Personales, Uncategorized

A vueltas con el silencio

Es normal, cuando la primavera estalla, que el corazón se derrame, salte, pida claridad, añore, sea luz centelleante; exija abrazos. Somos así; la naturaleza es sabia, nos invita a ser nosotros, antes que el calor se vaya perdiendo, que el tiempo se deslice en la finitud, antes que nos arrebate el sentimiento y la belleza decaiga sin viento airado, pero atenta. La búsqueda de fulgor declina sin mañana. El cantarino arroyo sin maleza se va inclinando con una hoz que deleita al oído y vista entre verdes hayas que se cimbrean y acompañan en el atardecer, en la hora violeta que enternece.

Teatro

La viuda valenciana

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Cuando pronunciamos Lope nos viene a la memoria la tríada expresión, ya famosa después de tanto tiempo, ¡Es Lope! ¡Es Lope! ¡Es Lope! Es como una bienvenida, como entrar en una casa llena de luz y saberes. En este caso es el amor hecho fuego; pero también libertad, igualdad y belleza.

Una de las pautas esenciales, después de su lectura, consiste en la práctica o acercamiento a lo que hemos leído; en este caso con el título «Después de la lectura«: Del Barroco a nuestros días: contrastes y huellas. Comprende dieciocho preguntas o aspectos que nos conduzcan al desarrollo de la obra literaria. La que más me ha encantado es la ultima; parte del poema de José Hierro: Lope. La noche . Marta. No entiendo por qué no viene el poema entero; tanto en la obra como en el poema es el amor el que triunfa. De hecho La viuda valenciana está dedicada a Marcia Leonarda (Marta de Nevares); es la mujer última que ocupó ese ansia de amar, y en un momento en que ya era sacerdote, pero «los ojos verdes, cabellos rizos y copiosos, boca que ponen en cuidado los que la miran cuando ser ríe...», pág.40, pudieron más ante una entrega amorosa total. La hermosura que desprendía juntó cielo y tierra, y si «escribe un papel, la lengua castellana compite con lo mejor». Fue un amor genuflexo ante una preciosa divinidad. Mereció para la posterioridad que colgara los hábitos para dejarnos lo sublime hecho carne.

En la estructura de la comedia, Lope se atiene a su Arte nuevo de hacer comedias. » en el acto primero ponga el caso, en el segundo enlace los sucesos, de suerte que hasta el medio del tercero juzgue nadie en lo que para». En el primer acto, Leonarda, hermosa, joven, viuda, al morir su marido, promete no casarse- «como he dado en no casarme» para mantener el título de viuda. Julia, su criada, discrepa y le muestra lo guapa y atractiva que desprende, y le invita al goce-«Acábate de ver». Su insistencia es clara: «Dejadme, aquí, pensamientos; / no hay más, no me he de casar» . Al entrar en escena su tío le espeta: «Tío, si es de casamiento, / ni se miente ni se hable«. En el diálogo, insiste: «La viudez casta y segura, / ¿no es de todos alabada?». Este diálogo termina con («¡Qué viejo tan importuno!) / (¡Qué mujer tan arrogante!). A continuación aparecen tres pretendientes que desean a la viuda, todos de forma ridícula; son rechazados con desaires. Con sorpresa el corazón de Leonarda empieza a latir fuertemente, un joven le ha llamado la atención. Ahora es ella la que requiere conocimientos. Una condición: debe ser en secreto («…y camina y dile en disfraz, Urbán, / que una dama se le inclina, / y que le ama tiernamente, / y que le podrá gozar…).Todos los pormenores están descritos y han de cumplirse, El acto termina con las palabras de Camilo: «Yo he de saber lo que es esto, / aunque me cueste la vida».

El acto segundo lo empieza Camilo «Entre el temor y el deseo«, se dispone a ir a casa de Leonarda. En su itinerario se va preguntando: «… si a oscuras la he de gozar, / ¿no es todo una misma cosa? Leonarda está impaciente con su criada por cuándo llegará el mancebo y si sabrá saltar los obstáculos que se le presenten. Por fin llega el momento, entra Camilo, se dan la mano, se sientan- ¡Ay, señor, con vos me asiento!– y conversan. Ante el temor de que no puede verla; la sala está oscura; el hecho cruel de no poder verla, dice: «Ya me enciende el corazón / amor sin luz, pues no veo; / que ha tocado en el deseo / como piedra el eslabón«. Leonarda sin tapujos le lanza lo enamorada que está desde que lo vio, pero deseó que fuera en secreto. Ante tanta espera y palabras amorosas sin que se puedan ver, Leonarda se entrega, otra vez-«Este pecho que me habéis enamorado-. Le pide tranquilidad, que no se apene-«Yo os vi y el alma os rendí». Se despiden cariñosamente, y, de nuevo, es Leonarda la que toma la palabra: «Noches quedan, mi Camilo; / esto por ahora baste». Ahora es cuando Camilo quiere el abrazo como despedida-¿No os he de abrazar primero? La respuesta no se deja esperar: «Si´, por cierto«.

