Ensayo

Las obras más hermosas de la literatura acadia

Las obras más hermosas de la literatura acadia son textos seleccionados en los que prima la calidad y, al mismo tiempo, imprescindibles para el conocimiento de esa literatura entroncada en la llamada antigua Mesopotamia. Lo que entendemos por joyas literarias están enclavadas en la literatura acadia. Al final, cuando terminas la lectura quedas como pensativo, en suspenso, con mirada ensoñadora, como si fueras a la búsqueda de un paraíso perdido. Es cuando la perfección te invade.

El término «Acadio», nos aclara el editor, «señala, más que una lengua propiamente dicha, un concepto que engloba diversas hablas dialectalmente diferenciadas a lo largo de la Historia». Doce escritos configuran el título del libro. Una vez leídos, cada uno, se necesitan una cierta pausa para la meditación; es necesaria. El poema de Adapa nos da una visión que para los humanos es imposible, como es la inmortalidad («A él le dio la sabiduría (pero) vida eterna no le concedió«. Los cuatro manuscritos de los que consta el poema con el título de tablillas son fragmentos; en el primero, se narra la conversación del dios Ea y Adapa, el encargado de satisfacer, orientar el culto al dios. En un momento-ya en el segundo fragmento-, Adapa observando el sueño de Ea se escapa a pescar en el barco del dios. Ante tal arrogancia y sin conocimientos de navegación, el viento hunde al barco («se quebró el ala del viento del sur«). Durante siete días no sopló el país; Adapa se enfurece y maldice al viento; es entonces cuando el viento no puede moverse-durante siete días no sopló el país-; ante el desorden, el supremo dios-Anu- monta en cólera y castiga a Adapa. Entra en acción el dios Ea y le dice que no acepte ni comida ni bebida si le ofrecen cuando suba a los cielos y te acerques a la puerta. Te harán muchas preguntas. «Te ofrecerán una comida de muerte, así como una bebida. Al preguntarle Anu el motivo de que rompiera el ala del viento Sur. Adapa respondió que estaba pescando y el mar en calma, cuando de pronto un viento furioso hundió el barco y yo lo maldije. Cuando le trajeron el alimento de la vida y la bebida, no comió. Al negarse, no se le permite entrar en el cielo. Y Anu clamó: «Cogedlo y llevadlo a su tierra».

Más allá de las interpretaciones a las cuatro versiones, e incluso si estamos ante un nuevo mito o no, subyace una idea clara; las personas que habitamos en, podíamos llamarlo cosmos, cumplimos con la dicotomía nacimiento / muerte sin que la rebeldía pueda asentarse por la perfección que nos doblega, somete al género humano. En el cuarto fragmento aunque difiera algo de los tres primeros («cuyo maléfico respirar en las gentes puso enfermedad que en el cuerpo de las gentes ha puesto», una divinidad la aliviará y habrá gozo; habrá certeza que lo humano-el cuerpo- no ascenderá a la eternidad.

En el poema Etana asistimos a una petición: descendencia; se implora a los dioses para que se tenga («¡Muéstrame la planta de la procreación!. ¡Quita mi carga, concédeme un heredero!». Es un anhelo para que se prosiga con esas señas de identidad, para que la estirpe no se pierda y desaparezca. La creación de una forma de ser que sea, al menos, inmortal en la tierra, que perviva. En el poema se atisban tres versiones. Alguien tiene que iniciar una nueva sociedad. Una diosa desciende de los cielos y elige a Etana, «que sea su arquitecto y el constructor , el bastón del mando»· Este personaje ya había construido «el santuario de Abad, su dios». A su sombra había crecido un chopo. En su copa anidó un águila y en su base habitó una serpiente. Se juraron respeto, pero ante el incumplimiento ocurren aspectos atroces y tiene que intervenir el dios Shamash ante la súplica de la serpiente. Para deshacer la fábula y coronarla Etana recurre al mismo dios para que le ayude a la procreación ya que su esposa no puede, pero asistimos a un sueño y ve una planta de nacimiento. Etana se empeña en buscarla. En la tablilla tercera, ante la petición del águila a Shamash por el cumplimento con la serpiente, hallamos a Etana pidiendo a «el águila que le concediese la planta de la procreación». Ante una narración extensa. el águila saldrá de la fosa y ayudará a Etana a subir a los cielos encima de sus alas para encontrar el árbol o planta de la creación. De tanto subir, de pronto empiezan a descender, no se sabe si llegaron a estar en los cielos y contemplar la planta; la historia se corta; pero, a pesar de todo, Etana tuvo su heredero.

Hallamos tres versiones la»versión tardíafechada en el siglo VII es la más extensa y la que nos suministra una mayor información»), versión paleobabilonia (·«debió redactarse en la primera mitad del segundo milenio», versión mediosiriaconocida por una decena de de fragmentos…, pueden fecharse en torno al siglo XIII»). Las tres apuntan al meollo de la cuestión. el editor nos dice cuándo se produjeron por lo que habrá que dar fe dada su investigación y su alarde para mostrarnos estas páginas hermosas, pág. (62). Ante tanta belleza narrativa, el poema habrá que leerlo, al menos, dos veces, Sin que te lo propongas, saldrá un espíritu que te invitará a leerlo de nuevo.

El poema Teodicea Babilonia es dialogado entre dos personas; ambas de altura lingüística y dominadoras del entorno. Una con el nombre de doliente que ha sufrido una injusticia social: la otra es un amigo. Hay nueve manuscritos. Tienen 27 estrofas, y cada una con 11 líneas; todas líneas empiezan con el mismo «silabograma», y se forma un acróstico en el que se descubre el nombre del autor-un sacerdote de conjuros que venera a los dioses y al rey-. Ante tanta injusticia, uno duda de la divinidad y se aparta; por el contrario, sí cree en los dioses y hay que venerarlos; es un ejemplo.

