batalla de Clavijo y la brillante visión guerrera, ¿dónde está? ¿Dónde está el grito de Santiago y cierra España? Perdiose en el viento de los siglos.

Ya no existe aquel Patrón de España ni la España de aquel Patrón. Santiago está en el cielo y en Galicia. España está en la Historia y en el mapa.

 Y cuando al encontrar el día de hoy señalado todavía en el calendario con estas palabras: “Santiago, Patrón de España”, queremos encontrar al mismo tiempo el sentido actual de esta locución, nuestros ojos pensativos quedan deslumbrados por la ardiente irradiación del sol de estío, el mismo que alumbró la predicación del Apóstol, el mismo que alumbró las batallas de la Reconquista, y que hoy nos deslumbra sin visión actual alguna de España. Es un día de estío más; y en cuanto a fiesta nacional, nuestra mente solo puede llenarla con un recuerdo infantil; pero nuestro corazón de hombres tiene esperanza bastante para transfigurar esta fiesta y todas las del calendario.

Literatura

Gockel, Hinkel y Gackeleia de Clemens Brentano

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No sé cuánto se ha leído de Clemens Brentano ( 1778-1842). Ahora tenemos la oportunidad de detenernos en un escritor del romanticismo alemán-en el que sobresale la libertad de crear con esa técnica «pictórica literaria»- en una edición accesible.

Conviene antes del comienzo de la lectura de la obra, leerse el contexto social en que se produjo; así se entenderá mejor y aun nos quedará la duda de algunos aspectos. Sorprende que el autor se decantara por este escrito: «Esta predilección se hace evidente porque fue la única narración que el escritor permitió que se publicara en vida», pág, 117. Todo bien cimentado por la editora Rosa María Gil «con el fin de acercar al lector la obra en todo su valor y dimensión», pág.119.

El que se denominara «cuento de hadas» me llega a pensar que iba dirigido a todos los públicos, de ahí la fantasía que subyace, a parte de su amenidad, sencillez y adobado por el elemento poético en ese ámbito. en el que el lector se siente dueño para asimilarlo en libertad. Pero el hecho de que se inspirara en las ruinas de un monasterio contribuyen a ubicarlo en el romanticismo como uno de los temas o lugares fundamentales del mismo. El castillo, por tanto, de la familia Gozkel se asemeja a la idea que el autor quiso plasmar. El pasado con el presente-aunque en ruinas- debe fructificar y dar una nueva vida en varios planos. Es decir, la naturaleza unida a lo humano como hecho primordial del romanticismo.

Ese pasado, al mostrar ese castillo derruido y el gallinero que sirve para ver a Gockel, Hinkel y Gackeleia, nos muestra desde dónde se parte para atisbar el futuro. Solo la naturaleza no puede servir para cimentar una nueva sociedad en la que hubiera sosiego y esperanza ( «La hierba y las plantas crecían por todos los rincones, y los pájaros desde el diminuto chochín hasta la cigüeña, anidaban en el abandonado castillo»). A partir de aquí, el humanismo se adueña de lo terrenal o sirve como dicotomía necesaria para un nuevo mirador por lo que la felicidad debe ser fundamental. El humanismo se hace sensible cuando se nos describe ya en las primeras páginas la tranquilidad, la musicalidad hecha poesía: «En los ríos transparentes / todos buscan calma y paz / y no juegan más los peces / porque quieren descansar / y se duermen escuchando / ondas de agua murmurando / en las piedras del lugar. / ¡Arrorró y buenas noche! / Hinkel, Gazkeleia y Gozkel!», La naturaleza evoca canto, libertad, ensueño, utopía para encarnarse en lo humano.

También Cl. Brentano aprovecha la relación entre los animales y el ser humano tan característico en muchos momentos de la historia de la literatura para hacernos ver la diferencia entre el bien y el mal. El paralelismo entre las dos modalidades se percibe al sentir las dos especies. Los animales que hablan parece como si fueran más allá de lo que las personas somos. El relato propuesto por Brentano nos hace comprender que los animales que intervienen-los ratones, la golondrina, el gallo, etc.- hablan en verso con los humanos. Da igual que las personas se adapten a los animales, como sean estas las que se humanicen. Lo capital es la convivencia que surge para vivir; el aprendizaje es sobrecogedor.