Ya casi finalizando Camilo confiesa a su criado que está enamorado, y además la gozó aunque a ciegas. Se contenta con «Imitar a Amor, y ser / sin ojos enamorado». Poco después, aparecen Leonarda y su criada. Reconoce a Camilo-«Julia, Camilo es aquel. ¡Ay señora ya lo vi)– tiene un diálogo con Leonarda sin saber que es ella, narra que se ve por las noches y la describe como hermosa, única, que no la ve y la siente.

El acto tercero es deleitable y dolorido. Comienza con la discusión entre Celia y Camilo. Este dio por terminada la relación que mantenía con Celia, pero esta no lo acepta-«que se entienda tu traición»-. Las divergencias entre ambos es oída por Julia y Leonarda, que están escondidas. Después de algunos sobresaltos se va descubriendo la certeza del amor. En la escena 22, Leonarda, cauta, manifiesta: (» ¡Que no me aprovechan hoy / con este viejo cautelas! / Cuando a Camilo he de ver, / tengo aquesta sombra en casa! / Pero bien lejos del pasa / y yo le sabré esconder). Camilo desea ya luz, no tanta oscuridad («Ya no se puede sufrir. / Heme aquí que me descubro. / ¿Qué importa, si ciego estoy / para el desengaño de hoy? Leonarda, tranquila, arde en deseos de decirle la verdad («Por quien soy, de vos me encubro. / Pero no saldréis de aquí / sin que vais desengañado / y habéisme mucho agraviado / con pensar eso de mí»). Y aunque en lo hablado y escrito no anduvo discreto, lo perdona. Camilo disculpa, pero ansía luz, sin ella cabe desconfianza. «Luz traigo, y veros quiero«. Ante tanta luminosidad y belleza no hay duda («¿ No sois la viuda / que yo tantas veces vi?) . Las palabras sinceras de Leonarda no se dejaron esperar: «Si fuere voluntad suya, / yo quiero ser su mujer«. Es el triunfo de la independencia de las personas, el camino de la libertad, del deseo sin cortapisas; callarse y encerrarse como en otro tiempo fue para la mujer no cabe; es la transformación de Leonarda, ser ella. Es el triunfo del amor ¡Es Lope!, ¿quién si no?

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Lope de Vega, F., La viuda valenciana. Madrid, Cátedra-Base, 2024, 172 págs.
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Poesía

Laberinto de Fortuna de Juan de Mena

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Una toma de conciencia en la que lo humanístico se alza e invita al monarca Juan II-destinatario del poema– para que lo tenga en consideración por si le es útil para la reforma del reino (» Al muy prepotente don Juan el segundo«). Es el primer verso. Termina con otro esclarecedor, común denominador del poema ( » que todos vos fagan, señor reverencia»). La literatura, otra vez, como trampolín para recordar a los dirigentes de que la sociedad necesita cambios para el bienestar de todas las personas más allá de las clases en que se las clasifica.

Conviene antes de adentrarse en el excelso poema de Juan de Mena en lengua poética castellana leerse la magnífica introducción para que podamos entender el origen y la causa, además las certeras notas que nos aporta en cada una de las estrofas; sin ellas, quedaría alicorta la lectura. En concreto, a mí me han servido. Una introducción extensa pero necesaria si queremos imbuirnos de todo pensamiento de la época.

Cuando terminas la lectura, se observa nítidamente que Mena quería ensalzar al rey por encima de todo; se vale estructuralmente de tres momentos; el primero es el inicio de una visión alegórica cuando la diosa Belona conduce al poeta al Palacio de Fortuna, baja de una nube Providencia y se contemplan las cinco partes del mundo; el segundo, la visión de tres ruedas: dos inmóviles, y otra en constante movimiento; cada una dividida en siete círculos; descripción de personajes que están en los siete círculos del pasado y presente; destaca a Álvaro de Luna-Condestable de Castilla-; el tercero-cuando la visión desaparece-; es la profecía de la Providencia en la que subyace que Juan II ocupará lo más alto con un esplendor que no tuvieron los predecesores.