El doliente necesita contar su infortunio, de ahí que necesite a una persona sabia, ilustrada. Narra la historia: cómo siendo un niño «el destino golpeó a mi padre», y su madre «partió hacia el País de imposible retorno» . Es decir, lo dejaron sin nadie que le cuidara. Rápidamente interviene el amigo para consolarlo; incluso lo denomina «dilecto amigo»; ante esta situación lo mejor es venerar a los dioses, le insta a que sea así («El que sirve al dios gana una divinidad protectora» (…). El que está en peligro «si venera a la diosa, acumula riquezas»). En la estrofa tercerea el doliente se queja; está desamparado y sin riquezas y menos poder. El amigo le vuelve a repetir en la estrofa cuarta que «las plegarias» a los dioses son necesarias si quiere ser feliz; que busque la senda, el camino; los dioses te protegerán. Ante las palabras preciosas, se rinde, pero le recuerda que los ricos se comportan como animales salvajes («¿Acaso el hombre rico (…) pesa el preciado oro rojo (que se ofrenda) a la diosa?»). En la contestación le denomina ahora «hermano mío», «joya de sabiduría», y le insiste en buscar «sin desmayo la eterna recompensa de la bondad de los dioses». Y así, van dialogando, cómo los ricos son cada vez más ricos, y los pobres cercanos a los dioses, cada vez viven peor, el bribón, el necio están por encima («la senda de la prosperidad la recorren aquellos que no honran a los dioses»). Y así, el doliente-sufriente cuenta las desdichas-cómo el poderoso triunfa haciendo el mal, cómo la injusticia predomina-, y las respuestas del amigo- en las que admite que puede haber una cierta injusticia- hasta la estrofa veintisiete en la que el doliente intenta creer en la esperanza- «soy un hombre de talento y piadoso»; y finalmente ruega ayuda al dios que lo abandonó y proclama: «Que el pastor real, mi Sol, guíe como un dios a las gentes».

En todos los poemas se encuentra la sabia poderosa para hacernos comprender qué es la existencia y hasta dónde podemos llegar. El humorismo ante la certeza de que somos mortales en ese desgranar entre el amo y el esclavo en el poema «Diálogo del pesimismo». Los consejos morales y políticos para que sepa distinguir el mal del bien y no se decante por el poderoso, y menos hurte el «dinero de los habitantes y lo ingrese en su haber» en «Consejos a un Príncipe«. Cualquiera que lea este poema se podrá preguntar, incluido el que reseña estos poemas, y para qué necesitamos príncipes y princesas. ¿Cuál es su utilidad? Las respuestas quedan en el limbo.

El poema El hombre pobre de NIppur muestra la venganza ante el menosprecio del poderoso ( en este caso alcalde) «(Por un agravio que me hiciste / te he hecho pagar tres veces»). El poema del justo sufriente es un monólogo y consta de cinco tablillas; la última termina con una plegaria en la que se pide entre otras muchas «que goce de la plenitud de la vida, que mitigue su llanto, que las gentes vuelvan a estar en paz, que su dios personal lo ensalce y su diosa personal lo honre». Comienza con un hecho grandioso: «Alabaré al señor de la sabiduría al dios juicioso / el que se enfurece de noche, pero se apacigua de día». Detrás de todo, están los sufrimientos de una persona y la curación gracias al dios Marduk. El poema de la creación o Eunema Elish es otra exaltación al dios Marduk como el artífice, el supremo de organizar el Universo y Babilonia como lugar para sus inicios. Versa, por tanto, de la creación del hombre y el origen de universo. El poema es una canción al dios-«el que encadenó a Tiamar y obtuvo la realeza (…), el templo de Babilonia». El poema Inuma Ilú es extenso y abarca temas como la creación del género humano-«Tú serás la diosa de los nacimientos, la creadora de la humanidad», el diluvio- «el estruendo del diluvio» (…) «y un hombre sobrevivió a la catástrofe»-, la muerte-«Vuestra enfermedad está consumiendo al país (..)la peste se estableció entre las gentes»-, el matrimonio-«donde la mujer embarazada dé a luz» (…)yazcan juntos la esposa y su marido»-, la procreación-«entre las gentes haya la mujer fértil y la infértil», El poema de Nergal y Erehkigal nos hace reflexionar, de nuevo, sobre la importancia de lo dioses. pero sin que lleguemos a comprenderla entre lo terrenal y todo el bagaje de la divinidad, se supone celestial.

El descenso de Ishtar al inframundo : dos formas de contemplación; por una, la codicia o de saber acerca del Inframundo. La diosa quiere penetrar sin más, con exigencia, pero hay condiciones: tiene que pasar por siete puertas, y en cada una de ellas tiene que dejar algún objeto de su atuendo en que va vestida; al franquear la séptima. «le arrebató el vestido de la dignidad de su cuerpo y se lo llevó». Los ritos de la señora de Inframundo lo ponía como exigencia si quería entrar; al verla, manda a su visir que la aleje de su presencia y despliega contra ellas sesenta enfermedades. Al desaparecer Ishtar, otra diosa-Ea- decide salvarla y crea un ser asexuado . Al oír esto, Ereshhkigal lanza una maldición contra el nuevo ser. Finalmente, manda traer a su presencia a Ishtar-eso sí pasando otra vez por las siete puertas- ; ya en la primera se la devolvió e vestido de la dignidad de su cuerpo, y en la última, «la gran tiara de su cabeza». Para dejarla salir, tenía que entregar un sustituto; así se hizo, y este fue su antiguo amante Dumuzi. El poema de Erra tiene en el centro Babilonia y su sufrimiento-«contra el santuario de Babilonia, como el que un país devasta, arrojaron fuego»-, para enaltecerla de nuevo. Un canto para siempre y eternamente permanezca. en todos los países. Es el dios Ishum-exterminador famoso- el que revela el poema al poeta con el consentimiento de Erra-«heroico. Tú empuñas la rienda de los cielos»- y el resto de dioses.

Son poemas con algo más que la palabra exacta en un mundo en el que los dioses acamparan todo y las personas se doblegan aunque no llegan a comprender las maldiciones, las injusticias que siempre recaen sobre los más desvalidos y el poderoso es que triunfa aunque no crean en la divinidad. ————————

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Las obras más hermosas de la literatura acadia. Madrid, Cátedra, 2024, 458 págs. Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Ensayo

PRIMERAS LETRAS de Octavio Paz

Primeras letras (1931-1943). Octavio Paz

El libro se lee con delectación-estamos ante una prosa poética-, y «supone una puerta de acceso imprescindible a la obra de Octavio Paz» (contraportada). Ya era hora de que reverdecieran las letras del primer Premio Nobel de las letras mexicanas. Hallaremos artículos de literatura, de arte, ensayos, actualidad social, política, encuestas, reseñas, y todo revestido de poesía que te ayudará en la lectura sosegada y con provecho. Se trata de una nueva edición revisada y aumentada de Enrico Mario Santí. La estructura consta de cuatro partes tituladas ( Vigilias: diario de un soñador. Libros y autores. Testimonios. Novedades. Anexos ( Fuentes. Índice onomástico). En la primera parte. la palabra poeta gira constantemente por la mente del autor, incluso nos la recuerda en las últimas líneas: «Y el olvido te cubre, poeta, como a la tierra el pecho sombrío de la nube a la hora en que el sol deserta», pág. 150. Es el conocimiento por medio de la poesía.

