Teatro

La crítica teatral y los Machado en la Prensa

Crítica teatral en la obra de los Hermanos Machado.La afición al teatro de los hermanos Machado se remonta, incluso, antes, de la plena dedicación a la literatura en el género lírico.

Poesía

Un intruso en «Francisco Brines: la poesía y la vida»en el Infantes de san Lorenzo de El Escorial

Mañana esplendente, hoy 22 de julio, en un entorno paradisíaco. Se forman colas para recoger las credenciales y carpetas de los diversos cursos que se impartirán en esta última semana de lo que se ha denominado «Cursos de verano de la Universidad Complutense».

Con un «Buenos días» y sonrisa que se agradece abrió el curso el poeta Carlos Marzal. Siete minutos duró la inauguración, más que nada informativa, aunque enfatizó la expresión, referida a Brines, como «un clásico en vida» sin que causase rubor ni en él ni en los escuchadores. El tono en que lo dijo no sé si fue para enfatizarlo, llamar la atención o, tal vez, porque lo crea. Posiblemente sea lo último porque fue más lejos al señalarlo como «clásico superviviente». Dejó constancia de su pertenencia a la «Generación de los 50» y el rótulo de su poesía como «intensificar el amor al mundo», así como lo ya manifestado por tantos poetas que la poesía es vida.

Después de un descanso, la presentadora nos lee ( en esto hemos avanzado poco) durante dos minutos lo más significativo del conferenciante Guillermo Carnero, que con retraso disertó sobre La última costa (1995). Sorprendió sus inicios con una cita evangélica del apóstol san Mateo: » Los últimos serán los primeros». Fue una reflexión sobre el libro referido como símbolo y tradición clásica en el que el agua como fuente de vida, pero también como final, como muerte, está presente, y en medio la figura materna; el elemento que unirá la vida y la muerte.

La constatación de que el tiempo humano es limitado revolotea por toda la poesía de Francisco Brines, no en valde hace tiempo se le ha identificado como «un poeta del tiempo». El profesor y poeta Guillermo Carnero insistió en la no planificación del poema, aunque planificación e inspiración se pueden dar y conseguir una magnífica poesía como  Aire nuestro  de Jorge Guillén. Aún, así, se adentró en la simbología de «Barcaza», «Barco», «Barca, y otras varadas»; en todas se hallan personajes que van hacia la niebla. En la primera anidan «personajes torvos», en la segunda «enlutados y tristes», en la tercera, «esclavos mudos»; en esta última va el poeta. ¿Es una visión del poeta de que ha llegado al final? ¿Pero, por qué tres clases de navíos, cuando se nos ha transmitido desde la antigüedad una sola, la barca de Caronte? He ahí el enigma. ¿Nos quiere desorientar el poeta? Según G. Carnero en el barco «de luces mortecinas, / en donde se apiñaba, con fervor, aunque triste,/ un gentío enlutado», irían los creyentes-cristianos; en la barcaza se excluyen al definirlos como hostiles («torvos»), y en la barca donde sube el poeta, («como esclavos, mudos, / empujamos aquellas aguas negras«) aunque vayan tristes, manifiestan un cierto fervor. Es el agnosticismo del poeta-con preguntas sin respuestas- que se opone al cristianismo de lo maternal, de ahí que al final no se juntarán («mi madre me miraba desde el barco / en el viaje aquel de todos a la niebla»).

En realidad, estas ideas, más o menos, han sido vertidas ya en Antonio Machado o en la Odisea.  Lo mítico sigue en pie.

Ensayo

Antonio Machado entre la literatura y el periodismo

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Antonio Machado. Entre la literatura y el periodismo

Hace ya dos años que publiqué la relación entre literatura y periodismo en la obra de uno de los egregios pensadores del siglo XX: Antonio Machado.

