Su nombre nos lleva muy lejos; su poética la cargamos a cuestas; su perfección nos inunda de sabiduría y sentimientos; ya en el bachillerato nos quedamos en la memoria con Arde el mar, pero no nos enganchaba al menos a mí. Sí estaba ahí como algo novedoso y quizá extraordinario, pero no llegamos. Cuando entré en el paraíso destinado a pocos fue cuando rayó la perfección con Rapsodia, Tornado, Alma Venus y Amor en vilo. Este último fue una inundación intelectiva hecha materia, difícil de superar. Ahí me quedé. Hace poco me dije: voy a releer aquellos versos que me impresionaron y me dejaron tan pensativo. Y estos días de carnaval he vuelto a leer los cuatro. Ha sido una gozada; es el amor hecho carne, espiritualidad, sentimentalidad y prodigio; es el canto a lo divino, a lo que permanece, a lo necesario, a lo que nos obliga a ser. También cayó en tierra abonada Interludio azul, pero no he vuelto a releerlo, ni siquiera estos días. En mi mente, ahora, se ha aposentado el libro que ya se ha convertido en clásico si hacemos caso por el revuelo con que se ha recibido. Mañana viernes comenzaré las 695 páginas de que consta La península de las casas vacías de David Uclés.
____
No olvides: para que esta página literaria prosiga, contribuye con un «Bizum», aunque sea nimio, al 637160890. Gracias.
Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License
´