Octavio Paz en su «Descargo» nos advierte de que » la literatura es soliloquio y diálogo». Esta edición contribuye a esclarecer, por si había dudas, los pormenores de las causas de la misma con un muestrario de revistas, periódicos, en los que se apoya. Dos premisas de las que nos percataremos en sus escritos. Su identidad mexicana/española se percibe ya desde las primera líneas desde sus «Vigilias», que irán fortaleciéndose hasta el final. Las cuatro vigilias forman un testimonio de la dicotomía vida-muerte y el tiempo como abanderado de las transformaciones que van surgiendo en este diario de un poeta desnudo ante la adversidad y la dicha. Son notas que coadyuvan a sentirse. Recogen «los los capítulos del diario íntimo que Paz fue publicando entre 1938 y 1945 más los dos poemas en prosa inéditos que forman parte de la misma colección». Comienza » a escribir, precisamente, a la muerte del padre, en los ratos libres que le permitía su trabajo de escribiente en el Archivo General de la Nación», pág. 34. Es su conciencia la que le insta a sacar su mejor yo interiorizado.

Si nos sumergimos en el amor, clave en lo humano como necesidad, también debemos aceptar el dolor, la angustia de ser. Es la soledad la que abruma, de ahí el sacrificio que se debe aceptar. El poeta al hablar de esta certidumbre desolada, evoca a «Jesús, de la misma noche en cuya oscuridad y soledad de hombre, cualquier hombre, llega a purificar su condición, mediante la evidencia de su enorme desnudez frente al mundo», pág.141. Toda la vigilia IV versa sobre el destino amoroso en el que se duda si es una exaltación o si permanecía como destrucción («No puedo recordar la clase de sentimiento que experimentamos : horror, alegría. pasmo»). La luz y la sombra del amor revoloteaba. En la vigilia tercera explora la identidad del ser, la pregunta de quiénes somos, el pensamiento que nos devora al tener que sufrir, también, por lo ajeno a nosotros, como culpables de haber nacido. El poeta recurre a Nietzsche . «No hay que avergonzarse. Hay que satisfacerse». Todo nos conduce a una reflexión sobre el existencialismo y si Dios es un problema o una necesidad ante el caos que nos hiere. Con esta idea solo la fe nos salvará ante no querer morir del todo, con la esperanza como acicate; es el «hambre de eternidad» unamunesco.

En la segunda parte se recogen «36 textos sobre literatura, arte, política y moral». La creación estética se hace realidad en los textos seleccionados. Son los autores que han hecho mella en Octavio Paz y nos lo recuerda. Al primero que nombra es al «cerrado y completo universo es la obra de Marcel Proust·. Es como si todo estuviera enclaustrado. A la búsqueda del tiempo perdido, «indiferente del mundo y de la posteridad». Libro que agota todo. Sus protagonistas «no pueden reproducirse y crecer en otra atmósfera, estériles, atados a sí mismos», pág.158. El tiempo no transcurre, pero la literatura adquiere vitalidad y la memoria y poesía se aúnan.

La tercera parte comprende «Testimonios»; recoge 5 ensayos y 2 respuestas a encuestas que que tratan exclusivamente sobre poesía . En «Poesía y mitología» no intenta analizar la poesía y la mitología como independientes sino «destacar entre todas las relaciones que las unen», pág.400. Trae a colación el soneto de Garcilaso que tanta importancia tuvo y tiene en el que trata de la poetización del mito de Dafne («A Dafne ya los brazos le crecían, / y en luengos ramos le crecían vueltos se mostraban….«). Garcilaso se sirve de un mito para su creación y hacernos pensar; poco importa si es psicología, filosofía, ansias de amar, rechazo; lo primordial es que nos sirve de reflexión. Es la poesía hecha carne; es la poesía encarnada en el mito. También existe en novela y mito.

La cuarta, «Novedades» (1943); se recogen 27 de las 28 columnas que Paz escribió ese año para el diario capitalino del mismo nombre». De estos me han llamado la atención «Don Nadie y don Ninguno», que nos conduce a la «oquedad de la Nada». El juego de las tres palabras nos hacen pensar en cada una y, al mismo tiempo, la tríada nos sumerge aun más para llevarnos a lo humano. Es cuando Nada «se humaniza, se hace persona, adquiere una fisonomía, un carácter, un pensamiento», pág.448. Estas ideas las corrobora al final con la expresión de Heidegger: «estar sosteniéndose dentro de la nada». En «Divagación en torno al lector» se pregunta cómo será el lector que se adentre en estos pensamientos que escribe por necesidad para huir de la soledad, que «aunque su crítica no sea compartida, será por lo menos entendida». Deja de manera nítida que su escritura es para todos; escribe «para cada uno, para ti lector, para tenderte la mano, para estrechar la mano». Pero, también, «para poblar esa soledad con un diálogo silencioso», para obligarse en tiempos de zozobra y compartirla como antídoto.—————

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Paz, Octavio , Primeras letras ( 1931-1943). Madrid Cátedra, 2025, 570 págs.

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Ensayo

Estética de la Modernidad

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El comienzo del ensayo te anima a que descubras el pensamiento kantiano: «Según Kant, la Modernidad es la mayoría de edad de la Humanidad». Con esta aseveración tu mente va desbrozando las 318 páginas de que consta. La tarea es ardua y necesitas meandros que te ayuden a comprender todo el tratado hasta llegar a un breve epílogo por si quedas con dudas.

El hecho de que en el capítulo primero aparezca Shiller, contribuye al intento de comenzar con fuerza la lectura, y más cuando tiene como apoyatura «Sobre poesía ingenua y poesía sentimental»; aunque ya en la Introducción el autor había dejado caer los porqués de este libro, basándose en dos ensayos de Schiller: » Sobre la gracia y la dignidad» y «Sobre poesía ingenua y poesía sentimental» publicados en revistas entre 1793 y 1795. Inmediatamente te adentras en la dicotomía «derecha conservadora y la izquierda transformadora» como fronteras de una nueva sociedad para que los términos igualdad y libertad se desarrollen en tierra fértil; de nuevo, Kant nos advierte en «Para la paz perpetua», para que se consiga ese cambio globalizador, «la paz llegará cuando desaparezcan las monarquías», pág. 26.

Estructuralmente, el ensayo se compone de cinco extensos capítulos con los títulos Modernidad. Estética y paraestética. Estética de la Modernidad.. Simbolistas modernos. Categorías. El más amplio es el cuarto en el sobresalen nueve novelistas con «una serie de lecturas de obras de los autores en los que fraguó las lecciones de las secciones precedentes». Conviene leerse antes el Epílogo con el título «Un triple reto» para que sepamos con más identidad dónde nos hallamos.