Cuando el lector/a comienza, inmediatamente se percatará de que estamos ante una obra perenne si queremos retrotraernos a ese enclave que va del medievo al renacimiento. La primera estrofa es más que sumisión ante el poderoso («aquel en quien caben virtud e reinado, / a él, la rodilla fincada por suelo») . Esa genuflexión, hoy, sería impropio, indigno que se exigiera ser siervo, la pérdida de ser persona, de desatender el humanismo de que estamos hechos. El sometimiento, en ningún caso, ante el poderío y más si lo que pretende el autor en este caso es ayudar para que la luz resplandezca y no se equivoque en el ejercicio del poder político. De la importancia de la poesía para la trasmisión de sus ideas nos lo recuerda en la segunda estrofa al invocar a Apolo-dios de la poesía- para que se perpetúe, sirva de canon para la posterioridad con clave humanística, he ahí lo que late en Laberinto de Fortuna, el tema general («Tus casos falaces Fortuna cantamos, / estados de gentes que giras e trocas, / tus grandes discordias tus finanzas pocas / e en los que tu rueda quejosos fallamos. / Fasta que al tiempo de agora vengamos, / de fechos pasados cobdicia mi pluma / e de presentes facer breve suma. De fin Apolo pues nos convenzamos»).

Con alarde nítido en la tercera estrofa, exige ayuda con ese «tú» imperioso, acorde con la imploración, a Caliope-musa de la elocuencia y de la poesía épica-.para que la voz aúpe la Fama como memorable. El poema heroico no es nuevo, Mena se vale de la antigüedad para sacar el mejor jugo de la imitación para anhelar lo profético con aspectos del más allá. Con ese espíritu también exhortará a Marte para que le proteja (» Belígero Marte, tú sufre que cante / las guerras que vimos de nuestra Castilla, los muertos en ella, la mucha mancilla que el tiempo presente nos muestra delante»). No podía faltar a renglón seguido PalasDame tú, Palas, favor ministrante, / a lo que sigue depara tal orden / que los mismos metros al fecho concorden / y goce verdat de memoria delante«).

En todo momento se desprende lo didáctico; lo que pretende el poeta es que Castilla sea ejemplo en cuanto a la ética, y huya de la ambición y se deje de tanto guerrear y de todo aquello que obstaculice el progreso bien llevado; la reforma política y moral; la instrucción de cómo debe llevarse es clave. La codicia, el apetito desordenado solo puede corregirse con la razón y son las personas las que deben tomar el camino de la verdad. La dualidad Fortuna / Providencia se abaten en el poema. Dos formas de entender la vida. La persona con su libertad tiene o puede elegir. El imperativo nos insta a ser precavido, pero que el rey intervenga y tenga en cuenta al Dios por encima de todo : («Faced verdadera la grand Providencia / (…), faced verdaderas señor Rey, por Dios / las profecías que son no perfetas») . Los hechos, la acción, es lo que prevalece. Poco importa que se aúnen lo ficticio y lo real; ni siquiera la distinción, o no, deben achantarnos. La apelación al rey para fomentar la virtud es lo primordial; por eso, elige al monarca como nutriente de lo que ocurre, también de la estructura de todo el poema, teniendo como meta la transformación de la sociedad en la que la virtud sea el basamento, la reforma moral era necesaria.

Sin duda, Mena embelleció la lengua castellana -la dotó de una mayor riqueza expresiva- y, tal vez, fue estandarte de la poesía narrativa. Su estudio y razón de canon hay que tenerlo presente en la lengua castellana. El siglo XVI se rindió ante el poema magistral, de ahí que hoy todavía nos maravillan las doscientas noventa y siete estrofas, algo tendrán. Se propuso que el castellano se convirtiera en instrumento de conocimiento y cultura. Se consideraba un intelectual en la corte, que no abundaba y quiso que permaneciera su cultura. La invocación en la última a la Providencia fue su maná ( «Faced verdadera la grant Providencia / mi guïadora en aqueste camino, / la cual vos ministra por mando divino / fuerza, coraje valor e prudencia»). Es el conocimiento, el rayo de la luz el que debe ser nuestro guía aunque entrevea peligro. La sabiduría y el buen hacer está por encima de todo.