Hechos concretos a lo largo de la literatura, bien sea oral o escrita, se atribuyen al gallo con atributos personales como en este cuento; es el espejo de Gockel en el que permanecerá (…»pero cuando los enemigos del castillo arrasaron todo, el gallo, que siempre había sido alimentado por la familia, se tragó la valiosa piedra para que no pudieran apoderarse de ella«). El hecho de que el gallo manifestara de que un antepasado de Gozkel «había sido el poseedor de la piedra del anillo de Salomón»… De ahí que Gozkel no quería sacrificar al gallo, «porque era una ley sagrada de la familia no matando nunca hasta que él mismo deseara la muerte«. Al final, Gozke consintió ante la petición de Alectrión-el gallo- «que le cortara la cabeza con su espada de conde, que cogiera la piedra mágica de su buche…». Una vez cortada, apareció la piedra preciosa. Después, Gozke dedica un verdadero y sentido planto: -¿Quién deposita la sabiduría en lo profundo del corazón humano? ¿Quién da entendimiento al gallo? Lo mismo que el gallo anuncia el día y despierta al hombre de su sueño, así anuncian los piadosos maestros la luz de la verdad en la noche del mundo y dicen: La noche ha pasado, el día ha llegado, abandonemos las tareas de las tinieblas y aprovechemos las armas de la luz! ¡Oh, qué encantador y útil es el canto del gallo!«. Ante el extenso y fúnebre discurso hubo sonoros aplausos y lágrimas. La familia durmió; antes, por ese día triste, rezó «una fervorosa plegaria». Al despertar Gozkel sacó de su bolsillo la piedra mágica y pronunció: «¡Salomón, tú, rey prudente / que todos obedecen, / haznos rejuvenecer / para llevarnos después / a Gelnhausen nuestra casa (…) / ¡Te doy la vuelta, anillito! / Haz todo hermoso, te pido».

Este anillo de Salomón manifestó todos los deseos de Gozkel. La alegría fue inmensa en la familia, de ahí ese canto a Salomón, rey poderoso. Todo concluyó con una gran fiesta popular. La felicidad terrenal de los Gozkel solo duró un año. Gazkeleia se enamoró de la muñeca y los vestidos que el viejo mostraba. Las tretas del anciano-incluso con lloros- conmovieron a la niña, y manifiesta en qué puede consolarle. La respuesta no se deja esperar: «Tiene un anillo tu padre / que es una esmeralda verde/ de un fulgor tan admirable»… El anciano con astucia consiguió el anillo y se lo mostró a los otros dos compañeros que eran los «filósofos grabadores que habían querido engañar a Goskel, y él los había engañado a ellos«. Con el anillo en las manos pidieron que Gozkel se volviera «viejo, pobre, miserable y feo». La familia que antes eran guapos, hermosos, jóvenes e iban muy bien vestidos se transformaron en pordioseros y andrajosos. Cuando Gozkel observó que el anillo era falso, que alguien se lo había cambiado. La familia se pusieron, de nuevo, para caminar hacia el castillo, ya pobres porque les habían robado el anillo. La niña cuenta todo lo que había sucedido al enterarse que su hija tenía la muñeca. Ante la fiereza del padre, pide que la perdone. La niña se pierde por el bosque y sus padres llegan al viejo castillo y se sentaron en «el umbral del viejo gallinero y lloraron amargamente durante toda la noche, y todos los pájaros con ellos».

Separadamente, los padres comenzaron a buscar a su hija. Fue totalmente imposible y volvieron al gallinero. Con el tiempo volvió Gazkeleia totalmente desconocida, era hermosa, esbelta y traía el famoso anillo de Salomón. Después cuenta cómo lo consiguió. Sus padres quedaron maravillados ante tanta destreza y sabiduría ( «¡ Gracias, mil gracias! Querida niña, tú llevarás siempre el anillo en el dedo como premio a tu bondad y puedes desear todo lo que quieras»).