Si los derechos humanos son capitales en lo que ha venido en llamarse era moderna, quiere decir que en aquellos en los que sean restrictivos o no existan, ¿no han entrado en la modernidad tal y como la entendemos? Si bien es cierto que lo humano es lo que nos acerca a la igualdad, dónde ponemos la libertad porque esta y aquella son esenciales para lo humano. La globalización nos puede unir e incluso instar para que la libertad también, donde no exista, se extienda, pero en modo alguno hay que prescindir del pasado; es un alimento si de esa forma conseguimos el bien. La herencia recibida hay que amasarla para una comprensión más certera. Sin entrar en el término belleza y si esta también es estética o parasintética, dependerá de cómo se articulan individualmente aunque haya formas en las que se inserten. Un ejemplo nítido es cómo se concibe la forma interior; cada individuo quizá lo atisbe de forma diferente. Por ejemplo, el poeta inglés Keats nos ha dejado la asombrosa frase «Beauty is truth, truth beauty» que ha conmovido tantos corazones. Y además nos insta a que profundicemos, que es lo único de debes conocer. Desde otra atalaya. Juan Ramón Jiménez mantuvo:: «Belleza que yo he visto / ¡no te borres ya nunca! / Porque seas eterna, / ¡yo quiero ser eterno!

Cuando el autor trae a colación el concepto de simbolismo y más cuando » es la estética moderna» nos recuerda a Galdós al legarnos » un lema que bien podría ser el lema del simbolismo, aunque ha sido leído en clave realista : Ars, natura, veritas«. El acierto es total. La literatura no puede quedarse solo en entretenimiento; si se concibe de esa forma no es literatura. Sí cabe la disidencia cuando hablamos del término «Modernidad estética». Exactamente igual cuando se piensa que las ideas humanísticas se inclinan a lo dogmático. La controversia es un dato que debe producirse para el crecimiento, para ese florecer de nuevas ideas en todos los géneros literarios. Me alegra que el autor haya puesto varios ejemplos de novelas de Galdós entre otros; los encuentro muy fructíferos, no solo en la novela de educación para acercarse al historicismo. Las prioridades en lo cultural o social sirven de apoyaturas para extender el amplio campo de la Modernidad.

Muy acertados son los «Simbolistas modernos». Los ejemplos son nítidos, sobre todo, si se han leído las obras de los diversos autores o parte de las que hace referencia, y en las que se destacan «vertientes humorísticas, herméticas e ensimismadas», pág.161. En cuanto a uno de los seleccionados, Luis Landero, percibo que tiene una cierta predilección por su arte de novelar, además por la «densidad de símbolos», que los/as lectores podemos reconocer. Incluso se hace hincapié en que casi todos ya aparecen en su primera novela Juegos de la edad tardía en la que nombra a «el hombre inútil e inmaduro, el libro esencial, el personaje diabólico, la educación, la magia y el misterio, el padre, la destrucción del idilio familiar, la ensoñación y el afán», pág. 245. Así como el cierre de la novela que viene a coronar lo escrito: la «reivindicación de la infancia como salvación». Sin obviar aspectos como «testamento o narración infantil». Estos símbolos son característicos del novelista extremeño en que lo cotidiano y sobrenatural o la lógica y lo absurdo brotan constantemente.

El último capítulo, el quinto, con el nombre de «Categorías»-idilio, viaje y costumbre- «han cumplido un papel en la tradición, otro en la historia premoderna y se han renovado en el mundo moderno». Entonces, la Modernidad es algo más que sincronía-diacronía. Los diversos géneros literarios han aupado esa tríada; es evidente que el viaje ha sido a lo largo de la historia descrito en la novela sobre todo, aunque comience » a ser un fenómeno cultural en el Neolítico», pág. 274. En la literatura se ha desarrollado en la aventura, como iniciación, en el humorismo, viaje moderno y como categoría estética. La diversidad ha contribuido en la historia a cimentar unas bases concretas. En cuanto al «idilio moderno», el autor defiende que «La Modernidad es un tiempo incompatible con los valores idílicos: la tierra natal,,, la familia y el trabajo agrícola o artesano», pág. 282. La identidad » que hunde sus raíces en la naturaleza» ha sido objeto de la creación literaria en sus diversos estados. Si nos referimos a lo bíblico cuando se habla de la «tierra prometida», es evidente, asombroso. Cuando leemos Campos de Castilla o Soledades de Antonio Machado nos sumergimos en el idilio poético, por ejemplo. Muchas páginas que nos ayudan a pensar, a ser nosotros en medio de la estética de la Modernidad,

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Beltrán, L., Estética de la Modernidad. Madrid, Cátedra, 2025, 318 págs,
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Pérez Galdós

Ángel Guerra de Benito Pérez Galdós

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La editorial Cátedra no debe cejar, en el empeño, de publicar toda la obra galdosiana; los lectores/as no defraudarán. La recepción está asegurada, de ahí mi alegría con la publicación de Ángel Guerra. Ya Clarín la exaltó como un documento imprescindible «para el conocimiento de su autor y para entender las peculiares características morales y estéticas que confluyen en el siglo XIX, sembrando incertidumbres, resucitando emociones y sentimientos viejos pero no caducos». Es densa, sin duda, pero divierte y enseña. Se puede considerar como la tradición galdosiana y cervantina. Pardo Bazán escribió que si Zola abanderó que la primicia novelesca estaba entre la francesa y la rusa, doña Emilia, siempre atenta, se decantó por la segunda para la novela castellana. Ortega Munilla, director de Los lunes de El Imparcial, nos dejó una reseña de la novela como fundamental, trascendental con «espíritu místico sobre un espíritu radical en materias filosóficas y políticas». Y terminaba: «Ángel Guerra es por todos los conceptos admirable obra de un talento que se halla en su período amplio de madurez y de vigor y honra el ilustre nombre del primer novelista contemporáneo». Y cómo no, traer a esta página a don Ramón del Valle InclánInclán- el primer artículo de crítica literaria que escribe- que admiraba a Galdós,-lo admiraba, lo repito, para aquellos que hablan de oídas y les corroe la envidia-, le denominaba maestro. Se atrevió, una vez leída la novela, a reseñarla con el título «Ángel Guerra. Novela original de D. Benito Pérez Galdós» en El Globo un 13 de agosto de 1891. Nos adelantaba que estábamos ante el primer novelista español, para casi al final manifestar que «Ángel Guerra no es solamente un revolucionario arrepentido, es la encarnación del más puro amor humano, el fanático de las virtudes sociales, el Amadís de Gaula de la caridad, en una palabra: la santidad librepensadora y francmasónica».