         Intenté buscar, indagar, imbricar los dos términos en los que se hallan trozos de vida, retazos de pensamiento. La defensa de que  los textos bien escritos son una forma más certera de mirar el mundo se hacen realidad en este ensayo. La libertad de conocer, de expresar, de discutir libremente son puntos de los que me valgo para defender la dicotomía de las que llevo ya miles de páginas escritas. En expresión unamuniana “tened fe en la palabra, que es cosa vivida”. De alguna forma, en el libro revolotea la idea del que fue Rector dela Universidad de Salamanca.

         El primer punto que abordo es el Machado que conocemos, que titulo como “Panorámica”, pero que aporta conceptos que probablemente estaban ya en el desván, que ahora reverdezco por su importancia. Así cuando escribo que algunos críticos han ido muy lejos al encuadrar  a Antonio Machado solo como poeta romántico; Vicente Gaos no tiene dudas: “Antonio Machado es un poeta romántico y eso es todo”. Antonio Machado al referirse a Soledades, en 1917, pensaba en la poesía “como una honda palpitación del espíritu: lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, su respuesta al contacto del mundo”. Ángel González lo llama “un verdadero romántico”. Ramón de Zubiría es de la misma opinión: “Machado fue, pues, un gran admirador de los románticos”.

     Eugenio de Frutos ha resaltado del poeta su forma de ser, el tiempo en su obra, el entorno y la educación que recibió de su padre y de la Institución Libre de Enseñanza como manantiales para sustentar su obra. Cada cual, en fin, se ha creado un Machado-como nos recuerda Valente- apócrifo a la medida de sus necesidades. Pero su grandeza como poeta “estriba, sobre todo en el dominio de la palabra y del arte con que supo combinarlas”.

      Después abordo la obra literaria del poeta desde almenas subjetivas, pero esclarecedoras no sólo para el investigador sino también para los lectores. Ahondo en esas galerías del alma con diáfanas palabras en las que el didactismo se hace realidad ya que es el común denominador de todo el libro, y además he pretendido que el ensayo se lea como un cuento, como una novela, de ahí ese estilo sencillo, ameno con que enhebro sus teorías machadianas bien cimentadas con el rigor investigador. Por ejemplo, expresiones como  que Soledades. Galerías. Otros poemas se puede considerar como “la máxima expresión del simbolismo hispánico”, o “su verso es su propia voz”-referida a  “no sé si el llanto es una voz o un eco”,a distinguir me paro las voces de los ecos”-. Es el Machado en un laberinto de espejos, quizá trascendidos e influenciados por la estética de Krause. Todo un paso hacia la luz, hacia la conciencia. Es el problema existencialista del que dieron cuenta a principios de siglo tantos intelectuales, no muy lejos del dístico “y me detuve un momento, / en la tarde, a meditar”.

         Pero el logotipo de Machado es Campos de Castilla, primera edición, agosto, de 1912, dedicado “a mi Leonorcica del alma”; algunos poemas son una verdadera poética, una encrucijada. Si el poeta se entrega a lo exterior es por una necesidad interior que le impele, que le fuerza, que le golpea. Es el pensamiento y el corazón unidos. Insisto mucho en este aspecto. Pero donde  me yergo para su evocación es cuando ya en el apartado segundo me refiero a la colaboración periodística de Machado del período 1934-1939, que corresponden a los sueltos de “Juan de Mairena”, dignos de ser imitados por los que se forman en las Facultades de Ciencias dela Información, y, sobre todo, en el poema que Antonio Machado leyó en la plaza Castelar de Valencia: “El crimen fue en Granada. A Federico García Lorca”, del que extraigo la primera estrofa:

 Se le vio, caminando entre fusiles

por una calle larga,

salir al campo frío,

aún con estrellas, de la madrugada.

      Lo más novedoso del ensayo es lo que se ha publicado en periódicos y revistas después de la muerte del poeta. En esta parte se conjugan la información y la investigación. El libro termina con los homenajes que se han realizado a Antonio Machado desde1939 a 2007. El último, el día 19 de junio de 2007 en la Biblioteca Nacional de Madrid. La colocación de la cabeza del poeta-del escultor Pablo Serrano- en los jardines dela Biblioteca supone un agradecimiento a su obra poética y a su persona.