No podía terminar sin el casamiento de Gazkeleia, y el anillo de bodas sirvió para que todos «seamos niños, que toda la historia sea un cuento, que Alectrión nos lo narre y que seamos felices por ello y aplaudamos de alegría». La evocación sin límite, en una época paradisíaca como es la infancia, nos conduce a que lo más grande es contribuir a la eterna felicidad.

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Brentano, Clemens, Gockel,Hinkel y Gackeleia. Madrid, Cátedra, 2023

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Novela

Veinticuatro horas en la vida de una mujer y otros relatos

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La narrativa de S. Zweig ha sido bien aceptada tanto por la crítica como por los lectores/as. De las cuatro narrativas publicadas por la editorial Cátedra en este mes de junio de 2023, hay una que está batiendo los récords de lectura: Carta de una desconocida. En su momento la puse como lectura obligatoria; en los debates-como siempre hice de todas las lecturas- esta fue una de las que hubo más participación y posiciones enconadas. En la universidad tiene que haber posiciones encontradas; la discusión engrandece.

Me alegra que la editorial Cátedra-universales- se haya decidido a publicar, en un solo volumen, las cuatro narraciones ( Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Carta de una desconocida, La colección invisible, El refugiado). El éxito será coronado por los que aun-por los motivos que fuere- las desconocieran o no las hayan leído. Simplemente quiero aportar con esta reseña lo que supuso en mí las lecturas de este escritor «testigo de su época» en un mundo tan convulso.

La carta anónima que recibe el escritor vienés nos hace pensar en esa esfera profunda, cómo es el alma humana; dos personas y algo más, como es el amor sin correspondencia y sin que uno se percate. La penetración en lo más recóndito del ser, a veces, surge por necesidad; ahí es donde el autor se sumerge; se adentra para llegar a esos pensamientos que no queremos oír. Lo psicológico se adueña de su pluma. El mundo interior revolotea como ascua inquieta. No es más que el afán de poseer- en este caso amoroso-porque la naturaleza a esta mujer le ha impregnado de lo más grande que tenemos junto con la libertad: amor; la capacidad de sentir en el otro lo que le ensalza; lo que hace ser ella totalmente-en este caso-, sin exigencias de que sea correspondida, por lo que no es narcisismo; una persona puede ser narcisista sin valerse de otra. Zweig, en este relato, se columpia para llegar al interior de la persona, e intenta valerse de lo que le rodea para conseguirlo. La fuerza biológica se adueña del escritor y lo plasma.

La frase «A ti que nunca me has conocido» en sí nos prepara para calibrar el chorro de sinceridad:

Se sincera. ¿O no es entrega total, sin limite, cuando escribe:

pero, créeme, ninguna te ha querido tan devotamente como yo, ninguna te ha sido tan fiel ni se ha olvidado tanto de sí misma como lo he hecho yo por ti».

¿A quién no le gusta que digan esto de ti, aunque nunca llegues a saber de quién se trate? No se trata de decir «dime que me quieres aunque sea mentira».

Cuando la soledad te embarga no está de más acercarse a la poesía, a la búsqueda del sentimiento. Esta mujer desconocida  abre su corazón, y pronuncia:

Cada palabra tuya era para mí como el evangelio y el padrenuestro».

Ahí es donde quiero adentrarme partiendo de esa mirada casual, pero penetrante, que aparece en la novela Carta de una desconocida, y que se convierte en el inicio de una pasión, aunque solo fuera por una persona. ¡Es tan difícil aunar cuerpo y alma en dos personas!  Por eso, ya no nos extraña el fracaso, y menos la traición. Tertuliano nos dejó para la historia: «Donde la carne es una, también es uno el espíritu».