La capacidad de observación en esta novela nos abruma por su exactitud y profundidad. El estudio de los caracteres de los personajes prima en todo el desarrollo. Las calles de la imperial Toledo, sus edificios de tanta raigambre los observamos vivientes; así como ese amor de Ángel Guerra por Leré (su otro sentimiento que desborda)-aunque a veces a trompicones- nos anima a proseguir con la lectura. En este sentido. don Ramón destacó, también, «un profundo simbolismo». No podía ser menos doña Emilia al resaltar la filosofía en Nuevo Teatro Crítico en el que que se yergue la «plenitud y la madurez literaria de Galdós por ese «derroche de savia, exceso de lozanía, despilfarro de inspiración, caudal para diez novelas en una sola,,,». Añadamos: la huella de Cervantes es tan nítida que no se nos escapa a los lectores. Es más, fue el primero, después de los ingleses, el que lanzó la importancia de la obra cervantina, de ahí que estuviera inmersa en su obra. Ángel Guerra, en la obra galdosiana está entre el cénit del naturalismo-el inicial fue La desheredada,1881- y el agarre con la fase simbolista. No olvidemos que Nazarín, Halma y Misericordia son algo más que materialismo que nos conducirán al espiritualismo. La huella cristiana se percibe.

La nitidez y el esplendor – por la síntesis que realiza de parte de la crítica- en la Introducción de don Juan Calos Pantoja nos da pie para no desmayarnos ante la extensa novela; incluso, nos anima a su lectura por la vigencia que tiene, hoy, Pérez Galdós («Y precisamente ese compromiso, unido al retrato preciso de un tiempo y de un país, es uno de los motivos principales de la vigencia de la obra de Benito Pérez Galdós», pág. 17). Cómo me alegra que en la primera página nos recuerde el impresionante artículo de Almudena Grandes publicado en El País el 3 de enero de 2020 con el título «Galdós para entender la España de hoy» con foto incluida de la novelista y las primeras líneas en la portada del periódico. Su reivindicación «del más grande escritor que vieron los siglos después de Cervantes» aleteaba en todo el artículo. Como bien sabemos, el sr. Cercas, celoso por el extraordinario artículo arremetió de forma airada en su contra sin que para este lector y tantos tuviera una brizna de veracidad. Incluso llegó a escribir que Galdós «se halla en las antípodas de eso» (supongo que ahora en la Academia le habrán corregido por esa expresión ya que no es «las», sino «los antípodas»). Cuánto me satisfizo como contestación con el título «En defensa de Galdós» de Muñoz Molina, el 13 de febrero, en el que echaba por tierra las barbaridades del sr. Cercas. Sonsaco del magistral artículo: «Pérez Galdós fue creando un mundo narrativo que es exactamente lo contrario de esa simpleza pedagógica o doctrinaria que Javier Cercas dice encontrar en sus novelas. La conciencia política de Galdós se corresponde con su actitud de novelista en una pasión simultánea por comprender y mostrar la complejidad«. Citado también por el señor Pantoja, pág.13.

Hay que felicitar al sr. Pantoja por la extraordinaria introducción-aunque sea síntesis de lo que se ha escrito y algunos matices en los que discrepo– de Ángel Guerra, pero no a la idea que vierte en la página 16 cuando escribe: …»de quienes, como Muñoz Molina o Vargas Llosa, hablan del conocimiento profundo de la novelística galdosiana». Sin lugar para la duda, para Muñoz Molina y un NO rotundo para Vargas Llosa, si tenemos en cuenta el ensayo La mirada quieta( de Pérez Galdós), que definí como «horrores y errores» en mi blog o página literaria, que no voy a repetirlos. No sé los motivos que le han llevado a decir «ese conocimiento profundo de Vargas Llosa». No leí crítica que fuera laudatoria; todo lo contrario. Incluso un afamado crítico, José Luis García Martín en El Norte de Castilla, vino a decir ante tantos disparates que o no había leído a Galdós o no lo había comprendido.

Tampoco entenderé que traiga, de nuevo, a colación a Vargas Llosa («es difícil de creer lo que nos cuentan sus páginas…) como si fuera el pan galdosiano, pág. 58. Eso es decir nada, impropio de un premio Nobel. Estamos ante una persona o que no leyó o no entendió a Galdós-expresión dicha por un afamado crítico que ya he nombrado-. Sinceramente, no sé si usted ha leído todo el ensayo. Le voy a poner dos ejemplos referentes a dos novelas: La Fontana de Oro y Gloria. ¿Sabe usted cómo las define? La primera como «un panfleto»- «más que una novela es un panfleto y todo es superficial y alambicado», y la segunda «no tiene ni pies ni cabeza«. Los que hemos leído las dos novelas nos ha herido la sensibilidad-hay que persignarse-, y más a mí, que ya he publicado sobre ella varios artículos y además fue «mi tesina» al terminar quinto de literatura hispánica, para después abordar la tesis doctoral desde otro mirador. La crítica más exigente escribió: «obra maestra, ya de ambiente, de caracteres, de realismo«. Fue capaz de relacionar novela e historia. Y en cuanto a Gloria, Galdós se adelanta al concilio Vaticano II. Es decir, a la libertad de cultos, a la unión de las iglesias. Galdós, se vale del amor. Es decir, ¿ cómo es posible que una mujer católica no pueda casarse con un judío, simplemente porque profesan distintas religiones? El niño que tienen está llamado a reconciliar lo corazones, de ahí que al final toquen las campanas a Gloria (el simbolismo es nítido). Con este tema no voy proseguir. Solo constatar que su amigo Pereda le condenó con las penas del infierno por haber escrito un novela excelsa.