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Mena, Juan de, Laberinto de Fortuna. Madrid, Cátedra, 2024, 329 págs.
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Cartas sociables de M. Cavendish

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La necesidad de comunicarnos es clave en el desarrollo de las personas, aunque se conciba como «amistad platónica y epistolar», y más si añadimos imaginariamente como en este caso con una prosa esplendente en que la belleza cobra todo su vigor e invita a proseguir la lectura. Lo epistolar se yergue como una atalaya luminosa con base en la antigüedad clásica como formación.

Doscientas once cartas jalonan una trayectoria de una mujer que solo necesitó ser ella, poco le importó que su obra literaria fuera amarga para la crítica-tal vez por ser mujer que piensa– en un siglo en el que reverdeció para airear su pensamiento. Al ser este género epistolar-aspecto que justifica en el prefacio a «Nobles lectores»– , no podemos olvidar la intimidad y la subjetividad con que nos llegan. La singularidad prima en la creación, y más cuando van dirigidas a una persona imaginaria; o el otro yo de quien escribe; es un reflejo que nos apabulla por las verdades que encierra; en definitiva, la necesidad de contar lo más profundo del ser. La verosimilitud y la expresividad con que se muestran nos conducen a la reflexión, quizá el motivo primordial de dar cuenta de lo que sale del alma de Cavendish.

Cuando se dirige «al lector severo» nos recuerda los motivos por lo que las escribe: «Para recordarles que, como aquellos que cabalgan, / pueden resbalarse, sin pensar por dónde van, / o caer en una zanja», pág. 108. Nos advierte de que no escribe «para avergonzar a nadie». Como nos muestra la editora, las cartas » representan la conversación entre dos damas nobles, separadas por la distancia, pero unidas por una serie de preocupaciones comunes«, pág. 68.

Muchos son los temas que aborda, tales como el amor: «sobre los cuales el amor corona sus vidas con la paz, y los reviste y los engalana felicidad, felicidad que vos disfrutáis…, pág. 221; el matrimonio: «Me alegra que Lady U. S. y su marido viven tan felizmente, solo el uno para el otro, y que se aman tanto el uno al otro que rara vez se separan por la ausencia», pág.304; la mayoría de los maridos o son engañados por sus políticas mujeres, o son obligados a obedecer…», 129; el baile…,» y el ejercicio más importante de nuestro sexo es el baile, no en solitario o entre ellas mismas, porque lo odian, sino en compañía masculina, y esto les gusta tanto como para bailar con una apasionada vehemencia», pág.148; soledad: «volví a casa muy complacida con el espectáculo, y estando en soledad descubrí que tenía un río, un lago, o un foso helado en mi mente«, pág. 431; vida retirada: «una vida casera, libre de la ataduras del confuso estruendo, y del ruido atronador del mundo», pág.70;…»es más acorde a mi condición vivir en el campo porque por naturaleza mi carácter es un carácter solitario, pensativo...», pág.491; la sociabilidad como generadora de bienestar: «...o superar al otro en mérito y valía como muestra de cortesía y sociabilidad, por valor y generosidad…», pág.142; diferencias hombre-mujer: «porque de este modo gobernamos como si fuera por medio de un poder inconsciente, de tal forma que los hombres no perciben cómo el sexo femenino los maneja…», pág,138; la exaltación de su esposo: «sé que tiene el valor de César, la imaginación y el ingenio de Ovidio, y la habilidad para la tragedia, y especialmente para la comedia (…), él está por encima de Shakespeare en la habilidad para la comedia«, pág.400; amistad : «con todo me satisface haber respondido a vuestro deseo, porque preferiría que el mundo me condenara por necia que vos por romper o descuidar nuestra amistad, porque mientras viva, os demostraré que soy», pág. 495. Es el final, la última, por si tenía alguna duda la imaginaria dama, y en todas, se repite: Señora, vuestra leal amiga y fiel servidora. Un alma abierta a la sociedad, directa, asombrosa, sensible, generadora de sosiego, de bienestar, de ser feliz con los demás.

Coda. Cavendish fue enterrada en Westminster Abbey, corría el año 1673. El epitafio lo escribió su esposo; parte del mismo: «Esta duquesa era una dama sabia, ingeniosa e instruida«. Habrá que añadir que la libertad es un derecho de las personas, más allá del género; supo defender lo que sentía en un siglo donde no era tan fácil y más para las mujeres.

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Cavendish, M., Cartas sociables. Madrid, Cátedra, 2024, 497 págs.

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