Pero es evidente que esta mujer desconocida, deseaba mostrar unos sentimientos que le ardían. Su sinceridad es tan nítida que llega a escribir: «Te quiero como eres, ardiente y distraído, olvidadizo, entregado e infiel». ¿Seríamos capaces nosotros/as de escribir de una forma tan cruda? ¿Qué le mueve, sentimiento, amor, vacío, soledad, capacidad humana como necesidad?

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No podemos echar en saco roto la ludopatía en Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Nos tiene que hacer comprender hasta dónde podemos llegar en el desenfreno del juego. Este relato se escribió cinco años después de Carta de una desconocida. Es más difícil, no solo por la alternancia de la narración entre «la protagonista y el yo autoral», sin desmerecer ese estilo prístino, aunque, a veces, aparezca como abrupto y denso. Aquí está otra mujer que se lanza a revivir ese pasado inesperado y los/as lectores quedamos petrificados al no esperarlo tan brutal en el que lo psicológico triunfa, otra vez, en la pluma de Stefan. La comedia humana en el escritor es inherente a su estilo, así como el canto a la libertad.

Sobresalto emocional en un el hotel en el que se aloja el protagonista; este se convierte en confidente de una mujer de 67 años. La mujer recuerda un día de su vida, cuando tenía 42 años. En las primeras páginas, el sentimiento y la sorpresa se apoderan de la lectura ágil y sosegada con la frase: «Mi mujer me ha abandonado«. A partir de este momento el relato nos conmueve, nos hace estar atentos a los sucesos que acaecen. La pregunta se hace necesaria : – «¿ No cree que es despreciable y feo que una mujer deje a su marido y a sus dos hijas para seguir a alguien de quien todavía no puede saber si es digno de su amor?» ¿Tan despropósito es que una mujer se deje llevar por el instinto y la pasión amorosa en un único día y marque el resto de su existencia? ¿Por qué somos tan exigentes con los demás y no nos miramos y nos preguntamos qué hubiéramos hecho si la ocasión se nos hubiera presentado? ¿Por qué no cabe la respuesta que es el corazón el que nos dicta: hazlo?

«Pues bien, ya le he dicho que solo quería contarle un día de mi vida». Es otra narración hecha acontecimiento viviente; la señora que ha escuchado las opiniones que discurren en el hotel sobre -«una impecable mujer de unos treinta y tres años», Madame Henriette- que ha abandonado a su marido por «un elegante y joven guaperas», se decide a contar la suya; cómo el amor pasional se hizo realidad ( «le había atormentado y preocupado durante veinte años»). Ahora, después de tanto tiempo, lo cuenta. Su nombre: Mrs. C., «la elegante anciana inglesa de cabello blanco». Una vez muerto su marido, se dedicó a viajar; llegó a pensar que su vida era «completamente inútil y sin sentido». Se decidió ir al casino: y «ahí comenzaron esas veinticuatro horas que fueron más emocionantes que cualquier juego y me perturbaron mi destino durante los años venideros». El punto capital, además de lo que acarrea el juego, fue cuando siguió a un jugador abatido a la calle. Observó la destrucción de un ser humano en un banco («empapado de lluvia»). Su expresión «Venga usted» y el diálogo que establecen rompen todos los cánones de misericordia. Su voluntad exagerada de ayudar- y «ningún otro sentimiento personal», confiesa-, cambió su vida («caí en esa desgraciada aventura»). Sea lo que fuere esa noche en el hotel no la olvidará y pervivirá para siempre. Esa necesidad que le aplasta le lleva a contarlo. Es primordial las pausas que hace la señora inglesa, canosa, para proseguir su historia para que lleguemos a la enjundia de su relato. El sentido de vivir, otra vez, revoloteaba por su mente. Sin duda, quería salvar al joven de la pasión del juego, ese placer tentador. Incluso deseó, si se lo hubiera pedido, irse con él al fin del mundo como hizo Madame Henriette con ese joven apuesto, más allá de las habladurías. Desgraciadamente no llegó la luminosidad que ansió, que se pueda esperar, de una mujer enamorada completamente. La naturaleza fue esquiva y lo narra por necesidad para que estemos precavidos para amar pero también para sufrir. El ¡váyase! fue el desprecio sumo. La ingratitud es una constante en el ser humano, y todo a causa «de una loca y descabellada pasión». «De esto hace ya veinticuatro años y, sin embargo, cuando recuerdo ese momento en que me quedé allí…».