La novela se desarrolla en tres partes; en la primera, hallamos siete apartados numerados que se desenvuelven en Madrid («Ya estoy en el Madrid de mis ensueños con febril actividad de Ángel Guerra»): «Promediaba el 1891 cuando yo escribía las últimas páginas de Ángel Guerra». Para la posteridad ha quedado el entorno. En las primeras líneas se nos describe al personaje principal Ángel Guerra, de treinta años «hombre más bien grueso que flaco, de regular estatura, color cetrino y recia complexión», pág. 89. Al lado su amante, Dulcenombre, de veinticuatro años, sostén y camino de Ángel («Qué buena es esta dulce-pensó-, y qué vacías, qué solas, qué huérfanas quedan las cosas cuando ella se va», pág. 94.). Dulce era «¡…más que delgada , flaca y tan esbelta que la comparación de su cuerpo con un junco no resultaba hipérbole!». Sin embargo, su rostro era de «una nobleza indiscutible». A Ángel la soledad le abrumaba. Sorprende que ya en el inicio de la novela, Dulce se desnude mentalmente y lance: «No me gusta la libertad. Me siento mejor sometida, y con el cuello bien amarrado al yudo de un hombre». El contraste con el revolucionario Ángel no fue óbice para amarle de alma y cuerpo. No le gustaba la política, aunque las ideas revolucionarias de Ángel Guerra se iban infiltrando. Añadamos que Ángel era viudo y tenía una niña de siete años «llamada Encarnación a quien amaba con delirio», pág. 99. Constatemos: «vio Guerra a Dulcenombre, y recíprocamente se agradaron (…) y a los dos días de conocimiento, Ángel propuso a Dulce irse con él», pág. 124. Cuando Ángel Guerra quiere ver a su madre-apartado «La vuelta del hijo pródigo«-, le recomiendan, antes, que huya de esa familia «un atajo de ladrones y tramposos»; que rompa «esas relaciones indignas», pág.151. Poco antes de morir, el encuentro madre-hijo se produjo. Ya la muerte se acercaba y se apresuraron para pedir la extremaunción («despuntaba la aurora cuando hasta los más reacios la tremenda evidencia de la muerte, se convencieron de que la pobrecita doña Sales no vivía ya, pág. 187),

«La situación de espíritu en que Guerra quedó al perder a su madre, no puede ser comparada sino al aturdimiento o conmoción cerebral», A partir de este momento, la protagonista es Leré de la que ha quedado prendado Ángel que se irá a Toledo a donde se marchó «hace dos días la señorita Leré, para no volver jamás», pág. 280. Con el «vamos a Toledo» termina la primera parte; atrás queda la «Cibeles», corría abril de 1890.

La segunda parte ha cambiado de escenario, ahora es Toledo («la gran Toledo») en el que se van a exponer con otra perspectiva las ideas de Ángel Guerra-en el que subyace la antinomia-. Otros siete apartados la conforman igual que la primera. Atrás quedó el Madrid político; el Madrid avasallador, el convulso, ante un posible cambio de régimen; la monarquía no tenía sentido, por eso su inutilidad («en ocho días, España del revés, como se vuelve un calcetín»). Ángel Guerra defiende la República, y se posiciona en contra de las injusticias, la pobreza. Su dolor hirió en demasía el corazón. Sintió una desazón interior.

La llegada a Toledo supuso un cambio radical; «sus primeros pasos en la histórica ciudad fueron vacilantes», ante su aburrimiento decidió visitar a sus pacientes en los que había ricos y pobres. Su acción va encaminada a auscultarse, a desbrozar el espiritualismo que subyace en su interior; el entorno era favorable; en ese ámbito religioso en que está enclavada a la ciudad que llega. A poner en entredicho el fanatismo religioso que ahoga el progreso, la ciencia, la libertad individual. A mi parecer no se trata de conversión, es algo más profundo; es otra forma existencial, otra forma de mirarse por todo lo que le rodea: conventos, iglesias. catedral, ceremonias religiosas, música sacra. Todo le convence hacia otra vereda. Ángel, en medio de tanta historia, observa y piensa; descifra cuanto ve; su interior acumula hechos que le servirán para resolver los pensamientos que le revolotean. Leré ya se encuentra en Toledo y además está cerca de profesar en una comunidad religiosa; es un nuevo escenario que le sorprende.

No se puede olvidar en la novela a la amante Dulcenombre; esta va a Toledo a buscarlo; al enterarse Ángel se marcha a un cigarral de su madre como huida, no lejos de la ciudad pero sí suficiente para desarrollar lo que tiene en su mente, entre otras, crear una fundación. Dulce, al ver que ya Ángel no quiere saber nada de ella, le da por la bebida y enferma. Tampoco triunfa en el aspecto material la relación Leré-Ángel, pero sí en lo espiritual-religioso, cuando Leré le exige que se haga sacerdote para que así los dos dirijan la fundación fundada en la misericordia, en el amor a los demás, a los de sed de justicia.

La tercera parte se atisba como final; se reducen a seis momentos, como práctica de lo que siente y ha observado. En las primeras líneas se nos adelanta el espíritu en que se va a desenvolver con la expresión «me han dicho que usted es un santo», pág. 504. Se repetirá en varias ocasiones las referencias a la santidad. Incluso poco antes de morir cuando cae herido («Si eres santo, por qué no accediste sin insultos y provocaciones a lo que estos infelices te pedían?», pág. 684.

Más que el sacerdocio en sí, es llegar a los humildes, a los desheredados, a los marginados, a los que se silencia, a los que no tienen voz; no era necesario convertirse en ministro de Dios; la no realización de hacerse sacerdote es lo de menos. La creación de una fundación caritativa que sirva como basamento para que sus ideas crezcan, incluso el amoroso. El hecho de que Leré se afiance como religiosa puede coadyuvar, al menos es lo que podía pensar Ángel Guerra. La idea de que no cuajaran, sí han servido para ver cómo estaba, y ha quedado para las posteridad, se quiso y no se pudo. He ahí la clave. Nada, por tanto, de fracaso. La renovación de la sociedad no puede llevarse a cabo, detrás siempre surge la traición. La pelea-«breve»- que se suscita como consecuencia del robo de quienes fueron acogidos en el cigarral marca el desarrollo de la novela; Ángel cae herido; es atendido y se dirige a Leré; «paréceme que despierto ahora; que toda esta vida mía toledana es sueño». Y va pronunciado el ya no somos lo que éramos, se acuerda de su hija, de su muerte, «de lo mona que era» y le confiesa que empezaba a quererla; «después quise más y soñé con la dicha de casarme contigo…Luego…». Como consecuencia de las heridas «en el costado derecho» muere. Eso sí, antes testó («concluida la misión de su última voluntad»…)

Hay un matiz que va más allá, porque desfigura el sentimiento de Ángel cuando el sr. Pantoja nos muestra que Dulce es «el amor carnal y apasionado, vinculado a la vida madrileña; Leré, el amor espiritual que se inserta en la placidez mística del Toledo de finales del siglo XIX», pág.27. Ambos amores contribuyen a descifrar el alma del personaje principal; no nos quedemos que uno es carnal porque no lo es solo. Es un arrobamiento, una necesidad en la que se aúnan un todo en el que lo carnal y espíritu conviven; cuando llega a Toledo cae rendido ante Leré; es otra ventana; observa que su conciencia revive al verla: » le mareaban los ojos de Leré», pág.47. Desbordante revoloteo que atraía. Dejemos el término «misticismo». El hecho que cuerpo y alma no se junten, no significa que sea místico; cabe, mejor, el platónico; pero no podemos olvidar que a Ángel le conmueven las celebraciones, los hechos religiosas, incluida la música sacra, por ejemplo el impresionante «Pange lingua». Da igual que seas creyente o no. Ante todo esto, caes rendido y te aporta lo que se llama ayuda para creer. En estos momentos me viene a la mente el poeta que sentía un fervor, García Baena, y los plasmó en su poesía ante todo lo religioso representado. Y además se enorgullecía de recibir ese aura religioso.

