Personales

Antonio Machado pervive, aunque nos dejara un 22 de febrero, su obra trasciende, se eterniza

Continua evolución de su poética que nos enganchó: «la poesía es la palabra esencial en el tiempo«. Doble idea: esencialidad y temporalidad. Abierta ya en el siglo XXI para que reflexionemos sobre los problemas que nos acucian; sin que nos falte la otra almena existencial como es la otredad. Es la esperanza la que subyace en las personas. Es la fraternidad humana.

Siempre tuve como algo esencial la expresión …»en una tarde azul sube al Espino, / el alto Espino donde está su tierra«. Es la emoción hecha carne; es el sentimiento hondo, sincero, verdadero, que nos aprisiona. ¡Qué bien supo el poeta plasmar su amor eternal! Ráfagas líricas que nos enternecen ante una nueva sentimentalidad; una lírica intelectual no cabe en lo que el poeta quiere expresar.

Cada vez que me acerco a las relecturas del poeta reverdecen; es como si fueran nuevas. Son las huellas que te dejan. Es la palabra como una palpitación del espíritu; lo que pone el alma. (Me habéis llegado al alma, ¿o acaso estabais en el fondo de ella?

Converso con el hombre que siempre va conmigo /-quien habla solo espera hablar a Dios un día-«. En el fondo había en Machado una cierta esperanza. Estaba convencido, como Galdós, que la doctrina de Jesús de Nazaret estaba muy lejos de aquellos que predicaban o se consideraban cristianos, de ahí que lanzara : «Es evidente que el Evangelio no vive en el alma española». Para Machado triunfaba «la máscara de catolicismo«. En su obra hallamos testimonios de esa ansiedad de Dios en contra de la religiosidad tradicional y de los clérigos que no daban ejemplos, a pesar de su falta de fe. Sentía admiración por el Cristo que anduvo en la mar; incluso por un cristianismo revolucionario, tipo Tolstoi. En Baeza no encontró esa espiritualidad tan propia del verdadero cristiano; «inercia espiritualidad» en contraste con Soria. La verdadera otredad-lejos del subjetivismo- es ir acercándose al alma colectiva con reflexión que anonada con meditación profunda. Es la tríada de Dios, persona, sentido cristiano, dejando claro que en poesía la intuición es lo primero y después el sentimentalismo, para pasar de la… ¡ inmensa minoría a la castuoría inmensa! Esto me lleva a pensar que Juan Ramón Jiménez había leído El miajón de los castúos, 1921, de Luis Chamizo. Es el pensamiento del poeta de Moguer…, «que pocos años después se saldría de sus espejos, galerías, sus laberintos maravillosos…para cantar los campos de Castilla….!

«Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. / Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. / Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. / Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar». Es la dualidad vacío/esperanza. «Sentí tu mano en la mía, / tu mano de compañera, / tu voz niña en mi oído,,, Como si fuera un resplandor de una nueva primavera. Es una carta, sin duda, a su amigo Palacio, nacida del corazón. Su «Leonorcica» está presente (está su tierra), a quien adoraba.

No estaría de más recordar: «El Cristo-decía mi maestro-predicó la humildad de los poderosos. Cuando vuelva, predicará el orgullo a los humildes. De sabios es mudar el consejo. No os estrepitéis. Si el Cristo vuelve, sus palabras serán aproximadamente las mismas que ya conocéis: ‘Acordaos de que sois hijos de Dios, que por parte de padre sois alguien, niños» `. Tal vez sería el retorno al verdadero cristianismo primigenio porque el que observa Mairena no convence.

Éxodo. Fue duro. Carles Riva nos ha contado el final doloroso. Corpus Barga, bajo la lluvia, tomó en brazos a a su madre y llegaron al pueblo costero Collioure. Aquí murió el poeta un 22 de febrero, y dos días después su madre.

Como se ha extendido y aprendimos de memoria en el bolsillo del gabán del poeta, José Machado se encontró un papel con tres anotaciones; la primera, «Ser o o ser«. La segunda: «Estos día azules y este sol de la infancia». La tercera: «Y te daré mi canción / se canta lo que se pierde / con un papagayo verde / que la diga en tu canción».

Como coda, recordemos, sin tanta antelación, lo machadiano: «el vacuo ayer, el mañana huero».

Con la celebración del centenario ha quedado un poco en la niebla que no propuso su candidatura a la Academia y fue elegido en 1927. Caso único que yo sepa. Unamuno desde Hendaya lo felicitó por haber sido elegido. El poeta le respondió: Le agradezco su felicitación por mi nombramiento de académico. Es un honor al que no aspiré nunca; casi me atreveré a decir que aspiré a no serlo nunca. Pero Dios da pañuelo al que no tiene narices», 12 de junio de 1927.

Sí tenemos el borrador que hizo para su entrada.

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

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