It´s over now and ¡what the pity!; la primera, una expresión que leí en Orlando de Virginia Woolf hace mucho tiempo pero que se me grabó y me revolotea. Es el momento de lo que me concierne en estos instantes sin que el final haya sido pensado a lo largo del tiempo. Es el ya el que se sobrepone. Es el ser que me domina al hacerme más persona cuando el tiempo nos alcanza, aunque el concepto existencial no haya variado. Más vale estar en pie que genuflexo como quien espera el alba sin fabricarla, que no habrá ciclón que desensille lo andado, la palabra oída en silencio, como música anhelante.
Poco importa cuando la amistad fue sincera; así lo creí, pero la vida no la he inventado, ni tampoco los momentos; no se puede rebelarse, como tampoco somos inmortales; es el ser, sin más, el que nos abate, pero tampoco podemos dar cuenta, ni si quiera los creyentes porque somos libres, incluso cuando nos refugiamos en lo religioso; somos los hijos/as de Dios, y no cabe la exigencia, somos como somos, y libres.
Tu nombre, después de tanto, prosigue sonando en la fuente pura existencial. Fue el misterio de tu voz nítida la que me invitó a soñar lujuriosamente, a abrasarnos en una noche anhelada, llena, placentera, paradisíaca en la que no se cumplen años. No fue locura amorosa. Es el aunamiento del tú y el yo en fusión continua. En qué medida soñado o en qué vivido. Fue un impulso erótico hacia lo soñado, el llamear continuo. El despertar me hizo más feliz y me acordé de lo leído hace mucho tiempo: It´s over now. Or my heart breaks.
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