Tampoco es tan importante, como resalta la crítica, el autobiografismo; sin duda, que en la novela subyacen hechos e ideas de Galdós; es lógico, pero no los elevemos como primordial. Eso se puede decir de casi todo de lo que escribió el novelista. Si nos quedamos en esos datos no hemos aprendido nada del mensaje.

En modo alguno es un fracaso; al contrario, el lector/a ha aprendido el carácter existencialista en el que vive, la razón por el que debe caminar; aun admitiendo con que Galdós la definió con la tríada adjetival «endiablada, compleja, laberíntica». Es evidente que solo el espiritualismo no arregla los problemas de la sociedad, pero sí ayuda. Nos queda lo sublime, la imagen certera al final: «Mientras Leré le arropaba, Ángel le cogió las puntas de los dedos y se las besó» pág 701. Cuando suena la campanilla en el portal anunciando que vienen a darle la extremaunción, Ángel ya duerme en el lugar de los justos, «porque nadie contesta desde la eternidad». Los fieles que acompañaron al viático, «prorrumpieron en llanto al saber que habían llegado tarde». La última frase estremece: «Recemos…por él, no; por nosotros» . El «por nosotros» es creativa, inspiración divina.

Santander, mayo de 1891.

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Pérez Galdós, B., Ángel guerra. Madrid, Cátedra, 2025,702, págs.

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Teatro

Teatro y artes escénicas en el ámbito hispánico. Siglo XVI. Un viaje entretenido

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Aunque queda muy nítido la pretensión del volumen: «un recorrido preciso y actualizado por las artes escénicas españolas del siglo XVI», sin embargo, también, se deja entrever que no se puede separar lo que significa la obra literaria «desde Bartolomé de Torres Naharro hasta Cervantes». Para el que suscribe estas líneas primordial en lo que entendemos por teatro-texto y escenificación. Al final del volumen se nos recuerda que «este trabajo se inserta en los objetivos investigadores del Instituto del Teatro de Madrid (UCM), del Seminario de Estudios Teatrales (SET930128) y del proyecto Catalogación, edición y crítica y reconstrucción escénica del patrimonio teatral español de mediados del siglo XVI (TEAXVI) (PID2021- 124900NB-100 de los Proyectos de Generación del Conocimiento 2021», pág. 406. Aspecto que todo lector/a debe tener en cuenta.

En un viaje «entretenido e «instructivo»-como nos advierte el autor– no caben disculpas, y menos por adelantado, pág.405. Somos los/as lectores los que debemos distinguir entre el planteamiento que se realiza y el cómo, más allá de que cada persona pueda sacar a colación matices que engrandezcan aun más el volumen. La literatura es disidencia.

Esclarecedora y precisa es la estructura investigadora. Además del Prólogo del autor y con el rótulo » Comienza la jornada»-breves líneas- que terminan con «Comencemos la romería», el resto de la estructura con letras mayúsculas nos invita adentrarnos con los títulos: HERENCIAS (INTROITO). EL HECHO ESCÉNICO (PRIMERA JORNADA. CONTEXTOS (SEGUNDA JORNADA). LEGADOS (TERCERA JORNADA).

En lo referente a las herencias se apuntan las divergencias en cuanto a su inicio del teatro en la época medieval, e incluso se recurre a lo que propagó Lázaro Carreter que ha quedado en la mente de muchos estudiosos: «durante la Edad Media es la historia de una ausencia», pág. 24 . En la nota tercera sí me ha llamado la atención que un filólogo recurra a la expresión «a nivel de» cuando traduce del inglés el pensamiento de Murakami y Donovan («tanto a nivel ideológico como material»), que tiene como base la expresión inglesa «at both ideological and material levels», pág.23. ¿No hubiera sido mejor una traducción más sencilla, ¿»tanto en lo ideológico como en lo material? No vale decir que está en la calle, que incluso personas cultas lo escriben. Sin lugar para la duda los adjetivos «sagrado y profano» imperan en todo momento; lo que no entiendo bien es esa evolución «el paso del juego sagrado y profano al del teatro comercial», pág.30; al menos como se entiende hoy la palabra comercial. Si queremos, ahondando en su significado, en aquel tiempo, también lo sagrado y profano se puede considerar como comercial.

Y cómo no, resaltar la excelencia de Ana Zamora; sus obras han traído nueva sabia; al final de la representación quedas como petrificado en la butaca, absorto, embelesado, ante tanta perfección. El autor del ensayo nos lo recuerda: «En el año 2001 la directora y dramaturga Ana Zamora funda la compañía Nao d´ amores con el fin de rescatar el teatro medieval y renacentista», pág. 391. La búsqueda de lo que no puede perecer, hacerlo viviente, actual. Una nueva aurora para reverdecer el teatro clásico.

El hecho escénico abarca desde las páginas 33 a la 168 en el que se diseccionan los fundamentos del hecho escénico y en el que se propone el «modelo de Kowzan y de la espuela filológica de modo que en el análisis del espectáculo se atiende a los principales parámetros de estructuración escénica (…) con terminología de ambos ámbitos», pág. 39. Es el teatro basado en la palabra que se ramifica, que le da vigor, destello. El resto: gesto, figurinismo-máscara, maquillaje, peinado, vestuario, atrezo-, lo cómico, escenografía, iluminación, música, efectos sonoros, géneros y formas dramáticas contribuyen a que el conocimiento se ensanche. Una nota, según el autor, que destaca es «la comicidad física de nuestro teatro renacentista quizá sea la higa la que tenga una mayor historia cultural y una mayor preminencia dentro de las tablas», pág.82

Los contextos (págs. 171-308) conforman la segunda jornada y tienen como base el cortesano, el cívico y ciudadano, el culto. Hechos que contribuyen al conocimiento de la obra teatral tanto para su lectura como en la escenificación por lo que es más que entretenimiento; es todo un poderío de arte y belleza; esplendor de ráfagas existenciales. Hay que insistir en la importancia de las fiestas tanto en las iglesias como en la calle; también en la calle se escenificaba uno de los hechos significativos: el «Corpus» en el que participaba el pueblo; creyera o no existía un fervor, un interior que elevaba hacia lo incomprensible. De hecho las fiestas religiosas contribuyeron a las escenificaciones dentro o fuera del templo. No se puede olvidar el teatro universitario, el de los colegios y, sobre todo, el que se practicaba en el convento no solo la escenificación. Una obra que me impresionó en todo fue Muerte del apatito que se representó el viernes, día 25 de octubre de 2019, basada en textos de Sor Marcela de san Félix ( poeta, actriz, dramaturga), en la iglesia-convento de las hermanas trinitarias descalzas en la calle Lope de Vega, 19. Madrid. El «Sí, soy sor Marcela, hija del Fénix de los ingenios» te llega al alma. No olvidemos que la hija dilecta de Lope de Vega se consagró a Dios como hermana trinitaria descalza a los 16 años. La muerte la llamó a los 82 años.