Finalmente, manifiesta por qué habló de su destino («Cuando usted defendió a Madame Henriette, y con gran apasionamiento dijo que veinticuatro horas podían determinar por completo el destino de una mujer, me sentí aludida por ello…»). El gracias por escucharme, la despedida con una inclinación y un beso en la mano marchita «que temblaba levemente como hoja otoñal» coronan la obra.


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Zweig, S., Veinticuatro horas en la vida de una mujer y otros relatos. Madrid, Cátedra, 2023


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Poesía

La poesía experimental de E.E. Cummings

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Leído o no, Cummings ha contribuido a ensalzar la poesía en lengua inglesa, y los lectores de los Estados Unidos han destacado para que el candelabro poético estuviera enhiesto durante un tiempo, (…»uno de los poetas más desconcertantes, controvertidos y complejos de la literatura norteamericana de la primera mitad del siglo XX»). Ahora, en esta edición bilingüe, tenemos la oportunidad de leer a este poeta tan distinto por sus formas y temas; lo heterodoxo literario iba con él.

En esta poesía no cabe lo superficial, y si te adentras de esa manera caerás en lo desapacible, en lo etéreo y no te aprovechará. Si el poeta ha sabido llegar a muchos lectores será por algo. Recuerda que hallarás dificultades, que quizá no entiendas a la primera; la poesía experimental va por otro camino poético, de ahí su dificultad. La vanguardia en todo tiempo y lugar entraña aspectos que nos conmueven y, a veces, nos desconciertan como, tal vez, sea el caso.

Conviene leerse y detenerse en los pormenores del poeta que traza la editora con el título ( Vida de un artista, La poesía experimental de Cummings, Poemas-imágenes: lo visual en la poesía…, El uso del verso libre y otras formas poéticas, etc.), para comprender mejor la poesía experimental que se nos ofrece. Aunque algunos poemas son más difíciles de entender, el leguaje es sencillo, pero al aunar unas palabras con otras nos chocan y debemos pararnos para así intentar comprenderlos. Con acierto, Eva M. Gómez nos apunta «las largas conversaciones sobre literatura que a menudo mantiene con Dos Passos y la oportunidad de conocer en persona a Ezra Pound...», pág.17, son capitales en la formación del poeta, en ese aprendizaje para enlazarlo con las cualidades innatas. De manera que su reconocimiento por la crítica no se hizo esperar, incluso su libro ¡No Thanks!, en un principio rechazado por editores, se convirtió en la base de su poesía posterior. Con el tiempo, Cummings se aupó «en el segundo escritor más leído en Estados Unidos, solo por detrás de Robert Frost«, pág.28.

Sirvan, como ejemplo dos, poemas del final del libro; uno de 1918 de la estatua de la Libertad. en Nueva York; y el otro de Poemas tardíos del período, 1930-62

Da igual que la crítica haya establecido varios estilos en su producción poética. Los/as lectores perciben si estamos ante lo puramente lírico, dramático, cubista o satírico. Ya con el término experimental es más que suficiente. Sí es nítido que rompe con las convenciones literarias del siglo XX, y sin duda en unos poemas más que en otros. Lo primordial es la lectura; sin embargo, marcado eso, no es óbice para que tengamos en cuenta algunos hitos propuestos por la editora, por ejemplo, «el uso relativamente frecuente de un registro coloquial o vulgar para algunas voces poéticas», pág. 33, y otras licencias poéticas lógicas en la poesía., aparte de la vanguardia, deteniéndose en el futurism y el cubismo.

Sirvan, como ejemplo dos, poemas del final del libro; uno de 1918 de la estatua de la Libertad. en Nueva York; y el otro de Poemas tardíos del período, 1930-62.

Cummings, E.E., Poesía experimental. Madrid, Cátedra, 2023, 380 págs.


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