Otro año más con el espíritu cristiano de los Reyes Mágicos que coronan el nacimiento del Redentor, al menos en la gran cultura cristiana, queramos o no. Casi todo se posiciona en este hecho con fe o sin ella. Es un hecho viviente. Incluso para los de saber tullido. El desconocimiento y menosprecio de nuestra tradición envilece a las personas. En estos días recordamos lo que aprendimos en los primeros años: «A Belén venid pastores que ha nacido el nuestro Rey, envuelto pobres pañales. sobre pajas lo veréis»… Es la esencia de un mundo agitado y bullicioso; sin duda, cabe el chaparrón de la vacuidad. El nacimiento tal vez se produzca a partir de una rebeldía que se verá hasta la crucificación. La creación de un mundo que sutura otras formas existenciales por encima de la cultura del escaparate en el que estamos inmersos en el que adoptamos modas que fenecen.
Con la poesía de esta excelsa poeta-sin duda, una de los cinco poetas mejores en poesía inglesa-, Brontë Country se viste de hermosura entre los brezos tan comunes en aquella tierra impregnada de páramos agrestes que tanto exaltó. Hace tiempo visité Haworth y quedé impresionado a pesar de la continua ventisca y la lluvia persistente.
Con la poesía de esta excelsa poeta-sin duda, una de los cinco poetas mejores en poesía inglesa-, Brontë Country se viste de hermosura entre los brezos tan comunes en aquella tierra impregnada de páramos agrestes que tanto exaltó. Hace tiempo visité Haworth y quedé impresionado a pesar de la continua ventisca y la lluvia persistente.
Con la Navidad y el mes de diciembre siempre me viene a la memoria el verso «Cold in the earth» de Emily. Así comienza el poema «Remenbrance» de Emily Jane Brontë. La cuarta estrofa la iniciará, también, con la misma expresión: «Cold in the earth-and fifteen wild Decembers. / From those brown hills, have melted into spring: /Faithful, indeed, is the spirit that remembers / After such years of change and suffering!
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Otra celebración en la que se nos inculcó que es un día grandioso, en el que se apoderó la luz de la tierra y se convirtió en divina. Uno de los poetas que recuerdo y la Navidad es el todopoderoso Lope de Vega. En realidad, sentía la Navidad con su poesía, allá en el bachillerato. Ahora, al mismo tiempo, que escribo estas líneas escucho el «Concierto de Aranjuez» que me ayudan sentir lo sublime.
Es como si el poeta fuera un niño que siente gozo ante el nacimiento, pero también padre con sus Pastores de Belén. La naturalidad y el encanto que desprende el libro nos hace coparticipar; los versos que se intercalan en la prosa nos emocionan, así como los villancicos y églogas, Mas hay algo que trasluce como el paso del tiempo en el que, a veces, el desengaño crece. Los versos «Los reyes te darán cosas / mayores / que yo solo puedo dar, Rey / mío / frutas del alma / y del ingenio / flores / que por manos tan rústicas / le envío nos invitan a sentir la Navidad, a ser nosotros, a que todas las personas lo vivan y la alegría sea fundamental en su interior. Sin la generosidad nadie puede ser feliz; es la palabra hecha Navidad.
Si puedes, acércate a la ceremonia litúrgica-no importa que no tengas fe; nos enseñaron en el catecismo que «la fe es un don que Dios otorga». Es la hora de revivir la unión de lo terrenal y lo divino; es la fiesta en los cielos y la tierra en la que cobran todo su valor la música, los villancicos, los belenes, «la misa del gallo». Es el orbe el que se rinde ante lo grandioso; es la tradición cristiana viviente, hasta el aire se detiene en todos los corazones para exaltar al Niño-Dios como algo más que símbolo de la redención humana. Es nuestro ofrecimiento existencial.
Un hecho que pervive, también, en mi mente es el poema de Gerardo Diego «Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad». Me impresionó cuando tuve noticias de la poesía navideña de Gerardo Diego. Es tiempo de leer poesía navideña, que te dulcifique. Feliz Navidad a esos 300. 000 lectores de esta página singular.