Legados comienza con un diálogo de la obra Naque o de piojos y actores de Sanchis Sinisterra «para traer las voces del pasado a nuestro presente y narrar la vida escénica que aquellas obras interpretadas por viejos representantes han tenido en nuestros tiempos», pág. 311. Es el paso de lo inicial a lo clásico. Se parte del uso en «las escuelas del arte dramático y en el mundo de los estudios teatrales en la universidad», pág. 313.

Durante la Segunda República, las Misiones Pedagógicas recogen la vitalidad del legado clásico para esparcirlo a la sociedad como algo esencial para que llegue a la comprensión y, claro, forme. Es el eslabón tantas veces repetido de la tradición y modernidad, como asidero para la formación. Ejemplo nítido es La Barraca de García Lorca. Poco importa quién es el que aporta más de lo clásico o si Lope está mas cerca de la idea de Menéndez Pelayo o del pensamiento de Lorca cuando nos inclinamos por el «realismo ibérico». Cervantes, Lope de Vega y Calderón forman un todo como la cúspide teatral vista desde diverso miradores. En lo que se denomina «Guerra Civil» predomina la obra cervantina Numancia, pero no solo. Convenía lo que se ha descrito como un teatro que llegue, de agitación, de urgencia, antifascista para preparar a la sociedad de lo que podía venir. Es la cultura como sinónimo de libertad y de conocimiento: la cultura revolucionaria. Arte y propaganda como emblema para las clases populares. Tragedias como «Fuenteovejuna o Numancia donde el heroísmo individual termina encarnando el heroísmo colectivo de un pueblo», pág. 355. Los clásicos como antídoto. María Teresa León y Rafael Alberti, entre otros, como altavoces de un teatro cercano que alumbre las mentes para parar las sinrazones y no llegar a una noche negra sobre manto negro.

Los clásicos «Cara al Sol» fueron otra vertiente distinta. La Falange atronó con artículos de propaganda en las revistas más significativas; todo valía para huir de la contienda. El teatro al servicio de lo que se llamaba nuevo renacer; incluso se llega a escribir que Juan del Encina, «inspirador del escudo de la Falange», pág. 343; es decir, el teatro como columna de la sublevación con el rótulo «Una, grande y libre» que perdurará hasta la muerte del Dictador. Pero, el teatro surgido en la República prosiguió en el exilio, no se perdió el ímpetu con que surgió en los años treinta con fines pedagógicos, págs. 348-349. Los primeros clásicos de la Dictadura franquista cobran significación los entremeses de Cervantes tanto en los años cuarenta como cincuenta y sesenta. El autor resalta dos obras que fueron escogidas » con fines ideológicos»: Auto de la Pasión de Lucas Fernández y Numancia de Cervantes, pág.355. El legado renacentista en democracia son otras formas que contribuyen a esparcir el teatro que no pudo representarse o que la censura pudo más. Es un tiempo de cultura distinto, incluso avasallador, una nueva fórmula para que el teatro pleno llegue a la sociedad. Fue como un alarido significativo que impregnó, cayó en tierra abonada; sin duda, surgieron matices en cuanto a la adaptación de lo clásico pero que no mermó tanto como se observa en el siglo XXI. En el ensayo se pone como ejemplo de discrepancia la voz de Lázaro Carreter, aunque no estuvo solo más allá de los críticos. La «obra literaria» como esencial, más o menos es lo que viene a decir el crítico; de ahí su ataque cuando no se tiene en cuenta o matices que pierden su vigor primordial. Poco importa las ventanas de Maravall, García Calvo, Lázaro Carreter , Nieva , Haro Tecglen o Marsillac; lo fundamental es que entró aire fresco a un género tan importante como necesario para una sociedad incómoda que esperaba una sabia que abarcara a todo lo existencial. Nada que objetar a los autores y obras que destaca don Julo Vélez-Sainz, pero no es de recibo que no haya merecido observación-ni nombrarlo- Martínez Mediero que tanta enjundia teatral derramó en la década de los setenta y ochenta con su teatro antropofágico, o el éxito de El bebé furioso (1974) que Lázaro Carreter y otros quedaron genuflexos. Exigieron que se fuera a la representación.

Alegría enorme que dedique unas páginas con el título Nao d´amores, nave del teatro quinientista a Ana Zamora, págs. 391-403. Hoy, miremos por donde queramos, es un referente que agavilla, que somete, que nos inquieta ante la búsqueda de lo que somos. Su concepción escénica nos atrae, nos convierte en actores. Tampoco lancemos para la galería, sin más, la idea de la libertad de una mujer para su elección; eso está en la propia existencia de las personas y en obras literarias antes de Auto de la Sibila Casandra («este Auto tiene un especial interés para Zamora principalmente por ser el primer texto feminista de la historia del teatro español», pág.395. La escenificación de la dramaturga va más allá. Si se lee la obra de Gil Vicente y se ve la escenificación de Ana Zamora no solo se desprende el término «feminista» que parece como si se hubiera inventado el mediterráneo; practíquese y respétese más allá del género y no nos llenemos de palabras para el aplauso. Tampoco se debe exagerar que Nao d´amores sea » el omega en la narración de la presencia escénica de los renacentistas», pág. 402. Las cerraduras no pueden primar y menos en la literatura que está vestida de disidencia.

Coda: para mí no es de recibo la proliferación del paréntesis con que se reviste el ensayo, la gran mayoría innecesarios; simplemente desdicen en cuanto al estilo en las formas de expresión, así como el uso del subjuntivo-de moda, hoy, en los medios de comunicación- en vez del indicativo; sinceramente, en muchos de los casos me parecen incorrectos o por lo menos matizadores al perder el significado pleno; el descuido del adjetivo «puntuales» por concretos. Pero eso sí, en nada merma el gran trabajo de investigación propuesto, digno de alabanza, consideración y de una lectura sosegada para recordar y para ensanchar el conocimiento del teatro y artes escénicas.

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Vélez-Sainz, J., Teatro y artes escénicas en el ámbito hispánico. Siglo XVI: Un viaje entretenido. Madrid, Cátedra, 2024, 445 págs.

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